Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 24 diciembre 2009

¡Hola!


Chinchu¡Tanto tiempo! ¿Cómo les va? Ustedes sabrán que yo era un personaje recurrente en esto de Damos Pen@. Un columnista. Un DJ profesional ad honorem. La verdad es que los extrañé.

Mi amo les iba a hablar acerca del mejor momento o día de su vida, pero resulta que se fue a Mar del Plata unos días. Y hoy está de vuelta. Enfermo con esa cosa que tiene Mar del Plata de tener cuatro climas diferentes en 24 horas, el salitre que se respira y muchas otras cosas negativas que le encontró, además de las quemaduras. Se pasó la noche llorando diciendo no sé que cosas acerca de que lo iban a borrar de un clan, que no podía ser negro, o algo así. No pude entenderlo debido a la fiebre, pero me dio un montón de ropa blanca para que se la guardase. Lo más gracioso es la capucha… en una de esas se quedó sin poder ir a una fiesta de disfraces. Creo que iba a festejar eso de que aprobó todas las materias y tiene las vacaciones para descansar.

Pero esta noche es nochebuena, y mañana es navidad. Por eso, aquí les van mis regalos audiovisuales para que puedan compartir con vuestros seres queridos. A mí me gustaría decir que tengo seres queridos, pero no, no tengo. “Y tampoco tenés derechos”, agregó mi padre mientras me volcaba yogur vencido en la espalda nomás para “taparte un poco el olor a negro” como él dice. Hago un mezcladito cosa de que les guste a todos:

Este es un tema que van a escuchar, re-escuchar y recontra escuchar, de tan bueno que es. Oro puro.

Y este es para los que entienden que una buena intro, con buena música, puede darte ganas de jugar a un videojuego en completo japonés. Dice mi amo que debe haberse pasado cerca de ochocientas horas jugándolo, sin exagerar, y que le chuparía la pija a los japoneses que hicieron la banda sonora sin perder un ápice de masculinidad, pero ya vieron como es él… siempre con sus videojuegos y sus chistes de pijas, y sus patadas a las articulaciones.

Este es el mejor tema veraniego para recordar tiempos más simples. Imaginate la mejor tarde de verano que recuerdes, esa en la que tenías diez años y te quedaste andando en bicicleta con tus amigos hasta las doce de la noche, después de haber jugado a la pelota toda la tarde. Y estaba todo bien, todo. Y ponele esta canción.

Éste, por otro lado, es una inyección de energía. Lo encontré en una carpeta de mi amo, acompañado del mensaje “Yo personalmente mataría a golpes a cada uno de estos tipos”.

Y cierro con la mejor canción de navidad. No, no es la de Mi Pobre Angelito. El tema es del enorme Ryuichi Sakamoto, pero interpretado por Kotaro Oshio, un japonés que hace las cosas a lo japonés. O sea: raro.

¡Felicidades!

Read Full Post »

El descarriladero


¿Entienden? Es un chiste, el título. O algo así. Es un juego de palabras en el que estoy deformando el título de una novela llamada “El Desbarrancadero”. Muy mala, por cierto, escrita por un homosexual colombiano. Con esto no quiero decir que sea mala porque la escribió un homosexual, pero, quiero decir, espero que no todos los homosexuales escriban libros tan de mierda o de lo contrario la fama de los homosexuales se va a ver todavía más perjudicada de lo que ya lo está, con eso del SIDA y lo de irse al infierno, y eso.

Y encima para peor no los dejan casarse, ahora, pobres. Es quejoso y caprichoso, el homosexual, como las feministas. Yo apoyo la homosexualidad porque gracias a ella soy una suerte de símbolo sexual masculinísimo en el lugar donde estudio, pero me rompe las bolas eso de que los homosexuales quieran casarse en lugar de reclamar por sus derechos a la igualdad en serio, consiguiendo que se les reconozca la viudez, los bienes conyugales o la pensión del cónyuge, etc.

No me acuerdo a donde iba con esto. Pero en las líneas que siguen ustedes leerán acerca de uno delos momentos más incómodos (si no el más incómodo) de mi vida. Y para cerrar el año, el próximo artículo será acerca del mejor momento de mi vida, que se dio ayer lunes al mediodía.

Pero vayamos desde el principio, ¿Vieron el asunto ese de que yo venía medio como al límite, fusilado, liquidado y medio quemado? Si no leyeron el artículo anterior es porque definitivamente han abandonado este sitio web, ya que lo escribí hace como un mes. Bueno, dicen los que saben que una cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, ya que por más que los otros sean fuertes, alcanza con esa debilidad para que se corte, o algo así. No sé quien inventa esos dichos, pero resulta que el otro día descarrilé.

El exámen final de Lengua Escrita (o Gramática o algo así) constaba de varias partes: una de parafraseo, otra en la que se corregían errores y se fundamentaban las respuestas y una última en las que el sujeto-alumno demostraba sus habilidades para con la escritura mediante eligiendo un tópico y luego desarrollándolo. Podía tratarse de una narración en tercera o primera persona, una descripción o una solicitud formal de empleo. Vuestro servidor eligió la descripción, porque es un experto constructor de analogías y entiende que en una descripción humorística siempre hay lugar para más analogías y recursos que en otras cosas. Podría haber elegido cualquiera, pero le pareció que con la descripción iba a poder ser más natural, escribiendo como a él le gusta y en un ámbito más relajado todavía, ya que de acuerdo a sus calificaciones y rendimiento el exámen final era para él nada más que una formalidad en la que la nota podía llegar a ser un 8, pero no menos de eso, y muy en el peor de los casos. Porque al tipo le gusta escribir. Le gusta tanto que lo viene haciendo gratis desde hace como cinco años. En su sitio web.

Entonces el tipo…. Quiero decir, yo. Entonces, yo entregué la evaluación completa en aproximadamente 90 minutos, tras haber revisado todo cuidadosamente. Cantidad de palabras, que esto, que lo otro. No esperaba el 10 debido a que las evaluaciones de este tipo son muy llenas de vericuetos y yo no había tenido suficiente tiempo como para estudiar a gusto, pero bueh… un ocho o un nueve iba seguro. Como de cursada tenía 10, estaba más que tranquilo.

Salí de allí y me subí al tren, satisfecho. Luego me bajé del tren y me subí al colectivo y caminé las cuadras indispensables a fin de llegar a casa. Mi esposa no estaba, por lo que aproveché para entrar a la habitación sin darle cinco de pelota a los patines que protegen el piso encerado, tiré el maletín por ahí y comencé a desnudarme, cosa de poder ducharme y sacarme los hedores y toda la podredumbre esa que uno acarrea nomás de andar trabajando y viajando en el transporte público. Además, tengo un espejo de dos metros por dos metros en el cual me miro todos los días a fin de comprender cuan afortunada es mi esposa. Y es afortunada, realmente afortunada.

Y fue entonces que me di cuenta de que acababa de escribir, en un exámen final, una descripción que terminaba con la siguiente frase:

“… y esa es seguramente la segunda peor cosa que jamás podría ocurrirle a hombre ninguno. Y digo la segunda porque la primera es que tu debut sexual se deba a que te quedaste encerrado en una jaula del zoológico y te violó un tigre con SIDA.”

La frase estaba obviamente en inglés, pero en castellano tampoco pierde “intensidad”. Es más, me estoy cagando de risa en este momento a medida que la reescribo, por lo que si ustedes también se tentaron, hagan de cuenta que estamos juntos y somos amigos.

-OH DIOS MÍO, QUE HICE OH DIOS MÍO… -Fue mi reacción. A los saltos llegué a la PC y comencé a escribir el mail en el que le pedía perdón a la profesora y le decía no sé que cosa acerca de que yo siempre uso ese tipo de analogías pero después las “suavizo”… que se yó. Le pedí diez mil perdones por faltarle el respeto a una dama, acepté mi condición de desubicado, etc. Creo que inclusive le eché la culpa a Dalí, y a su “Sueño causado por el vuelo de un abejorro… etc.”. Me vi a mi mismo sentado en una mesa con un montón de pedófilos, en un talk show, teniendo que explicar que no, que era un chiste desubicado y nada más, con un violador interrumpiéndome y diciendo cosas como “No, no tenés porqué avergonzarte” y con un grupo de pedófilos diciendo que yo era el único que los comprendía, o algo así, y la gente nos gritaba cosas. Y me entró a agarrar dolor de panza.

Para mis adentros, la plegaria con promesa incluida fue la siguiente:

“Dios, si me sacás más o menos entero de esta situación te prometo no comprarme la Honda, y vos sabés que me voy a comprar la Honda”.

SueñoPero lo cierto es, que yo revisé la evaluación tres veces y en ningún momento creí que semejante salvajada pudiera estar fuera de lugar, lo cual habla de lo grave de mi estado. Eso quiere decir que tengo que dejar de hacerme el loco, porque de tanto hacerme me estoy volviendo loco en serio. Lo que yo hice, no se hace.

La pregunta que automáticamente se hace uno en estas circunstancias es: ¿Cómo vas a poner eso? Bueno, si tuviera una respuesta probablemente no estaría escribiendo este artículo. Y seguramente no la habría escrito y entregado a sin de ser corregida y revisada por una mesa compuesta por tres profesoras (mujeres ellas), señoras de sesenta y tantos años, dos de ellas. Podría decirse que mi compromiso es con el humor, y a niveles incluso inconcientes, vaya uno a saber porqué.

Tras un día de la más pura agonía, recibí respuesta de la profesora (una chica de mi edad, macanuda y que supiera reirse de una analogía en la que yo caminaba llevando un bebé de oso panda en los brazos durante un incendio en una estación de servicio), quien dijo, efectivamente, haberse horrorizado ante la expresión, que no sólo era desafortunada sino que además sobraba. Dijo también, para mi sorpresa, que el resto del exámen estaba impecable pero que obviamente se me habían quitado puntos. Lo cual me sonó a aleluyas y bendiciones más allá de cualquier tipo de fantasía o sueño húmedo, porque si a mí alguien me entrega un exámen con eso escrito, yo lo mando al psiquiatra. Y le pongo un 2, obviamente, porque hay un lugar para cada cosa, y se supone que las analogías de esa índole van acá, en el coso este del blog.

Al miércoles siguiente tenía yo otro exámen en el que ella sería parte de la mesa, por lo que le acerqué mi libreta para que me la firmara, con lo que fuese que tuviese que poner. Para mi sorpresa (ya sé que acabo de escribir “para mi sorpresa” pero no se me ocurre una expresión más acertada) me quedó de nota final un 8, porque el resto de los trabajos prácticos y exámenes durante el año (estamos hablando de ocho 10’s) habían sido más que suficientes para blindar mi promedio (en el exámen me había quedado un 6).

Y así, yo, que ya me estaba imaginando teniendo que darle explicaciones a la directora y a la gente del INADI y todo el mundo y siendo sancionado y llorando y haciéndome caca encima y perdiendo la regularidad, sólo tuve que resignar… bueno, prácticamente nada. Mis calificaciones, con tigre violador sidoso incluido, siguen siendo de las mejores.

Las últimas palabras de la profe fueron algo así como un “no dejes que este incidente estropee tu sentido del humor, tan sólo cuidate de no pasar los límites”, lo cual me hizo estar todavía más avergonzado. Me sentí un chiquilín inmaduro. De enormes músculos y vibrante sexualidad, sí, pero chiquilín al fín. Y me prometí crecer lo suficiente como para no volver a hacer algo semejante.

Y es por eso que voy a cumplir la promesa que hice. No habrá moto masculina y rugiente para papá Mantis este verano, lamentablemente. Sólo un scooter al más puro estilo Alfie, en el mejor de los casos. Quizás el verme ridículo en una motito que debido a mis dimensiones se verá como un monociclo sea el castigo que me merezco. O quizá me compre una bicicleta para castigarme, ya que detesto andar en bicicleta.

Además, la motito de Alfie cuesta como cuatro lucas verdes. Si tuviese ese tipo de dinero me haría micro-emprendedor e iniciaría mi propia compañía de marionetas pornográficas híper-realistas. Casi puedo verlo: voy con mi camionetita haciendo shows hilarantes para gente de los countries, y la gente aplaude y se pregunta cómo hago para que las marionetas luzcan tan reales, tan reales… ¡Los ojos parecen de verdad! Dicen ellos. “Si te miran es porque son de verdad”, respondo yo. “¿Qué clase de tela es esa?”, preguntan acariciando la mejilla. “Es la tela que Dios usa para fabricar sus propias marionetas”, les contesto yo, y sonrío pensando en todos esos viajes al hospital. “El pelo es natural”, interrumpe mi ayudante (un obeso negro de dos metros de edad y 30 años de estatura o viceversa, que responde al nombre de “Chinchu” y que dice ser mi socio) Y la gente se ríe, porque sabe que hago chistes. “Mi compromiso es con el humor”, termino diciendo. “Desde hace años, desde que era docente, o quizá desde antes. Siempre me gustaron los niños y los chistes”.

OK, ustedes también párenme ché, pónganse las pilas. Obviamente tengo un problema.

Read Full Post »