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Archive for 29 abril 2011

Resulta que eso empezó hace diez días, doce. Un día después de ir a ver al psíquico/psicólogo/psiquiatra.

Entonces el tipo, después de hacerlo esperar dos horas y media le dice a usted: “le voy a dar un hipnótico suave”. Usted no le cree, porque decir “hipnótico suave” es medio como un oxímoron. “Cualquier cosa con el poder de hipnotizar no debe ser suave”, se dice usted. Pero luego se acuerda de una par de tetas y dice “Bueno, en una de esas, sí se se puede ser suave e hipnotizar”.

Entonces entra a Facebook y acepta a todos los loquitos que quieren ser sus amigos en esa cuenta que creó hace mil años y que nunca usa. Porque va a necesitar amigos que digan que antes de tomar la pastillita chiquitita usted no era de barnizar escarabajos y subirse a venderlos en los colectivos. Nuevos amigos, porque los viejos van a salir en la tele diciendo: “Lo que me sorprende es que no haya pasado antes, jajaja… ¡Grande, Mantis!”

Y entonces se toma la cosita, que es chiquitita y efectivamente tiene pinta de pastilla para sanar locos. También tiene pinta de pastilla que da vigor sexual.

Difícil que algo que se llama “psicofármaco” pueda hacerle bien a la cabeza de alguien, pero bueno, usted prueba porque la caja le costó 26 pesos y eso es mucho menos de lo que paga por otras cosas. Sacó la cuenta mensual y resulta que gasta más en Coca-Cola que en psicofármacos. “No puede ser que me salga más barato saciar la sed que dormir por las noches”, dice usted. Y la verdad es que no, no puede ser.

Entonces se pone a tratar de dormir. Usted, se pone a tratar. ¿Quien va a ser? Y levanta la colcha y pide: “Cuidado con los autitos”. Y ve monstruos. Y entonces usted empieza a ver calaveras y se encuentra en el mundo de los muertos de los mexicanos. Y usted está más onírico que nunca. “Que suerte: estoy durmiendo y soñando”, piensa usted. Las alucinaciones, por suerte, derivan en una cosa medio rara, como un mundo macanudo de muñequitos como los de Fraggle Rock, todos sentaditos en el escritorio que tiene en su habitación. Con montañitas y un lindo paisaje.

Pero al otro día resulta que no.

Porque resulta que la pastilla es una pastilla que no funciona como usted cree. Resulta que la pastilla no lo hace dormir a usted, sino que hace que se duerma el cerebro de usted. Por lo que el que tiene que irse a dormir y cerrar los ojos y hacer de cuenta que duerme, sigue siendo usted. “Una pastilla que me duerme el cerebro y me convierte en un sonámbulo no puede ser buena”, piensa usted. Se imagina a sí mismo teniendo que quitarse la vida como los infectados heroicos de las películas de zombis. Oh, los zombis. ¡Usted se convierte en lo que más detesta!

Al día siguiente, usted entonces se concentra en dormir fuerte, y cierra los ojos, y hace fuerza para dormir. Se toma la pastilla cuando no da más, cosa de que no cueste tanto. Y apaga la tele, todo, apaga todo. Pero se le confunde eso de hacer fuerza para dormir con lo de hacer fuerza para cagar y se levanta para ir al baño, apurado porque sabe que la pastilla hace efecto rápido. Y deja la puerta del baño abierta, y mira hacia fuera. Y a los cinco minutos se le entran a mover los broches del tender que tiene la ropa tendida. Se mueven, se mueven. ¡Están vivos! Y un par de medias con pinta de saber lo que está pasando le dice cosas al oído a la camisa del costado.

“¡Eras mi camisa preferida!”, dice usted al borde del llanto. A esa altura del partido es obvio que levantarse a cagar fue un error, porque ahora hay que defenderse de los objetos inanimados que se animaron por la pastilla. ¡Anímese usted también!

Pero cualquier intento de resistencia es fútil: usted pronto descubre que se está violando a un pingüino empetrolado, en defensa propia. Pero a mitad de camino usted se da cuenta de que no es una violación. “No es la primera vez que el pingüino hace esto”, se dice usted desencantado. Pingüino asqueroso. Ni siquiera era un pingüino hembra. Usted entonces pierde el entusiasmo debido a que en las relaciones sexuales (sexuales, sexuales) le gusta ser siempre el más degenerado de los dos, o de los tres, o del grupo. La macana es que ahora usted tiene alucinaciones en las que se encuentra siendo atacado por hombrecitos con máscaras mexicanas del día de los muertos ¡Ayudame Grim Fandango, la puta que te parió! Por suerte aparece “Enano” de “Los Goonies” para poner las cosas en orden.

Y se duerme usted, de alguna manera, y llega al otro día sin haber prendido fuego la casa. Entonces usted decide que es hora de cambiar la posición del centro de gravedad y come más que de costumbre. O sea, come como cuando era gordo. Come. Come. Le acercan algo y se lo come. Papas al horno que quedaron del mediodía: se las come. Queso cremoso que era para la pizza: se lo come. Pan a disposición dentro de los límites de su domicilio: se lo come. Se come todo y aumenta cuatro o cinco kilos así de golpe. El cinturón no miente.

“Cuanto más pesado el cuerpo, menor es el porcentaje de psicofármacos por centímetro cuadrado”, se dice usted sacudiendo una batuta imaginaria y saliendo a comprar dos kilos de falda parrillera que además de parrillera, es imaginaria. Usted no está bien. Hágase ver. “Pero si desde que me hice ver que estoy peor” dice usted. “Ah, el señor cree que el problema es el haberse hecho ver… Hágase invisible, entonces”. Pero usted hace fuerza para hacerse invisible y se confunde de nuevo y ahora tiene ganas de cagar. Un inútil, usted, eh! En una de esas el tipo le recetó a usted un LSD laxante experimental que fabrica al fondo de su casa. Piénselo y va a ver que es así. No, si no le sale naturalmente lo de pensar, no haga fuerza, por las dudas.

Pero al tercer día de dormirse haciendo fuerza, usted ya no hace tanta fuerza. Y a la semana, usted está más descansado. Y ya no le despierta curiosidad eso de tomarse la pastilla nomás para ver lo que pasa con las alucinaciones coloridas. Y entonces empieza a dormir mejor, como más fuerte.

¡Las drogas son buenas, entonces! ¡Mamá miente cuando dice que son malas! ¡Fleco estaba equivocado! La pantalla de presentación del Pit Fighter que había en la sala de arcades a tres cuadras de casa me mintió: Winners use drugs!

winners

Pero la pregunta del día es: ¿Soy el único que piensa que la futura reina de Inglaterra es medio insulsita? Por supuesto que es rica y que las universitarias ricas hacen de todo, de acuerdo a lo que aprendí viendo películas norteamericanas. Pero mientras que esta mina parece ser de las que se quedan quietitas en la cama, la periodista reventadita esa que se casó con el príncipe español hace algunos años tiene pinta de saber bajar una bragueta nomás mirándola fijo.

Algo así como una Jedi porno.

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Resulta, resulta, que hoy no voy a ir a trabajar, creo (para cuando ustedes lean esto, ya no habré ido a trabajar, seguramente). Estoy con algo que muy bien no se que es. Podría ser hernia de disco o ciática (se le dice así a las cosas que te pasan con el nervio ciático). O un tumor. Yo por las dudas nunca descarto que cualquiera de mis síntomas pueda deberse a un tumor, porque viste que si resulta que era un tumor y no te preparaste para eso, es peor que si pensabas que tenías un tumor y después no era un tumor. Desde que vi la película “Fenómeno” con Travolta, que pienso así.

Y esto de la columna (vamos a referirnos a esta nueva circunstancia como “ciática” a fin de ser breves y no complicarnos con fines narrativos) no es sino la última de mis adquisiciones en lo que a padecimientos se refiere. Quizá porque estoy aburrido y no está cargando bien el sitio web porno que más frecuento me gusta compartir este tipo de cosas y la opinión de ustedes me parece valiosa, es que paso a tratar de enumerarlas. Además, es probable que el psiquiatra al que voy a ir a ver me pida una lista de síntomas para así poder medicarme. En una de esas alguno de ustedes también se está volviendo progresivamente loco y me puede recomendar algún remedio casero que no tenga nada que ver con la masturbación. Digo, porque ya probé con eso y no hubo cambios.

La ciática. Como les decía: lo más reciente. Ayer anduve en moto (de un tiempo a esta parte hago prácticamente todo en moto) y empecé a sentirlo. Hace una semana compré una mochila nueva y no la siento incómoda, pero eso no ayudó. Creo inclusive que se debe a la mochila, ya que hasta ahora yo había estado yendo a laburar con la moto y un bolso cruzado sobre la espalda, pero qué se yo. Tampoco es que lleve cosas tan pesadas en la mochila, digo… si con 28 años no tengo la suficiente salud como para llevar una mochila con una cartuchera, dos cuadernos, una botella de agua y un par de fotocopias, más me vale ahorcarme en el baño, usando mi propio miembro como soga. Si mis alumnos pueden hacerlo, yo también. No, lo de ahorcarse con el miembro no. ¡No, pará! ¡No, no es que le haya visto el miembro a alguno de mis alumnos y sepa si puede ahorcarse o no con él: me refería a lo de poder cargar la mochila! Jajajaja… ¡Son unos locos, ustedes, eh! No tengo mi copia del código de convivencia encima, pero estoy casi seguro de que no se supone que un docente les vea los genitales a sus alumnos… Jajaja… A menos que ellos ofrezcan mostrártelos en el asiento trasero de una Fiorino sin patente después de una Cepita tuneada, supongo. Ahí debería ser distinto.

Asma. Resulta que se me complico el tema respiratorio. Ahora estoy en tratamiento con un aerosol preventivo para todas las mañanas y todas las noches, y una pastilla antes de dormir. Al principio una de las drogas me provocó palpitaciones (no leo los prospectos médicos porque voy al médico dando por supuesto que el médico estudió y me va a dar algo que me sirva). Y me puse a buscar fotos en Internet pero me dan impresión los bronquios. Me queda el consuelo de que peor la están pasando los japoneses, que a esta altura del partido ya se ponen contentos comiendo sushi de algo que no debe ser muy distinto al pescado de tres ojos de los Simpsons.

Visión borrosa. No veo bien, y me mareo. Digo, veo peor que de costumbre, considerando que uso anteojos desde que tengo memoria. No sé si se deberá a que hace poco se me rompió uno de los cristales de los anteojos y en una de esas en el laboratorio le erraron y me pusieron cualquier cosa, o si se deberá al mal estado cerebral. O al tumor.

Me molestan muchas partes de mi cuerpo. Y entran dentro de esto los accesorios, como por ejemplo: anillos, pulseras, reloj, etc. Me molestaron tanto los aparatos de ortodoncia que terminé por quitármelos sin ayuda de la especialista (léase: me los saqué con la Victorinox en un momento de lucidez). El problema toma otra dimensión cuando uno (o sea, yo) cae en la cuenta de que también me molestan partes del cuerpo de las que son no-removibles, o que son obligatoriamente “permanentes”. Porque además de los anillos también me molestan la nuez de Adán, las uñas, el cosito que separa las fosas nasales (me gustaría tener una sola fosa nasal alargada) y los huesos de los dedos de las manos.

Insomnio. Me despierto mucho durante la noche, y no logro dormir como una persona seria. Llevo un trimestre de dormir 4 horas al día, como mucho. O sea, vengo a ser como Cristian Bale en “El Maquinista” pero con la convicción de que después no voy a ser Batman. A la noche me da mucho calor, y me molesta toda la ropa, y entonces me desnudo, y me despierto estornudando porque no soy lo suficientemente hombre como para dormir destapado, en bolas y con la ventana abierta. Y tengo sueño durante todo el día. Y me hace mucho frío durante el día, lo cual me lleva a hacer mucho pis.

Estrés. Uno de los principales síntomas del estrés es el cansancio, debido a que una persona estresada consume más (léase: necesita más vitaminas, proteínas, etc.) de lo que tiene. Imagino que podría solucionarse con un suplemento dietario. Pero también imagino que podría solucionarse si entrase yo a un shopping con una escopeta dispuesto a aplicar el famoso “rifle sanitario” sobre los desconocidos que compran camisas de 600 pesos cuando todos sabemos que una camisa de hombre no puede costar 600 mangos ni viniendo con una netbook de regalo.

La mandíbula. Después de comer, quedo todo acalambrado, como si la mandíbula se hubiese agotado de tanto hacer fuerza para masticar. Hay una enfermedad que te traba la mandíbula, no me acuerdo si se llama escorbuto o brucelosis o botulismo o algo así. Pero debo tener eso. Creo que podría curarse si me compro una cabeza de caballo embalsamada en una casa de antiguedades y, tras vaciarla, sacarle los ojos y abrirle la boca, la coloco sobre el frente de mi moto, cosa de que de noche cuando se prenda la luz parezca que estoy montando un corcel del infierno.

Cálculos en la vesícula. Esto es curioso, porque si bien es un padecimiento real diagnósticado, la verdad es que desde que se me entró a jorobar todo lo demás, fue como que la vesícula dijo: “Bueno, no me va a dar bola y entonces no lo jodo”, porque no la estoy sufriendo. No tengo patadas al hígado ni cólicos ni nada.

Depresión o algo así. Tengo gente cercana que cree que en realidad lo que tengo es una sucesión de hechos y traumas no resueltos, una depresión terrible que se agrava exponencialmente y que todo los malestares físicos en realidad derivan de estar deprimido y que por eso estoy manifestando todo lo demás físicamente. Lo curioso es que la gente que me dice ese tipo de cosas es gente que está haciendo terapia porque tiene sus propios trastornos mentales no resueltos, lo cual me lleva a desconfiarle de las apreciaciones. En cierta forma, prestarle atención a gente en esa condición es el equivalente a juntarte a estudiar para preparar un examen con un compañero que ya reprobó tres veces el examen y tiene “experiencia en el asunto”.

El hecho de tener más trabajo que el año pasado (ahora estoy dando algunas horas en el secundario de dos escuelas además de la escuela en la que trabajo todas las tardes) tampoco ayuda (más aún cuando en uno de los cursos tengo media docena de alumnos con desórdenes diagnosticados y padres de los que se arreglan poniéndolos en una morsa y apretándolos hasta que se les salen los ojos), pero fue una medida de precaución que tuve que tomar. Por si acaso. Por la plata. Por si en mi familia de repente sentían que estaba demasiado peligroso como para seguir teniendo armas de fuego y me las escondían (minga me vas a dejar indefenso. Cuando uno se vuelve loco necesita poder defenderse más que nunca). Me queda el consuelo de que peor la están pasando los músicos del Colon esos a los que Macri echó porque es un millonario malo.

En casa están todos recontentos conmigo, si. Lo mejor es que cuando me dicen que no estoy bien, yo respondo: “¡Ustedes creen que estoy loco, PERO LO ÚNICO LOCO SON MIS PRECIOS!”, como si se tratara de un comercial televisivo yanqui de los 80, y hago la mímica de como si me estuviera poniendo una galera de colores y tuviese un bastón en la mano. Pero la pregunta del día es: ¿Qué achaque lo tiene a usted a maltraer hoy en día? No se hagan los sanos, que todos estamos medio hechos mierda de alguna u otra manera. Fíjense sino Patricia Miccio, que acaba de morirse tras luchar valientemente durante años contra el cáncer. ¿Vieron que yo tengo razón y que hay que elegir mejor las batallas? Yo, si hubiese sido ella, en vez de pelear contra el cáncer habría peleado contra una nenita santiagueña desnutrida de las que salen en los noticieros. ¡KO en el primer round, baby!

Y en otro orden de cosas, el otro día escuché un disco de Michael Bublé cantando sus propias canciones, y la verdad es que preferiría oír disparos de escopeta provenientes de la habitación de mis hijos antes que volver a escucharlo.

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