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Ponerla a Macerar


Si, si, ya sé que todos están ocupados buscando a Candela. Pero yo quiero festejar que la encontré a Graciela Alfano. Porque me pregunto qué vale más, si encontrar a Candela o si encontrar a Graciela Alfano.

No se confundan: creo que es importante encontrarla a Candela, como sea que esté. Viva o muerta. Muerta, bah, porque pienso que efectivamente esta pobre chica está muerta y en una bolsa, por ahí. Digo, cualquiera que haya hecho un viaje fuera del conurbano sabe que la República Argentina es un enorme baldío en el que sobran los yuyales donde enterrar a alguien y que la encuentren dentro de cincuenta años, con suerte. Yo mismo a veces planeo hacer cagar al vecino que me chocó el auto y se hace el pelotudo a alguna persona al azar, cortarlo en pedazos, meterlo en bolsas, repartirlo en los basureros de los barrios cercanos una madrugada y ver si lo encuentran. Se me hace que debe ser re-fácil. Pero fácil mal, mal.

Dirán ustedes: “que enfermo hijo de puta, como va a joder con la nenita perdida”. Bueno, si, seguro, por lo del descuartizamiento también van a sospechar que mi terapeuta no está haciendo su trabajo. Pero la verdad es que eso de luchar por una causa que al Estado no le interesa (ya que no existe un organismo especializado y dedicado exclusivamente a buscar personas perdidas) se me hace de “desestabilizador anti-Kirchnerista”, cosa que yo no soy: mi rol es el de ser opositor suavecito. Además, soy profesor de pre-adolescentes y trato a diario con la negligencia y estupidez de demasiados padres a lo largo del año como para encima engancharme con un caso que salga en la televisión.

Esa línea de razonamientos, ligada indefectiblemente al hecho de que en esta tierra se supo desaparecer personas de la peor (o la mejor, si se rige uno por la efectividad y no por la moral) manera, me llevó a pensar en lo de Graciela Alfano, vieron ese asunto de la Alfano, que terminó diciendo que “si te acostás con un genocida no te acostás con los 30.000 desaparecidos”. Faaa… Sacale la pelusa a ese durazno.

Y es por eso que opté por escribir este artículo homenajeando la postura que tomó la Alfano. Pero no porque yo sea pro-dictadura (si quieren escribo otra cosa llena de locuras en la que sea así), sino porque lo que hizo la Alfano me pareció impresionante. Fíjense sino, que dejó pasar una oportunidad de oro de canonizarse, en una gestión de gobierno que es amiga de los derechos humanos relacionados a lo que algunos dieron llamar “el terrorismo que se enfrentó al terrorismo de Estado”.

Aquí les pongo lo que yo hubiese dicho, en caso de ser Graciela Alfano:

Sí, sí, me acosté con Massera, y fui su novia y su amante, porque no me quedó otra. ¿Vos sabés el miedo que tuve cuando me enteré de que yo le gustaba al tipo? ¿Vos sabés el miedo que sentía mamá cada vez que sonaba el teléfono en casa cuando el tipo se puso pesado? ¿Te creés que no dije que no varias veces hasta que dejaron una invitación para una fiesta y una foto mía en la casa de mi mamá? ¿Te pasó a buscar alguna vez un auto diciéndote que “el almirante” quiere verte esta noche? (lágrimas) ¡Yo así le salvé la vida a mi familia, pelotudo! ¡Estoy hablando con vos ahora porque me dejé fifar, me hice la novia y me salvé! ¿Te creés que no pasé por más miedo que el que vos vas a tener en tu puta vida?

Y listo, a la mierda. Discutime el hecho (falso, pero probablemente cierto) de que yo haya sentido miedo por mi vida. Discutímelo desde tu comodidad menemista. Discutímelo cuando tengo 58 años de edad y hasta me debés respeto porque soy una mujer mayor.

El Voto Masturbatorio

Como cuando escribí este artículo yo no tenía idea de que fuese a haber eso que son elecciones primarias, la verdad es que creí que mi voto castigo iba a ser el único voto que iba a emitir por un buen rato (me molestan estas cosas que me hacen interrumpir mis sesiones de levantamiento de pesas) y me quedé como en el molde, por decirlo de alguna manera. Votase a Cristina o no (siempre más cerca del no), iba a tener que lidiar con el hecho de que TENGO UNA DE LAS NETBOOKS DE CRISTINA MIRÁ LA FOTO JAJAJAJAJA. LA MIA DICE ANSES Y PRESIDENCIA DE LA NACION POR TODOS LADOS PERO ES GRATIS GRATIS GRATIS Y NO SE SI SIRVE PARA OTRA COSA PERO LE PONGO EL NINTENDO DS PORTABLE QUE TENGO INSTALADO EN EL PENDRIVE Y LO CORRE BÁRBARO JAJAJAJA…

compuPerdón, decía, tengo una de las netbooks de Cristina y el Plan “Educar igualdad y conectar o algo así. Pará que leo lo que dice: “conectar igualdad”, ahí está.

Y en mi conciencia pesaba eso de tener “la muñeca de Evita del siglo XXI” y no haberla votado nunca a la loca de mierda esa. Por otro lado también me da un poco de miedo pensar que lo del embarazo de su nuera era mentira y que terminaron por armar (pero dentro de la familia) una actuación semejante ala que armaron con lo del “desaparecido Geréz”, a quien lo podías ver tomando mate en la puerta de su casa acá en Virreyes. Se me hacía como muy macabro, y a mí me parece tonto hacer enojar a alguien que es capaz de hacer semejante cosa, porque yo también podría ser capaz de semejante cosa, y soy muy perturbadito y respeto a mis perturbados semejantes porque nunca se sabe. Pero les decía: sentía cierta necesidad de votarla a Cristina, y fue entonces que conseguí esta oportunidad de llevar a cabo algo a lo que me referiré de ahora en mas como a “Voto masturbatorio”.

-¿Por qué?-, se preguntarán ustedes, siempre llenos de preguntas en lugar de seguir leyendo. Fácil, porque es casi como un voto triunfador en democracia, pero no llega a serlo. Un simulacro. Un alguito. Paso a explicar:

Mientras miraba las últimas hojitas de mi DNI y caminaba rumbo a la escuela en la que me tocó emitir sufragio (que es “votar”, brutos de mierda) me di cuenta de que mis votos anteriores habían sido votos perdedores y honorables. Quiero decir: eran fieles a mis convicciones de votante, y habían sido todos rotundos fracasos.

Me di cuenta, entonces, de que era virgen en lo que se refiere al voto triunfante. Y como todo virgen, me pregunté acerca de lo lindo que debe sentirse la gente que vota y, horas después, ve a su candidato ganar y gobernar por cuatro, o seis años, o lo que dure el tipo a cargo. Porque mis padres lo experimentaron, y mucha gente que conozco también, pero yo no sabía lo que era, o lo que se sentía.

Son las diez y media de la noche del domingo (es probable que publique esto el martes) y con estos resultados, puedo decir que votarla a Cristina habría sido tener sexo. Sobre las características de esa relación sexual, bueno… todo cambia dependiendo de cómo la votaste a Cristina, o porqué.

Si la votaste pensando que es lo mejor y después disfrutás cada minuto, entonces debe ser como ponerla con esa mina que no podes creer haberte levantado, por primera vez. Esa mina a la que todos se quieren (y no pueden) voltear en la oficina, te la está chupando, y te va a dar la cola antes de que termine la noche. Y se siente así. En caso de ser mujer, cabe reemplazar lo anterior por: “Ese compañero de la facultad que maneja un 0km y te mira todo el tiempo y te busca para hacer los trabajos en grupo, no sólo tiene un termo sino que además lo sabe usar muy bien”. Votarla a Cristina así, debe estar re-bueno. Y yo no tengo nada contra la gente que la vota creyendo en su voto.

Me dirán ustedes que hay algunos que la votan porque es un voto seguro. Que un voto es un voto aunque no te convenza demasiado, y aun a sabiendas de que hay posibilidades más arriesgadas que no sabés si te harían mas o menos feliz, pero que resultarían cuando menos, distintas. Bueno, hay gente que a eso lo llama sexo marital. Si yo la hubiese votado a Cristina, hubiese hecho eso: ponerla. Un voto es un voto, y un culo es un culo.

Pero no la puse.

Hoy, votándolo a Altamira para presidente, me clavé un voto masturbatorio. Es parecido a ponerla, pero no tanto. Fue casi como ganar la elección, pero no gané. Y lo hice a solas, y a puertas cerradas. Tuve mi pequeña victoria, pero no gané en realidad. Y por eso, mi voto fue masturbatorio. Me provocó un pequeño bienestar, pero nada más.

La pregunta entonces es: “¿La pondré en octubre?”

Me guardo eso de ponerla para más adelante, supongo. Imagino que no va a ganar la persona a quien vote próximamente, pero es seguro que no voy a clavarme otra paja con Altamira. Y menos mal que esta afirmación la están leyendo ahora y no al principio del texto, porque ahora que la veo así escrita, puede dar lugar a horribles confusiones. Quiero decir: Altamira tiene a todos sus seguidores, y no necesita a un burguesito de derecha como yo para agrandar su padrón: para eso están Mariano Ferreira, los anarquistas de papá en Vento y todos esos porreados que no saben ni donde están parados y van a ir a votar mañana lunes, o que se quedaron leyendo a Marx y se les pasó la hora. Sabe Dios que si yo fuese archimillonario no usaría mi dinero para acabar con las desigualdades sociales. Es más, no usaría papel higiénico en el baño, sino que tendría un cesto de mimbre lleno de chinchillas vivas y me limpiaría el culo con ellas. Que lo voten ellos: yo ya me puse contento sabiendo que van a estar en las elecciones de octubre. Como quien mira un video porno, los usé a la distancia y ellos me usaron sin conocerme. Nada más.

Y si la persona a quien pienso votar no va a ganar de todas maneras, bueno, a seguir virgen. Así me aseguro de no contagiarme nada (el Kirchnerismo te baja las defensas y te expone al Peronismo, que es una de las más letales y endémicas enfermedades de transmisión sexual), mas allá de que todos corramos el riesgo de que nos rompan el culo el culo.

Por eso, si alguien quiere desflorarme (¿se escribe así?) les pido que sea con una chota enorme, cosa de que las posteriores no duelan tanto, o inclusive “bailen”, en caso de ser posible. Es una de las hipótesis que tengo acerca de lo que hay que hacer si vas a prisión: tenés que hacer que te viole primero el que la tenga más grande.

Tengo muchas hipótesis, sí.


Resulta interesante el asunto este de las elecciones. Si ustedes se están preguntando acerca de si voy a escribir haciendo de cuenta que no estoy teniendo un promedio de una publicación cada dos meses, la respuesta es sí. Lo mismo si se preguntan acerca de mi enorme vigor sexual: sí, se ha multiplicado a niveles inalcanzables.

Me gustaría poder decirles que en realidad no escribí nada respecto a las elecciones de Macri en Capital Federal porque estaba guardándome para cuando el balotaje hubiese hecho de las suyas, pero lo cierto es que vengo maquinando lo que iba a decir con mucho cuidado, cosa no demasiado frecuente en este horrible sitio web, y que no escribí porque me bajé el Diablo 2: Lord of Destruction y estoy jugando con un Druida nivel 32 que anda como trompada.

FilmusSi me preguntan las razones por las cuales perdió Filmus, la verdad es que me ponen en un quilombo. Unos boludos, ustedes, eh. Dos meses sin escribir y me vienen a preguntar eso. Digo, yo te puedo organizar un asado en la parrilla (me encanta pretender que la carne, los chorizos y eso son piezas de tetris a acomodar), o una resistencia contra los zombies, pero en lo que se refiere a la política mucho no puedo decir ni hacer porque creo haber nacido en la época equivocada a esos fines. Pero voy a intentar, siempre desde mi clara postura de tipo que está en contra del Kirchnerismo debido, más que nada, a esa mezcla tan absurda de patoterismo y corrupción que la convierte en un extraño híbrido que podría entenderse como “una izquierda de derecha”, o “un progresismo lleno de los vicios de la derecha”.

¿Perdió Filmus o ganó Macri? Es la primera pregunta que hay que hacerse. Después de la segunda vuelta, quedó claro que la presidente salió a felicitarlo a Macri por el triunfo para que fuese eso: un triunfo ajeno, y no una derrota. Todo el oficialismo salió a reconocerle a Macri cualidades que, hasta el mes pasado, supongo que no tenía, porque nadie se habría animado a destacárselas. Y como no soy un hijo de puta, voy a jugar con las reglas de Cristina y hablar como si Macri hubiese ganado por mérito propio. Porque en una de esas, ganó. Y espero que mi madre jamás haya cobrado por sexo, ya que de lo contrario me haría quedar muy mal con mis lectores, dado lo que acabo de escribir. Por suerte mi viejo era virgen (por eso yo nací puro y sin mancha).

Macri ganó porque la gente vota cómoda. Es probable que Cristina gane por el mismísimo motivo, más que por el aparato mafioso-político tradicional del Peronismo y sus derivados (y que conste en acta que no estoy criticando sino describiendo). Si vivís en la Ciudad de Buenos Aires y estás todo cagado pensando en que cualquier tipo de cambio puede acabar con tu trabajo, economía, vivienda o estado de animación suspendida y/o flatulenta, lo votás a Macri para que todo siga más o menos igual y ya está. Del mismo modo, si vivís en la Argentina y se te frunce el ano (como a Juanita Viale, si) de sólo pensar en que el cambio de manos del poder puede convertirse en una catástrofe económica y que no vas a poder pagar el crédito hipotecario o te van a pataconizar el plazo fijo si el Kirchnerismo sale del poder, entonces, la votás a Cristina. Es simple: nada complicado. Nuestros genes funcionan de la misma manera, buscando la estabilidad. Nuestra conducta (todo acto de conducta, dirían algunos psicólogos) tiende a recobrar un estado de “equilibrio” en el que las necesidades son nulas.

Macri ganó porque Filmus quedó muy solo. Como sucede en la segunda parte del Eternauta, el verticalismo Kirchnerista (Montonero) se cobró las victimas que tuvo que cobrarse, y Filmus murió en el promontorio para que se salvaran los de las cuevas. Porque lo que importa es la causa, y a Filmus le tocó morir. Cuando digo que la presidenta salió a felicitar a Macri estoy suponiendo –obviamente- que al pobre Filmus lo dejaron más solo que a Ringo Bonavena (a quien cuando sonaba la campana le sacaban “hasta el banquito”) y ni lo llamaron para pedirle disculpas. El Kirchnerismo no sabe ir perdiendo, y cuando quiso darse cuenta, Filmus estaba solo, solo, solo. Hábil para hacer mutis por el foro, Cristina todavía no dijo nada acerca de los escándalos de la fundación (Abuelas o Madres, no recuerdo), ni acerca de los muertos en el asunto de azúcar Ledesma, ni de los departamentos del Juez de la Suprema Corte, ni de nada serio que sea para quilombo. Como será de así la cosa que hasta lo del campeonato de fútbol “Todos contra todos” tuvo que tirarse atrás cuando se hizo “piantavotos”, quedando Grondona como único (y astromillonario) responsable.

LarretaMacri ganó porque lo tiene a Rodríguez Larreta. Ese tipo me cae abrumadoramente bien. ¿Cómo no te va a caer bien un tipo que hasta se agarra la gripe N1H1 de tan inevitablemente metido que se encuentra, haciendo el trabajo que su jefe debería hacer? Choto o no, me cae bien de un modo parecido al que me cae bien Aníbal Fernández, brindando una imagen de eficiencia e idoneidad en la tarea que se les encomendó hacer. Anibal es el tipo de abogado que quiero que me defienda, mientras que Rodríguez Larreta es el tipo de secretaria omnisciente que quiero en la oficina, cosa de poder ocuparme de lo que se me venga en gana sabiendo que no voy a lamentar mi ausencia en tal o cual asunto. Si sos el emperador de China, Rodríguez Larreta es el que te baña y prueba tu comida para ver si no te la envenenaron, mientras que Aníbal es el que dice que vos no le envenenaste la comida al emperador anterior y que esa botella de veneno con tus huellas digitales no es evidencia porque todos los chinos son iguales y tienen mas o menos los mismos dedos. Ambos son muy útiles y encantadores, cada uno a su manera. Pero Rodriguez Larreta se parece a Tom Noonan, el actor que hace de Cain en Robocop 2 (y de Ripper en “El último gran héroe”, con Arnold).

Macri ganó porque el PRO parece menos cargado de los corruptos de siempre. Quiero decir: El PRO no tiene una historia de corrupción tradicional porque, simplemente, no tiene historia. Es probable que quienes lo integran no sean sino los peores pelafustanes en la historia de la Ciudad de Buenos Aires, pero lo bueno es que aún no se les ha dado el suficiente tiempo como para demostrarlo. Si Dios quiere, pronto mostrarán la hilacha con un buen escándalo o empezarán a acumular riqueza de modos graciosos e indisimulables (que es para lo que uno se mete en política, a fin de cuentas). Imagino que debe ser muy fácil entusiasmarse en el proyecto, si uno es incauto o no sabe en lo que se está metiendo.

Macri ganó porque Fito Páez es anti-macrista.
Fito fue un pelotazo en contra de los buenos, representando muchas de las cosas que más aborrece la gente que no vota al Kirchnerismo (entre quienes me incluyo, por ahora). Esa cosa horrible de no saber perder ni siquiera a la bolita, y de responder con la intolerancia más conservadora. Esa cosa de creer que absolutamente nadie es más inteligente que yo, que nadie la tiene más larga que yo, y que nadie tiene la razón, salvo yo. Yo, en este caso, fue Fito Páez, que lleva un par de décadas sintiéndose el tipo más genial de la Argentina (padecimiento que comparte con Alfredo Casero). Y sabe Dios que Fito no tiene razón nunca, de un tiempo a esta parte. Porque yo a Macri le banco el hecho de que me haya dado el Boca de Bianchi. Ya con eso hizo por mí más que cualquier otro de los políticos de los últimos treinta años. Pero a mí me dan mucho asco las películas que hizo Fito, en serio, tratá de ver una y vas a ver que te dan ganas de hervir un paquete de Duracell “doble A” y hacerte un enema con el caldo.

Macri ganó porque no impulsó la Nueva Ley de Educación Nacional. Filmus redactó la ley de educación menemista (la que destruyó la escuela como la conocíamos), y luego, como un Pedro moderno, negó su pasado menemista hasta que cantó el gallo, llegando al Kirchnerismo y atacando la política educativa de los ’90, más suya que la mierda (un triunfo lo del Polimodal y la EGB, Filmus). Los negocios con bienes públicos que hoy tanto le critica a Macri son los mismos que apadrinó durante los días dorados de las escuelas shopping. Compará cualquier cosa que Filmus haya hecho durante los últimos veinte años con el segundo gol de Palermo al Real Madrid, o el último penal atajado por el Pato contra el Milan.

Pero antes de cerrar, les digo, que yo no lo votaría a Macri para presidente, ni lo voté previamente (ya que vivo en provincia y no me mudaría a Capital a menos que me viese obligado a hacerlo debido a una explosión atómica en la sodería a seis cuadras de casa). Por si alguno no se dio cuenta, todavía. Digo. Por las dudas. Mi idea era la de sólo poner las cosas en perspectiva, desde la humildad de estos párrafos opositores al papanatismo. A fin de cuentas, si hubiese querido hacer campaña, hubiese escrito algo antes.

Y ahora, lo que ustedes estaban buscando: un video de Youtube en el que no aparece Silvina Luna practicándole sexo oral a su novio. Traté asimismo (no me acuerdo si está bien usada la palabra porque hace mucho que no escribo) de buscar una foto mejor que la del ano de Juanita Viale en primer plano para imaginarme como sería el ano de Juanita Viale, pero aparentemente Internet no lo tiene todo, mis estimados lectores.

Yo también me sorprendí, sí.

Ah, bueno. Sí, acá estoy. Más muerto que vivo.

Resulta que escribo sin saber muy bien por qué, pero la verdad es que todo lo que vengo haciendo, de un tiempo a esta parte, lo hago también sin saber por qué. No les voy a decir que vivo el presente y nada más, pero tampoco estoy así como enganchadísimo con la idea de vivir hasta los setenta y pico, tener jubilación y esas cosas. Con tener una moto de 50.000 dólares y morirme a los 35 estamos bien. Digamos que estoy hasta las manos de mismo, o algo así. Para peor me quedé sin turnos con el terapeuta hasta dentro de un mes, así que si mato a alguien para hacerme un par de medias con la piel de su matambre, supongo que el juez me va a hacer la segunda, digo.

Pero lo que me lleva a escribir es el tema de las elecciones que se vienen. Lo de votar, vieron ustedes como es. Me cuesta escribir en este blog acerca de cuestiones electorales… de candidatos y esas cosas.

Me cuesta. En una de esas se debe a que no estoy pisando tierra firme con mis opiniones y sentencias, de un tiempo a esta parte, y me preocupa el hecho de que alguien pudiese tomarse en serio este artículo, y luego salir votando como alma que lleva el diablo. O quizá se deba a que no me siento en condiciones de aconsejarle nada a nadie, mucho menos aún recomendarle a alguien la forma de terminar de degollar a la patria esta de la que nos toca participar a diario. Pero creo que en realidad, creo que se debe a que la última vez que escribí algo para este blog, yo tenía como 16 años y no votaba. Sí, debe ser eso.

No creo que los políticos argentinos sean los peores del mundo. Tampoco creo que sean los más corruptos. No creo que la corrupción sea una cosa argentina, del mismo modo en que no creo que La Tierra sea el único planeta habitado. No creo esas cosas por el mismo motivo: porque no me siento tan especial; tan único en el Universo. No creo que seamos tan especiales. Y por eso no voy a despotricar contra las decisiones de nadie. Si un intendente dice que cuesta tres millones de dólares asfaltar veinte cuadras, será porque es así. Si las Abuelas de Plaza de Mayo dicen que no sabían que el tipo Schoklender éste andaba en dos ferraris y cuatro yates y una nave espacial al mismo tiempo (porque el que se compra una Ferrari no le saca fotos ni la muestra, ni se saca fotos en el yate porque es un enamorado de la discreción), será porque el tipo se robó toda la plata sin que nadie se diese cuenta. Porque era un genio, ponele. Si la gente lo escucha a Solá hablar acerca de los problemas de la provincia de Buenos Aires y le cree cuando dice que puede arreglarlos mas allá de que cuando fue gobernador no hizo nada más que empeorarlos, será porque es así, y porque puede arreglarlos. Y si la gente lo vota va a ser porque tenía razón en lo que decía, o al menos, en cómo decía lo que decía. Si la gente se cree que Massa hizo algo en Tigre nomás cuando vino a cosechar lo sembrado por Ubieto y el vecinalismo de Tigre, será porque es así, y el cínico de mierda es uno. Si a Pino Solanas le da lo mismo ir a presidente de la república, que ir a gobernador de la provincia, que a alcalde de la ciudad, que a comisionado de Ciudad Gótica, que así sea. Sin rencores. Yo soy hincha de Boca y me creo que Palermo fue mejor que todos, porque me hace feliz. Porque esas mentiras son el vaso de leche tibia que me hace dormir durante las noches. (Mentira: sigo sufriendo de insomnio, pero la frase estaba buena como para desperdiciarse)

Por eso (porque creo que la Argentina es un lugar como cualquier otro donde los candidatos son como los de cualquier otro lado) en estas elecciones, mi voto va a ser castigo. Revanchista. Castigo, castigador.

Mi voto va a ser un voto castigo. Así como mucha gente lo votó a Ménem para castigarlo a de la Rúa, nomás para que terminara ganando Kirchner, que era un malo por conocer. Así como mucha gente votó a la Alianza de Chacho Álvarez y Fernando de la Rúa (en Internet hay como tres formas distintas de escribir el apellido de “Chupete”), para castigarlo a Ménem. Mi voto va a ser un voto bien argentino: un voto castigo.

La verdad es que, me parece, me temo, me da la sensación… de que voy a terminar votándola a Cristina. Pero no porque crea que es la mejor opción, ni por miedo a que las cosas “cambien” y pueda darse una crisis como la de hace diez años. Sino porque -con su actuación de presidenta y todo- está siendo la menos ridícula.

¿Y por qué es castigo ese voto? –se preguntarán mis lectores al tiempo que se mueven entre pestaña y pestaña del navegador, leyendo mi blog, trabajando y visitando páginas web porno al mismo tiempo. Estos lectores míos… jajaja… ¡qué locos que son!

Mi voto es para castigar a la oposición, que está más impresentable que nunca. Porque yo soy más bien de derecha y radical de corazón y de sangre y de costumbres y de familia, y la boina blanca no se mancha. Va a pasar mucho tiempo antes de que yo vote a Francisco de Narváez para cualquier cosa. “Unión para el desarrollo social”, le dicen. Sí, cómo no. Fuck you. In the asshole. In the asshole with a brick.

Pero no es sólo esta jugada de Ricardito: la oposición toda es un sainete de disparates tan grande y tan poco serio, que prefiero castigarlos ahora, antes de que ganen dentro de cinco años (después de que la burbuja económica-pseudo-menemista ésta en la que los récords de venta de 0km se baten semana a semana, y la gente se compra televisores más grandes que la mesa de la cocina para ver los mismos partidos de fútbol de porongas 0 a 0 que se pueden ver en una tele blanco y negro de catorce pulgadas, se reviente manchándonos de mierda y sangre a todos) debido a un voto castigo contra Cristina. Hasta me da miedo eso de verlo al coso éste de Midachi en una boleta y luego, empujado por la medicación y la falta de sueño, terminar cortándome la chota y arrojándola desde un auto en movimiento. Y si Cristina no se postula, entonces ahí si que como que no voy a tener ni la más puta idea de qué hacer.

Pero como tampoco tengo ni la más puta idea acerca de qué hacer conmigo hoy en día, cuando faltan varias semanas para las elecciones, bueno, digamos que tampoco me modifica demasiado el panorama, ponele. Por lo que la pregunta del día es:

¿A quién va a votar usted, y por qué?
Obvio, el voto es secreto. Pero puede usted decir, por ejemplo, que lo va a votar a “Alsonfín” en lugar de “Alfonsín” o “Carmi” en vez de “Macri”, y nadie sale lastimado. En serio, pónganse las pilas, que ando con ganas de agarrarme a las puteadas, discutir, abrazarme llorando y brindar por los lectores que ya no están.

Si son ciudadanos, den la cara por el voto.

Resulta que eso empezó hace diez días, doce. Un día después de ir a ver al psíquico/psicólogo/psiquiatra.

Entonces el tipo, después de hacerlo esperar dos horas y media le dice a usted: “le voy a dar un hipnótico suave”. Usted no le cree, porque decir “hipnótico suave” es medio como un oxímoron. “Cualquier cosa con el poder de hipnotizar no debe ser suave”, se dice usted. Pero luego se acuerda de una par de tetas y dice “Bueno, en una de esas, sí se se puede ser suave e hipnotizar”.

Entonces entra a Facebook y acepta a todos los loquitos que quieren ser sus amigos en esa cuenta que creó hace mil años y que nunca usa. Porque va a necesitar amigos que digan que antes de tomar la pastillita chiquitita usted no era de barnizar escarabajos y subirse a venderlos en los colectivos. Nuevos amigos, porque los viejos van a salir en la tele diciendo: “Lo que me sorprende es que no haya pasado antes, jajaja… ¡Grande, Mantis!”

Y entonces se toma la cosita, que es chiquitita y efectivamente tiene pinta de pastilla para sanar locos. También tiene pinta de pastilla que da vigor sexual.

Difícil que algo que se llama “psicofármaco” pueda hacerle bien a la cabeza de alguien, pero bueno, usted prueba porque la caja le costó 26 pesos y eso es mucho menos de lo que paga por otras cosas. Sacó la cuenta mensual y resulta que gasta más en Coca-Cola que en psicofármacos. “No puede ser que me salga más barato saciar la sed que dormir por las noches”, dice usted. Y la verdad es que no, no puede ser.

Entonces se pone a tratar de dormir. Usted, se pone a tratar. ¿Quien va a ser? Y levanta la colcha y pide: “Cuidado con los autitos”. Y ve monstruos. Y entonces usted empieza a ver calaveras y se encuentra en el mundo de los muertos de los mexicanos. Y usted está más onírico que nunca. “Que suerte: estoy durmiendo y soñando”, piensa usted. Las alucinaciones, por suerte, derivan en una cosa medio rara, como un mundo macanudo de muñequitos como los de Fraggle Rock, todos sentaditos en el escritorio que tiene en su habitación. Con montañitas y un lindo paisaje.

Pero al otro día resulta que no.

Porque resulta que la pastilla es una pastilla que no funciona como usted cree. Resulta que la pastilla no lo hace dormir a usted, sino que hace que se duerma el cerebro de usted. Por lo que el que tiene que irse a dormir y cerrar los ojos y hacer de cuenta que duerme, sigue siendo usted. “Una pastilla que me duerme el cerebro y me convierte en un sonámbulo no puede ser buena”, piensa usted. Se imagina a sí mismo teniendo que quitarse la vida como los infectados heroicos de las películas de zombis. Oh, los zombis. ¡Usted se convierte en lo que más detesta!

Al día siguiente, usted entonces se concentra en dormir fuerte, y cierra los ojos, y hace fuerza para dormir. Se toma la pastilla cuando no da más, cosa de que no cueste tanto. Y apaga la tele, todo, apaga todo. Pero se le confunde eso de hacer fuerza para dormir con lo de hacer fuerza para cagar y se levanta para ir al baño, apurado porque sabe que la pastilla hace efecto rápido. Y deja la puerta del baño abierta, y mira hacia fuera. Y a los cinco minutos se le entran a mover los broches del tender que tiene la ropa tendida. Se mueven, se mueven. ¡Están vivos! Y un par de medias con pinta de saber lo que está pasando le dice cosas al oído a la camisa del costado.

“¡Eras mi camisa preferida!”, dice usted al borde del llanto. A esa altura del partido es obvio que levantarse a cagar fue un error, porque ahora hay que defenderse de los objetos inanimados que se animaron por la pastilla. ¡Anímese usted también!

Pero cualquier intento de resistencia es fútil: usted pronto descubre que se está violando a un pingüino empetrolado, en defensa propia. Pero a mitad de camino usted se da cuenta de que no es una violación. “No es la primera vez que el pingüino hace esto”, se dice usted desencantado. Pingüino asqueroso. Ni siquiera era un pingüino hembra. Usted entonces pierde el entusiasmo debido a que en las relaciones sexuales (sexuales, sexuales) le gusta ser siempre el más degenerado de los dos, o de los tres, o del grupo. La macana es que ahora usted tiene alucinaciones en las que se encuentra siendo atacado por hombrecitos con máscaras mexicanas del día de los muertos ¡Ayudame Grim Fandango, la puta que te parió! Por suerte aparece “Enano” de “Los Goonies” para poner las cosas en orden.

Y se duerme usted, de alguna manera, y llega al otro día sin haber prendido fuego la casa. Entonces usted decide que es hora de cambiar la posición del centro de gravedad y come más que de costumbre. O sea, come como cuando era gordo. Come. Come. Le acercan algo y se lo come. Papas al horno que quedaron del mediodía: se las come. Queso cremoso que era para la pizza: se lo come. Pan a disposición dentro de los límites de su domicilio: se lo come. Se come todo y aumenta cuatro o cinco kilos así de golpe. El cinturón no miente.

“Cuanto más pesado el cuerpo, menor es el porcentaje de psicofármacos por centímetro cuadrado”, se dice usted sacudiendo una batuta imaginaria y saliendo a comprar dos kilos de falda parrillera que además de parrillera, es imaginaria. Usted no está bien. Hágase ver. “Pero si desde que me hice ver que estoy peor” dice usted. “Ah, el señor cree que el problema es el haberse hecho ver… Hágase invisible, entonces”. Pero usted hace fuerza para hacerse invisible y se confunde de nuevo y ahora tiene ganas de cagar. Un inútil, usted, eh! En una de esas el tipo le recetó a usted un LSD laxante experimental que fabrica al fondo de su casa. Piénselo y va a ver que es así. No, si no le sale naturalmente lo de pensar, no haga fuerza, por las dudas.

Pero al tercer día de dormirse haciendo fuerza, usted ya no hace tanta fuerza. Y a la semana, usted está más descansado. Y ya no le despierta curiosidad eso de tomarse la pastilla nomás para ver lo que pasa con las alucinaciones coloridas. Y entonces empieza a dormir mejor, como más fuerte.

¡Las drogas son buenas, entonces! ¡Mamá miente cuando dice que son malas! ¡Fleco estaba equivocado! La pantalla de presentación del Pit Fighter que había en la sala de arcades a tres cuadras de casa me mintió: Winners use drugs!

winners

Pero la pregunta del día es: ¿Soy el único que piensa que la futura reina de Inglaterra es medio insulsita? Por supuesto que es rica y que las universitarias ricas hacen de todo, de acuerdo a lo que aprendí viendo películas norteamericanas. Pero mientras que esta mina parece ser de las que se quedan quietitas en la cama, la periodista reventadita esa que se casó con el príncipe español hace algunos años tiene pinta de saber bajar una bragueta nomás mirándola fijo.

Algo así como una Jedi porno.

Del tomate


Resulta, resulta, que hoy no voy a ir a trabajar, creo (para cuando ustedes lean esto, ya no habré ido a trabajar, seguramente). Estoy con algo que muy bien no se que es. Podría ser hernia de disco o ciática (se le dice así a las cosas que te pasan con el nervio ciático). O un tumor. Yo por las dudas nunca descarto que cualquiera de mis síntomas pueda deberse a un tumor, porque viste que si resulta que era un tumor y no te preparaste para eso, es peor que si pensabas que tenías un tumor y después no era un tumor. Desde que vi la película “Fenómeno” con Travolta, que pienso así.

Y esto de la columna (vamos a referirnos a esta nueva circunstancia como “ciática” a fin de ser breves y no complicarnos con fines narrativos) no es sino la última de mis adquisiciones en lo que a padecimientos se refiere. Quizá porque estoy aburrido y no está cargando bien el sitio web porno que más frecuento me gusta compartir este tipo de cosas y la opinión de ustedes me parece valiosa, es que paso a tratar de enumerarlas. Además, es probable que el psiquiatra al que voy a ir a ver me pida una lista de síntomas para así poder medicarme. En una de esas alguno de ustedes también se está volviendo progresivamente loco y me puede recomendar algún remedio casero que no tenga nada que ver con la masturbación. Digo, porque ya probé con eso y no hubo cambios.

La ciática. Como les decía: lo más reciente. Ayer anduve en moto (de un tiempo a esta parte hago prácticamente todo en moto) y empecé a sentirlo. Hace una semana compré una mochila nueva y no la siento incómoda, pero eso no ayudó. Creo inclusive que se debe a la mochila, ya que hasta ahora yo había estado yendo a laburar con la moto y un bolso cruzado sobre la espalda, pero qué se yo. Tampoco es que lleve cosas tan pesadas en la mochila, digo… si con 28 años no tengo la suficiente salud como para llevar una mochila con una cartuchera, dos cuadernos, una botella de agua y un par de fotocopias, más me vale ahorcarme en el baño, usando mi propio miembro como soga. Si mis alumnos pueden hacerlo, yo también. No, lo de ahorcarse con el miembro no. ¡No, pará! ¡No, no es que le haya visto el miembro a alguno de mis alumnos y sepa si puede ahorcarse o no con él: me refería a lo de poder cargar la mochila! Jajajaja… ¡Son unos locos, ustedes, eh! No tengo mi copia del código de convivencia encima, pero estoy casi seguro de que no se supone que un docente les vea los genitales a sus alumnos… Jajaja… A menos que ellos ofrezcan mostrártelos en el asiento trasero de una Fiorino sin patente después de una Cepita tuneada, supongo. Ahí debería ser distinto.

Asma. Resulta que se me complico el tema respiratorio. Ahora estoy en tratamiento con un aerosol preventivo para todas las mañanas y todas las noches, y una pastilla antes de dormir. Al principio una de las drogas me provocó palpitaciones (no leo los prospectos médicos porque voy al médico dando por supuesto que el médico estudió y me va a dar algo que me sirva). Y me puse a buscar fotos en Internet pero me dan impresión los bronquios. Me queda el consuelo de que peor la están pasando los japoneses, que a esta altura del partido ya se ponen contentos comiendo sushi de algo que no debe ser muy distinto al pescado de tres ojos de los Simpsons.

Visión borrosa. No veo bien, y me mareo. Digo, veo peor que de costumbre, considerando que uso anteojos desde que tengo memoria. No sé si se deberá a que hace poco se me rompió uno de los cristales de los anteojos y en una de esas en el laboratorio le erraron y me pusieron cualquier cosa, o si se deberá al mal estado cerebral. O al tumor.

Me molestan muchas partes de mi cuerpo. Y entran dentro de esto los accesorios, como por ejemplo: anillos, pulseras, reloj, etc. Me molestaron tanto los aparatos de ortodoncia que terminé por quitármelos sin ayuda de la especialista (léase: me los saqué con la Victorinox en un momento de lucidez). El problema toma otra dimensión cuando uno (o sea, yo) cae en la cuenta de que también me molestan partes del cuerpo de las que son no-removibles, o que son obligatoriamente “permanentes”. Porque además de los anillos también me molestan la nuez de Adán, las uñas, el cosito que separa las fosas nasales (me gustaría tener una sola fosa nasal alargada) y los huesos de los dedos de las manos.

Insomnio. Me despierto mucho durante la noche, y no logro dormir como una persona seria. Llevo un trimestre de dormir 4 horas al día, como mucho. O sea, vengo a ser como Cristian Bale en “El Maquinista” pero con la convicción de que después no voy a ser Batman. A la noche me da mucho calor, y me molesta toda la ropa, y entonces me desnudo, y me despierto estornudando porque no soy lo suficientemente hombre como para dormir destapado, en bolas y con la ventana abierta. Y tengo sueño durante todo el día. Y me hace mucho frío durante el día, lo cual me lleva a hacer mucho pis.

Estrés. Uno de los principales síntomas del estrés es el cansancio, debido a que una persona estresada consume más (léase: necesita más vitaminas, proteínas, etc.) de lo que tiene. Imagino que podría solucionarse con un suplemento dietario. Pero también imagino que podría solucionarse si entrase yo a un shopping con una escopeta dispuesto a aplicar el famoso “rifle sanitario” sobre los desconocidos que compran camisas de 600 pesos cuando todos sabemos que una camisa de hombre no puede costar 600 mangos ni viniendo con una netbook de regalo.

La mandíbula. Después de comer, quedo todo acalambrado, como si la mandíbula se hubiese agotado de tanto hacer fuerza para masticar. Hay una enfermedad que te traba la mandíbula, no me acuerdo si se llama escorbuto o brucelosis o botulismo o algo así. Pero debo tener eso. Creo que podría curarse si me compro una cabeza de caballo embalsamada en una casa de antiguedades y, tras vaciarla, sacarle los ojos y abrirle la boca, la coloco sobre el frente de mi moto, cosa de que de noche cuando se prenda la luz parezca que estoy montando un corcel del infierno.

Cálculos en la vesícula. Esto es curioso, porque si bien es un padecimiento real diagnósticado, la verdad es que desde que se me entró a jorobar todo lo demás, fue como que la vesícula dijo: “Bueno, no me va a dar bola y entonces no lo jodo”, porque no la estoy sufriendo. No tengo patadas al hígado ni cólicos ni nada.

Depresión o algo así. Tengo gente cercana que cree que en realidad lo que tengo es una sucesión de hechos y traumas no resueltos, una depresión terrible que se agrava exponencialmente y que todo los malestares físicos en realidad derivan de estar deprimido y que por eso estoy manifestando todo lo demás físicamente. Lo curioso es que la gente que me dice ese tipo de cosas es gente que está haciendo terapia porque tiene sus propios trastornos mentales no resueltos, lo cual me lleva a desconfiarle de las apreciaciones. En cierta forma, prestarle atención a gente en esa condición es el equivalente a juntarte a estudiar para preparar un examen con un compañero que ya reprobó tres veces el examen y tiene “experiencia en el asunto”.

El hecho de tener más trabajo que el año pasado (ahora estoy dando algunas horas en el secundario de dos escuelas además de la escuela en la que trabajo todas las tardes) tampoco ayuda (más aún cuando en uno de los cursos tengo media docena de alumnos con desórdenes diagnosticados y padres de los que se arreglan poniéndolos en una morsa y apretándolos hasta que se les salen los ojos), pero fue una medida de precaución que tuve que tomar. Por si acaso. Por la plata. Por si en mi familia de repente sentían que estaba demasiado peligroso como para seguir teniendo armas de fuego y me las escondían (minga me vas a dejar indefenso. Cuando uno se vuelve loco necesita poder defenderse más que nunca). Me queda el consuelo de que peor la están pasando los músicos del Colon esos a los que Macri echó porque es un millonario malo.

En casa están todos recontentos conmigo, si. Lo mejor es que cuando me dicen que no estoy bien, yo respondo: “¡Ustedes creen que estoy loco, PERO LO ÚNICO LOCO SON MIS PRECIOS!”, como si se tratara de un comercial televisivo yanqui de los 80, y hago la mímica de como si me estuviera poniendo una galera de colores y tuviese un bastón en la mano. Pero la pregunta del día es: ¿Qué achaque lo tiene a usted a maltraer hoy en día? No se hagan los sanos, que todos estamos medio hechos mierda de alguna u otra manera. Fíjense sino Patricia Miccio, que acaba de morirse tras luchar valientemente durante años contra el cáncer. ¿Vieron que yo tengo razón y que hay que elegir mejor las batallas? Yo, si hubiese sido ella, en vez de pelear contra el cáncer habría peleado contra una nenita santiagueña desnutrida de las que salen en los noticieros. ¡KO en el primer round, baby!

Y en otro orden de cosas, el otro día escuché un disco de Michael Bublé cantando sus propias canciones, y la verdad es que preferiría oír disparos de escopeta provenientes de la habitación de mis hijos antes que volver a escucharlo.


Resulta que que… uia… que raro esto de no escribir cada cuatro meses. En una de esas me acostumbro.

Bueno, resulta que hubo (si no lo vieron ni se enteraron los felicito por la cintura a la hora de esquivar los medios de comunicación) un terremoto-maremoto-hermano Koriotto (rima y es japonés, jajajaja! ¡Volví con todo!) en Japón, y parece que se murieron muchos japoneses. Me causó mucha gracia porque cuando se comenzó a hablar de la noticia, los titulares apurados decían “doce muertos confirmados”, al tiempo que uno veía imágenes de un Japón hecho re mierda con cuadras y cuadras de destrucción y pedacitos de cosas que antes eran casas, autos y eso. A la media hora eran 100 y al rato mil y pico. Mi hipótesis dice que esos 12 japoneses debían ser doce a los cuales el agua pulverizó y quedó todo como que muy grabado y confirmado, con lo que decir “12” no era mandar fruta sino tirar el número mínimo de muertos. Me causó mucha gracia eso.

No, no me causó gracia que se murieran los japoneses, ubicate. Digo que me causó gracia eso de los números… Estaba diciendo que… Eh, pará… andate a la puta que te parió, entonces.

Debe estar bueno ser japonés. Yo quise serlo durante un tiempo, pero hacerse japonés es difícil. Prácticamente imposible, aunque no tan imposible como nacer de Libra y hacerse de Piscis (el cambio de sexo es una boludez al lado de eso, en serio). Yo quise serlo con el asunto ese de las espadas, las artes marciales, el manga, el animé y esas cosas. Hasta le fui a comprar pastas a Yamamoto, el japonés que hace ravioles y tapas para empanadas a cinco cuadras de mi casa desde hace 40 años.

Lo que no debe estar bueno es ser uno de los japoneses muertos. Shingo Seabass Takatsuka, se llama uno de los japonses muertos. Y si te suena el nombre es porque el tipo es el creador, fundador y principal responsable de una saga de videojuegos conocida como “Winning Eleven” o “PES”. Sí, se murió el papá del Winning Eleven. Una ola se lo llevó mientras manejaba su automóvil.

SeabassLo curioso es que el entusiasmo se pinchó cuando me puse a buscar alguna captura de pantalla del ending de algún juego, a fin de ilustrar el asunto. Porque me encuentro con que la gente de Konami (la empresa para la que labura el tipo) sale a desmentir la muerte mediante Facebook y otras cosas, porque el japonés éste está vivo. Hay fotos en las que está mas conservador, pero esta está buena porque el tipo tiene cara de haberse fumado un caño de Hidro-Bronz arrancado del baño.

O sea, me cagó el artículo. Ponele que se murió pero que encontraron otro japonés medio parecido, le pusieron anteojitos y le cambiaron el peinado y listo, total todos los japoneses te saben usar una PC y programar y esas cosas… de todas formas me cagaron el artículo. Yo iba a hablar del japonés este. Y me puse a buscar entonces algún otro japonés del cual hablar. Y bueno, está Yamamoto, el de los fideos. Creo que se llama así. Yamamoto rima con maremoto, ahora que me doy cuenta. Debo andar lento porque en otra época no se me habría escapado esa humorada. También rima con Culo Roto, que no es japonés pero no se me escapó… eeehh… estoy lento pero tampoco tanto. Un culo es un culo.

Lo fantástico acerca de Yamamoto es que no abre siempre. No tiene horarios fijos. Vas a la mañana y está cerrado. Vas a la tarde y también está cerrado. Cambiás de día y de horario y está cerrado. Pero abre, a veces, y hay vecinos que te cuentan que fueron y compraron. Y vos vas y se ve que estuvieron trabajando, pero está cerrado.

Yo sostengo la teoría de que el tipo en realidad te prueba, viste como son los japoneses. Como todo un sensei, el espera que vos aprendas, que estés dispuesto a caminar el camino difícil. Me imagino que en un momento te abre la puerta con un gesto severo y te dice: “Has pasado la plueba, ahola estás listo pala complendel las lazones que me llevan a plactical la disciplina del huevo y la halina”, o en una de esas tiene un desván lleno de espadas como el forjador de Kill Bill.

Pero lo más lindo del asunto este del desastre en Japón, y que poco tiene que ver con Yamamoto, es el hecho de que hay una planta nuclear en Fukushima “pasando por un momento muy difícil”, según dice el diario. O sea, Japón puede llegar a ser como los japoneses creen que es Japón. Con bichos mutantes, robots, mujeres de proporciones sexualmente fascinantes y esas cosas. No te voy a decir que quiero que explote todo, pero tampoco te voy a decir que no me voy a quedar mirando la tele como un gato frente a una pecera si llega a explotar el coso ese. Va a ser lo más parecido a convertirse en supersaiyajin que voy a poder ver mientras viva. Si llega a mutar una lagartija y se convierte en un Godzilla les juro que vendo todo lo que tengo y me voy a Japón esta misma noche.

Y en otro orden de cosas, antes de cerrar, les cuento que aprendí una nueva forma de desearle mal a la gente sin que Dios se de cuenta. En vez de pedirle a Dios que le derrumbara el taller mecánico a mi mecánico mientras él estuviese allí trabajando, anteayer decidí desear que sus hijos dentro de quince años sean medallistas olímpicos de oro en las olimpiadas especiales. ¿Se entiende como funciona? Aaaahhh… yo creo que es un plan a prueba de error. Yo quiero que esos chicos triunfen, en serio. Que traigan dos medallas cada uno.

Es como cuando Dios no sabe que las monedas que les doy a los chicos en el semáforo en realidad me las dió mi esposa (que está sentada en el asiento del acompañante) para que se las de a los chicos. Pero como está el techo del auto, Dios piensa que el que se las dió fui yo, porque el brazo que sale es el mío y otra cosa desde arriba no se ve, y el auto está polarizado.

Al releer estas cosas es fácil entender porqué me va como me va, supongo.