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Archive for 26 junio 2009


Resulta que yo venía medio atrasado con esto de Damos Pen@, por eso de tener que trabajar y planificar, estudiar para ocho o nueve parciales haciéndome el pija sin largar ninguna materia, cagar, y esas cosas que hace la gente. Y cuando digo cagar lo digo en serio, porque existe algo que se llama síndrome de colon irritable, y que cuando te agarra te hace cagar un montón de veces al día, pero chorritos de una diarreita de mierda (el chiste del juego de palabras sale solo, no fue mi intención). Lo mejor es cuando se te combina con la gripe o el resfrío. No es que eso me haya pasado a mí durante esta semana. O tal vez sí. Nunca lo sabrán, a menos que lean el siguiente párrafo.

Sí, me pasó a mí esta semana. Aún hoy es seguro decir que estoy meando por el culo. Pero volviendo a lo que me hace escribir así a las apuradas, de corrido y sin prestar atención a la ortografía más elemental, es que se murió Michael Jackson. Me acabo de enterar hace un minuto. El artista musical que más yo admiraba y adoraba en la historia de las cosas, y –curiosamente- uno de los cinco tipos a los cuales yo les bancaba los trapos a muerte. Y cuando digo trapos, me refiero a todo, todo, todo. Inclusive eso de lo que se lo sospechaba, sí. Había un artículo sobre ello, lo recuerdo, e incluía al fiambrero Morgan. Creo que se llama “Bancar los trapos”.

Dios

También se murieron Farrah Fawcet (ponele que se escriba así), y Cascioli, el coso ese que dibujó tapas de la revista Humor (y otras muchas cosas bastante piolas) durante varias décadas. Pero al lado de Michael Jackson, tanto ellos como Fernando Peña o Alejandro Doria medio que no cuentan tanto. No quiero sonar cruel, pero lo cierto es que ninguno de ellos filmó un video que no sólo es el mejor de la historia (más allá de que mi preferido de entre los suyos es “Rock With You”), sino que además en él se incluye la voz de Vincent Price, y como si esto fuera poco, hay zombis. Sí, zombis.

Tenía 50 años, y le vino un infarto. Se habla de autopsia a hacerse, siempre y cuando la familia otorgue el visto bueno, pero la verdad es que esto no es como de David Carradine. No hay ninjas de los cuales desconfiar, ni maldiciones chinas. Si me preguntan a mí, diré que me parece bastante coherente que una persona que nace siendo un negrito cabezón de rulos ensortijados y llega a los cuarenta años siendo un extraño señor andrógino blanco-grisáceo de cabello lacio, se muera antes de llegar a la vejez. Siempre me pregunté como era que hacía para estar vivo todavía, pero creí que era un ser mágico, tal vez un alien bueno. A fin de cuentas, hasta ahora en la historia de la humanidad se sabe de dos casos de resucitación (Uno fue Jesús, el otro fue Lázaro) pero de hombres que nacen de un color y se mueren de otro, hay uno sólo.

Lo peor es que yo tenía pensado ir a verlo. Cuando me enteré de que tenía todos esos recitales planeados (meses atrás) incluso hice las cuentas para irme a Inglaterra vendiendo cosas y haciendo cagar reservas monetarias de emergencia, porque esto era una emergencia. Imaginé que Miguelito no aguantaría tantos recitales, o que los estaba organizando como a una despedida, sabiendo que se iba a morir. No sé si lo sabían, pero el precio de cada entrada no superaba los 150 dólares. Chayanne cobra eso cuando viene acá. Y es Chayanne. Digo, Chayanne. Perdoname, tía, pero es así.

Lo único que queda es ver como sale la gilada a decir que era un grande. El primero va a ser Jorge Jacobson, supongo. Después Guillermo Andino. Todos esos que pedían para él cadena perpetua aún sin saber de que se lo acusaba, o las pruebas en su contra. Algún zapallo va a salir a decir que por lo menos queda Madonna, o Justin Timberlake… cuando la diferencia entre Michael Jackson y cualquier otro musiquero es equivalente a la distancia que hay entre cogerse a Megan Fox en un ascensor y mirar una foto de un tipo haciéndose una paja con una foto en la que aparece otro tipo haciéndose una paja con Kirsten Dunst.

Lo bueno (porque siempre hay algo bueno) es que los niños que se mueren se van al cielo porque están libres de pecado, y Michael Jackson era en cierta forma trastornada, un niño genio. Así, que ahí tienen: Michael Jackson ahora se encuentra en el cielo, jugando con otros tantos niños. Que es lo que a él más le gustaba. Usando trajes de baño, por supuesto, porque el cielo está arriba, más cerca del sol, y ahí hace más calor.

Creo que es una buena forma de cerrar este artículo y empezar el duelo. Todos en mallita. Incluyendo al Rey.

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Ojalá. Me habría encantado. O me hubiera encantado. No sé, los lectores a veces me corrigen porque escribo mal.

Pero la verdad es que me entretuvo bastante el tema ese del avión que estuvo desaparecido durante casi una semana hasta que se empezaron a encontrar cadáveres. No, a ver, esperen, no. Lo que me entretuvo fue eso de tener que tener que estudiar, trabajar y comer sano al mismo tiempo. Lo del avión me habría tenido prácticamente sin cuidado de no ser porque un par de curiosidades pueden rescatarse del asunto.

Hasta donde me acuerdo, y tratando de sonar serio, aviones especiales intentaban localizar el aparato de Air France con ayuda de radares. Decían que la aeronave habría caído unos 1100 kilómetros al noreste de Brasil, a mitad de camino entre África y las costas cariocas. Mientras tanto, el presidente de Francia busca restos del avión con un submarino atómico. Y mientras tanto, el presidente de Italia aparece en fotografías al costado de una pileta de natación en un resort, acompañado de dos jovencitas de 18 años con las tetas al aire, demostrando que hay una vida mejor y que la misma puede ser vivida siempre y cuando uno se anime a animarse.

Es proverbial mi superioridad sexual. En un tema más relacionado con estas líneas, también lo es mi casi temor a los medios de transporte motorizados, particularmente los aviones. Digo, por si no lo recuerdan, me casé hace cosa de un año y dos meses, y la Luna de Miel se hizo en avión únicamente porque me dan más miedo los ómnibus que los aviones. Yo podría ahora poner un hipervínculo al artículo ese en el que cuento toda la experiencia de volar por primera y única vez, pero no lo voy a hacer. Busquen en el archivo, tiene que ser un artículo de a fines de abril o principios de mayo. Algún día Papá Mantis no va a estar para cuidarlos, y es hora de que ustedes empiecen a valerse de sus propios medios. No quiero asustarlos, pero el otro día me faltaron nueve alumnos debido a casos gripales. Ante la duda de no saber quien tiene la gripe porcina y quien no, lo más prudente –creo yo, es una opinión puramente mía- sería ponerse un barbijo y salir con el cuchillo grande de la cocina a matar gente en el colectivo por las dudas.

Pero volvamos a lo de los aviones. Uno de los pasajeros era un tal Pablo Dreyfus, desarmista “experto” en seguridad -y por consiguiente-, enemigo mío y de todos los adeptos a las armas de fuego. Si quieren darse una idea de la capacidad de razonamiento de este tipo, cabe aclarar que gracias a su empuje, en Brasil (Estatuto del Desarme, del 2003) a los ciudadanos civiles prácticamente no se les permite el acceso a las armas de fuego. Quiero decir, en Brasil ahora los únicos que tienen armas de fuego son los asesinos, los efectivos policiales corruptos, los violadores y los narcotraficantes (léase: toda esa gente que ya tenía armas de fuego antes de que saliera la prohibición). Tenía en claro algunos conceptos el fulano éste (por ejemplo, entendía que las municiones expansivas o de punta hueca deberían ser las únicas utilizadas por la policía) pero merecía morir de alguna manera graciosa y muy violenta pero completamente ajena a las armas de fuego, nomás para que yo hiciese algún comentario gracioso del tipo: “JAJAJAJAJA… ¡DEBERÍAS HABER PROHIBIDO LOS AVIONES EN BRASIL, PAPAFRITÓN!”

Para este Pablo, las probabilidades de morir en un accidente aéreo eran mucho más altas que para otros. ¿Por qué? Porque viajaba frecuentemente en avión, yendo de acá para allá vendiendo sus criterios de bienestar.

Algunos dirán entonces, que todo es cuestión de estadísticas. Que estadísticamente es mucho más probable que uno muerda el polvo por última vez debido a un accidente de tránsito cualquiera (andando en auto o camioneta o colectivo o alguna otra cosa con ruedas) que por un accidente aéreo. Ahora permítanme decirles esto: he visto en la banquina muchos autos, camionetas y camiones, pero jamás un avión. Del mismo modo en que no se suelen escuchar anécdotas de pilotos diciendo: “No sabés que cagada: la semana pasada choqué con el avión. Hice cagar todo el tren delantero”. Por eso, y para que vean que papá Mantis tiene razón en preocuparse por todo (y por todos) es que les voy a poner encima algunos números. Ustedes después sacarán sus propias conclusiones, y crecerán, y formarán sus propias familias, y se olvidarán de mí. Porque la vida es así, chicos. La vida es así. Los viejos nos quedamos.

Se calcula (así, muy generalmente) que uno tiene 1 posibilidad entre 5, de morir debido a fallas cardíacas. 1 entre 7, de morir debido al cáncer. 1 entre 24, de morir de una embolia o ataque de presión. Y 1 en 84, de morir en un accidente de tránsito, mientras que las probabilidades de morir en un accidente nomás caminando como peatón por la calle son de 1 en 626, y las probabilidades de morir en un accidente aéreo son de 1 en 20.000. Puesto así, parece una cosa de nada, pero lo cierto es que todas esas estadísticas responden a intereses de las compañías aéreas, y están calculadas teniendo en cuenta parámetros caprichosos. Quiero decir, las chances de morir debido a un accidente aéreo son de 1 en 20.000 siempre y cuando uno viaje en avión una sola vez en su vida. Basta con que uno se tome el avión de regreso a casa para que las probabilidades pasen a ser de 1 en 5.051. ¿Se entiende?

Lo curioso, pero curioso y curioso en serio, es que parece que una de las víctimas fatales (por lo menos hasta donde escuché en la tele) era una mujer cuyo esposo (o novio, o amante) ya había perdido anteriormente a una mujer amada en un accidente aéreo. Y es entonces que los números se hacen pequeñas. Porque las probabilidades, por ejemplo, de suicidarse, son de 1 en 119. Se calcula que se suicida una persona cada cuarenta segundos. Quiero decir, que al tipo se le hayan muerto dos amadas en accidentes aéreos debe ser equivalente a que se le hubieran muerto tres esposas en tres incendios distintos. O dos esposas en dos electrocuciones a tres años de distancia una de la otra. O cinco suicidadas.

Lo que quiero decir es que da para desconfiar. Yo, si fuera de la policía francesa, lo investigo. Pero la pregunta vuela-vuela del día es: ¿Cómo puede ser que ninguno de ustedes me haya mandado un mail, o un mensaje de texto, o una paloma mensajera para avisarme de la muerte de David Carradine? ¡Me enteré ayer! ¡Estamos hablando de Kung-Fu! ¡Me quieren hacer creer que se murió ahorcado durante una mezcla de suicidio y juego de asfixia auto-erótica y yo no me la creo! Tenía muchos enemigos.

Peligrosos, hábiles enemigos.

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Me dejó pensando un poco ese tema de que la médica que me atendió el otro día no haya podido resistirse a mis encantos, recurriendo a la violación esa a la cual me sometió, palpando y frotando mis genitales como si de los mismos fuera a salir un éfrit o algo así. Aunque yo suelo cumplirte MÁS de tres deseos… jajajaja… cinco o seis… siete a veces… ¿entienden? Jajajaja… ¿ENTIENDEN? Si no entienden, pregunten.

En una de esas soy más atractivo de lo que parezco, pero sólo para cierta parte de la población. Por ejemplo, a las que les gustan los negros cabeza que no usan calzoncillos y salen a bailar a lugares semi-bolivianos en ropa deportiva de microfibra, no les debo parecer atractivo. Quiero decir, nunca ninguna me miró siquiera. Cuando le pregunto a mi esposa (que es realmente linda), ella siempre dice que soy brillante y que eso le encantó. Que mi velocidad mental fue lo que la hizo interesarse en mí, sumado al hecho de que soy un buen tipo de acuerdo a más o menos todas las consideraciones posibles, y al hecho de que proyecto una imagen masculina de hombre domesticado y bien educado que está mas cerca de ser amanerado que de ser un machista golpeador. Hasta acá uno podría afirmar entonces, que le resulto atractivo a las universitarias rubias obsesionadas con el orden y a las médicas veteranas con aires de Susan Sarandon, ya que tuve un 100% de efectividad seductora en esa área.

Pero de un tiempo a esta parte descubrí que ciertos factores inclinan la balanza aunque uno no quiera, a la hora de ser deseable. Por ejemplo, en la carrera y profesión que he elegido (ese asunto de ser Instructor Sexual de Inglés o algo así) me encuentro rodeado de mujeres. No universitarias, pero sí terciarias. En el profesorado se da entonces, una situación absolutamente comparable con lo que pasó al terminar la Guerra contra el Paraguay. Prestá atención y aprendé. Te va a hacer bien. Además, tu mamá y yo estamos preocupados porque parece que no querés hacer nada de tu vida.

Alianza Era en 1867 o algo así, la verdad es que tiré el número nomás tratando de calcular la edad de Mitre (el tatarabuelo del dueño del diario “La Nación”) por aquel entonces, pero no debe andar lejos. Fue entonces que Argentina, Brasil, Uruguay, los intereses británicos y las Fuerzas Especiales Ginyü se aliaron a fin de hacer concha a los paraguayos del “Tirano” Solano López, quienes se la daban de “modelo de economía independiente y auto-sustentable”, con su desarrollo industrial, su ferrocarril (el primero en Sudamérica), su falta de hambre, su sociedad equilibrada y otras tantas supersticiones. ¡Se ve que tan auto-suficientes no eran, jajajajaja…! ¿Entienden? ¡PUM! ¡Tomá! ¿ENTIENDEN? Porque perdieron.

La cuestión es que Paraguay hoy es lo que es debido a esa guerra de la Triple Alianza en la que, entre todos, los hicimos re-mierda. Paraguay era potencia. Hoy en día andarían en naves espaciales, imagino que incluso habrían sido capaces de desarrollar a Skynet. Suerte que no pasó. Aquí una dramatización que me llevó más de cuarenta y cinco minutos:



SkynetP



Ahora bien, lo curioso (o lo que nos interesa en este caso por lo menos) es que antes del inicio de la guerra de la Triple Alianza su población era de 1.300.000 personas. Al final del conflicto, sólo sobrevivían unas 200.000. De éstas, únicamente unos 25.000 eran hombres. Y de esos 25.000 hombres, la mayoría eran niños y ancianos.

Estamos hablando de 175.000 minas para –ponele-10.000 hombres. Lo que se entiende, si hacemos la cuentita entre todos, como que había un hombre por cada casi veinte mujeres. Y mi situación es muy semejante, porque en las clases hay unos seis o siete varones, y unas cincuenta o sesenta mujeres, de todas las edades y colores. Pero esos varones se dividen en:

-Un flogger de 18 años que pesa treinta kilos, mide un metro y medio, usa pulóveres de mujer color lila y hace comentarios en el orden de: “cuando sea grande me voy a sacar los piercings”. Se enojó un poco cuando me brotó la ultraderecha de adentro y le dije que a su edad había tipos muriendo en Malvinas, pero eso me tiene sin cuidado. ¿Qué va a hacer? ¿Arañarme? En serio, no sé como pelean los homosexuales. ¿Llevan hojitas de afeitar en sus porta-cosméticos?

-Un tipo de treinta y cinco años que no saluda a nadie. Se lo escucha conversar y quejarse todo el tiempo debido a que desde comenzó a estudiar y a trabajar de docente tiene mucho menos tiempo de salir con sus amigos, y a duras penas si consigue verse con ellos una vez por mes. Dice que extraña mucho salir con sus amigos, sus amigos, sus amigos.

-Un homosexual rampante parecido a Claudio Drexler, sólo que panzón y alto. Usa ropa blanca, ajustadita y que le queda corta, lo cual lo hace parecerse a Philip Seymour Hoffman en Boogie Nights. Y si vieron la película saben que eso no es halagador. A veces se pone pantalones de vestir color beige, a cuadritos blancos.

-Otro homosexual rampante, que luce idéntico a Will Ferrel. Pero idéntico, idéntico.

-Yo, que le miro el culo y las tetas a todas las minas y además tengo una colección de conocimientos que bien podrían valerme el título de –por ejemplo, por ejemplo- Licenciado en Pornografía de Europa Oriental.

-Un pibe medio raro, medio sospechoso, medio con algún problemita mental, que espero sea homosexual. Porque si no es homosexual, es pedófilo o asesino serial de los que tienen una heladera llena de cabezas humanas. Se parece al actor morochito que hacía de hijo de Juan Leyrado en “Gasoleros”.

-Un muchacho que tiene cara de buen pibe nene de mamá y anda todo el tiempo vestido de rockero metalero, todo de negro, con cadenas y tatuajes. Cuando le preguntan acerca de su estado sentimental el siempre responde diciendo que está casado con la música. Que la música es su amor, y sus guitarras son sus hijas.

Lo cual hace que mi cotización suba. Incluso me animé a preguntarles a mis mismísimas compañeras, porque evidentemente al entrar y ver que todos los varones eran tan cuestionables desde un punto de vista puramente reproductivo (léase, poco probables de obrar a favor de la supervivencia de la especie) incluso temí que algo estuviera mal conmigo, y que yo no me hubiese dado cuenta. Digo, en una de esas yo era gay y no sabía, ya que obviamente los profesores de inglés no suelen ser tan masculinos como los canadienses esos que hacen campeonatos de leñadores, o los soderos, o los mecánicos de camiones.

Y mis compañeras me lo confirmaron, alguna de ellas, con risitas nerviosas. Otra, por ejemplo, dejó de saludarme cuando le mostré la foto de mi esposa que llevo en mi agenda. Otra se está cepillando a un profesor. Y lo peor de todo es que me parece que no hay ni una lesbiana en todo el profesorado. Pero quiero saber entonces cual es el tipo de gente que se siente atraído por otro tipo de personas en otro tipo de situaciones, y es aquí que entran ustedes. Tiene que haber una explicación química/psicológica que no caiga en los lugares comunes: me rehúso a creer que se trata únicamente de gente con intereses similares. A los que están en pareja, ennoviados, casados o enconcubinados establemente les pregunto: ¿A que tipo de gente cree –o sabe- usted que le resulta atractivo/a?

No hay respuestas incorrectas, pero me imagino que sí hay respuestas graciosas. Por ejemplo, a mí me habría encantado poder parecerle irresistible ese tipo de morocha petera que se pone calzas y despacha combustible en una estación de servicio, pero ni siquiera tengo auto o registro de conducir, y sería probable que ella no entendiese mis chistes, o que se ofendiese cuando tratase de explicar el tema de “Chinchulín”, mi esclavo feliz.

Quiero decir, en una de esas estoy absolutamente equivocado, pero me parece muy poco inteligente eso de comenzar a sentirse atraído por alguien nomás de tanto estarle cerca y haciendo lo mismo. Como cuando en la tele sale que se murió alguien famoso tras haber perdido la batalla con el cáncer. Digo, no tengo mi cuaderno de estadísticas oncológicas conmigo en este momento, pero creo que históricamente el cáncer ganó muchas mas batallas de las que perdió hasta ahora. Sería bueno no meterse en ese tipo de trifulcas.

Yo, por ejemplo, suelo enfrentarme a golpes de puño con los alumnos de tercer grado de una escuela con capacidades diferentes, y créanme, esas capacidades no son tan especiales como uno creería. ¡Soy lo más!

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