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Archive for 28 agosto 2009

Sacados


Sacados y enloquecidos. Me refiero a los Kirchner, por supuesto. Más que de costumbre. Llevaba rato sin escribir y me di cuenta precisamente de que estaba dejando pasar muchas situaciones. La del fútbol arreglado, lo del payaso de Reutemann puteando, lo de la marihuana despenalizada para el consumo, lo del prefecturiano que se defendió a tiros y resultó ser un asesino nomás porque salvó la vida, y otras cositas. Pero escuchando la radio…

Abro paréntesis:
(porque ahora no miro la tele: la uso únicamente para jugar a los videos, porque tengo un conflicto de intereses con la empresa proveedora de cable que quiere que le pague, y yo no estoy de acuerdo porque no tengo dinero, y voy a esperar a que baje el precio de sus servicios para volver a conectarme, ya que me contó mi cuñada -que trabaja en esa empresa- que están desesperados, ya que desde que pasó lo del fútbol gratis, ellos no dan abasto para manejar los llamados de gente que pide la baja)
Cierro paréntesis.

… pude enterarme de algo que me llevó a repensar la bandera de los Kirchner, esa de los derechos humanos y la lucha de la libertad de expresión. Esa bandera de discurso vacío que los tiene sacados, enloquecidos, y brindando la imagen terrible de un dóberman de ojos vendados que tira tarascones en todas direcciones. Pero recapitulemos.

Evidentemente, el discurso de los derechos humanos le ha resultado efectivo a la presidente. Así como en los Estados Unidos cualquier cosa que termine en “que no vuelva a suceder el 9/11” es apoyada por todo el pueblo, del mismo modo le ha funcionado a la presidente eso de meter a los desaparecidos hasta en las propagandas de Serenito, lo que es decir, todos sus discursos. Y ojo, que no estoy cuestionándole la oratoria, sino más bien todo lo contrario. Cristina Fernández es probablemente la mejor presidente que la Argentina ha tenido en toda su historia en lo que se refiere a los discursos (es, por ejemplo, la única capaz de abrir paréntesis extremadamente largos y retomar el discruso sin desorientarse). Habla muy bien, realmente. Es la que mejor improvisa después de Aníbal Fernández, quien viene a ser una cosa así como un Octavo Dan en Debate estilo peronista, mientras que Néstor parece (diría una conocida mía) “un presidente de centro de estudiantes desbordado, que amenaza y grita”.

Pero cuando escuché que comparaba los goles secuestrados por “Torneos y Competencias” con los ciudadanos secuestrados durante el Proceso de Reorganización Nacional, medio como que me hice caca o algo así.

-¡Por el tridente de Neptuno! –pensé-. Se le salió la cadena a la loca de mierda ésta.

Y corrí en dirección a la biblioteca, hasta alcanzar el muro falso detrás del cual guardo mis armas. Pero antes de hacer girar la empuñadura de la espada de la armadura (que decora la habitación) y activar las rejas anti-zombi que rodean mi propiedad, entendí que la presidente había sufrido, probablemente, un nuevo cambio en su medicación.

Unos pocos días después, con el asunto ese de la nueva ley de radiodifusión que se quiere aprobar, la hipótesis se confirmó. Porque la presidente entró a decir que la ley ésta de la radio era la radio de los dictadores y gracias a esta gestión iba a pasar a ser la ley de los desaparecidos.

Pero volvamos a lo que hoy escuché en la radio.

Resulta que una mina (estudiante universitaria) lloraba y contaba que en Santa Cruz (más precisamente en Caleta Olivia) se había reunido un grupo de mas o menos, aproximadamente, doscientos trabajadores. Se habían reunido estos fulanos (en su mayoría mujeres) para reclamar trabajo o algo así, inspirados quizá en la manifestación (o algo así, porque simpre es algo así) de los trabajadores petroleros. Pero el gobierno reaccionó enviando un grupo de efectivos que tiraron gases a diestra y siniestra. O a siniestra y siniestra, porque se supone que el Kirchnerismo es la izquierda, o algo así. Eso dicen ellos. Yo conozco pocos tipos de izquierda, y los que conozco manejan automóviles cero kilómetro y viven de rentas. Pero les decía, además de los gases, cagaron a palos a una buena cantidad de manifestantes y luego los subieron a móviles sin destino fijo, valga la redundancia.

“Hoy estamos buscando desaparecidos”, llegó a decir la minita entre sollozos que me recordaron a los emitidos por la última mujer a la que proporcioné mis servicios sexuales. Hey, la culpa fue suya. Yo antes de empezar le había dicho que “era muy gruesa”.

Y yo me pregunto, entonces, digo… ¿No será que seguimos aún hoy en una dictadura? No crean, por favor, que he caído en el cliché. No es así. Lo que creo haber entendido es lo siguiente: No es que hoy los gobernantes sean menos dictatoriales que antes: lo que pasa, es que hoy la gente corre. Alcanza con demorarse y no correr lo suficientemente rápido (o no querer hacerlo) para que te alcancen, a la voz de los derechos humanos. Para que tus seres queridos te tengan que ir a buscar a comisarías en las que nadie dice haberte tenido demorado, y donde nadie sabe donde estás. Así, yo también puedo ser presidente. Así, hasta Chávez puede ser presidente.

Porque derechos somos todos, pero algunos son más humanos que otros. Y destruyendo cualquier sentido narrativo que pudiese haber tenido este artículo, la pregunta derecha y humana del día es: ¿Cree usted que se hace bien despenalizando el consumo de sustancias abrumadoramente alucinógenas cuando la presidente recurre a ellas de todas maneras? Antes de decir que sí o que no, le pido que tenga en cuenta lo siguiente a fin de no volverse involuntariamente hipócrita cayendo en un berenjenal del que no es capaz de salir. Créame, no es capaz.

1) La droga no es mala: lo que hace alguna gente cuando se droga es lo peligroso.
2) Lo que quiere decir que la gente es la peligrosa, y no la droga.
3) Porque la droga es un objeto inanimado, incapaz de daño por si mismo.
4) Como las armas de fuego, que son malas en malas manos.

¿Está usted a favor de la libre tenencia y portación de armas de fuego? Yo sí, y por eso es que, aparentemente, estoy a favor de la despenalización. No sabía, pero parece que sí, lamentablemente. Aunque yo muy bien no entiendo, ya que la cosa sigue más o menos como antes. Digo, en mi barrio la gente pasa fumandose un porro y lo más tranquilos todos. La diferencia está en que ahora ya no va a ser delito vender, debido a que no hay regulación y a que el criterio de un policía va a ser el que diga si estás o no traficando.

Está muy complicado eso de vivir en este país. ¿Se enteraron de eso de que Holanda está importando presos de otras cárceles de otros países europeos debido a la baja tasa de delincuencia que está por dejar sin trabajo a mucha gente del servicio penitenciario nacional?

Yo creo que lo dijeron nomás para reirse de nosotros. Como cuando alguien se lamenta y dice que va a tener que va a tener que gastar un montón de plata para agrandar el garage y que le entre la 4 x 4, o algo así.

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Cierto, el blog.

Era martes, pasado un rato el medidía. Estaba almorzando un churrasco pequeño de rosbif (si, vale que se escriba así) acompañado de unas hojitas de lechuga medio sabrosas debido al aceite de oliva, pero así y todo prueba evidente de un cierto cuidado que no llega a ser dieta de nadie pero que quiere bajarle algo de panza a alguien. Día posterior al feriado, me había pasado toda la mañana trabajando con las planificaciones de carpeta y evaluaciones para el mes y días siguientes. En la radio, Chiche Gelblung hablaba de esto y aquello, la gente se desesperaba debido a eso de que ahora uno le va a tener que pagar el sueldo, los gatos y la 4×4 a los perros horribles que juegan en la primera división del fútbol argentino, algunos se sorprendían (¿en serio? pero, ¿es en serio? ¿se sorprenderán en serio? ) hablando del enriquecimiento ilícito de los Kirchner, otros decían cosas acerca de la AMIA y su homenaje y mientras tanto yo me encontraba tratando de administrar el pan para que no faltase nada a los últimos juguitos y aceititos en el plato. Pará, martes es hoy. Bueno, entonces fue hoy. Hoy hace un rato.

De pronto, durante una pauta publicitaria, llegó la sorpresa. El aviso éste comienza con un llamado telefónico que no es atendido y termina activando el contestador automático de dos personas, que con voces de personas viejas, dicen algo acerca de haber salido a hacer no sé que cosa, muy joviales y llenos de energía ellos. Seguidamente, se escuchan dos mensajes: uno de la hija que llama para ver como están los padres, preguntándose las razones que los llevaron a no llamarla en varios días, y otro de un nietito de 9 o 10 años avisando que se viene un partido de fútbol al que tienen que asistir para hacer hinchada. A continuación el locutor empieza entonces a decir algo así como:

“No tenés porqué quedarte en casa y podés demostrarle a todos que seguís tan vital como siempre”. Al igual que ustedes, hasta aquí yo creía que se trataba de un anuncio de cartílago de tiburón, propóleo, “tónico revitalizante Simpson e hijo” o vitaminas para viejo de esa índole. Pero no. Resultó que no.

“Ahora tenés la nueva ropa interior descartable para adultos…” continuó diciendo el locutor. Y a mí se me fueron los alimentos por el tubito que no era, provocando una convulsión respiratoria que no calló las carcajadas. Creo que me desmayé y me desperté acostado en el piso de la cocina a la voz de: “no estaba preparado… no… estaba… preparado”, pero bien podría yo estar exagerando con fines humorísticos. Aunque me salió Tang de naranja por la nariz así que en una de esas aún estoy inconciente y esto es sólo una alucinación demasiado real. Demasiado real.

Pero me puse a pensar entonces –sin intenciones de caer en la burla eterna a los genios creativos de las publicidades- en la efectividad de ooootro aviso, gráfico éste, que tuve oportunidad de ver en varias oportunidades. Y es el de –lo habrán visto- una universidad privada en la que aparece un morocho bobo de más o menos 18 o 19 años, con cara de rugbier aburrido y futuro Licenciado en Chachalufias Empresariales o algo así. Tiene un aire al Chanchi Estévez, el tipo. El anuncio decía: “No sólo vas a aprender: también vas a disfrutar de la vida universitaria”. Y el “Chanchi” ponía cara y postura de estar estudiando y medio sonriendo, si es que eso existe.

Obviamente lo que se vende es la idea de que existe esa “vida universitaria” al estilo estadounidense de Wild On E!, donde a mitad de año se organiza un viaje de compañeros cachondos y borrachines en el que todos se cogen entre todos y terminan presos, ensidados y/o ahogados en una palangana, a fin de aliviar las tensiones de haber tenido que estudiar para un exámen en el que se aprueba nomás sabiendo diferenciar entre letras y números. O al menos eso supongo yo, ya que más allá de no formar parte de sus filas, estoy al tanto de que una vida universitaria más amplia que la que ofrece la Universidad de Buenos Aires difícilmente pueda conseguirse, con eso de las mega-bibliotecas, los diferentes laboratorios y colegios dependientes, los profesores que son quienes escribieron los libros con los cuales se estudia, etc.

En cualquier caso, me pregunto qué es lo que van a terminar ocasionando ese tipo de actitudes no sólo en nivel educativo de las gentes, sino también el los ámbitos laborales. En una de esas el daño ya está hecho y yo no me entero porque no me codeo con gente del mundo empresarial que gane suficiente dinero como para tomar yogur todos los días, pero ustedes sabrán decirme. Para mí es muy difícil entender a la gente de plata. No tan difícil como me resultaría no enamorarme de una chica que tuviese pegado en su habitación un poster del Boca campeón con Walter Pico sosteniendo la copa, pero casi.

Porque se me hace evidente que, a medida que el mercado sea copado por paparulos en los puestos gerenciales más acomodados a la hora de tomar decisiones, más difícil va a ser entrar sin ser un paparulo, o sin haberse educado y/o entrenado para ser un paparulo. Sabido es (y más entre hombres, más entre hombres estoy seguro) que la camaradería es importantísma a la hora de hacer andar un emprendimiento cualquiera, sea éste un taller mecánico en el que no tiene lugar aquel que no tome mate o un departamento de sistemas en el que sobra aquel que no está dispuesto a salir a comer todos los sábados a Plaza Serrano. Digo, yo los entiendo: si yo fuese un empresario responsable de contratar a mis empleados, les daría a ellos una hoja con las siguientes preguntas:

-¿Qué consigue usted presionando la siguiente secuencia durante la presentación del Mortal Kombat de Sega Genesis: ABACABB?

-¿Quién es Shigeru Miyamoto?

¿Cuál es el jugador que ofrece la mejor relación precio-calidad en el Modo Master League de los Winning Eleven de Playstation?

-¿A que juego corresponde la siguiente contraseña: EBC9 1U0D?

-¿Quién es Nobuo Uematsu?

-Nombre al menos a 3 de los cuatro jefes del Street Fighter II.

Y ya no me acuerdo a que iba con todo esto, me voy a jugar a los videos. Pero la pregunta “sacro-macro-me-estoy-quedando-sin-munición-de-escopeta-en-el-resident-evil-4” del día es: ¿Escucharon eso de que el impresentable de Reutemann está proponiéndolo a Duhalde para presidente del país? ¿Y eso de que se inaugura mañana una “Feria del Libro Peronista”? Yo realmente ya no entiendo nada y muy bien no sé que hacer. Pensé en hacer un pozo y esperar unos 30 años, pero mi salud es demasiado endeble. Además, no quiero privar de mi existencia a esa compañera de pectorales prominentes que se me acercó el otro día a la salida del profesorado y me dijo: “es una lástima que seas casado”. Tal vez sea yo un fruto prohibido, pero no por ello voy a castigar a las que no ven en mi estado civil un impedimento.

Soy lo más.

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Yo les tiro a ustedes dos situaciones, y ustedes leen. Así funciona esto. Dos opciones, dos posibilidades. Dos realidades, si se quiere.



Primera situación.

Andrés se pone a leer un libro de Joyce Carol Oates, en inglés, que bien puede ser hombre o mujer, muy bien no se entiende. El libro se llama “Niña Negra / Niña Blanca”. Es una novela que trata de una adolescente negra y una adolescente blanca, que son compañeras de cuarto en una universidad en USA durante los tumultuosos años setenta, con la guerra de Vietnam como banda sonora o guarnición, si se quiere. La negra es religiosa, recatada, medio antipática, gran alumna e hija de un pastor, la blanca es una blanca boba típica. La novela empieza con la narradora (la blanca boba) diciendo que escribe porque siente que se lo debe a la negra, que tuvo una muerte violenta. Obviamente a la negra la hicieron cagar. Andrés siente entonces que ya leyó esa novela. O que vió esa misma historia ñoña muchas veces en la tele, en esas series o películas que dan en Hallmark Channel. O que oyó muchas anécdotas similares. O algo así. Son trescientas páginas. Las primeras veinte son de la blanca describiendo a la negra. Después de esa, Andrés tiene que leer otras tantas novelas, porque está estudiando para ser profesor.



Segunda situación

Andrés, de repente, tiene una espada en la mano. Y un arco y flechas en su espalda. Y se encuentra en un extraño paraje épico, de fantasía. A su lado, un caballo llamado Agro que responde a su llamado. Tiene como misión destruir a los colosos, no sabe muy bien porqué. Ni siquiera sabe como serán los colosos. Pero no sabe por donde empezar. Un coro de voces espectrales le dice en un extraño idioma que la espada (sí, esa que lleva en la mano) lo guiará. Entonces levanta la espada en una zona soleada y descubre que la misma concentra su reflejo en dirección al horizonte. Montado en su caballo, galopa espada en lo alto rumbo a lo que pudiera ser, recorrieondo acantilados hasta que se hace imposible seguir avanzando con el caballo. Hay que trepar entonces, y Andrés trepa y cruza a nado un sector, y sigue escalando hasta alcanzar una plataforma circular en la cima de una torre en ruinas. La vista es poco menos que lo más maravilloso y épico jamás visto por el hombre, pero de repente, aparece el coloso.

Es colosal, el coloso. Mide quizás veinte o treinta veces lo que Andrés. Antropomorfo, como de piedra y pelo, lleva una espada gigantesca con la cual arroja un enorme golpe que se entierra a medio metro de Andrés, haciéndolo volar por los aires debido al sacudón de tierra y pasto. Andrés se pregunta como pelearlo y se dispone a escapar, pero el borde de la plataforma indica el fin y Andrés cae… ¡pero llega a asirse del borde de la plataforma con una mano! Se recupera, con el coloso aún arrojándole sus lentos golpes, y sigue pensando en como derrotar a semejante criatura. A lo lejos, Agro relincha impotente cuando de repente Andrés tiene una idea. Y provoca a la criatura, “aquí estoy”, piensa, “tira tu mejor golpe, coloso”, piensa. Y se queda inmóvil hasta que el coloso arroja un nuevo golpe, que esquiva con lo justo. “¡Ahora!, se dice, y entonces… ¡Comienza a correr con dificultad, subiendo por la ruinosa espada del coloso! Y llega hasta la mano, y comienza a trepar por el pelaje del brazo hasta encontrarse con un brazalete de armadura que le impide seguir trepando. Se ha cansado, y ya no puede sujetarse. Cae al suelo, a escasos centímetros de la pisada del coloso que prepara su nuevo golpe.

Shadow

-La armadura del coloso es frágil… -dicen las voces espectrales.

Entonces, Andrés, que lo ha entendido todo, corre en dirección a unas enormes piedras, que, al ser golpeadas por el espadazo del coloso ocasionan la ruptura de ese brazalate. Y entonces Andrés trepa, corre a toda velocidad por la espada, subre por el brazo y desde allí salta a a la cintura… ¡Casi se cae! El coloso se sacude pero Andrés se sujeta, de a ratos con una mano, porque en la otra su espada brilla. Andrés trepa por la espalda, tomándose del pelo del coloso, y llega al cuello, y allí es que el coloso comienza a sacudirse más y más, emitiendo un sonido que tiene mucho más de rugido que de lamento. Andrés, con sus últimas fuerzas llega a la cabeza del coloso. Su espada refleja la luz entonces, marcando un tatuaje luminoso en la frente de la criatura.“Morirás”, piensa. Y sin soltarse del pelaje, hunde la espada en el tatuaje, haciendo brotar a chorros la sangre negra. Una, dos, tres veces. Una cuarta vez, y el coloso cae, de rodillas, con un mugido lastimero. “¡¿Oh, magnífica bestia, por qué lo hice?!”, se pregunta Andrés mientras ve al coloso caer. Tanto él titán como su espada se vuelven roca, liberando una energía que tomando la forma de unos horribles cables negros traspasa a Andrés de lado a lado. Andrés cae también, junto al gigante. Y despierta en un extraño templo vacío, donde una suerte de tótem o estatua estalla en mil pedazos.

“Quedan catorce colosos por derrotar” , piensa Andrés. Esto recién empieza.



Andrés soy yo. Puesto así, se entiende que no haya estudiado nada y que me haya olvidado de todo lo aprendido en el primer cuatrimestre, o que haya postergado la escritura de nuevos artículos para este horrible sitio web. No es que los haya abandonado a ustedes, queridos lectores míos. Es que en realidad abandoné casi todas las cosas salvo mi hermosa Playstation. Mi joya. Mi preciosa. Ando tan corto de tiempo que hasta tuve que empezar a tener menos sexo, dejando de dictar clases en la P.I.J.A (Academia Para la Formación Sexual Superior, sé que las siglas no encajan del todo bien, pero se entiende), de la cual soy miembro honorario… Jajajaja…. “miembro”. ¿Entendieron? “MIEMBRO”… Jajajajaja… me parece que si hay un “coloso” aquí, ese coloso soy yo, ¿No? ¿Entendieron por segunda vez? “COLOSO”… JAJAJAJAJA… Por lo del videojuego, sí.



Pero resulta que hoy sale en los medios de comunicación que un juez de nombre Ramón Padilla o algo así, le negó la excarcelación a un fulano detenido en el preciso instante en que intentaba robar a una persona, cuchillo en mano.

Parece que este descontenido social de alta gama (de apellido Fernández) tenía ya quince causas penales, en una de esas sin juicio ni sentencia previa. Había sido detenido anteriormente por robo, tentativa de homicidio, tentativa de robo y otras tentativas que no eran, por ejemplo, la tentativa de trabajar. Lo que es una pena, porque si la policía te detuviera y los jueces te acusaran (que bien que manejo que indicativo, ¿no? Algún otro bruto habría dicho “detendría”) de “tentativa de trabajo” yo tendría una excusa para no trabajar más, y no debería pasarme toda la madrugada de mañana rezando por un nuevo brote de enfermedad letal para los niños que me libre de todo mal.

Lo que medio me desconcierta, es precisamente el hecho de que la ley resulte ser así. Digo, la ley, la ley, LA LEY no cree que este tipo sea lo suficientemente peligroso como para estar encerrado. Parece chiste, pero resulta que es así. Porque el juez obró por detrás de la ley, actuando –según sus propias palabras- en respuesta a la sociedad, a la que se le debe. Lo cual es casi incorrecto, teniendo en cuenta que un juez responde, ante todo, al derecho. A la ley, y si se quiere, a la ley superior que es la Constitución Nacional. Pero el tipo (que no es ningún héroe digno de reconocimiento) no hizo lo que está de moda (o lo que corresponde, según parece), que es dejarlo ir al descontenido. Y eso me cae casi bien.



¿Se va a acabar la inseguridad de esta forma? De ninguna manera. La inseguridad va a crecer de todas maneras, y cada vez más. Mientras el Estado no tome las medidas necesarias para acabar con las desigualdades y las descontenciones sociales, la cosa va a seguir y empeorar. Pero como la mayoría de los descontenidos sociales es la que vota a los descontenedores en las elecciones y los sigue “haciendo sufrir la descontención”, no me rompan las bolas diciendo que hay criminales de traje y corbata en el Estado, que no usan pistolas ni cuchillos pero roban más y son más responsables de los malestares de la sociedad porque eso no viene al caso. Lo que estoy tratando de entender es el límite que hay entre ser considerado peligroso e inofensivo para las leyes de esta tierra en la que vivo.



Puesto así, digo, si te van a considerar peligroso recién para cuando tengas media docena de muertos encima, en una de esas es negocio eso de salir a meter caño. Digo, yo soy una mole con conocimientos de defensa personal, una imaginación digna del más maquiavélico torturador de la Inquisición Española, una gran cantidad de armas y (estuve haciendo el inventario) aproximadamente cuatro mil unidades de munición de varios calibres. Y el primer cajón de la cocina de mi casa está lleno de cuchillos. Y encima estoy aprendiendo a manejar, lo cual me hace no sólo más peligroso sino también más veloz, de acuerdo a una película que ví en la que un señor pelado que maneja un Audi re-rápido y re-bien se agarra a piñas y patadas con todo el mundo, pero antes de cada pelea se desnuda, o le rompen la ropa, o pasa algo para que se le vean los músculos, porque es muy musculoso. Y él en realidad es un conductor profesional, pero parece que antes era miembro de las fuerzas especiales del ejército de algo, lo cual explicaría todo el asunto ese de que pelee tan bien. Porque mi amigo Martín es chofer de un Mercedes Benz de la línea 371 que hace el recorrido “Barrio Aviación” y no pelea así. No pelea así en lo absoluto.



Digo. No importa. La pregunta del día es: ¿Cuánto les vino de luz en la última factura? A mí me vinieron 270 pesos. Y en la boleta del año anterior del mismo período había pagado 107 pesos, lo mismo que en la del mes pasado. Los números son los mismos, pero los sumás y te da distinto.



Puesto así, me parece que me están metiendo el dedo en el culo. Una persona sana iría a hacer el reclamo a Edenor y a Defensa del Consumidor, pero yo (que soy asmático y tengo cálculos en la vesícula) me parece que voy a esperar que caiga la noche y le voy a encajar un adoquinazo a la vidriera de la dependencia de EDENOR que tengo a treinta cuadras de casa. Arreglarlo les va a salir más que la diferencia de 160 pesos entre mis facturas.

Puesto así, es negocio.

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