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Resulta que yo venía medio atrasado con esto de Damos Pen@, por eso de tener que trabajar y planificar, estudiar para ocho o nueve parciales haciéndome el pija sin largar ninguna materia, cagar, y esas cosas que hace la gente. Y cuando digo cagar lo digo en serio, porque existe algo que se llama síndrome de colon irritable, y que cuando te agarra te hace cagar un montón de veces al día, pero chorritos de una diarreita de mierda (el chiste del juego de palabras sale solo, no fue mi intención). Lo mejor es cuando se te combina con la gripe o el resfrío. No es que eso me haya pasado a mí durante esta semana. O tal vez sí. Nunca lo sabrán, a menos que lean el siguiente párrafo.

Sí, me pasó a mí esta semana. Aún hoy es seguro decir que estoy meando por el culo. Pero volviendo a lo que me hace escribir así a las apuradas, de corrido y sin prestar atención a la ortografía más elemental, es que se murió Michael Jackson. Me acabo de enterar hace un minuto. El artista musical que más yo admiraba y adoraba en la historia de las cosas, y –curiosamente- uno de los cinco tipos a los cuales yo les bancaba los trapos a muerte. Y cuando digo trapos, me refiero a todo, todo, todo. Inclusive eso de lo que se lo sospechaba, sí. Había un artículo sobre ello, lo recuerdo, e incluía al fiambrero Morgan. Creo que se llama “Bancar los trapos”.

Dios

También se murieron Farrah Fawcet (ponele que se escriba así), y Cascioli, el coso ese que dibujó tapas de la revista Humor (y otras muchas cosas bastante piolas) durante varias décadas. Pero al lado de Michael Jackson, tanto ellos como Fernando Peña o Alejandro Doria medio que no cuentan tanto. No quiero sonar cruel, pero lo cierto es que ninguno de ellos filmó un video que no sólo es el mejor de la historia (más allá de que mi preferido de entre los suyos es “Rock With You”), sino que además en él se incluye la voz de Vincent Price, y como si esto fuera poco, hay zombis. Sí, zombis.

Tenía 50 años, y le vino un infarto. Se habla de autopsia a hacerse, siempre y cuando la familia otorgue el visto bueno, pero la verdad es que esto no es como de David Carradine. No hay ninjas de los cuales desconfiar, ni maldiciones chinas. Si me preguntan a mí, diré que me parece bastante coherente que una persona que nace siendo un negrito cabezón de rulos ensortijados y llega a los cuarenta años siendo un extraño señor andrógino blanco-grisáceo de cabello lacio, se muera antes de llegar a la vejez. Siempre me pregunté como era que hacía para estar vivo todavía, pero creí que era un ser mágico, tal vez un alien bueno. A fin de cuentas, hasta ahora en la historia de la humanidad se sabe de dos casos de resucitación (Uno fue Jesús, el otro fue Lázaro) pero de hombres que nacen de un color y se mueren de otro, hay uno sólo.

Lo peor es que yo tenía pensado ir a verlo. Cuando me enteré de que tenía todos esos recitales planeados (meses atrás) incluso hice las cuentas para irme a Inglaterra vendiendo cosas y haciendo cagar reservas monetarias de emergencia, porque esto era una emergencia. Imaginé que Miguelito no aguantaría tantos recitales, o que los estaba organizando como a una despedida, sabiendo que se iba a morir. No sé si lo sabían, pero el precio de cada entrada no superaba los 150 dólares. Chayanne cobra eso cuando viene acá. Y es Chayanne. Digo, Chayanne. Perdoname, tía, pero es así.

Lo único que queda es ver como sale la gilada a decir que era un grande. El primero va a ser Jorge Jacobson, supongo. Después Guillermo Andino. Todos esos que pedían para él cadena perpetua aún sin saber de que se lo acusaba, o las pruebas en su contra. Algún zapallo va a salir a decir que por lo menos queda Madonna, o Justin Timberlake… cuando la diferencia entre Michael Jackson y cualquier otro musiquero es equivalente a la distancia que hay entre cogerse a Megan Fox en un ascensor y mirar una foto de un tipo haciéndose una paja con una foto en la que aparece otro tipo haciéndose una paja con Kirsten Dunst.

Lo bueno (porque siempre hay algo bueno) es que los niños que se mueren se van al cielo porque están libres de pecado, y Michael Jackson era en cierta forma trastornada, un niño genio. Así, que ahí tienen: Michael Jackson ahora se encuentra en el cielo, jugando con otros tantos niños. Que es lo que a él más le gustaba. Usando trajes de baño, por supuesto, porque el cielo está arriba, más cerca del sol, y ahí hace más calor.

Creo que es una buena forma de cerrar este artículo y empezar el duelo. Todos en mallita. Incluyendo al Rey.


Ojalá. Me habría encantado. O me hubiera encantado. No sé, los lectores a veces me corrigen porque escribo mal.

Pero la verdad es que me entretuvo bastante el tema ese del avión que estuvo desaparecido durante casi una semana hasta que se empezaron a encontrar cadáveres. No, a ver, esperen, no. Lo que me entretuvo fue eso de tener que tener que estudiar, trabajar y comer sano al mismo tiempo. Lo del avión me habría tenido prácticamente sin cuidado de no ser porque un par de curiosidades pueden rescatarse del asunto.

Hasta donde me acuerdo, y tratando de sonar serio, aviones especiales intentaban localizar el aparato de Air France con ayuda de radares. Decían que la aeronave habría caído unos 1100 kilómetros al noreste de Brasil, a mitad de camino entre África y las costas cariocas. Mientras tanto, el presidente de Francia busca restos del avión con un submarino atómico. Y mientras tanto, el presidente de Italia aparece en fotografías al costado de una pileta de natación en un resort, acompañado de dos jovencitas de 18 años con las tetas al aire, demostrando que hay una vida mejor y que la misma puede ser vivida siempre y cuando uno se anime a animarse.

Es proverbial mi superioridad sexual. En un tema más relacionado con estas líneas, también lo es mi casi temor a los medios de transporte motorizados, particularmente los aviones. Digo, por si no lo recuerdan, me casé hace cosa de un año y dos meses, y la Luna de Miel se hizo en avión únicamente porque me dan más miedo los ómnibus que los aviones. Yo podría ahora poner un hipervínculo al artículo ese en el que cuento toda la experiencia de volar por primera y única vez, pero no lo voy a hacer. Busquen en el archivo, tiene que ser un artículo de a fines de abril o principios de mayo. Algún día Papá Mantis no va a estar para cuidarlos, y es hora de que ustedes empiecen a valerse de sus propios medios. No quiero asustarlos, pero el otro día me faltaron nueve alumnos debido a casos gripales. Ante la duda de no saber quien tiene la gripe porcina y quien no, lo más prudente –creo yo, es una opinión puramente mía- sería ponerse un barbijo y salir con el cuchillo grande de la cocina a matar gente en el colectivo por las dudas.

Pero volvamos a lo de los aviones. Uno de los pasajeros era un tal Pablo Dreyfus, desarmista “experto” en seguridad -y por consiguiente-, enemigo mío y de todos los adeptos a las armas de fuego. Si quieren darse una idea de la capacidad de razonamiento de este tipo, cabe aclarar que gracias a su empuje, en Brasil (Estatuto del Desarme, del 2003) a los ciudadanos civiles prácticamente no se les permite el acceso a las armas de fuego. Quiero decir, en Brasil ahora los únicos que tienen armas de fuego son los asesinos, los efectivos policiales corruptos, los violadores y los narcotraficantes (léase: toda esa gente que ya tenía armas de fuego antes de que saliera la prohibición). Tenía en claro algunos conceptos el fulano éste (por ejemplo, entendía que las municiones expansivas o de punta hueca deberían ser las únicas utilizadas por la policía) pero merecía morir de alguna manera graciosa y muy violenta pero completamente ajena a las armas de fuego, nomás para que yo hiciese algún comentario gracioso del tipo: “JAJAJAJAJA… ¡DEBERÍAS HABER PROHIBIDO LOS AVIONES EN BRASIL, PAPAFRITÓN!”

Para este Pablo, las probabilidades de morir en un accidente aéreo eran mucho más altas que para otros. ¿Por qué? Porque viajaba frecuentemente en avión, yendo de acá para allá vendiendo sus criterios de bienestar.

Algunos dirán entonces, que todo es cuestión de estadísticas. Que estadísticamente es mucho más probable que uno muerda el polvo por última vez debido a un accidente de tránsito cualquiera (andando en auto o camioneta o colectivo o alguna otra cosa con ruedas) que por un accidente aéreo. Ahora permítanme decirles esto: he visto en la banquina muchos autos, camionetas y camiones, pero jamás un avión. Del mismo modo en que no se suelen escuchar anécdotas de pilotos diciendo: “No sabés que cagada: la semana pasada choqué con el avión. Hice cagar todo el tren delantero”. Por eso, y para que vean que papá Mantis tiene razón en preocuparse por todo (y por todos) es que les voy a poner encima algunos números. Ustedes después sacarán sus propias conclusiones, y crecerán, y formarán sus propias familias, y se olvidarán de mí. Porque la vida es así, chicos. La vida es así. Los viejos nos quedamos.

Se calcula (así, muy generalmente) que uno tiene 1 posibilidad entre 5, de morir debido a fallas cardíacas. 1 entre 7, de morir debido al cáncer. 1 entre 24, de morir de una embolia o ataque de presión. Y 1 en 84, de morir en un accidente de tránsito, mientras que las probabilidades de morir en un accidente nomás caminando como peatón por la calle son de 1 en 626, y las probabilidades de morir en un accidente aéreo son de 1 en 20.000. Puesto así, parece una cosa de nada, pero lo cierto es que todas esas estadísticas responden a intereses de las compañías aéreas, y están calculadas teniendo en cuenta parámetros caprichosos. Quiero decir, las chances de morir debido a un accidente aéreo son de 1 en 20.000 siempre y cuando uno viaje en avión una sola vez en su vida. Basta con que uno se tome el avión de regreso a casa para que las probabilidades pasen a ser de 1 en 5.051. ¿Se entiende?

Lo curioso, pero curioso y curioso en serio, es que parece que una de las víctimas fatales (por lo menos hasta donde escuché en la tele) era una mujer cuyo esposo (o novio, o amante) ya había perdido anteriormente a una mujer amada en un accidente aéreo. Y es entonces que los números se hacen pequeñas. Porque las probabilidades, por ejemplo, de suicidarse, son de 1 en 119. Se calcula que se suicida una persona cada cuarenta segundos. Quiero decir, que al tipo se le hayan muerto dos amadas en accidentes aéreos debe ser equivalente a que se le hubieran muerto tres esposas en tres incendios distintos. O dos esposas en dos electrocuciones a tres años de distancia una de la otra. O cinco suicidadas.

Lo que quiero decir es que da para desconfiar. Yo, si fuera de la policía francesa, lo investigo. Pero la pregunta vuela-vuela del día es: ¿Cómo puede ser que ninguno de ustedes me haya mandado un mail, o un mensaje de texto, o una paloma mensajera para avisarme de la muerte de David Carradine? ¡Me enteré ayer! ¡Estamos hablando de Kung-Fu! ¡Me quieren hacer creer que se murió ahorcado durante una mezcla de suicidio y juego de asfixia auto-erótica y yo no me la creo! Tenía muchos enemigos.

Peligrosos, hábiles enemigos.


Me dejó pensando un poco ese tema de que la médica que me atendió el otro día no haya podido resistirse a mis encantos, recurriendo a la violación esa a la cual me sometió, palpando y frotando mis genitales como si de los mismos fuera a salir un éfrit o algo así. Aunque yo suelo cumplirte MÁS de tres deseos… jajajaja… cinco o seis… siete a veces… ¿entienden? Jajajaja… ¿ENTIENDEN? Si no entienden, pregunten.

En una de esas soy más atractivo de lo que parezco, pero sólo para cierta parte de la población. Por ejemplo, a las que les gustan los negros cabeza que no usan calzoncillos y salen a bailar a lugares semi-bolivianos en ropa deportiva de microfibra, no les debo parecer atractivo. Quiero decir, nunca ninguna me miró siquiera. Cuando le pregunto a mi esposa (que es realmente linda), ella siempre dice que soy brillante y que eso le encantó. Que mi velocidad mental fue lo que la hizo interesarse en mí, sumado al hecho de que soy un buen tipo de acuerdo a más o menos todas las consideraciones posibles, y al hecho de que proyecto una imagen masculina de hombre domesticado y bien educado que está mas cerca de ser amanerado que de ser un machista golpeador. Hasta acá uno podría afirmar entonces, que le resulto atractivo a las universitarias rubias obsesionadas con el orden y a las médicas veteranas con aires de Susan Sarandon, ya que tuve un 100% de efectividad seductora en esa área.

Pero de un tiempo a esta parte descubrí que ciertos factores inclinan la balanza aunque uno no quiera, a la hora de ser deseable. Por ejemplo, en la carrera y profesión que he elegido (ese asunto de ser Instructor Sexual de Inglés o algo así) me encuentro rodeado de mujeres. No universitarias, pero sí terciarias. En el profesorado se da entonces, una situación absolutamente comparable con lo que pasó al terminar la Guerra contra el Paraguay. Prestá atención y aprendé. Te va a hacer bien. Además, tu mamá y yo estamos preocupados porque parece que no querés hacer nada de tu vida.

Alianza Era en 1867 o algo así, la verdad es que tiré el número nomás tratando de calcular la edad de Mitre (el tatarabuelo del dueño del diario “La Nación”) por aquel entonces, pero no debe andar lejos. Fue entonces que Argentina, Brasil, Uruguay, los intereses británicos y las Fuerzas Especiales Ginyü se aliaron a fin de hacer concha a los paraguayos del “Tirano” Solano López, quienes se la daban de “modelo de economía independiente y auto-sustentable”, con su desarrollo industrial, su ferrocarril (el primero en Sudamérica), su falta de hambre, su sociedad equilibrada y otras tantas supersticiones. ¡Se ve que tan auto-suficientes no eran, jajajajaja…! ¿Entienden? ¡PUM! ¡Tomá! ¿ENTIENDEN? Porque perdieron.

La cuestión es que Paraguay hoy es lo que es debido a esa guerra de la Triple Alianza en la que, entre todos, los hicimos re-mierda. Paraguay era potencia. Hoy en día andarían en naves espaciales, imagino que incluso habrían sido capaces de desarrollar a Skynet. Suerte que no pasó. Aquí una dramatización que me llevó más de cuarenta y cinco minutos:



SkynetP



Ahora bien, lo curioso (o lo que nos interesa en este caso por lo menos) es que antes del inicio de la guerra de la Triple Alianza su población era de 1.300.000 personas. Al final del conflicto, sólo sobrevivían unas 200.000. De éstas, únicamente unos 25.000 eran hombres. Y de esos 25.000 hombres, la mayoría eran niños y ancianos.

Estamos hablando de 175.000 minas para –ponele-10.000 hombres. Lo que se entiende, si hacemos la cuentita entre todos, como que había un hombre por cada casi veinte mujeres. Y mi situación es muy semejante, porque en las clases hay unos seis o siete varones, y unas cincuenta o sesenta mujeres, de todas las edades y colores. Pero esos varones se dividen en:

-Un flogger de 18 años que pesa treinta kilos, mide un metro y medio, usa pulóveres de mujer color lila y hace comentarios en el orden de: “cuando sea grande me voy a sacar los piercings”. Se enojó un poco cuando me brotó la ultraderecha de adentro y le dije que a su edad había tipos muriendo en Malvinas, pero eso me tiene sin cuidado. ¿Qué va a hacer? ¿Arañarme? En serio, no sé como pelean los homosexuales. ¿Llevan hojitas de afeitar en sus porta-cosméticos?

-Un tipo de treinta y cinco años que no saluda a nadie. Se lo escucha conversar y quejarse todo el tiempo debido a que desde comenzó a estudiar y a trabajar de docente tiene mucho menos tiempo de salir con sus amigos, y a duras penas si consigue verse con ellos una vez por mes. Dice que extraña mucho salir con sus amigos, sus amigos, sus amigos.

-Un homosexual rampante parecido a Claudio Drexler, sólo que panzón y alto. Usa ropa blanca, ajustadita y que le queda corta, lo cual lo hace parecerse a Philip Seymour Hoffman en Boogie Nights. Y si vieron la película saben que eso no es halagador. A veces se pone pantalones de vestir color beige, a cuadritos blancos.

-Otro homosexual rampante, que luce idéntico a Will Ferrel. Pero idéntico, idéntico.

-Yo, que le miro el culo y las tetas a todas las minas y además tengo una colección de conocimientos que bien podrían valerme el título de –por ejemplo, por ejemplo- Licenciado en Pornografía de Europa Oriental.

-Un pibe medio raro, medio sospechoso, medio con algún problemita mental, que espero sea homosexual. Porque si no es homosexual, es pedófilo o asesino serial de los que tienen una heladera llena de cabezas humanas. Se parece al actor morochito que hacía de hijo de Juan Leyrado en “Gasoleros”.

-Un muchacho que tiene cara de buen pibe nene de mamá y anda todo el tiempo vestido de rockero metalero, todo de negro, con cadenas y tatuajes. Cuando le preguntan acerca de su estado sentimental el siempre responde diciendo que está casado con la música. Que la música es su amor, y sus guitarras son sus hijas.

Lo cual hace que mi cotización suba. Incluso me animé a preguntarles a mis mismísimas compañeras, porque evidentemente al entrar y ver que todos los varones eran tan cuestionables desde un punto de vista puramente reproductivo (léase, poco probables de obrar a favor de la supervivencia de la especie) incluso temí que algo estuviera mal conmigo, y que yo no me hubiese dado cuenta. Digo, en una de esas yo era gay y no sabía, ya que obviamente los profesores de inglés no suelen ser tan masculinos como los canadienses esos que hacen campeonatos de leñadores, o los soderos, o los mecánicos de camiones.

Y mis compañeras me lo confirmaron, alguna de ellas, con risitas nerviosas. Otra, por ejemplo, dejó de saludarme cuando le mostré la foto de mi esposa que llevo en mi agenda. Otra se está cepillando a un profesor. Y lo peor de todo es que me parece que no hay ni una lesbiana en todo el profesorado. Pero quiero saber entonces cual es el tipo de gente que se siente atraído por otro tipo de personas en otro tipo de situaciones, y es aquí que entran ustedes. Tiene que haber una explicación química/psicológica que no caiga en los lugares comunes: me rehúso a creer que se trata únicamente de gente con intereses similares. A los que están en pareja, ennoviados, casados o enconcubinados establemente les pregunto: ¿A que tipo de gente cree –o sabe- usted que le resulta atractivo/a?

No hay respuestas incorrectas, pero me imagino que sí hay respuestas graciosas. Por ejemplo, a mí me habría encantado poder parecerle irresistible ese tipo de morocha petera que se pone calzas y despacha combustible en una estación de servicio, pero ni siquiera tengo auto o registro de conducir, y sería probable que ella no entendiese mis chistes, o que se ofendiese cuando tratase de explicar el tema de “Chinchulín”, mi esclavo feliz.

Quiero decir, en una de esas estoy absolutamente equivocado, pero me parece muy poco inteligente eso de comenzar a sentirse atraído por alguien nomás de tanto estarle cerca y haciendo lo mismo. Como cuando en la tele sale que se murió alguien famoso tras haber perdido la batalla con el cáncer. Digo, no tengo mi cuaderno de estadísticas oncológicas conmigo en este momento, pero creo que históricamente el cáncer ganó muchas mas batallas de las que perdió hasta ahora. Sería bueno no meterse en ese tipo de trifulcas.

Yo, por ejemplo, suelo enfrentarme a golpes de puño con los alumnos de tercer grado de una escuela con capacidades diferentes, y créanme, esas capacidades no son tan especiales como uno creería. ¡Soy lo más!

La Doctora Amor


Antes de comenzar a escribir o publicar lo que va a ser el artículo de hoy, cabe aclarar que me pasé todo el viernes, todo el sábado y todo el domingo con fiebre, y no hice reposo durante ninguno de los tres días. Al principio creí que se trataba de un brote alérgico-asmático de los míos, con complicaciones gripales debido al cambio de clima, pero luego empecé a considerar las posibilidades de que fuera gripe porcina o dengue. Pero tuve y tengo muchos mocos verdes como para que sea gripe porcina, así que no sé. De lo único que estoy seguro es de que el año que viene me voy a dar la vacuna de la gripe, porque tiene un aire de deja vú esto de contarles acerca de mi gripe y mi fiebre. Lo único bueno fueron los sueños febriles del domingo, pero la macana es que el artículo anterior ya era el raconto de un sueño, y no quiero aburrirlos. Sólo les resumiré el asunto diciéndoles que yo tenía una hija en Paraguay, y discutía con mi esposa porque ella no aceptaba el nombre que yo había elegido para la nena.

-Es paraguaya, es nena y es hija mía –le decía yo a los gritos-. Tiene que llamarse “Munición Nebulización”.

Y me ponía en pedo y me agarraba a trompadas con el tipo que atendía en el registro civil, que estaba siendo interpretado por William H. Macy. Pero volvamos al artículo, que también está íntimamente relacionado a la salud. Y cuando digo íntimamente, quiero decir íntimamente en serio, porque mucho me temo que fui violado, o algo así. No sabría definir el término, ya que muchas de las mujeres con las cuales tengo relaciones sexuales “no-de-común-acuerdo” suelen empezar a decir que sí a mitad de camino, tras darse cuenta de que soy un fabuloso amante no solo bien dotado sino también gentil, y que se preocupa por que ambos la pasemos bien. Por eso el perfume. Supongo que fue cosa del karma, por eso de andar haciendo chistes de payasos o curas pedófilos. Pero vayamos en orden, y desde un principio.

Resulta que tengo nuevo trabajo, como ustedes saben. Y una de las curiosidades de tener nuevo trabajo (y con “curiosidades” quiero decir “molestias traumatizantes que bien podrían evitarse o hacerse de otra forma”) es el tema de los análisis psicológicos, físicos, clínicos, médicos y no se cuantas otras características, todas ellas también probablemente esdrújulas. Para cubrirse de posibles futuras demandas, las empresas de toda índole gustan de hacernos revisar y cumplir con las formalidades, y por eso, durante la semana pasada, me tuve que dirigir al microcentro llevando conmigo nada más que mi DNI, mi vejiga llena de orina y un ayuno de doce horas. Ahora bien, cabe aclarar que esto último se cumplió sobradamente siempre que contemos desde el momento en que cené hasta el momento en que esos hijos de puta se dignaron a atenderme.

Este laboratorio-consultorio-depositario o algo así, se hallaba repleto de gente. Nomás de llegar uno sentía en el aire el sabor del encierro, el olor a médico fastidiado, el ruido que hace la gente cuando intenta llenar tres planillas con los mismos datos valiéndose de una lapicera que se niega a escribir horizontalmente a pesar de que no hay lugar donde apoyarse, y el suave toque del malhumor radiólogo proveniente de esa señora que grita tu apellido y pregunta si tenés cadenitas, varias veces, como si uno fuera un presidiario tratando de esconderse una faca en el recto. Esa misma señora que pone cara de fastidio cuando uno no se ubica natural y correctamente sobre la placa, apoyando al mismo tiempo los hombros, el pecho y el abdómen ¿Qué te creés que soy, flaca? ¿Una raya? Una vez terminada la placa, me dieron un tarrito y me mandaron al baño.

Por si no saben cual es el procedimiento para hacer pis para un análisis, lo correcto es recoger “el pis del medio”, lo que se entiende como empezar a hacer pis fuera del tarrito, luego cortar el chorro, seguir haciendo pis dentro del tarrito, cortar el chorro y finalizar fuera del tarrito, preferentemente en el inodoro. Entonces, entregué ese tibio líquido dorado a una enfermera, que llamó mi nombre y se preparó para sacarme sangre.

-Relajado, respirá hondo –me dijo.

Y después no se que habrá hecho porque miré para otro lado y cerré los ojos y pensé en cosas lindas (tetas grandes) hasta que se llamó el nombre de otra persona. Me vestí a las apuradas y salí nuevamente al pasillo de espera, donde la gente seguía siendo mecánicamente llamada en secuencia, como un Ford T en una línea de montaje. Paso siguiente: el electrocardiograma.

-Sacate la parte de arriba –me dijo una señora con cierto aire a Antonio Gasalla en “La Tregua”.

Yo obedecí y luego me acosté en una camilla que era definitivamente para gente de tamaño medio y estaba ubicada de tal manera que yo no pudiese estirarme por completo.

-No tenés que estar haciendo fuerza –insistió la facultativa-. Relajate.

Terminé por correr la camilla diagonalmente, cosa de no tener que estar empujando la pared con la cabeza, y seguidamente vinieron las sopapitas en piernas, pecho, panza… por todos lados. A los cinco minutos estaba yo reacomodando la camilla y tratando de vestirme nuevamente, con la felicidad de quien sabe que queda poco tormento por venir. Lo único que restaba por hacer era el examen con el médico clínico. Transcurrida una media hora (porque entre atención y atención transcurría un mínimo de media hora), una atractiva señora de unos 40 o 45 años llamó mi nombre y me hizo pasar a su consultorio.

Ella fue la que me violó
. Fue ella la que hizo que todo se volviera íntimo.

Y pienso que es conveniente que se las describa, cosa de que puedan reconocerla aunque más no sea ligeramente. Alta y delgada pero con curvas de mujer, ojos verdes y cabello rojizo recogido con una hebilla, piel gastada por el bronceado y el cigarrillo pero indiscutiblemente atractiva en su conjunto. Pollera negra no tan larga, que apenas asomaba por debajo del guardapolvo. Medias del color de su piel, y zapatos de taco. Lo primero que hizo fue chequear que mi visión fuera la adecuada, cosa de la que salí airoso gracias a mis anteojos tan bien recetados.

-Sacate la parte de arriba –me dijo mientras leía una de las tantas fichas que supiera yo llenar.

Estetoscopio en mano me hizo toser, respirar, y todas esas cosas. Hasta acá veníamos bien. No me había violado todavía. Pero en determinado momento, impulsada quizá por los latidos de mi corazón (no los escuché pero es probable que suenen diciendo algo así como “sek-sual”, “sek-sual”) me dijo:

-Ahora date vuelta y bajate los pantalones, mi amor.
- Pero doctora, primero invíteme con un Resero y después vemos –dije tratando de hacerme el gracioso.

Pero lo cierto es que me tomó medio de sorpresa, porque a decir verdad nunca se me había revisado a esa escala. Y comencé a ponerme nervioso porque en una de esas me estaba haciendo dar vuelta para comprobar si tenía hemorroides, o para ver como andaba de la próstata, o para ver si tenía el ano dilatado y no podía ingresar al servicio militar. Y si bien soy sanito, tampoco soy gustoso de hacer esas cosas. Cosas tipo andar agachándome con los pantalones bajos frente a una desconocida que bien podría estar haciéndose pasar por doctora, estando el verdadero médico atado y amordazado debajo del escritorio. Me sentí indignado, como cuando te acusan de “enfermo” nomás por entrar a la casa de la chica que te gusta y lamer todos sus cubiertos mientras ella se encuentra de vacaciones en la costa con su familia. Pero respiré aliviado cuando sus manos, lejos de hurgar en mi ano, se dirigían hacia mis piernas en busca de várices, torceduras o deformaciones. Mano acá, mano allá, tanteó y tanteó. Dijo que yo tenía algo mínimo en una pierna, pero que en alguien de mi tamaño era normal. Así, en calzoncillitos, me midió y me pesó. Y estaba yo por manotear mi ropa cuando sucedió:

-¿Hernias? –dijo echando mano de un guante descartable de nylon, y acercándoseme, mirándome a los ojos-. Bajate el shortcito, por favor.

-…Bueno… –respondí yo, temeroso y confundido como un venadito con síndrome de Down al que se le acerca un cocodrilo disfrazado de vendedor ambulante de helados.

Una vez yo despojado de mi boxer blanco elastizado, ella se arrodilló frente a mí, y les pido por favor a los que tengan familiares médicos, o sean médicos, o sepan de medicina y de análisis laborales, que me digan si todo el procedimiento fue realizado profesionalmente, porque la verdad es que yo no sé. La mina se arrodilló. Al principio, no dijo nada. Fue como que tanteó el panorama, y cuando digo panorama quiero decir mis bolas. Mis mismísimas bolas. Yo ahí parado, desnudo y con mi bella genitalia prolijamente acicalada, con la mina ahí arrodillada y con su rostro a unos veinte centímetros de… quiero decir… vi demasiada pornografía en mi vida como para tener que asociar ese plano con la medicina y no con otra cosa. No se imaginan ustedes lo mucho que tuve que concentrarme a fin de no “agrandar” la situación. Ustedes me entienden, jejejejeje… ¿Entienden? Porque el cuerpo quería reaccionar de acuerdo a su instinto más primitivo. Imaginé que había cámaras escondidas en el consultorio, y que todo era una trampa de mi esposa para probar mi fidelidad, pero eso también hizo que comenzara a transpirar helado debido al nerviosismo.

-A ver, tosé –dijo finalmente, transcurridos los que deben haber sido los diez segundos más largos de mi vida. Yo tosí, y seguí tosiendo a su pedido, mientras ella tanteaba primero un lado, luego el otro, luego de nuevo el uno, luego de nuevo el otro.

-No, así no siento nada –dijo ella-. A ver, acostate en la camilla.

Y al igual que ustedes, lectores, cuando dijo “así no siento nada” pensé que iba a seguir con un “ponela dura y metémela en el orto”. Y ahí estaba yo, queridos amigos. Acostado, desnudo, boca arriba en una camilla, en un consultorio que para ese entonces se me hacía a prueba de ruidos y de pecados. A mi lado, la doctora se calzaba otro guante en la mano libre, y con dos dedos desplazaba entonces… bueno, lo desplazó. Pongámoslo así: una mano levantaba el colchón y los almohadones mientras que la otra tanteaba buscando una media extraviada.

-Tosé ahora –me dijo, así como me tenía, firmemente agarrado. Yo obedecí a mi dominatrix nuevamente, y tras otra serie de cateos pude sentir que de una u otra manera, la cosa se iba a resolver a la brevedad, porque al acostarme había conseguido que me relajase peligrosamente. Por vergonzoso que resultase, yo no iba a poder permanecer concentrado en mantenerme “empequeñecido” mucho tiempo más.

-Podés vestirte –dijo al fin, retirándose los guantes-. Estás bien.

Y yo le hice caso, y me vestí, calladito, sin decir palabra. Calzones, pantalón, remera, polera de lana. Afuera debía hacer menos frío que a la mañana considerando que ya serían como las doce, o doce y media, pero así y todo en ese consultorio hacía mucho calor. Yo quise estirar la mano para que nos saludáramos con un apretón de manos, más ella acercó su mejilla y nos dimos un beso. Los resultados de estos análisis y exámenes se envían directamente a la empresa contratante, por lo que a casa no me traje nada más que esta anécdota que probablemente habría resultado mucho más interesante de no ser yo un tipo fiel, y casado.

Si quieren saber el nombre de esta doctora, la verdad es que no me di cuenta de preguntárselo, o de espiarlo en algún diploma.

A veces se sueña así


La idea es que me interpreten el sueño que tuve. No tiene mucho de especial esta experiencia onírica en particular (son todas mas o menos así, a razón de cuatro o cinco por semana debido a que soy de “cenar fuerte”), pero siempre me va a resultar más fácil narrarles esto que tener que ponerme a pensar algún artículo de los que parecen más ingeniosos o trabajados. Hay hombres que levantan pesas de doscientos kilos, hombres que hacen el amor con la maestría y la efectividad de quien ha nacido para el sexo, hay hombres que son lo suficientemente atractivos como para que algunas mujeres piensen en engañar a sus parejas, y hay hombres que tienen un sitio web y tratan de escribir en él con la mayor frecuencia posible. Yo soy todo eso junto y quería recordárselos. También tengo trabajo nuevo desde hace algunos días, y se levantan apuestas para ver cuanto me va a durar. Yo digo un mes, con toda la furia. Pero vayamos al sueño:



La cosa empezaba más o menos así: Yo medio como que iba caminando por la vereda y de repente entraba a un banco, o un edificio de esos con pinta de banco, con aire acondicionado y olor a cosas bancarias, tipo la plata –pero no cualquier plata, sino la plata amontonada de a muchos billetes- o los empleados bancarios. Y entonces un ex-compañero de la primaria se me aparecía y estaba igual, como todos los compañeros de la primaria en los sueños. Esa gente a la que uno no vio nunca más después de haberla visto todos los días durante años, y que se queda guardada en alguna carpeta del disco rígido cerebral nomás para que uno pueda reconocerla en la calle y decir: “con eso del SIDA la verdad es que está varias veces más hecho mierda que yo”.



-¿Qué llevas en el auto? –le preguntaba yo en determinado momento de la conversación, señalando un Duna que tenía pinta de estar medio flojito de papeles.
-El único rotweiller con cara de que no te va a atacar –me respondía el tipo.



Y no me acuerdo como era que se escribía rotweiller, pero pongámosle que es así. Al fondo, porque era invierno, alguien había desarmado unos escritorios y había empezado un lindo fueguito. Yo entonces dejaba de hablar con el tipo este y me iba a chusmear el fueguito, que no andaba muy bieny era más humo que otra cosa debido a que los escritorios estaban hechos de esa cosa que vienen hechos los escritorios desde hace treinta años: un aglomerado plastificado, enformicado, laminado. Pero uno se aparecía con una botella de gasoil y entonces el fuego medio que se avivaba, medio que despertaba. Pero en determinado momento se ponía demasiado caliente y yo me mandaba a mudar. Quería apurar el paso pero no podía, porque las zapatillas se sentían como con mucho talco adentro.



Y en el fuego hay una tele, y entonces yo empezaba a ver cosas, a ver cosas en el fuego. En la tele que había en el fuego. Era un pedacito de un programa supuestamente viejo, pero que no era viejo. Y aparecía como animador Creonte, el rey de Tebas, el de la obra “Antígona” interpretado por Daniel Scioli ¿Era manco, Creonte? No importa. Scioli ya no era gobernador de la provincia de Buenos Aires, sino que era ministro de algo. Y de repente yo paso a ser uno de los participantes del programa, que es medio de entretenimientos. Y se da una conversación en la que se debate acerca de lo que tiene que hacerse con el chacal mendocino, ustedes saben, el tipo que le daba a la hija, dale y dale. Que le daba sortija por la sopapirola. Que la embarazó siete veces pero que para su esposa es inocente, porque “la pendeja lo provocaba al padre”, según dice la vieja. Bien ahí. Esos son lazos matrimoniales. “A mí me gusta que mi marido se sienta bien atendido”, le faltó decir.



Scioli-Hay que dejar que lo atiendan los mismos presos –decía Scioli.
-¿Por qué? –Intervenía yo, que era defensor de los derechos humanos, parece- ¿Con que derecho va un homicida a desquitarse con un violador? ¿No se da cuenta que a sus víctimas es a quienes se les debe preguntar que crimen resulta peor? Lástima que están muertas esas gentes. Habría que preguntarles a los muertos si es que hubieran preferido ser violados.



Pero Scioli sacaba un libro y empezaba a leer:



[…incluso los que matan a gente inocente quieren creer que existen personas más despreciables que ellos. Incluso dentro de una cárcel hace falta un “malo”, que en el mejor de los casos puede aparecer en la forma de un mago de los que hacen animalitos con globos para animar fiestas de cumpleaños. Un mago pedófilo. ]



Y se da un campeonato de analogías. El juego consiste en decir una analogía que represente en todo su esplendor la belleza de esa morocha instructora de danzas árabes que hace las veces de compañera mía en el profesorado de Inglés. Esa que está bien sanita y que cada vez abandona más materias porque además de las danzas árabes también juega al hockey tres veces por semana. Mamita, que gamberolas, mamita. Los competidores somos cuatro. Estoy yo y también hay otros tres. Uno es mi tío Luis. A mí me toca ir primero, y me río porque estoy convencido de que la victoria es mía, porque precisamente las analogías son las cosas que me salen mejor.



-Soy capaz de tirarme rodando por una escalera con las manos atadas a la espalda y un foquito en la boca con tal de verla desnuda a esa hija de puta -decía yo.



Y todos me aplaudían, porque ganaba. Y ahí, ahí me desperté.


Resulta que estamos en alerta 5, o DEFCON 5 o algo cinco de la OMS, que es la Organización Mundial de la Salud. Organismo que –si me preguntan- no funciona bastante bien, considerando que no conozco una persona que estè realmente sana. El nivel de alerta 6 viene a ser ese en el que yo salgo a la calle semidesnudo gritando incoherencias a boletear a cualquiera que lleve encima un paquete de pañuelitos descartables. Y la gripe porcina sigue fuera de control, si bien los mejicanos dicen que somos unos desagradecidos y no sè que otra cosa por cerrarles el aeropuerto y no dejarlos entrar a la Argentina con gripe porcina, cuando ellos no tienen ningún problema en dejarnos entrar a nosotros con dengue. Pero habìa quedado claro que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Porque ponele que el chancho no tenga nada que ver. Habìamos dicho eso.

Entonces: no nos engañemos: puede ser cualquier cosa. Y sì, puede tratarse de un brote de infecciòn zombi. Fìjense que nadie saliò a decir: “se descarta absolutamente la posibilidad de que esta infecciòn sea capaz de producir un holocausto zombi”. Afortunadamente, ustedes ya leyeron la primera, la segunda, la tercera, la cuarta, y la quinta, y la sexta, y la sèptima (no recuerdo cuantas eran) partes de la guìa práctica que les sirve para protegerse de los muertos vivientes. Y si no, deberìan, porque me llevò mucho tiempo escribir ese asunto. Pero nada es permanente, y todo lo que conocemos varìa de vez en cuando. Que la cultura es un metamorfo constante; que todo conocimiento es momentàneo y que cualquier sentencia es correcta hasta que otra la demuestra equivocada, dirìan algunos. Yo no, yo dirìa otra cosa, màs en el orden de: “¿A quien le tengo que chupar la pija en este restaurant para que me venga a atender un mozo, la puta madre?”, o “espero algún dìa poder aprender a amar”, o “Kirsten Dunst me da impresión. Luce como un niño que muriò ahogado pero que de algún modo siguiò creciendo.”

Y ustedes se preguntan entonces, ¿De què me sirve la guìa si ahora las condiciones del campo de batalla parecen haberse modificado? Bueno, para eso llega aquì la primera parte del Expansion Pack con todos esos consejos que nos permitiràn mantenernos a salvo por lo menos hasta las pròximas elecciones. Che… con eso de que es colombiano y de que recibe llamados telefònicos de los implicados en la efedrina, medio que lo de De Narváez queda muy colorado, ¿no? ¿No?

Transmisión del Virus: Aparentemente, esta cepa del virus-que-podrìa-convertirnos-a-todos-en-zombis no necesita de mordidas, intercambios sanguìneos ni nada de eso. Sangre y mordidas no deben preocuparnos por ahora. El virus se transmite sin necesidad de otra cosa que la cercanìa, y eso lo hace bastante mucho muy letal desde un principio, considerando que nomàs por ser portador, un infectado cualquiera puede estar estropeàndote sin que te des cuenta. Yo tengo la fuerza de diez hombres sanos y me muevo sigilosamente como un gato, pero asì y todo estoy considerando la posibilidad de adquirir y llevar una màscara (gas mask) de verdad: de las que tienen pastillas, estàn hechas de goma y cubren tanto ojos como boca y narices. Mucha gente lo desconoce, pero el globo ocular es mandado a hacer a la hora de absorber podredumbres. Y si uno puede contagiarse una gripe cualquiera a travès del ojo, màs aùn una posible gripe de chancho zombi. En caso de que no vaya a comprarse la màscara, procure evitar que le tosan o le respiren cerca. El ano tambièn està hecho de membranitas de las que absorben ràpido (por eso los supositorios), por lo que serìa buena idea tambièn el evitar que le respiren o escupan cerca del ano. En caso de estar usted leyendo este artìculo desde una unidad penitenciaria, bueno, puede dar fe de que las cosas que comienzan con alguien escupièndole cerca del ano no terminan bien, generalmente.

Manejo de los desechos: Y me refiero a los cuerpos, y todo material utilizado en el cuidado y tratamiento del difunto-quizà-no-tan-difunto. Aquellas màscaras anti-radioactividad de las que hablè se hacen indispensables (a la par de un enterito de goma y fibra como los utilizados en la planta nuclear de Springfield), pero màs indispensable se hace el fuego. Serà de primera necesidad el quemar los cuerpos, dentro de hornos cerrados, de ser posible. Leì en el fotolog de un muchacho que en Alemania se conservan algunos hornos que se usaron para quemar gente en una època, no me acuerdo porqué motivo. Este muchacho hablaba de una enfermedad hereditaria, que le venìa de las madres. Pero bien por esa gente, bien. La previsiòn es la madre del èxito cuando se trata de prevenir enfermedades infectocontagiosas o hereditarias. No me acuerdo el nombre del fotolog, pero debe ser un club de amigos fanàticos de los helicópteros que hacen quimioterapia juntos, porque todos los que salìan en las fotos estaban peladitos y tenìan tatuadas unas hélices medio raras. Bien por ellos. Bien por los valientes que luchan cuando las condiciones son adversas. Tambièn en Internet pude ver el nuevo trailer de la película “Transformers 2”. Parece que (en lo que se conocerà como “el guiòn màs estùpido y menos coherente jamàs creado”) la onda es que el protagonista (Shia LaBeouf) se muda de la ciudad para asistir a clases en la universidad renunciando a:

1) Su automóvil deportivo que puede cambiar de forma y convertirse en un robot.
2) Sexo con Megan Fox.



Megan Fox

Prevenciòn: Cuando la forma de contagio es sexual, uno puede protegerse mediante la abstinencia sexual. Cuando la forma de contagio es la transmisión sanguìnea, uno puede protegerse evitando tal procedimiento. Y cuando la forma de contagio es que venga un croto y te tosa encima, lo que uno tiene que hacer es poner, entre el croto infectado y uno, toda la distancia posible. Con ello en mente, fueron los mismìsimos mejicanos quienes tomaron el toro por las astas y decidieron, en su momento, suspender la interacción personal entre ciudadanos. Subirse al tren o al colectivo es peligrosìsimo, y lo mismo cualquier otro transporte pùblico. O sea, ya era peligroso, pero ahora lo es màs. A la hora de jerarquizar riesgos, hacer combinaciones con el subte es màs o menos lo mismo que irse a México a besar chanchos. Còmprese un automóvil o no salga nunca màs. A precios devastadoramente elevados, es posible conseguir una màquina ozonizadora (o sea, que produce ozono) de las que destruyen bichitos invisibles, tipo bacteria y virus. Se suelen usar para higienizar quirùrjicamente escenas de crimen o lugares semejantes. Por ejemplo, en un edificio se muriò un tipo de SIDA y nadie se diò cuenta hasta que el olor empezò a entrar en los otros departamentos, pasados diez días. Después de cepillar todo con lavandina, los que limpian ponen la maquina de ozono y chau pinela. Usted debe adosàrsela al vehìculo en el que vaya a viajar, y ponerla al màximo, cosa de que mate todo. Cuando sienta que se està mareando un poco, bájele un poco la intensidad. Ese mareo es indicador de envenenamiento por ozono, pero nadie dijo que llegar a viejo serìa cosa fácil.


De repente, hace un par de días, en la tele se comenzó a hablar de algo raro. Una gripe, pero que no era la gripe aviar, y que nada tenía que ver con esa gripe tercermundista llena de dengues que nos venìa acosando. Era una gripe, pero otra cosa. El tipo recuerda un viejo artìculo en el cual hablaba del virus “Mantis” o algo asì. Una enfermedad tipo SIDA, muy letal, de facilìsima transmisión, de virus resistente y beligerante.

Pero fue de golpe. Sin aviso, de un dìa para el otro. En un momento no pasaba nada, y en el otro, pasò de todo. De golpe y porrazo, en la tele se comenzò a hablar de México, de algo que pasaba allì. Porque de allì parecìa salir la gripe, que habìa causado ya un puñado de muertos y varios manojos de infectados. Pero que no necesitaba de mosquitos ni de gallinas para transmitirse. No necesitaba de nada, salvo de los humanos mismos y del aire circundante. Y de los chanchos. Gripe porcina, le dicen. Parece que primero se la contagiaron a travès de los chanchos.

Pero parecìa que era en serio, que se venìa el fin del mundo. Las camaras filmaban un México apocalìptico, pero apocalìptico en serio. En la primera tapa de los diarios se mostraban cifras y mensajes en colores alarmantes, y lo de andar sin barbijo quedò para los màs guapos. Se suspendieron los actos públicos, se suspendieron los partidos de fútbol o se jugaron sin aficiòn, se suspendieron las clases y de repente no habìa chicos en las escuelas ni adultos en las oficinas. Y màs barbijos, en la calle todavía màs barbijos.

Eran cuarenta los muertos cuando Mèxico se cerrò definitivamente, y se se animò a quedarse con la vida paralizada. Eran cien los muertos cuando la Argentina decidiò cerrarle la puerta a Mèxico y a los mexicanos que no tengan el narco-pasaporte en narco-regla. Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, che, que es una gripe y nada màs. En Estados Unidos tambièn hay infectados, pero insisto: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Yo no sè cuanto mediràn un germen de gripe porcina, pero quince o veinte te deben entrar en el bolsillo de la camisa. Me miro los brazos. De a poco, la capa de crema repelente de mosquitos va perdiendo su poder. Su espesor es inferior a la pulgada, habrìa que darle una o dos manitos màs. Eran 169 los muertos cuando se eliminaron las escenas de besos en los guiones de las telenovelas mexicanas. Eran 1300 las personas con síntomas cuando la semiologìa entrò a romper las pelotas, porque una cosa son los síntomas y otra cosa son los signos. Resulta que los signos son los que puede comprobar el doctor, mientras que los síntomas son subjetivos.

Pero ponele que en Mèxico mientan. Porque a todos nos resulta sospechoso (o por lo menos abrumadoramente atìpico) eso de que de repente, de un dìa para el otro, el mismo estado mexicano se inmole diciendo “somos el epicentro de una epidemia”. No tiene sentido, nadie lo hace, a menos que se encuentre frente a algo temible que no pueda no sòlo contener, sino tampoco explicar o entender. Pero pese a que es procina la gripe, de los chanchos se habla poco. Faltan infografìas, faltan mèdicos hablando de cómo saliò del chancho. Faltan dibujos de chanchos, faltan animaciones computarizadas en las que unas flechitas hacen las veces de respiración chanchuna que sale de una silueta de chancho contagiando a la silueta de un cristiano delgado de cabello corto y un metro ochenta de alto, con un aire a Edward James Olmos. Nadie se ocupa del chancho. De repente no hay expertos.

Ponele que en una de esas no fue el chancho.

Pero de vuelta, ponele que en Mèxico mientan. Ponele que se sabe algo que a la gilada (a nosotros) no le llega. Ponele que alguien estuvo traveseando. Ponele que a alguien se le rompiò un tubo de ensayo cuando no tenìa que rompèrsele. Ponele que sean mil los muertos en Mèxico. Asì y todo, 1000 muertos en el DF no es nada. Son 30, cuarenta millones en el DF. No se cierra un paìs por eso. Todo el mundo no se pone en estado de alerta internacional por algo asì. Tiene que haber sido otra cosa. Tiene que ser otra cosa. Me meto los espirales en el orto, ¿no? En la tele aparecen anècdotas raras. Se suspenden los vuelos, se suspenden. Massa dice que se suspenden. En la radio, un tipo de Bragado, el intendente, dice que algo raro pasa, que se muriò un argentino porcinamente engripado en Mèxico. Que tardaron muchìsimo màs de la cuenta en devolverle el cuerpo. Que en Mèxico se hacìan los otarios. Que nunca suelen pasar ese tipo de cosas. Se habla de poner sensores de temperatura en los aeropuertos para detectar a los enfermos. ¿Cuàl va a ser el paso siguiente? Perros. Imagino que los perros, capaces de detectar a los infectados de gripe misteriosa. Ahì estàn, ladrando enfurecidos ante sujetos aparentemente normales, sanos, derechos y humanos. Esos infectados que infectan sin necesidad de picar como los mosquitos, ni de emplumar como las gallinas, ni de enloquecer como las vacas. Esos infectados que infectan sin que te des cuenta mientras que las acciones de los laboratorios se van a las nubes. Van a hacer dinero los laboratorios, porque no hace falta que la medicaciòn pueda tratar a los infectados: alcanza con que exista para que pueda comprarse. Tanto tenès, tanto valès. “Tanto duràs”, agrega Magic Johnson millonario y desde el SIDA, pero no le toca nomàs a los crotos eso de morirse.

Zombies

Y ahì està el miedo, entonces. Nadie lo dice, nadie sacude el avispero, nadie levanta la perdiz, porque Dios es misericordioso y ataca en orden alfabètico: aztecas primero. ¿La Argentina se escribe con “C” de criollo, con “G” de gaucho o con “P” de peronista? Pero todos tiemblan ante la probabilidad, mìnima, ìnfima, indivisible de tan pequeña pero real, de que no sea cosa de los chanchos. De que el dìa haya llegado. De que la infecciòn haya comenzado a cobrar sus vìctimas de la peor manera posible. Y la gente gasta el jornal en barbijos y alcohol gelatinizado. Y un aviòn hace escala en Perù, y deja hospitalizada a una argentina que venìa de Panamà. Venìa a la Argentina, la señora, con su fiebre inexplicable. En Argentina se estudian tres casos, que parecen nada considerando los 21.000 casos de dengue autòctono diagnosticados, pero que en realidad lo son todo considerando que nadie sabe realmente lo que pasa. Porque una cosa es el dengue, que sabès que es dengue, porque el dengue es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y en los Estados Unidos se muere una persona de gripe achanchonada, lo confirman los funcionarios. Es la primera fuera de Mèxico. Es un bebè o un enano, algo asì, algo chiquito. Si hubiera ganado McCain en vez de Obama, a esta hora Mèxico estarìa siendo rociado con Napalm, pero quien soy yo para decirlo. En España se confirman dos casos. La infecciòn se expande. Y al que tose o estornuda lo detienen, pero al que venìa sentado a su lado en el aviòn no le abren ni la valija, cruz diablo. Pero… ¿Y a los taxistas en Ezeiza què se les hace? Un enema de Lisoform, la respuesta es: un enema de Lisoform.

Y mientras tanto el intendente de Bragado se hace el Condorito, y exige una explicación. Y se pregunta las razones que habràn llevado a los mexicanos a demorarse en la entrega del finado, que, ahora dicen, jamàs tuvo gripe porcina. Pide respeto su viuda, pide que no se mienta.

Dice que fue otra cosa, otra cosa y nada màs.

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