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Archive for 31 diciembre 2008

Pensaba escribir algo referido al Año Nuevo, pero el resumen del 2008 quedará para una próxima ocasión (también tengo que recomendarles unos regalos). Muchachos y muchachas: vuestro servidor ha regresado hoy martes de un inesperado viaje a Rosario, provincia de Santa Fe. Ustedes saben que viajar no me gusta realmente, pero a la esposa sí. Y bueh, viajé. No era un viaje planeado, al menos en mi cabeza. En mi cabeza únicamente se planean artículos para este blog, cosas con motos y chanchaditas sexuales. Mi esposa dice que cinco días no son “unas vacaciones” sino “un fin de semana”, pero yo no le creo. En cualquier caso, estas líneas se escriben para que ustedes puedan compartir también tan “gratificante experiencia”. Y por gratificante se tiene que entender “casi continua, insultantemente terrorífica e inhóspita sucesión de calamidades”. Fíjense que bien estoy usando las comillas. Una “maravilla”. ¿Vieron? Lo hice otra vez.

Primero pensé en escribirlo “día por día”, pero eso me habría llevado semanas. Luego pensé en transformarlo en una bitácora del capitán semi-graciosa, con cierto laburo literario más refinado, pero me percaté de que la mayoría de mis lectores eran “una manga de brutos con muchos problemas para leer o escribir cosas complejas y que por eso precisamente leen este blog”. Y finalmente me decidí por ponerlo en ocho “tópicos”. Increíbles mis comillas. Lo que puedo sacar en limpio de Rosario, es esto:



1- Si están interesados en ir y venir tranquilos, no cuenten con el tren. Ustedes saben que –insisto- yo detesto viajar. Aún más detesto la idea de morir viajando, y por eso pensé en el tren por encima del ómnibus y me armé de paciencia. Seis horas de ida era la idea, y siete de vuelta (supongo que la vuelta es en subida). Pero resulta que ciertos detalles finales se escapan del cálculo preliminar, y entre las cosas que descubrí se encuentran, por ejemplo, el hecho de que la primer hora y media de viaje se hace envuelto en una nube de gasoil debido a que el guarda va y viene dejando las puertas y ventanas abiertas, o el hecho de que el tren avanza a dos metros por hora, o el hecho de que va saltando y rebotando a los golpes impidiendo el sueño, o el hecho de que aprox. a las cuatro horas y media de viaje el guarda obliga a todo el mundo a bajar las persianas metálicas, y a continuación (en medio de la noche) se escuchan los brutales impactos de las piedras y los botellazos que, provenientes de la villa, estallan contra las ventanas y la chapa a diez centímetros de la cabeza propia. Algún tipo de movida política debe haber en el asunto, pero no sólo no te permiten sacar boleto de ida y vuelta, sino que además tampoco te permiten sacar el boleto con anticipación: uno tiene que apersonarse una hora antes de viajar y sacar entonces el boleto de regreso. Así lo hice yo hoy a las tres y media de la mañana, sólo para encontrarme con la estación desierta, la boletería cerrada y una fotocopia que rezaba: “Sres. Pasajeros, el servicio del 30/12/08 ha sido cancelado, sepa disculpar las molestias ocasionadas”. ¿El resultado? Otro taxi pero rumbo a la Terminal de ómnibus, donde me embarqué lleno de odio y casi de inmediato rumbo a casa. Viajé en un coche cama más que cómodo, suavemente y como un bebé envuelto en su mortaja. Créanme: eso de rodar a toda velocidad en un micro de dos pisos a las cinco de la mañana, atravesando una ruta completamente negra en época de abundante tráfico festivo bastó para que finalmente tomara la decisión de comprarme la moto que ando queriendo muy a pesar de mi esposa: si de todas maneras voy a tener que andar padeciendo las de Daredevil, por lo menos va a ser bajo mis reglas también.



2- Los tipos son cualquier cosa pero las mujeres son irreales, de tan bellas. Leí por ahí que Rosario es la capital de la mujer hermosa, y la verdad es que tengo que reconocerlo: están todas tan buenas que parecen esclavas sexuales robóticas. No sé si habré tenido suerte y justo en estos días ocultaron bajo siete llaves a las mujeres feas, o tal vez no me alejé lo suficiente del centro de la ciudad y justo se dio el caso de que fuera verano, pero ciertamente Rosario es lo más parecido a la Tierra Prometida que puedo imaginar. En una de esas era el famoso “El Dorado”. Prácticamente todas las mujeres tienen entre 17 y 30 años, son tetonas, flaquitas, de buena estatura, usan escotes y shortcitos re-cortitos, o minifaldas, o calzas o vestiditos. Impresionante. Debe haber una ordenanza municipal contra las gordas: Te juro, pasé por la vereda de un gimnasio y adentro las minas (que eran todas un poema) estaban pedaleando en las bicicletas fijas… parecía la propaganda de Propel de Gatorade. Rosario es así: las minas son todas lindas. Linda carita, linda forma de caminar, cuerpo bronceado y en forma, escote jugoso, piernas que incitan al mordisco y el cabello largo y suelto. Nada de floggeretas andróginas y pelotudas: todas minas. La cantidad de veces que me di vuelta fingiendo que buscaba el nombre o altura de la calle cuando en realidad lo que quería era verle el culo a un ángel, es equivalente a la cantidad de estrellas en el firmamento. No alcanzan las palabras para expresar mi sentimiento, pero aquí va mi mejor intento: En un momento discutimos con mi esposa (yo quería ir a una librería de usados a buscar algo que en Buenos Aires no se consigue, ella a la antigua Bolsa de Comercio) y terminamos separándonos entonces para ver cada uno lo que fuera que tuviésemos que ver, con la idea de reencontrarnos luego. Honestamente, tengo miedo de haberme masturbado sobre la marcha en plena calle sin darme cuenta durante ese rato. Debo haber parecido un pervertido. De pene hermoso, si, pero pervertido al fin.



3- Los rosarinos son unos terroristas de la cultura. Viajamos casi especialmente para conocer los museos y centros culturales, y los mismos no abrían ni cerraban cuando decían hacerlo. Mejor aún: si el museo contaba con un servicio de visita guiada de diez minutos (tres por semana a las diez de la mañana, por ejemplo) no se te permitía recorrerlo por tu cuenta. Casi todos los museos cerrados. El MACRO (Museo de arte contemporáneo de Rosario) del que tanto se habla resultó un fiasco de 10 pisos chiquititos, cuatro de ellos inhabilitados y los restantes con tres pavadas mal ubicadas y referenciadas. No quiero sonar pedante, sino realista: en la Argentina, para ver arte de verdadera jerarquía hay que ir a Buenos Aires. La distancia entre el nivel de exposiciones es abismal. A Rosario se debe ir nomás a buscar novia.



4- Linda la arquitectura. Al que le interese el Art Nuvó (ya sé que no se escribe así, putos) o Decó, le cuento que Rosario es muy parecida a la Capital Federal, con la salvedad de que hay un poco menos de tráfico y los edificios y casonas del ’20 abundan y se encuentran en bastante buen estado. Seguro, de a ratos ves edificios horripilantes del tipo monoblock gris alemán o Chernobyl, pero se mantiene todo bastante lindo. No me acuerdo si es la casa de España o el museo o club español o no se qué porque estaba mirando tetas y culos como un enajenado, pero como les decía, la arquitectura bien vale el viaje y unas fotos. De eso se ocupaba mi esposa mientras yo trataba de memorizar imágenes de mujeres. El boulevard de la Av. Oronio u Oroño es muy lindo, Pichincha (el barrio de las antigüedades y artesanos donde compré algunos vinilos) es simpático, y la costanera está piola, piola. El Parque Independencia (el equivalente santafesino a los bosques de Palermo) es una maravilla de ciudad civilizada ante la cual me saco el sombrero (parece efectivamente hecho por Thays). No llegué a ver la estatua del “Che” Guevara, pero sí vi la de Olmedo, sentado en el banquito, a lo Borges y Álvarez. Rosario, como sus mujeres, es linda de ver. Eso sí, una vez alejado siete pasos de la zona “interesante para el turista” (no te digo que hoy soy la furia de las comillas) hay una cosa que no sé si tiene derecho a llamarse villa. Es una suerte de asentamiento post-apocalíptico como ese en el desierto, donde es derribado el avión de prisioneros en el que viajaba Sylvester Stallone en la película “El Juez”, donde comían humanos. La cancha de Newells queda cerquita del centro (en el parque) y es chiquitita. A la de Central no llegué. Y si no te sentís argentino viendo el monumento hecho bandera gracias a las luces azules artificiales, es porque te duele algo, viejo. Pura patria.



5- Los rosarinos son unos sádicos de la información. Al enterarse de mi viaje, un tío me alertó a la voz de “una vez en Rosario, no pidas referencias a nadie”. Tonto de mí, yo desoí el consejo. A fin de poder orientarnos en la ciudad, mi esposa y yo contábamos con unos tres o cuatro mapas y folletines llenos de horarios, indicaciones y referencias, los cuales no sólo brindaban información fraudulenta sino que también se contradecían. La frutillita del postre era efectivamente el tratar de pedir indicaciones. Parecía a propósito, pero todos, todos, te perdían. El peor fue un efectivo de la prefectura naval, que nos desvió del camino correcto que llevábamos, haciéndonos retroceder sin ningún sentido, bordeando el patriotísimo monumento a la Bandera, en lugar de dejarnos pasar por la puerta a sus espaldas, que era el único acceso habilitado a la cripta de Belgrano. Un hijo de puta al que anoche le debe haber salido un tumor en el páncreas, de tanto que se lo deseé. Y si no le salió aún, le va a salir mañana a la noche, porque va a ser mi deseo de fin de año también. Y si ya le salió, entonces le va a salir otro, más grande e inextirpable.



6- Las viviendas son mucho más económicas pero en el supermercado todo es más caro. Los precios para comprar casas o departamentos son un 40 % más bajos que aquí en Buenos Aires, pero en los alquileres fue que noté la diferencia. Hay departamentos de dos ambientes en pleno microcentro, con expensas incluídas, a 900 pesos por mes. Como contra-cara, los fiambres, la carne y las gaseosas son más costosos. No quiero que los rosarinos se sientan mal, pero están pagando la Coca-Cola a un peso más de lo que yo la pago. Lo curioso pero justificado (las procesadoras de lácteos son nativas) es la variedad de mantecas. Gente de Buenos Aires: en Rosario la muchachada cuenta con tres o cuatro marcas de manteca que nosotros ni siquiera conocemos. Es otro mundo.



7- Los rosarinos tienen algunas diferencias escabrosas respecto a nosotros los porteños buena gente, que seguramente los hacen peligrosos. Existe en Rosario una cosa llamada “Carlitos”. Te la sirven en los bares y restaurantes, y viene a ser un tostado gigante para compartir haciendo las veces de picada, hecho con la plancha completa de pan de miga, que en lugar de mayonesa tiene ketchup. Resulta más perturbador de lo que parece. Otra diferencia escabrosa tiene que ver con algo que algún lector había sabido decir alguna vez: el boleto de colectivo (debe haber cinco colectivos en total) cuesta $1, 75, te subas donde te subas y te bajes donde te bajes, con lo cual tomarte un taxi con la bajada de bandera a $3,20 termina siendo mejor negocio. Las similitudes aparecen cuando uno encuentra que las peatonales San Martín y Córdoba hacen las veces de Florida y Lavalle. Hay chicos pidiendo en la calle, pero en menor cantidad. Por algún extraño motivo que sospecho, relacionado a esa obsesión por la vida sana, en Rosario los restaurantes se llenan de viejos y viejas, y no tanto de pendejitos como acá. Podría decirse, para resumir, que el Rosarino del centro tiene mucho de porteño, pero resulta un tanto más maléfico y un poco menos soberbio. Y le dicen “Alfajor Santafesino” al postre que aquí llamamos “Rogel”, en una clara demostración de sus desviaciones psicológicas graves. Son como “Shelbyville”.



8- Y por último, hay buena gastronomía (sin tantas opciones como en Buenos Aires), por lo menos en el centro. Los precios en los restaurantes de las zonas coquetas no llegan a ser accesibles como para que uno almuerce, meriende y cene allí, pero se dejan pagar. Si a alguno de los rosarinos que leen este horrible sitio web les interesa saber por donde anduve, diré que comí buena pizza en “Vía Apia” y mala pizza en “Bella Pizza”, y tomé helado en “La Uruguaya”. También comí un lomito de la gran puta en el legendario “El Cairo”, donde creí que me iban a cobrar nomás toda esa mitología barata de “acá se juntaba Fontanarrosa con sus amigos todas las semanas”. Y decí que estaban agotadas las buenas ubicaciones, porque sino a la noche siguiente habría vuelto a ir. (Tocaba el cantante de “Los Gatos”, ese viejo cuyo nombre no me sale en este momento). Comí muchísimo durante este corto viaje, dando los mejores y más contundentes golpes en el desayuno buffet incluido del hotel en el que me hospedase. Porque era gratis. Mi desayuno diario constó de:


-Una taza de té
-Un vasito de yogur de frutilla
-Un vasito de yogur de vainilla
-Una medialuna de grasa
-Un pote de ensalada de frutas
-Un vaso de agua bien fría
-Un vaso de jugo de naranja
-Tres tostados de jamón y queso.
-Una medialuna de manteca.


Y ustedes que me leen desde hace rato saben que, coma lo que coma, yo soy de ir al baño muy de vez en cuando… bueno, en Rosario no fui nunca, pero hace dos minutos paré de escribir y fui. Ustedes ni cuenta se dieron, pero el inodoro se va a acordar de mí por lo menos hasta reyes. Creo que estoy en condiciones de decir que esa monstruosidad fecal es tan sólo el prolegómeno de lo que actualmente estoy macerando en mi interior, y que más entrada la madrugada se convertirá en un zeppelín sin precedentes. Voy a necesitar puntos, that´s for sure.


¡Felicidades, y permítanse conocer Rosario!

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Sé exactamente lo que ustedes están pensando: que debería haber escrito un artículo acerca de la caída de esa avioneta que se hizo remierda contra unos camiones a unas treinta cuadras de mi casa. O mejor aún, que debería publicar lo que resta de la guía/test/seguidilla de incoherencias para sobrevivir a los zombis. Bueno, eso será en otra ocasión, ya que se acerca la Navidad y la Navidad es momento de comprar regalos y sentir olor a jazmines y asado y azufre, éste último proveniente de la pirotecnia vecina o del Infierno, en caso de ser usted homosexual. Porque es así, los homosexuales que no se arrepienten se van al Infierno, por más que crean que no. Tampoco importa si creen en el Cielo y el Infierno o no: este sitio web no deja de existir nomás porque un grupo de aborígenes del África no sepa de su existencia. Hey, yo no escribí la Biblia, tan sólo quería recordárselo. Pero en resumidas cuentas, la Navidad es el momento en que mucha gente se dispone a hacer un asado, por más que nunca haya hecho un asado. Y eso da lugar a situaciones cómicas de las que me causan gracia a mí, por lo menos, que disfruto regodeándome ante la falta de masculinidad ajena.

Por eso, y porque se me canta también, aquí les brindo mi regalo navideño: ¡La guía para hacer un asado! ¡La guía Práctica Mántida en un 1-2-3 del asado para dumis! ¡Y con el regreso de mi esclavo que terminó su viaje de iluminación personal y me va a dar una manito! ¡Feliz Navidad!



1) Reconozca el área. Es importante que en un radio de 30 cuadras mínimo esté libre de zombis (usted va a generar fuertes olores, humo y luminosidad en la noche). También debe procurarse que el lugar elegido no se encuentre demasiado expuesto a las corrientes de aire (eso le consumiría a usted mucha leña) ni resulte demasiado dañino con la periferia. Si tiene la suerte de tener una parrilla de materiales refractarios en su domicilio, tanto mejor. Es un buen gesto el avisarle a su vecina para que saque la ropa de la soga, y es aún un mejor gesto el agradecérselo a la voz de: “te voy a guardar un pedacito bien caliente”. Si la mina dice que sí con la cabeza o sonríe nerviosa o se lleva la mano al costado de la boca, empuja su lengua contra el interior de su mejilla y finge estar chupándole la pija, prepárese para guardarle también otro “pedacito”, más entrada la noche… usted me entendió. Si. Termina con “oronga”, sí. Los velos de la seducción, amigo mío.


ChinchuChinchutip: Con sólo 80 pesos usted puede comprar los ladrillos y el cemento refractario necesarios para fabricarse la base del área de trabajo. Si no, ponga una chapa y haga el fuego sobre la misma. ¡Practiquísimo!



2) Busque leña: eso de quemar churrascos cubiertos de mermelada haciendo el fuego con nafta es cosa de norteamericanos. El asado se cocina sin llamas: lo que se utiliza es el calor producido por las brasas. Durante el otoño, los restos de poda de cualquier árbol de la cuadra le darán a usted la suficiente cantidad de leña como para no tener que comprarla. Tanto para dejarla contenta a su vecina como para que pueda generarse la cantidad de brasa requerida para la labor, usted deberá utilizar trozos grandes. ¿Qué? ¿No juntó leña porque le daba vergüenza que la gente pensara que era un pobre diablo? Bueno, use carbón entonces, pero de buena calidad. El carbón de la cadena de supermercados Carrefour, por ejemplo, es lo peor que he podido experimentar en toda mi vida, y eso que una vez me agarré SIDA y me curé levantando pesas. Lo barato sale caro, y en una de esas usted se luce comprando algo de leña. Ya sea comprada, heredada o robada, la leña debe estar siempre seca. La experticia del asador se mide de dos maneras: una de ellas es la cantidad de leña que usa para el asado: si usa el equivalente a un bosque de pinos para hacer cuatro chorizos, es porque no era tan bueno.


ChinchuChinchutip: Los días de mucha humedad son fatales para el asado. En ese caso, usted va a gastar más leña y a tener que prestarle más atención, porque la brasa tiende a apagarse. Trate de que Navidad caiga en un día seco. Un 25 de Diciembre, de ser posible. ¡Éxitos!



3) Aprenda a encender un fuego. Parece mentira, pero hay gente que no sabe prender el fuego y termina usando rollos de papel, cartón, alcohol fino, querosén, pólvora, etc. Un regalo de Dios son los cajones de verdulero o carnicero (esos finitos y desparejos), que parecen diseñados a tal fin. Usted agarra cuatro hojas de diario, las pone debajo del ordinario cajón haciendo un bollo no muy compacto (debe quedar aireado), acumula maderitas de cualquier tipo alrededor y le manda un fósforo. Y listo, fuego. En caso de no contar con tal cajón, el procedimiento milenario que aprendí de mi padre es el siguiente: se hace el bollo aireado de papel y a su alrededor se van apilando pajitas, palitos y maderitas finitas, hasta formar una suerte de pequeña choza o kibutz (¿se escribe así?). Luego se va aumentando el tamaño de las maderitas (y carboncitos), siempre procurando dejar espacio, cosa de que el aire circule y no sólo se consiga un puñado de papel quemado. Finalmente, se delimita el área (para que no se caigan todo a la mierda) ubicando tres o cuatro leños del tamaño de un brazo formando un triángulo en la base. Y listo: no hace falta andar toqueteándolo, ni soplándolo, ni abanicándolo. Deje de hacer el ridículo.


ChinchuChinchutip: Use calzado cerrado y semi-destruido para hacer el asado, en caso de ser inexperto. Las brasas no sólo pueden quemarlo a usted, sino también arruinarle un par de ojotas. Cuando aprenda a “ser uno” con el fuego usted podrá hacerlo, si gusta, emulando a mi amo: descalzo, desnudo y cubierto de sangre de cordero, con el chamamé a todo volumen. ¡Sapucai!



4) La parrilla. Se habrán dado cuenta –o no- de que vamos a hacer el asado a la parrilla y no al asador criollo (ese que parece una cruz de hierro). Y si bien cuento con asador, la verdad es que la parrilla me permite tirar y degustar más variedad de animales con menos inversión de laburo y tiempo, dejándome espacio para preparar las ensaladas, revisar la munición de mis armas y repasar el filo de mi cuchillo asador. La buena parrilla no es enlozada, sino de hierro crudo, que se va ennegreciendo y haciendo macho a medida que transcurren los asados. Las mejores son unas hechas por sabios herreros milenarios, compuestas de varillas de hierro del que usan los albañiles (la mía es de esas que tienen unas varillas en forma de “v” y escurren la grasa. Venía con la casa). La parrilla no se lava con jabón ni con detergente. No se lava nunca, sino que se limpia quemándose cuando el fuego se inicia (ver punto 3). Usted la envuelve en llamas durante cinco minutos y luego con un bollo de papel va repasando, cosa de que quede piola, piola y sin hollín.


ChinchuChunchutip: A esta altura del procedimiento quiero recordarle que las herramientas necesarias para el acomodamiento del fuego son una pala y un atizador, pudiendo éste último ser reemplazado por un palo de escoba o una espada. ¡Anímese!



5) La carne en general. La oootra forma de medir la experticia del asador es el tamaño de los cortes que utiliza (cuanto más grande el trozo, más muñeca tiene el tipo, en todos los ámbitos de la vida). La carne tiene que estar descongelada, a temperatura ambiente de ser posible. El mejor lugar donde comprarla siempre será la carnicería del barrio, con el carnicero de confianza. Si va a comprar en el supermercado, prepárese para gastar más y traer menos calidad, a menos que por “supermercado” usted entienda los cortes de súper-selección-premium-golden de Jumbo. Excelentísima carne, pero muy cara, viejo. Muy cara. Para que yo te pague eso vos me tenés que mostrar un certificado analítico en el que se demuestre que esa vaca no sólo hizo el secundario en el Nacional Buenos Aires sino que también lo terminó con un promedio mayor o igual a 8.Así también le recomiendo no comprar brusquetas de pollo hechas, ya que el pollo entero es el único pollo confiable (cuanto más modificado su aspecto natural, menor la calidad). Las brusquetas se hacen con los pollos enteros no vendidos, las hamburguesas se hacen con las brusquetas no vendidas, y las patitas de pollo de hacen con todo eso no vendido, molido. Las supremas rebozadas, lo mismo.

Hay quienes optan por lavarla, pero yo soy partidario de limpiarla un poco con el canto del cuchillo (para sacar virutas de grasa y hueso) y nada más. Lo que sí debe lavarse es el pollo (ya sea que usted lo deshuese o no) y todo lo relacionado al triperío de los animales, como ser los chinchulines, los chorizos, el riñón, la tripa gorda, etc.


ChinchuChinchutip: La manera más espectacular y divertida de entretener a vuestros niños durante la navidad es enseñarles como se lava el chinchulín, ubicando un extremo del mismo en la canilla cual si fuera un globo de agua, y luego abriendo el grifo al máximo para que los desperdicios salgan expulsados por el otro extremo. Una vez que mi amo estaba borracho me lavó así. Quedaron secuelas. ¡Alegría! ¡Alegría!



6) La carne en la parrilla: Hay cortes que van a la parrilla y cortes que no. A la parrilla van la entraña, el asado, el vacío, la tapa de asado, el bife de chorizo, el matambre, el pechito de cerdo con manto, el matambrito de cerdo, la bondiola, el cerdo entero y no sé de que parte de qué animal mitológico saldrá la provoletta, pero también va. A la entraña se le puede quitar la membrana (queda delicadísima y se cocina en quince minutos), al chorizo no hace falta pincharlo, el asado va primero con el lado del hueso contra las llamas, no es necesario hervir previamente el matambre, el riñón queda mejor si se cocina con la grasa que lo protege y al cordero hay que quitarle la catinga.

Obviamente usted ya esparció suficiente brasa y dejó además a un costado algunos leños y carbones haciendo más fuego. La parrilla tiene que estar bien, pero bien caliente, sin estar volando, porque usted quiere que la superficie de la carne se selle, se ponga crocante. Si cuando usted pone la carne en el fuego la misma “se queja” haciendo un leve ruidito de “cosa que se está cocinando”, es porque la temperatura era la correcta. Si no pasa nada, es porque la parrilla está fría y hay que agregar más brasa. Y si empieza a salir humo y a usted le agarra fuego el vello facial mientras acomoda los chorizos, es porque estaba muy caliente. Tírese al piso y ruede.


ChinchuChinchutip: La temperatura se regula quitando o agregando brasa en el caso de todas las parrillas, si bien algunas personas regulan la altura de la parrilla poniendo o sacando ladrillos y las parrillas prefabricadas suelen contar con una manivela que les permite subir y bajar, modificando el grado de exposición al calor. Usted déjela fija a unos quince centímetros y aprenda a manejar la brasa. ¡Un aplauso para el asador!



7) El mientras tanto. Lo peor para el asado son lo asadores hacendosos. La participación del ser humano es mínima, una vez puesta la carne en la parrilla, y debe resumirse a controlar que no falte brasa, transcurrido un buen rato. La carne no se toca: nada de andar moviéndola o pinchándola de acá para allá porque hay más o menos fuego, de mirar si se quemó, si se cocinó, si está cruda. Si está aburrido tóquese el pito. Para darse cuenta si está lista para darse vuelta o no, basta con esperar a que comience a mostrar jugo sanguíneo en su superficie: es entonces que hay que darla vuelta, condimentarla con chimichurri (si gusta) y salarla. En las piezas más grandes (supongamos un vacío entero) uno puede apoyar la mano sobre la superficie del alimento sin quemarse y sentir que en su interior los jugos “hierven”. Y entonces, lo da vuelta. Aproveche los tiempos muertos para ir a comprar pan fresco, servirse una cervecita o amenazar a sus ex-compañeros de trabajo desde un celular robado, con cosas como: ¡Qué lindo que está el nene, che! ¿Cumplió tres, no? ¿Te acordás de mi? Che, ¡el otro día estaba revisando tu basura por casualidad y me di cuenta de que tomamos la misma marca de jugo!


ChinchuChinchutip: Dejando de lado la entraña, una golosinita recomendable para que el asador desayune es la gruesa y larga salchicha de Viena con piel, que se compra en carnicerías y granjas. Crocante y dorada en poco rato, llena de sabor y deliciosa, es casi mejor compañía que Valeria de Gennaro sacándose el corpiño a la voz de “uff… qué calor hace al lado de la parrilla, Andrés”. ¡Tetas!



8) El punto de la carne. Las carnes a la parrilla deberían servirse en su punto, cocidas, crocantes por fuera pero jugosas y rosadas por dentro, y si bien los cortes suelen tener sus puntos ideales en los cuales se obtienen las mejores texturas y sabores, lo cierto es que el comensal es el que decide el punto, porque es el que se la va a terminar llevando a la boca. ¿Acaso yo lo juzgo a usted por andar mirando pornografía de gordas? Si su suegra es de comer suela de zapato, bueno, que espere a que la carne se pase de punto entonces. Si su sobrino se pasa el día diciendo que quiere que el vacío esté bien jugoso, dele el gusto y póngalo en la parrilla un rato después. Y si su hija adolescente no come otra cosa que no sea morcilla entera sin cubiertos, bueno, la vida es así. Vea el vaso medio lleno: tenga en cuenta que cuanto más le guste a su hija que le acaben en la cara, menos oportunidades tendrá de quedar embarazada. ¿Usted que prefiere: que ese negro que tiene de novio la goce o que la goce y le haga a usted un nieto? ¿Vió?


ChinchuChinchutip: Asegúrese de prestar atención particular al punto de las achuras. Los chinchulines demasiado cocidos son incomibles y los chorizos crudos, letales. ¡Muerte!



9) Los acompañamientos. Uno es dueño de comer ensalada de plumas, siempre y cuando esté dispuesto a pagarla, pero mediante la prueba y el error he descubierto que ciertas combinaciones funcionan de un modo casi mágico. Una ensalada de papas cortadas en cubos, con huevo picado, mayonesa, aceite mezcla de oliva y perejil fresco es la amante perfecta de los chorizos y salchichas parrilleras. El morrón asado (y casi cualquier vegetal quemado) acompaña muy bien cualquier parte del pollo, el puré de batatas con mucha manteca se unta de maravillas sobre el cerdo y el cordero, y el asado sabe mejor junto a la ensalada mixta, vaya Dios a saber porqué. ¿Las papas fritas? Yo creo que van bien hasta con el café con leche, pero a menos que cuente usted con un empleado y una freidora nunca van a alcanzar para abastecer a todos los comensales navideños. No haga eso de freir tres kilos y luego servirlas en un estado lamentable, frías, amojosadas y dobladas, o recalentadas. En serio, no.


ChinchuChinchutip: Pruebe lo siguiente: tome un morrón colorado y hágale un pequeño corte en un costado. Inserte a través del corte un diente de ajo, un rulo de manteca, unos granos de sal gruesa y una ramita de tomillo, píntelo con aceite y cual si fuese un chorizo más, cocínelo lentamente en la parrilla –no sobre las brasas- hasta que se rompa. ¡Un manjar!



10) El chimichurri. Y por último, lo que debería ir primero. El chimichurri se prepara por lo menos un día antes de comerse, y su fórmula varía de acuerdo a las tradiciones familiares. Algunos ingredientes pueden omitirse (pimienta negra, orégano, vinagre) pero son indiscutibles el ajo, el perejil, un aceite suave y el ají molido. Yo, porque soy un tipo muy especial, suelo dejar que los comensales decidan si quieren chimichurri o no, pero hay quienes le ponen chimichurri a todo el asado. Algunos loquitos también le ponen limón, más por costumbre heredada que por verdadero disfrute.


ChinchuChinchutip: ¡Felices fiestas para todos los damospenienses en buena ley!

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Es mi deber confesar antes de seguir: el verdadero nombre de este artículo iba a ser: ¡Utilísima y perfumadísima guía de la supervivencia del macho-facho-camacho en catorce puntos letales para burgueses contra la inseguridad homicida y violadora en la República Argentina! Pero luego me percaté de que con algo más conservador iba a poder hacerle un bien a quienes buscan todo en Internet.

Vivimos en tiempos difíciles. O no, en una de esas son fáciles y los complicados somos nosotros, que no resolvemos las cosas como se debe. No importa; lo que importa es que los delincuentes la tienen muy fácil y el “cambio” no va a venir de la mano de las autoridades nacionales, menos aún de los responsables de nuestra seguridad. En las sabias palabras del reprogramado T-800, me animo a ver en usted una Sarah Connor enloquecida de pavor y le propongo: Venga conmigo si quiere vivir.

1- Jerarquice los riesgos. Lo más peligroso son los pibes chorros, teniendo en cuenta su condición de inimputables, lo alterado de su estado y lo abundante de sus filas. En orden de peligrosidad le siguen los zombis, seguidos de los violadores (si es usted mujer o un muchacho de facciones delicadas y risa luminosa), seguidos de los ninjas, seguidos de los piratas, seguidos de los robots, seguidos de las pirañas, seguidas de los vampiros inexplicablemente inmunes a la luz del sol. ¿En serio le tiene miedo usted al derretimiento de los casquetes polares, el cáncer, el SIDA, el dengue y esas cosas? ¿Tan optimista es? ¿En serio cree que va a llegar a morirse por no comer la grasa del bife de costilla? Usted es medio bolas tristes, la verdad.



2- Consígase un arma de fuego para defender su hogar y téngala a mano. Y si lo duda, pregúntese a si mismo: Si las armas de fuego son lo suficientemente efectivas como para ser las herramientas preferidas de los delincuentes, ¿Por qué no van a ser lo suficientemente efectivas como para que usted se proteja con una? ¿Por qué los políticos insisten en armar a sus guardaespaldas? En las situaciones frecuentes de robos en casa no es obligatoria demasiada pericia: usted no necesita ser un habitué del Tiro Federal para poder defenderse. Abogar por la prohibición de las armas de fuego en manos de civiles para que los delincuentes no las consigan sería útil si los delincuentes no tuvieran armas. Pero tienen. Y los que no, te clavan un destornillador en el cuello delante de tus hijos, pese a que no te resististe y les diste todo lo que tenías encima. Recuerde: las armas de fuego se inventaron a fin de eliminar las distancias entre el agredido y el agresor (ej. Un anciano en silla de ruedas y un violento ex-presidiario), y los delincuentes son cazadores a la espera de los animales más indefensos. Usted ya debería tener una, sabe bien porqué. Sí, por ellos. Los zeta, o, eme, be, i ese.



3- No salga a la calle indefenso. Hoy en día se consiguen buenos elementos de seguridad, y si bien la mejor herramienta es el cuerpo y la mente entrenados para evitar el problema, no resulta desaconsejable el llevar encima un spray de la línea “Sabre Red” (22 gramos, 30 pesos aproximadamente), por lo menos hasta que consiga una pistola. Esos sprays también son útiles a la hora de protegerlo a uno de los perros callejeros y semejantes, y hay quienes los usan en combinación con un garrote telescópico (el semejante una antena de radiograbador) o un cuchillo plegable táctico, si bien usted no quiere hacer otra cosa que no sea eliminar la agresión. Ah, y el spray se lleva en la mano, no en un compartimiento de la mochila, no adentro de la cartuchera, y no sirve contra “ellos”.



4- Luzca rotoso pero físicamente superior. No tenga moto, no tenga auto, no tenga teléfono celular, no tenga campera, no tenga pasador de musiquita digital, no tenga zapatillas, no tenga nada salvo músculos y cicatrices o tatuajes de esvásticas o números “6” en llamas. Si es mujer, aféitese la cabeza para que no puedan sujetarla del cabello. Sostengo la teoría de que –cualquiera sea su sexo- cuanto más se parece una persona a Arnold Schwarzenneger en el momento en el que llega desde el futuro antes de entrar al bar lleno de motoqueros, menos chances de convertirse en blanco de los asaltantes o violadores tiene. En caso de no ser usted blanco como Arnold, trate de parecerse a un Michael Clarke Duncan en slip.



5- Gaste su dinero en cosas difíciles (o imposibles) de robar. No me estoy refiriendo al amor, la dignidad ni ninguna de esas supersticiones, no. Compre buenos libros de ediciones raras, propiedades para poner en alquiler a través de testaferros, terrenos, etc. Tatuajes, eso, también hágase tatuajes caros. O transfusiones sanguíneas de zafiro molido, si es que existen. No sé, supongo que los millonarios deben hacer ese tipo de cosas. Páguele a sus amistades las mejores prostitutas que el dinero pueda comprar. Compre sus alimentos en los supermercados más caros, y elija siempre las cosas de las góndolas premium, por más horribles y mentirosas que sean. Viva caro y viva bien, coma queso parmesano y jamón crudo. Tome Activia. Inyéctese esteroides. Hágase cirugías estéticas caras, póngase varios riñones y un par de metros extra de intestino por las dudas. Póngale nafta súper Premium al auto y ¡VENDA EL AUTO! ¡¿QUÉ ESTÁ ESPERANDO?! ¡¿POR QUÉ NO ME HACE CASO?! ¡TARDE, YA LE VIOLARON LA NENA! Espero le haya servido de algo.



6- Manténgase alerta y minimice las probabilidades de desgracia. Aléjese de los lugares peligrosos, haga de la seguridad un plan en conjunto y organice el comportamiento de la familia. De nada sirve que usted se mueva con el sigilo y la efectividad silenciosa de Jason Bourne si su madre se va a pasar toda la tarde manguereando la vereda y charlando con las vecinas en la puerta de su casa, o si su hija adolescente se va a quedar apoyándose sobre el bultito de su amigo flogger sin cerrar el portón. Mantenga las puertas cerradas a toda hora. Y si sabe que va a tener que esperar dos horas un colectivo en una zona peligrosa, lo mejor será siempre llevar plata para un remis, por más que duelan esos diez pesos. Cuando sepa que su casa va a estar particularmente relajada en medidas de seguridad (un cumpleaños o cena de Navidad con gente entrando y saliendo) extreme sus precauciones sin que el resto de los presentes se ponga nervioso o deje de disfrutar la velada. ¿A que no sabe que famoso bloggero hace el asado llevando un revólver compacto de grueso calibre en la cintura dentro de una funda Houston súper-oculta y dos speedloaders cargados? Pista: es un amor de tipo.



7- Tome el control de la situación. Podrá sonar heroico o temerario, pero es importante que usted procure tomar el control de la situación cuanto antes. ¿Acaso cree prudente ponerse a la merced de un chico de catorce años, drogado y armado, dejándole todas las decisiones? ¿Le parece sensato dejar que él decida como van a darse las cosas? Ah, que bonito… Y dígame, ¿usted cuanto criterio y poder de decisión tenía sobre la salud y los bienes de su casa cuando tenía trece años? Si va a morir, por lo menos hágalo gruñendo y peleando, bajo sus reglas. No se deje fusilar. Tenga en mente que quienes crecen en condiciones marginales de violencia, desigualdad y desamparo son los que en las urnas reeligen precisamente a los responsables de que la marginalidad, la violencia, la desigualdad y el desamparo aumenten, como muestra de su conformidad con el sistema.



8- Responda a la agresión con más agresión. Eso de que “si te resistís es peor” es una creencia no sólo falta de fundamento, sino también una mentira sostenida por las fuerzas públicas, las agencias de seguridad privada y las conductoras de noticieros que se asombran al enterarse de que la gente viaja parada en el tren. Luche por defenderse y por defender a su familia. Usted ya está muerto de todas maneras: nació para eso y tiene muchas más posibilidades de sobrevivir a un asalto violento si se defiende con un arma, que si no se resiste. Recuerde que el asaltante no espera que usted le arranque los ojos con las manos, y que tanto el arma como los reflejos del agresor no suelen estar en condiciones de verdadero combate. Importante: no tema a las represalias de los amigos y parientes del chorro muerto; preocúpese por conseguir que tanto usted como su familia vivan lo suficiente como para tener que preocuparse de ello luego. En pocas palabras: procure evitar que lo maten hoy, ya veremos si lo matan mañana.



9- Soy completamente hermoso. Estoy al tanto de que soy sexy y no tengo problema en hablar de ello; lucir apuesto es parte de lo que soy y lo acepto, pero a veces presiento que a otras personas (casi todas mujeres) les gustaría poder agregar cosas a ese respecto también. Siéntanse libres de hacerlo en los comentarios: para eso existe dicha sección.



10- Haga todo lo contrario a lo que las organizaciones de derechos humanos o desarmistas le puedan sugerir, y rechace todas y cada una de sus palabras por falaces e improcedentes. En lo único que tienen razón esos energúmenos es en decir que estuvo mal eso de robar bebés, torturar y desaparecer gente durante el Proceso: todo lo demás es bijouterie. Tenga en cuenta que cada vez son más escuchados sus consejos y más puestas en funcionamiento sus campañas de inclusión, planes sociales, desarme civil y entendimiento, y sin embargo la criminalidad es cada vez más violenta al punto de que mi futura descendencia vivirá en un barrio que nada tendrá que envidiarle a la Detroit de Robocop, salvo Robocop. Los derechos humanos tienen que ser para todos, de lo contrario no son derechos sino herramientas políticas. No tengo mi diccionario de criminalística universal frente a mis ojos pero estoy convencido de que si no se le demuestra a un ladrón asesino que matar y robar está mal, ni se le opone resistencia dentro de los márgenes de la ley, las chances de que deje de hacerlo no disminuyen.



11- Prepárese para violar la ley. Siempre va a ser preferible ser juzgado por uno que ser cargado por seis. Lo que quiero decir con esto es que usted tiene que procurar defenderse valiéndose de medios legales e ilegales llegado el caso. Fabríquese una tumbera, es una estupidez. Si un policía amigo le consigue un arma de fuego, lo más probable será que la misma no esté inscripta o tenga orden de secuestro. Pero a la hora de evitar ser asesinado por un adolescente que pasó por las manos de seis fiscales diferentes en más de veinte oportunidades sin ser apropiadamente detenido, ésta será tan buena como cualquier arma legal. Si se tiene que pudrir, que se pudra: cárguela con munición expansible (ese será el menor de sus problemas a la hora de declarar). Siempre va a ser mejor tener que darle explicaciones a un juez y no a San Pedro. Pregúntese si preferiría verla a su señora llevándole puchos a la cárcel o flores al cementerio.



12- Olvídese de la policía. Sabido es que la policía va a llegar cuando todo esté resuelto, para bien o para mal. El trabajo de la patrulla es arribar cuando el tiroteo terminó, para tomar declaraciones, sacar fotos y hacer preguntas del tipo: “¿Cómo estaban vestidos los delincuentes?” Mientras usted llora y pide a gritos que le permitan estar junto al cuerpo de su ser querido. Una vez estallado el quilombo, quédese tranquilo que algún vecino medio pelotudo se va a encargar de llamar a la policía para que lo vengan a detener a usted. Y si la policía llegase a aparecerse en el momento de la situación (imagino que vive usted en un primer piso, sobre una pizzería) procure alejarse completamente de su línea de fuego y diríjase a un área más segura. Kosovo, por ejemplo. Uno de cada cincuenta policías sabe limpiar su arma de dotación correctamente, uno de cada cuarenta sabe tirar, uno de cada treinta revisa su munición periódicamente y uno de cada veinte participó alguna vez de un enfrentamiento. Pero por sobre todas las cosas, la policía no fue establecida para (des)cuidar a cada uno de nosotros, sino para (des)cuidarnos en conjunto. Así lo dicta la ley, y es su forma de decir que no son responsables por la seguridad personal de nadie, sino de la seguridad comunal. El único efectivo policial que a usted le interesa es el que le tomará declaración (lo reconocerá usted por la máquina de escribir) llegado el caso, ya que la Justicia sólo se enterará de lo ocurrido mediante ese reporte. Basta con que ese tipo meta la pata para que usted cague fuego.



13- Consígase ya un abogado penalista que sepa de armas de fuego o que por lo menos sea usuario. No se imagina usted la cantidad de fiscales ignorantes que le inician una causa al que mató a un delincuente para salvar su vida nomás porque “no le apuntó a las piernas”, o porque “no lo hirió simplemente”, o porque “no le tiró un tiro a la mano en la que el delincuente llevaba el arma”. Todo eso pasa únicamente en las películas: un tiroteo “exitoso” dentro de su casa será aquel que lo deje a usted y a su familia sin agujeros pero con daños permanentes en la audición y muchas explicaciones que dar, le pegue o no un balazo al delincuente. Probablemente quede usted también con un mambo psicológico importante en el balero durante unos días (recuerde que a usted le enseñaron que la vida es un bien valioso). Se lo digo porque soy conciente de que no todos tuvieron la suerte de ser criados en un templo oculto protegido por blondas amazonas, aprendiendo las artes de la guerra y el sexo.



14- Haga jugar el factor sorpresa a su favor. Es inevitable que el agresor sea el que tome la iniciativa, pero usted tiene que estar preparado, cuando no a la espera. En el caso de las violaciones, el sitio web de la policía federal sugiere fingir un desmayo, pero en lo personal yo sugeriría fingir que se le pega un balazo al degenerado, cuando en realidad se le pegan dos. Me dirá usted entonces: “No es vida”. Bueno, es lo que hay. Tampoco es justo eso de que no vaya a haber dinero para pagarle la jubilación a nadie dentro de diez años, y sin embargo usted en vez de organizarse con su entorno para tomar por la fuerza un ministerio o secuestrarle un hijo a Sergio Massa, se está preparando para irse de vacaciones. Sea apenas un poco más precavido cuando los agresores sean cuatro o más, pero recuerde que por lo general no todos van armados ni se rigen por códigos de honor samurai: bastará con que usted empiece a los tiros o logre abatir a uno para que los demás emprendan la retirada. Ellos lo quieren fácil y si usted se lo hace difícil siempre preferirán buscarse a otro.

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Hace algunos días, un flaquito murió tras recibir un golpe mal dado en un boliche ubicado en el centro del partido de San Miguel. “Coyote”, o “El Coyote”, se llama. La verdad es que no le sé bien el nombre pese a que alguna vez fui. Creo que fue una de las tres veces que salí a bailar en toda mi vida, si es que se le puede decir “bailar” a la sucesión rítmica de mis contoneos sensuales. Con una mano en el corazón, no creo que tal situación pueda ser descrita con tan pequeña palabra. Por cierto, en aquella oportunidad se dio el caso de que justo estuviese allí Ariel Ortega drogándose en el pabellón de gente importante, pero esa es otra historia de la que no hablaremos porque a decir verdad, ya revelé la parte más digna de anécdota, que es esa de verlo a este futbolista merca en mano.

Y ustedes entran periódicamente a este sitio web con la clara intención de saber lo que tengo que decir a este respecto. Porque son insaciables. Pero como yo no me conformo con informarlos y hacerlos sentir mejor con ustedes mismos, de vez en cuando también les tiro algunas curiosidades muy propias del lenguaje común que hemos sabido desarrollar a lo largo de estos casi cuatro años, o de cierta información involuntariamente exclusiva que llega a mis manos. Cosas que hasta de a ratos casi parecen porno-periodismo de investigación, salpicadas de payasos pederastas y analogías violentas pero residentes. Y así, hoy tengo para contarles que anteayer, durante una conversación con uno de mis parientes preferidos pude enterarme de que este flaquito muerto a golpes era, de alguna manera tercerizada y retorcida, un casi pariente mío.

Imagínense cuanto más colorido va a ser este artículo.

Porque uno normalmente esperaría que una persona en mi posición tomase una actitud más conservadora o respetuosa de las formas, pero cual prostituta de trece años con webcam, a mí se me abrió un abanico de posibilidades. Pensé en hacerme el ofendido y el dolido pero me di cuenta de que no me iba a salir, más que nada porque volví sonriendo todo el camino a casa, con la boca haciéndoseme agua. El tipo era de San Fernando, Virreyes, sí. Yo ya tenía pensado decir que probablemente era vecino mío, pero…

Resulta que el negrito éste –de nombre Darío- era yerno del primo de una tía mía. O casi yerno, porque su “esposa” no lo era tanto, siendo más bien su “querida” o pareja semi-estable. ¿Por qué semi-estable? Porque ya tenía tres hijos con ella y uno en camino, si bien no cohabitaban. Y no todavía no recibí mi certificado de detective por correspondencia pero cuatro crías son clara evidencia de que algún interés romántico o al menos reproductivo había entre ambos. Pero vamos a poner algunos detallecitos más, de los que no suelen aparecer en los medios nomás por impericia y mala intención o falta de oficio. Tengan en cuenta que los periodistas, tan brutos de primicia como ideológicamente sobornados primero tiraron la noticia con el título de “un adolescente muerto durante su fiesta de egresados”.

El fiambre y su esposa no vivían juntos, debido a que su cuñado, el hermano de ella, no lo podía ni ver, o algo así. Habían tratado de vivir todos juntos en la casa de ella, pero medio como que se les dificultó porque eran como treinta en total, y discutían todo el tiempo. Entonces el difunto terminó por alejarse y volver a vivir en su casa (con su madre, padre y hermanos probablemente numerosos) durante la semana, para visitar a sus hijos y esposa durante los fines de la misma. Me refiero a la semana. Alguno dirá: ¡Qué responsable el tipo, saliendo de joda durante la semana mientras su amada casi esposa está embarazada! Bueno, la idea de este artículo no es la de desentrañar las tramas ocultas que desgarran las entrañas de quienes se crían en las clases sociales más bajas. No se me pierdan.

El ex-ser vivo éste aparentemente trabajaba de un modo bien pago como transportista o algo así, por lo que la posibilidad de acusarlo de negro chorro quedó descartada, por lo menos, de primera. Pero ustedes y yo, que somos blancos y rubios sabemos que algún negro chorro tenía que haber en todo el fato, y resulta que sí. Que los negros chorros eran esos amiguitos del finado, los mismos terroristas del lenguaje que salieron a dar su versión de los hechos a la voz de (voy a traducir porque muchos de ustedes no hablan “negro”): “los patovicas nos apuraron, la policía nos golpeó, nosotros nos estábamos divirtiendo y nada más”. Una bandita confesa (y reconocida y sufrida por los vecinos) de descontenidos sociales. Hilando un poco más fino vuestro servidor se terminaría enterando que la familia del cadáver estaba formada casi exclusivamente por delincuentes “reformados”, del tipo dizque evangélico. Y vamos a dejarlo ahí, por el momento, ya que lo que quiero en esta ocasión es darle algo de crédito a los vigilantes de boliche. La seguridad privada, o los patovicas.

Un negro chorro parecido a Ronaldo, amigo del difunto, salió a decir que todo empezó con una agresión a su mismísima persona, donde un patovica lo apuró y provocó hasta encontrarlo, insultando a su madre, etc. Luego dice también que todos los patovicas y los policías estuvieron involucrados, y ahí es donde uno cae en la cuenta de que la verdad debe haber sido otra. A Darío un patovica le dio un acertado cachiporrazo dejándolo turuleco, supuestamente mientras estaba bailando. Es como decir que alguien se agarró SIDA sacando fotos en una orgía. O como tratar de convencer a tu esposa de ello. Y no se ustedes pero a mi no me cuesta demasiado imaginarme a un grupo de jóvenes alcoholizados buscando problemas en un boliche, o a un grupo de delincuentes desquitándose de un efectivo policial de los que alguna vez se los llevaron detenidos por punguear en la zona a fin de financiar el fin de semana. Tal vez a la verdad no se llegue nunca, pero tengo reconocer que no me va ni me viene. ¿Se le fue la mano al personal de seguridad privada del boliche? Es lo más probable. Pero tengo la sensación de que en esta ocasión se quiso embarrar la cancha metiendo en medio a la policía, que es apostada a mantener algo de orden a la salida de los boliches cuando debería ocuparse de asuntos ligeramente más importantes. Permítanme ofrecer una mención especial para los noteros estos a los cuales se les para la pija cuando al facultativo encargado de brindar el parte médico en la puerta del hospital le preguntan cosas como “¿Puede ser que el agresor haya sido un profesional entrenado para golpear y no dejar marcas?”. La respuesta es no. Porque a los semi-profesionales no les importa si te estropean, y porque a los profesionales no les hace falta pegarte para sacarte y además cobran demasiado. Pero más que nada porque para todos los miembros de cualquier fuerza de seguridad es mejor tener una noche tranquila en la que se cobre por no hacer nada, que tener que pasársela a los empujones con un montón de fulanitos con ganas de tener una anécdota masculina al otro día.

Con esto no estoy tratando de defender a las fuerzas de seguridad, sino más bien destacar el hecho de que nuestra policía cuenta con costumbres mucho más peligrosas y dignas de acusación tanto pública como privada. La policía bonaerense es peligrosa porque en su conjunto es casi analfabeta, porque no combate la delincuencia, porque mantiene funcionando los desarmaderos clandestinos de automóviles, porque participa en la trata de blancas, porque finge asaltos en sus arsenales y porque pone sus servicios a la orden del narcotráfico. No por garrotear borrachos, por poco noble que parezca.

Pero ya me aburrí, así que la pregunta del día es: ¿A alguien le parece que efectivamente los patovicas son malos y por eso matan incesantemente a los chicos buenos que juegan a pegarse chicles en el pelo con sus compañeros del club de ajedrez entre sorbo y sorbo de jugo de papaya? ¿O será que les pagan para hacerse los locos contra los beodos y nada más? ¿Creen ustedes que el asunto en una de esas tiene algo que ver la agresividad e impunidad con la que la gente se maneja hoy en día ante una completa inexistencia de autoridad judicial, paterna, divina y moral? Que yo sepa, los boliches tienen cada vez más patovicas porque la clientela está cada vez más alborotada y propensa a resistirse al registro de admisión y permanencia. Hasta los floggers quieren piña, con lo gracioso que resulta verlos tirados en el piso.

Quiero decir, si por algo tuviera que juzgar y procesar yo a los patovicas, lo haría únicamente teniendo en cuenta el hecho de que son los despreciables distribuidores minoristas de droga en los boliches, pero eso no parece molestarle a nadie. En lo demás, son bastante medidos (teniendo en cuento lo limitados que son algunos a nivel neuronal), y teniendo en cuenta la violencia criminal que secuestra y ejecuta gente a diario a lo largo y a lo ancho de la patria sin motivo ni derecho, querer aplicar todo el peso de la ley sobre un simple saca-borrachos se me hace muy, muy sensacionalista y poco serio. Honestamente, yo no entiendo como hacen para golpear a tan poca gente.

Yo solito me cargaría a cuatro por noche. Bueno, yo solito no. Me ayudarían estos enormes brazos míos.

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