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Archive for 29 noviembre 2008


Era miércoles a la tardecita según mi instinto, y miércoles a las 20.00 hs. según nuestra dementa presidenta. Yo andaba buscando una palangana a fin de llenarla de rolitos. La idea era poder introducir dentro mis testículos, y distraerme del calor, o algo así, la verdad es que me dio mucho el sol y no me acuerdo muy bien de nada. Confórmense con que no babee o grite incoherencias de a ratos mientras escribo. Pero el asunto era que entonces, en la tele, comenzaron a pasar una nota en la que se hablaba del horror. Recuerdo que los conductores y la psicóloga de turno repetían esa palabra.


El horror. Horror. En una casa, el horror.


Zombis –me dije, tratando de imitar el tono de voz de Sam Elliot en “El Duro”-. Esta va a ser una larga noche.


Pero nadie puede imitar a Sam Elliot en “El Duro”. Ni lerdo ni perezoso (aunque sí medio mareado por lo del calor) lo primero que hice fue revisar que mis provisiones y defensas estuvieran listas y a la orden –lo estaban, lo estaban obviamente-, pero el horror al que se referían estos papanatas era ese horror de cotillón que le provocan a algunas personas las clínicas ilegales donde se llevan a cabo abortos. Falsa alarma.


Wade Garret es Sam ElliotLa casa esta está ubicada en Longchamps, y allí una familia realizaba los vaciados o raspados, o como quiera que se le suela llamar a esos desagotes uterinos. Un tipo, su hija (viuda de un ginecólogo) y su nieta, todos ellos detenidos actualmente. En la volteada cayó también una maestra que se hallaba en el lugar pero haciendo las veces de cliente. O como se diría en un lenguaje más técnico: circulando con un guacho en panza. Aunque ahora que lo pienso no es tan técnico.


Sé exactamente lo que están pensando algunos: que tendría que tener cuidado al hablar de temas como estos, porque son delicados y pueden herir la sensibilidad de alguien. La verdad es que con eso no me van a intimidar, vamos, ustedes podrían haberlo hecho mejor. También alguna emperatriz de lo evidente argumentará que no tengo derecho a opinar ni emitir juicio porque no soy mujer, pero lo cierto es que a las mujeres gordas y feas no se les tiene prohibido el sacarse fotos o caminar por la calle, y yo no ando pidiendo que se reforme la Constitución Nacional a ese respecto. O por lo menos ya no, desde que me empezaron a rebotar los correos electrónicos en la Suprema Corte.


Las cifras en la Argentina con respecto al aborto varían dependiendo de la fuente, pero más o menos se puede hablar de unos 250.000 abortos al año. Si no me equivoco, se estima extraoficialmente que por cada dos nacimiento “legales” o no interrumpidos (léase vos, yo) toma lugar un aborto. O sea, un aborto cada dos nacimientos. Hablando de estadísticas: puede que alguna vez se encuentren ustedes improvisando una versión tuneada de la canción “I kissed a girl” de Kate Perry, donde en vez de “I kissed a Girl” digan “I raped a child”. Traten de que sus esposas no la escuchen, porque analizando las estadísticas que pude conseguir (llevo un único caso por ahora) llegué a la conclusión de que las probabilidades de enojo, horror y asco, y no te hablo por un buen rato son de un 100%.


Decía: resulta que esta clínica trucha estaba ejecutando unos diez abortos por semana. El precio base era de unos 1500 pesos e iba incrementándose a medida que aumentaba el tiempo de gestación, por lo que calculo que matar el pibe a los nueve años y después de la Comunión, prácticamente dejaba de ser negocio y solo estaba al alcance de los más pudientes.


Por lo que pude ver, tenía clientela abundante y eso quiere decir que la gente llegaba recomendada, lo que a su vez quiere decir que esta pulpería era exitosa en sus mini-asesinatos. Y eso es más de lo que puedo decir de las clínicas, consultorios y hospitales, o los sanatorios legítimos en los que me hago atender normalmente y a los que voy porque no me queda otra. Lo que quiero decir con esto es que no voy a cuestionarle a esta gente su efectividad o condiciones de salubridad, porque obviamente eran superiores a la media. Ni hablar de la idoneidad profesional, que más baja no puede ser cuando los traumatólogos no saben buscar fracturas en las radiografías, los anestesistas te perforan la base del cráneo y los cirujanos te dejan una cuchara de albañil adentro con su mango asomando y te mandan a revisar por un hematólogo debido a que no estás cicatrizando bien.


Mi posición frente al aborto es conflictiva. En lo que a situaciones traumáticas en la vida de una mujer se refiere, supongo que lo único peor que un embarazo no deseado es el cáncer de útero, ya que uno no puede ahogar el cáncer de útero en la pileta del baño. Confórmense con saber que no voy a abortar en caso de quedar embarazada, situación altamente improbable considerando que soy hombre, heterosexual, y que mis abdominales están lo suficientemente apretados entre sí como para que en mi interior no pueda gestarse otra cosa que no sea pura sensualidad.


No obstante, y yendo a lo que verdaderamente impulsa estas líneas, la verdad es que tengo mis buenas razones clasistas por las cuales me opongo oblonga y directamente al aborto. Si se fijan detenidamente, los… perdón, a ver como lo digo… los descontenidos sociales (ahí está) no suelen interrumpir sus embarazos en la medida en que deberían hacerlo. Porque les salen mejor que gratis. Así, se llenan de hijos desamparados que crecen sin amor y luego los mandan a expresar las consecuencias de haber crecido en un espiral de violencia y desigualdades, lo que termina con un montón de nazis burgueses fascistas siendo torturados y asesinados por una moto, un auto o un simple arranque de desigualdad aguda. No hay que ser un genio de la matemática -si bien lo soy, no sé ustedes- para darse cuenta de que cuanto más se aborte, más en riesgo se pondrá la posibilidad de supervivencia para el resto de los ciudadanos, también llamados skinheads millonarios responsables del hambre en el mundo


Otra razón que tiene que ver con la plata y por la que me opongo particularmente a la legalización es la razón que doy en llamar The Punisher. Soy conciente de que es infantil y de que no tiene demasiado asidero, pero uno debe hacerse responsable de sus polvos, y pagar las consecuencias de su propia estupidez o falta de sensatez. ¿Te embarazaste? Hacete cargo. ¿Tan difícil era aguantarte o a ponerte un forro? Y dale las gracias al ex-virgen de tu novio por no haberte llenado el culo de SIDA, en caso de que así sea. En una de esas, esa criatura es lo mejor que te pasó en la vida. Y tiene que ver con la plata porque de esta manera (con el aborto clandestino) los embarazos no deseados no se resuelven de un modo automático y con las adolescentes riéndose en la sala de espera de un hospital a la voz de “me pasó otra vez, mi primo tiene una puntería bárbara”. De este modo, al menos les pesa en el bolsillo. Me dirán ustedes que a las malcriadas adineradas no les va a pesar en el bolsillo, pues bien, lo cierto es que a la gente adinerada no le pesa nunca nada, y la legalización del aborto no les va ni les viene. Cabe aclarar que expliqué todo esto porque a veces me olvido de que ustedes no tienen un yate lleno de supermodelos italianas.


Pero… ¿Cuándo apoyo el derecho a la libre elección respecto al aborto? –se preguntarán ustedes, entre vistazo y vistazo a mis músculos tatuados. En las violaciones, por ejemplo. Cristiano y todo, tengo que entrar continuamente en discusiones homicidas cuando alguna papanata con aires de “asistente social” sale a decirme que la mujer debe continuar con el embarazo y luego brindar el niño a la adopción, más allá de que en sus entrañas pueda estar llevando un regalito capaz de conducirla a la locura. Y creo que cualquier pareja que de común acuerdo decidiera interrumpir un nacimiento debido a la certeza de un hijo “con capacidades diferentes”, debería tener el derecho a hacerlo sin ser mega-juzgado, teniendo en cuenta que la vida diaria es toda una proeza nomás para los que mal que mal, tenemos las capacidades del modelo standard. Y desde una perspectiva más general o amplia si se quiere, también estoy a favor de que aborten las mujeres de bello cuerpo y actitudes eróticas, ya que me contaron que las minas medio como que se estropean después de tener un hijo, con eso del aumento de peso, los estiramientos de piel, las cesáreas, los pechos caídos y la destrucción vaginal. Me contaron, no sé. Imagino que habrá que esperar y preguntarle a la docena de futbolistas que fueron engrampados por botineras este año.


Se hizo largo esto, y las supermodelos no van a sodomizarse ellas solas. Pero antes de irme, la pregunta obvia-obvia-obvia del día es: ¿Cuál es su posición respecto al aborto? No me ponga peros ni medias tintas. Está a favor o en contra, sincérese y justifíquese.

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Verla venir


No sé si debería sentir amor por el tenis, pero la verdad es que eso de la Davis me tuvo bastante sin cuidado, mas allá de que el fanatismo dizque periodístico y la súper-exposición mediática de las últimas dos semanas me hicieron sentir que Nalbandián era mi primo y que hice la escuela primaria y secundaria con Del Potro, pero hoy no vamos a hablar de eso, sino del comienzo del nuevo fin del mundo nacional que se nos viene.

A diferencia de lo que supo suceder cuando el desastre le explotó en las manos a mi siempre defendidísimo Fernando “Chupete” De La Rúa, hoy en día yo estoy lo suficientemente grandecito como para entender de mejor manera algunos eventos tan argentinos como la birome, o la devaluación. Todavía no entiendo el Turismo Carretera, pero bueno. Algo es algo.

No puede culpárseme. Tengan en cuenta que aquel desastre pasado (léase, la última explosión económica y social padecida por los argentinos) me encontró con, no sé… una edad bastante adolescente y la inmadurez aún fresca. Allá por el año 2000 o 2001, cualquier cosa que no sirviese para jugar a los videojuegos, alimentarme o masturbarme simplemente se las veía negras a la hora de hacerse un lugar en mi universo. Otra razón para no culparme de nada son mis armas y municiones (la gente es prejuiciosa al punto de frenar y dejarte pasar si te ven que salís del polígono), y siempre va a estar también el atenuante de que soy hermoso. Por cierto, ¿Alguien sabe a que edad termina el desarrollo y dejan de crecer los genitales? Esto ya es una aberración; parece un matafuego.

Pero lo que quiero decir es que esta crisis que comenzó y que se viene, me encuentra con las antenas más bien paradas. Lo suficientemente joven como para no decir cosas del tipo: “Este país se funde, pibe. Hay que irse cuanto antes” pero también lo suficientemente maduro como para entender que los precios de los granos y ciertas condiciones de mercado no eran sino una pasajera nube de pedos. Gracias a una nota periodística salida en la tele la semana pasada, doy por iniciada formalmente la crisis nacional número… tanto, no sé. Pongan ustedes el número. No tengo un libro de astrología política frente a mí en estos momentos, pero imagino que en el futuro se la llamará “La Crisis del 2009”.

Creo que era jueves. Al prenderse la TV a las seis de la mañana, la primera imagen y sonidos que mi cerebro recibió fueron los relacionados a la entrada de más o menos 1200 vacas de la raza Holando-Argentina a los mercados de faena. Los productores protestan así contra Guillermo Moreno, sus promesas incumplidas y sus medidas pasadas con las que generó un sobre-abastecimiento de leche grande como… ¡Sí, adivinaron! como una vaca. Están rápidos, ¡Eh! Aunque más de uno debe haber creído que iba a decir algo así como: “mi miembro”. Siempre pensando en la pija, ustedes.

Pero les decía, créanlo o no, así se inició la crisis en mi corazón. Y eso me hizo entender que podía irse todo a la mierda mucho antes de lo que yo lo había calculado.

Hoy en día ya estamos comiendo peores vacas. Y para expresar mi carnivorisismo (suena bien) yo suelo decir que mi comida preferida es la que haya sabido caminar y tener alguna vez cara y parientes. Quienes cuenten con paladares entrenados se habrán dado cuenta de que la vaca cada vez tiene más gusto a chancho debido a que hace fiaca y come balanceado en vez de pasto. Pero esto es algo completamente diferente, y espero que no se haga moda.Vamos a ver si me acuerdo de algunas de las cosas que aprendí hace algunos años, más precisamente cuando creía que cocinando para otros era feliz. Aprovechen para aprender cositas de las que no sirven para seducir chicas en el gimnasio pero lo hacen a uno parecer más viajado, o sibarita.

Existe cierta evidencia científica de que las mujeres son todas unas locas de mierda del mismo modo en que todas las vacas mugen, diría mi tío. Del mismo modo (o del opuesto), así como no todas las tetas son iguales, no todas las razas vacunas son iguales. Las más recomendadas para el consumo del paladar argentino son las razas británicas, que son mejores pero más frágiles. Las continentales son de mayor tamaño (más musculares) y las índicas son las que mejor resisten el calor. Nuestras vacas “de comer” son las Aberdeen Angus (cariñosamente llamadas “Angus”), repartidas en las mejores zonas de la república y dueñas de una carne insuperable. Le siguen las Hereford (las más abundantes) y luego vienen las vacas “Pampa” o “Careta”, que son una cruza de ambas, si bien hay de todo. Las Shorthorn argentinas, grasosas pero rendidoras, también se portan muy bien debido a ciertas facilidades reproductivas y de crecimiento. Pero las H-A, no. Las H-A no se comen a menos que no quede otra, porque fueron creadas a fin de conseguir leche, y no carne. O sea, volviendo a lo de las tetas: así como una mujer sin tetas que le pide a su novio que le bese los pechos está haciendo que el hombre sienta que está besando una rodilla, un asado de la vaca incorrecta puede hacer que el mismo hombre sienta que se está comiendo la mano hervida de alguien.

Pero lo realmente serio es que comerse una H-A genera pérdidas económicas, y si bien sucede (cuando una H-A no da más leche termina en el matadero de todas formas, vendiéndose a un tercio de su valor) no es la idea de nadie el andar perdiendo guita, cosa que sí sucede cuando tipos como Moreno se aparecen, dinamitando su partecita del futuro económico de un país sin dejar pasar siquiera una sola oportunidad, como quien roba un banco y luego lo quema para que no se sepa cuanta plata falta. Como quien hace explotar un arsenal para que no se vea cuanto material fue traficado a Europa. Menem, sí, Menem.

Y así como hoy decimos que Menem supo privatizarnos la existencia y cerrar la industria argentina, dentro de diez años nos estaremos dando cuenta de que Kirchner supo cerrar el campo. Al próximo truhán político no le va a quedar otra más que vendernos al exterior como a esclavos, porque las estanterías van a estar vacías en serio. Y considerando que las jubilaciones de la mayoría se van a esfumar en un torbellino indescifrable de afanos, malversaciones y explicaciones, tal vez no sea malo eso de ser esclavo en un país lindo, o sujeto de prueba en experimentos para las grandes farmacéuticas. Está bien que a Chinchulín le fue fácil acostumbrarse porque es negro y chiquito, pero supongo que yo también puedo hacerme a la idea.

Cosa curiosa. Y triste. Y perturbadora. Todo a la vez. Como lo sería el enterarte de que las medias de colores que tienen los deditos separados se hacen con pies de muppets, amputados y vaciados cuando el muñeco todavía está vivo. Pero la pregunta narcogastrointestinal del día es:

¿Quién creen ustedes que será el próximo caudillo justicialista (un tapado al estilo Kirchner) en tomar el poder, cuando el mismísimo Kirchner sea un Menem al que la gente corta de luces pueda transformar en un nuevo “Innombrable” haciendo de cuenta que no pasó nada y a otra cosa, mariposa?

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¿Qué pasó con Diego Simeone hace algunos días?

Finalmente y muy a mi pesar, Diego “el Cholo” Simeone abandonó la dirección técnica del glorioso Club Atlético River Plate. Los resultados no lo acompañaban al pobre Cholo. Jajajajajajaja… decí que estoy publicando esto con días de atraso, porque caso contrario sería todavía más divertido.

Si, te iba a preguntar. Estabas tardando en actualizar, creí que te había pasado algo.

No, pasa que me instalé un joystick de Megadrive y un emulador en la PC para poder jugar al… digo, buscar trabajo en ZonaJobs más rápidamente y pasó algo con el teclado, no sé.

¿Y se lo quemó en una hoguera? A Simeone, digo.

Lo curioso es que la hinchada y los jugadores, aparentemente, lo despidieron con una ovación, y cánticos solidarios. Yo habría entendido que los hinchas de Boca hiciéramos eso, pero no, resulta que fueron los hinchas de River, quienes festejaron un 3 a 3 contra Huracán, y la permanencia al fondo de la tabla de posiciones, en el último lugar.

afA¿Por qué? Deberían de haberlo quemado en una hoguera.

Los hay quienes sostienen que todo eso fue parte de un acto de solidaridad o lástima como respuesta a lo infiel que la esposa le está siendo al tipo éste, pero yo no lo veo así. Debe haber alguna movida mafiosa del presidente del club. Corríjanme si me equivoco, pero el broche de oro habría sido que la hinchada, colérica ante la pasividad y el enorme sueldo de este inútil mediático, lo despidiese a la voz de: “Chaaaaaau cornudo, chaaaaaau cornudo”. O al menos esos son los códigos que se manejan en mi dojo, ya saben. El débil no merece piedad.

¿Y porqué no escribiste nada al respecto de Maradona?

Con el asunto de Barack Obama siendo el nuevo presidente de los Estados Unidos, se me pasó el asunto de Diego Armando Maradona siendo el nuevo técnico de la selección nacional de fútbol. No es que yo no pueda encargarme de más de un negro a la vez (enterrada bajo mi galpón está toda la evidencia necesaria para probar que puedo), pero debo confesar que me ponen nerviosos cuando empiezan a “liderar” cosas. Imagino que no soy el único que vio la película de “El último Rey de Escocia”, donde el dictador negro en cuestión descuartiza a su esposa y le hace coser las piernas en donde estaban los brazos y viceversa, nomás para darle a entender que no debería haberse dejado manosear por el chaboncito éste que hace de Mr. Tumnus en Narnia.

¿Sos racista, entonces?

No, no. Yo no puedo permitirme el lujo de segregar sólo a los negros, considerando que la mayoría de mis cacerías toman lugar a la noche, cuando todos somos más oscuros. Además, el INADI se ofende cuando odiás a un solo grupo en particular, viste como es. Racista es el presidente de Italia (o Francia, no escuché bien) , quien dijo que los norteamericanos deberían estar todos más que contentos con su nuevo presidente, quien está lleno de buenas ideas y además mantiene su bronceado parejo todo el año. En serio, dijo eso. Si yo también me quería morir de la risa.

Pero, ¿Dé dónde sacamos que realmente tenemos que salir campeones o que tenemos chances cada vez que se juega un mundial de fútbol?

La culpa la tiene Maradona, quien prácticamente consiguió la excelencia en un deporte en el que siempre fuimos más o menos buenos. Se podría decir que la Junta Militar también tuvo bastante que ver en los logros futbolísticos pasados, pero eso sería aventurado y tendencioso.

¿Querés decir que los jugadores actuales no son tan buenos?

Lo que quiero decir es que hay jugadores que no tienen porqué estar en la selección nacional.

¿Dé dónde salió eso de creer que realmente somos uno de los mejores seleccionados del mundo?

Creemos que somos los mejores en casi todo, el fútbol no iba a ser excepción a esta regla.

Pará, pará… ¿Te molestaría explicarte un poco más respecto a lo de las pruebas que tenés enterradas bajo tu galpón?

No voy a hacerlo porque no corresponde, y además ustedes no lo comprenderían. Como cuando mi ahijado me pregunta acerca de porqué hay cuatro vietnamitas de su edad encerradas en el sótano. Él no entiende, no entiende que hay que darle de comer a los fantasmas. Que los fantasmas necesitan lamer.

Ok,ok, pero entonces, ¿Te parece bien que Maradona sea el Nuevo DT de la Selección?

Oh, sí, esto va a terminar muy bien. Hoy Julio Grondona bien podría ir al zoológico y atar bayonetas a unos leones y abrir las puertas de sus jaulas usando explosivos y fuegos artificiales y también poner a los tiburones en patinetas y empujarlos calle abajo por la avenida, y así y todo eso no sería peor.

¿Te crees la gran cosa, no?

Por supuesto. Uno de mis preservativos usados actualmente está siendo rematado en Londres, con un precio inicial de diecisiete mil dólares norteamericanos. Pero no es la primera vez: por lo general recibo visitas periódicas de criadores de toros campeones y entrenadores de perros de pelea interesados en mejorar sus futuras camadas de animales. Si algún día leen que una yegua llamada “Doña Mantis” gana el Derby de Kentucky, ya saben en quien pensar.

A la mierda, eso es plata. Pero volviendo al fútbol, ¿Te parece bien que Grondona le diga que no a Ruggeri cuando Maradona lo pide?

A mí me parece que Grondona a Maradona le hace lo que quiere, porque no debemos olvidarnos que Maradona es un adicto recurrente a las drogas. Ruggeri en cambio, es el tipo de muchacho que no dudaría en cagar a palo a cualquier “estrella” del fútbol argentino, a la voz de “cuando te digo pasala, pasala” o “si no entendés lo que es pierna fuerte, al menos vas a entender lo que es mano dura”, algo que se me hace a todas luces recomendable.

¿Y Maradona no te parece disciplinado? Pará, pará… que pregunta boluda.

Y… no. Que durante la primera concentración a su cargo no hubiesen travestis paraguayos con SIDA me sorprendería hasta casi desilusionarme.

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Se enfrentaban los elefantitos rojos contra los burritos azules, si de animalitos insignia hablamos. Pero ganó un negro. Barack Obama venció en las elecciones y se convertirá en el próximo presidente electo de los Estados Unidos de América.

No respondo violentamente a los intereses de ningún partido político, pero me siento ligeramente republicano debido que Bob Patiño es republicano, y también a las políticas asesinas de gobierno que los republicanos suelen poner en práctica, ya que me parecen las más acertadas a la hora de conseguir nuevos enemigos y de destruir a los rivales mediante bombas grandes y jugosas como Monica Bellucci, manteniendo el poder en manos del fuerte. O como supiera decir en artículos anteriores, del perro más grande y malo, que conserva el poder mediante la más práctica de las medidas, que es su ejercicio. Porque enemigos hay siempre, por más bueno y cariñoso que uno sea. Miralo a Jesús sino: a los romanos les faltó únicamente meterle un elemento pirotécnico por colectora, y mi hipótesis se basa en que no lo hicieron únicamente porque se largó a llover y se les mojó la bolsa llena de cohetes.

Y Jesús era bueno, a eso iba. Pero, ¿hinchaba yo por McCain? Y, si. Aunque en un principio creía haber escuchado que John McClane era el que se postulaba, lo cual me parecía lógico y muy excitante. También hinchaba por su candidata a vicepresidenta: Paulin, una señora madura con pinta de haber sido toda una yegua provocadora de las que aparecen en Wild On E! participando en concursos de camisetas mojadas, mostrando sus pechos a cambio de collares de fantasía y lamiéndose entre sí. Mi esposa hinchaba por Obama amparada en el hecho de que odia a Reagan y todo lo que éste representó para los países del tercer mundo, pero ustedes saben cuán débiles y confundidas suelen estar las mujeres de entre 20 y 30 años, con eso de la menstruación, su inferioridad física, el ridículamente enorme rendimiento de mi sexo, etc. Pero, les decía, yo hinchaba por McCain.

Y al final ganó Obama. La gente eligió al dizque negrito con chamuyo por encima del veterano de guerra. Al candidato de Smithers, y no al de Bob Patiño. Al “Raíces” por encima del G.I. JOE retirado.



Obama ¿Por qué ganó Obama? La respuesta es simple: la gente fue a votar. Toda. Se habla de un récord de votantes, con 130 millones de fulanos apretando los botoncitos, etc. Usualmente los únicos que van a votar son los republicanos blancos y cincuentones, mientras que en esta elección mucha gente joven (que debería haber estado mirando MTV), negra (que debería haber estado jugando al basket) y universitaria (que debería haber estado drogándose y hablando de socialismo) fue a votar, respondiendo a un extraño impulso hipnótico y negrosexual. La frutilla de la torta la pusieron los latinos, que contentos como si algún día fueran a tener para comer le dieron una millonada de votos al ganador. En serio, entre nosotros, aún suponiendo que los estadounidenses no estuviesen atravesando una urgente y terrible recesión: ¿Alguien cree que Obama se va a acordar del destino de los pobres países latinoamericanos? ¿Alguien cree que precisamente en eso es distinto a McCain?



“Querido diario. Hoy fui elegido presidente, y por más que intento no logro conciliar el sueño. No puedo dejar de pensar en el hambre de la gente en Tucumán, Argentina. Disculpa, pero no puedo seguir escribiendo. Paso por el supermercado y voy para allá. Espero no sea tarde”



Entonces, los latinos y el resto de la gilada dicen que buscan un cambio, pero yo no les creo a largo plazo. ¿Por qué? Porque Obama no responde a los intereses del espíritu norteamericano. Se entenderá más fácil si tomamos como ejemplo lo que sucede en la Argentina.

La Argentina de un tiempo a esta parte es abrumadoramente justicialista y se desvive votando y reeleccionando (me gusta esta palabra que inventé) o reeligiendo (también me gustan las cosas bien escritas) a los derivados del Peronismo. Léase Menem, Duhalde, Kirchner, etc. Pero luego (suele tomar unos ocho o nueve años) cuando se da cuenta de que en realidad le estaban vaciando el país y que sus hijos no tienen futuro, vota a la oposición, con sus ideas casi sensatas, cierto plan de gobierno y un sentido de la realidad un poco menos corrupto. A mitad de camino se da cuenta de que no, de que en realidad se siente más cómoda teniendo la plata en la mano ahora, porque quiere irse de vacaciones , porque se viene el fin de semana largo, porque quiere cambiar el auto. Y entonces se acuerda del 1 a 1, y dice: “El país está hecho mierda, mejor la disfruto ahora que estoy vivo y me compro un scooter”. Los sindicatos, los grandes capitales, la negrada y la mafia municipal organizada hacen el resto y entonces el presidente de la oposición sale entre estallidos sociales de hambre y reclamos, para que vuelva a entrar un Duhalde, o un Menem, o un Kirchner, a aprovechar los vientos económicos mundiales favorables en pos de una extraña sensación de bienestar.

Pasan otros ocho años y la Argentina nuevamente se da cuenta de que no sólo los destinos de sus hijos están cagados sino que ahora también los de sus nietos lo están, y se arrepiente. El ciclo se repite, y se repite. Porque el espíritu argentino es peronista, hijo del rigor caudillo y hambriento del televisor de pantalla plana. No habiendo un ejército en condiciones de tomar el poder, poner algo de orden (sangre mediante) y hacer también sus cagadas irreparables, esto va a seguir así indefinidamente, para bien o para mal.

Así, los norteamericanos votaron su propio ciclo. En contra de Bush (republicano bélico) y de la crisis económica (si bien la victoria aplastante en realidad no lo fue tanto, con un 52% de electores para Obama), y McCain fue –muy seguramente, supongo yo- pasado a retiro, cosa que yo personalmente haría si tuviese 72 años y mi esposa fuese una de las mujeres más ricas del país. Obama será presidente por un tiempo, y quizá hasta tenga su reelección, pero los americanos no necesitan a Obama tanto como el mismo Obama los necesita a ellos: su ciclo los obligará a buscar un presidente con más locura que discurso, dispuesto a hacer la guerra lejos de casa. Con sangre en el horizonte, y con la certeza de que la fuerza es la mejor forma de resolver los conflictos políticos. Porque la política abierta y directa no hace que baje el precio de la nafta, y porque en promedio hay por lo menos un soldado en cada álbum familiar. Porque incluso el democratísimo Bill Clinton tuvo sus conflictos bélicos (por siniestra en Kosovo) y su probadita de poder y muerte ajena. Porque el país más grande del mundo no puede permitirse el lujo de ocultar los dientes que lo hicieron llegar al lugar de privilegio (porque es privilegio, mal que te pese) en el que se encontró durante los últimos 100 años.



No obstante, algo hay para rescatar de todo el asunto. Cosas que no quiero ni debo dejar pasar.



1) Obama es el típico demócrata americano papanatas desarmista que cree que prohibiendo los tenedores se acaba la obesidad. Así como en su momento la esposa de Clinton supo (desde el senado) sacar una ley que hacía absolutamente ilegales a los cargadores de pistola con capacidad para más de diez municiones (la idea era acabar con los tiroteos en las escuelas, pero los tiroteos aumentaron en un 300% y las bajas policiales en un 25%), lo más probable es Obama termine mandando fruta en lo que a la violencia armada se refiere.

2) Resulta que Obama tiene una abuela blanca. O tenía, porque se le murió hace una semana. Deben estar más parecidos ahora, digo. Jajajajaja… ¿entienden? ¿Entienden? En cualquier caso, su esposa no es como yo creía que era. La futura primera dama tiene ese aspecto de mujer afro-americana profesional exitosa: ese tipo de psicóloga/abogada con un doctorado en cirugía cerebral pediátrica muy segura de si misma (y con tiempo para preparar platos de alta cocina y reconfortar a su marido) que aparece en las películas racistas de Spike Lee, mientras que yo me había imaginado una señora gorda, en pantuflas, con un vestido a lunares, preparando pan de maíz y subiéndose a un banquito a la voz de: “¡Aaaaaahhh, un ratooooón!, ¡atrápalo, gato loco!” cada vez que Jerry apareciese en la cocina, con Tom corriendo por detrás. Jajajaja… este Jerry…

3) Se ve reflejada en las urnas una tolerancia importante, ya que el tipo se llama Barack Obama. Y su padre se llamaba Barack Hussein Obama. O sea: por una letra no se llamó Hussein Osama. No se me ocurre un nombre menos atractivo para un estadounidense promedio. “Pateador de perritos con síndrome de Down” Obama Chávez Saddam, únicamente.

4) Obama ganó. Sin embargo, el discurso de McCain fue el más emotivo, y el único que resultó interesante. Asumió la derrota con dignidad y se culpó a si mismo por los errores cometidos, con clase, discreción y un aire de sabiduría. Bien por él. Eso es prácticamente lo mismo que yo hago cuando soy derrotado. Con la diferencia de que yo, en lugar de echarme la culpa, construyo un espantapájaros de mi enemigo y lo cuelgo de un árbol en la vereda de su casa, con un cuchillo clavado y una nota que dice: “VOS”.

Pero me estoy quedando sin tiempo, y no me hago responsable de la ortografía de este texto ya que la auto-corrección me está haciendo lo que quiere. Lo que intento decir es que está todo bien; a partir de Enero los Estados Unidos de América tendrán un presidente negro, que podrá acusar de racistas a sus opositores cuando éstos le recriminen sus errores. Un presidente al que le deseo suerte, pese a lo “gris zombi” de su dermis. El primero en la historia de este país, promotor del Apartheid y el negricidio kukluxkanista. Y se sentirán parte de un cambio, de otra cosa, de algo nuevo, de una ventana al principio de la solución de todos los problemas del hombre, como una cuarentona que se sorprende a si misma y descubre interesarse en la masturbación con vegetales tibios.


Pero hasta donde yo sé, la Casa de Gobierno sigue siendo Blanca.

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Pero es necesario el test. ¿Cómo lo se? Basta con prestar algo de atención a esos quichicientos pelotudos e hipertróficas vaginales que hace algunos días se juntaron para celebrar el día mundial del zombi disfrazándose de emos y saliendo a decir: “Cerebro, cerebro” en la plaza San Martín, en la Capital Federal. La pregunta: ¿Son estos zombis cinematográficos o jóvenes conflictuados y necesitados de pertenecer a un grupo? La respuesta: son una batahola de imbéciles. Afectados, estos personajes van a ser de los primeros en comportarse como zombis de fantasía cuando la verdadera invasión tome lugar. Y morirán.

Porque los zombis son una amenaza real.
Y la guerra contra los zombis es la más horrible de las guerras que el hombre podrá enfrentar jamás… No estamos hablando de una batalla tradicional, de esas en las que un compañero muerto es una baja dolorosa y nada más: ¡Aquí, la muerte propia agrega además un miembro a las fuerzas del enemigo!

Si ustedes son como yo, entonces sus ojos son un océano de azul profundo y misterios. Pero en relación a los zombis, si son como yo, no perderán tiempo con ñoñerías y distracciones mediáticas. Y seguirán aprendiendo.


6) Vienen los zombis, se armó la podrida… usted escucha los balazos, las sirenas, y ve el humo a lo lejos, pero… ¿Dónde vive usted? ¡¿Dónde vive?!



Macho a) En un departamento conformista, en el séptimo piso de un edificio conformista. A veces tengo ganas de tirarme por la ventana, porque estoy llena de angustia. Y a veces me corto los brazos con una hojita de afeitar. Y soy así, muy sensible y emocional.
b) Tengo una casita en un country, gil. ¿Y vos?
c) En una casa común, de barrio, porque no soy una emo tilinga ni un narco de mierda como los dos de arriba. Rejas, una medianera alta, nada extraño.
d) En un búnker reforzado, muy aprovisionado, a varios metros de profundidad. Vengo a ser como el tipo ese lleno de armas de la película “Temblores”.
e) En un complejo de viviendas de un mini-barrio semi-cerrado, tipo monoblock.
f) En Fuerte Apache. Sí, la PC es robada, sí. No, no la robé yo, cuando la compré ya era robada.
g) En una casa isleña, en Tigre.



Respuesta correcta: Obviamente la D, pero en la edición anterior ya hemos dejado en claro que la versatilidad es lo más importante para ir adaptándose a la seriedad del brote. Una casa promedio está sobradamente en condiciones de soportar una invasión o brote pequeño. No hay necesidad de abandonar la ciudad nomás porque en la radio se habla de zombis, e incluso es poco aconsejable ello debido a que en las primeras horas de una invasión en pequeña escala la mayoría de las personas intentará huir, haciendo trampas mortales de las calles y autopistas. Mientras no gane uno de los dos bandos, intentar huir es en vano y sólo sirve para agregar zombis. Puesto de otra manera: querer salvarse de los zombis huyendo es el equivalente a querer combatir el cáncer ahogando niños leucémicos en una pileta “Pelopincho”. Cualquier casa puede mejorar sus posibilidades agregando barras de seguridad y rejas en todas sus puertas y ventanas, cabe aclarar. Cortinas negras y la menor cantidad de ruidos, luces y olores posibles se harán necesarios en caso de aumentar el número de infectados.

Casa En cualquier caso, resulta inevitable el hecho de que ninguna casa fue construida con la posibilidad de una epidemia zombi en mente. Comprensible. Sin embargo, las casas isleñas o de playa suelen hallarse elevadas a varios metros de altura del suelo, lo cual las hace muy aconsejables. Ni siquiera resulta necesario cerrar las ventanas en ellas, y basta con destruir o bloquear las escaleras de acceso para estar a salvo, si bien el tiempo de supervivencia dependerá de la cantidad de morfi en la alacena. Tener una casa en un country resulta útil siempre y cuando el country sea un verdadero barrio cerrado, de los que tienen una única puerta corrediza de acceso y muros de ladrillo o granito de por lo menos cuatro metros de alto. Pero hay una ventaja que los habitantes de monoblock o departamento tienen por encima de ellos, y esa ventaja es el valor de sus conocimientos.
CasaEl habitante promedio de un country es un conductor televisivo, una actriz de telenovela o un empleado administrativo de cargo gerencial en alguna empresa multinacional. ¿Se entiende? Entre los tres no podrían afilar un cuchillo. El portero o encargado de un edificio suele tener conocimientos básicos de albañilería y electricidad, amén de que en una de esas allí viven un médico, un policía, un carpintero. Más gente es igual a mayor cantidad de conflictos sociales, pero esa es una desventaja aceptable: a la hora de resistir atrincherado es mucho más fácil hacerlo en grupo, con turnos de guardia y muchos pares de ojos y oídos al servicio de la raza.

Las casas de dos pisos deberían concentrar sus esfuerzos en abarrotarse de provisiones especialmente en el piso superior. Llenar la bañera de agua puede parecer insensato, pero no hay forma de saber cuando se cortará el suministro de este líquido vital. Un inventario de las municiones, equipamientos y medicinas también es importante.


Una última consideración que podría parecer sucia en un principio consiste en tomar un barrio privado a fin de aprovechar el recurso más valioso que allí se aloja, y es el verde. El pasto, el suelo cultivable. En cualquier invasión, y con los enemigos del lado de afuera, una huerta bien cuidada y repartida debería bastar para suplir las necesidades de un enorme grupo de personas, dejando los alimentos en conserva para usarse en caso de emergencia.


7) Bueno, resultó que su vivienda era una cagada y ahora usted está huyendo. Sí, huyendo, como un cagón. Siempre fue medio cagón. Usted entonces cree que el mejor lugar público donde protegerse será… (puede elegir dos, cagón)


a) Una comisaría
b) Un hospital
c) Un edificio de oficinas
d) Un cementerio
e) Un supermercado
f) Un depósito, fábrica o galpón en un parque industrial
g) Una iglesia
h) Un restaurante



Respuesta correcta: El cementerio y un depósito, pero ahora le cuento porqué. Primero quiero explicarle el porqué son incorrectas las demás. Mis deltoides y adenoides perfectamente esculpidos tal vez no me den el derecho a hacerlo, pero mis hombros de acero sí. Bueno, está bien, no llorés más. Te cuento.



El cementerio es bueno. Porque estos no son zombis de película, sino reales. Los cuerpos infectados no llegan hasta aquí, y se quedan haciendo desastres en las morgues, funerarias y hospitales. Y si por alguna loca razón un cuerpo infectado terminase enterrado dentro de un cajón, ¿podría levantarse? Nosotros sabemos que no. Que no, porque un féretro es cerrado y soldado, porque luego es atornillado, y porque el zombi alojado no cuenta con los medios para salir de esa trampa eterna de tierra, metal y madera que lo tendría sujeto hasta que su cerebro se pudriese por completo. Como lugar de paso , el cementerio es una de las mejores alternativas, siempre y cuando uno no se dedique a llamar la atención, no se dedique a beber el agua (que por razones de salubridad contiene un insecticida altamente diarréico, créame) y no aparezcan media docena de neonazis dispuestos a profanar algo, tipo una tumba, o un ano, supongamos, suyo. Pero las mejores son los depósitos, o galpones en un área industrial. La mayoría no tiene ventanas, cuenta con equipos autosuficientes de energía, entradas que fácilmente pueden bloquearse, y lugares espaciosos. Algunos tienen una pequeña oficina con radios y baños (léase: agua), y todas están llenas de algo. Ese algo pueden ser cajas con alimentos, con herramientas, con cualquier cosa. Incluso vacías, esas cajas pueden utilizarse para construir barricadas o escaleras.

La comisaría no resulta recomendable, más que nada por la presencia humana. Lo más probable es que mucha gente se dirija hacia la comisaría buscando armas por la fuerza o protección, creando caos, peleas y el inevitable derramamiento de sangre. Palizas, puñaladas y tiroteos accidentales no nos van a defender de los zombis, ni mucho menos.

El hospital es el lugar menos seguro de toda la lista. Resultarían perfectos para cualquier otro tipo de crisis, ya que en mayor o menor medida cuentan con una buena arquitectura anti-zombi, alimentos, medicinas y personal idóneo en el tratamiento de la salud. Sin embargo, gente herida, infectada y muerta estará atestando los hospitales, habiendo sido mal diagnosticada en la mayoría de las veces. Así, el 80% de los primeros infectados en cualquier brote estará compuesto por bomberos, personal policial y médico, con el brote infeccioso teniendo su foco en la morgue e instalaciones de guardia del nosocomio.

Las oficinas son más o menos como los departamentos, pero con más gente inútil y menos comida. Imagine el pánico apenas se corte Internet y todos empiecen a recibir el cartelito de que el Messenger no se pudo conectar, o de que no se pudo encontrar el servidor para entrar a Clarín o Infobae. Mamita querida, ¿la máquina de capuccino no se llenaba sola? ¿Cómo es que no se llenaba sola? ¿Nadie tiene tampones? No, flaca, a usar el papel de fax. Hacé bollitos, qué querés que te diga… y sí, te va a raspar. Decímelo a mí, que me improvisé un forro con la envoltura de una barrita de cereal creyendo que la recepcionista era buena cama.

saqueos Suerte le deseo si intenta refugiarse en un supermercado, ya que el desamparado social promedio en la Argentina es más de saquear y desvalijar hasta romper que de otra cosa, y verá en el supermercado una fuente de subsistencia finita, de la cual ir y venir corriendo en cueros. Para cuando usted llegue estará en ruinas, o ardiendo en llamas. O lo que es mejor aún: enterito, pero con tachos de nafta y garrafas de gas frente a la puerta, y su chino propietario apuntando con la escopeta desde el techo (pasó en mi barrio).

La iglesia será recomendable sólo si hablamos de una iglesia de las viejas, bien católica, pesada y amurallada, con ventanas altas y puertas inviolables. Las iglesias evangélicas más humildes son demasiado vulnerables, y las sinagogas deben cobrar entrada. No sé, supongo, viste que dicen que los judíos no duermen con eso de la guita. Dicen, qué se yo, en la Lista de Schindler parecían gente petisa y sufrida, y yo todo lo que sé lo aprendí mirando tele. Así y todo, cualquier edificio lleno de gente orando a los gritos y prendiendo velas llamará la atención de las hordas de muertos vivientes, se haga lo que se haga, y se ore a quien se le ore.

El restaurante es, en origen, un lugar donde se come. Bueno, con respecto a eso los zombis la tendrían más fácil que los humanos en uno de ellos, ya que la mayoría de los alimentos allí alojados son frescos, y ¿cree usted que habrá todavía electricidad para mantenerlos en ese estado a esta altura del partido? Usted entra con los zombis siguiéndole los talones, halla un montón de verdura podrida en una heladera que lleva dos semanas de apagada y cuando quiere darse cuenta se encuentra “refugiándose” a oscuras en una locación provista de enormes ventanales a baja altura, y puertas de vidrio que se abren ya sea empujando o tirando. Bien, boludo, bien. Se ve que la pensaste bien.

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