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Archive for 29 abril 2009


De repente, hace un par de días, en la tele se comenzó a hablar de algo raro. Una gripe, pero que no era la gripe aviar, y que nada tenía que ver con esa gripe tercermundista llena de dengues que nos venìa acosando. Era una gripe, pero otra cosa. El tipo recuerda un viejo artìculo en el cual hablaba del virus “Mantis” o algo asì. Una enfermedad tipo SIDA, muy letal, de facilìsima transmisión, de virus resistente y beligerante.

Pero fue de golpe. Sin aviso, de un dìa para el otro. En un momento no pasaba nada, y en el otro, pasò de todo. De golpe y porrazo, en la tele se comenzò a hablar de México, de algo que pasaba allì. Porque de allì parecìa salir la gripe, que habìa causado ya un puñado de muertos y varios manojos de infectados. Pero que no necesitaba de mosquitos ni de gallinas para transmitirse. No necesitaba de nada, salvo de los humanos mismos y del aire circundante. Y de los chanchos. Gripe porcina, le dicen. Parece que primero se la contagiaron a travès de los chanchos.

Pero parecìa que era en serio, que se venìa el fin del mundo. Las camaras filmaban un México apocalìptico, pero apocalìptico en serio. En la primera tapa de los diarios se mostraban cifras y mensajes en colores alarmantes, y lo de andar sin barbijo quedò para los màs guapos. Se suspendieron los actos públicos, se suspendieron los partidos de fútbol o se jugaron sin aficiòn, se suspendieron las clases y de repente no habìa chicos en las escuelas ni adultos en las oficinas. Y màs barbijos, en la calle todavía màs barbijos.

Eran cuarenta los muertos cuando Mèxico se cerrò definitivamente, y se se animò a quedarse con la vida paralizada. Eran cien los muertos cuando la Argentina decidiò cerrarle la puerta a Mèxico y a los mexicanos que no tengan el narco-pasaporte en narco-regla. Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, che, que es una gripe y nada màs. En Estados Unidos tambièn hay infectados, pero insisto: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Yo no sè cuanto mediràn un germen de gripe porcina, pero quince o veinte te deben entrar en el bolsillo de la camisa. Me miro los brazos. De a poco, la capa de crema repelente de mosquitos va perdiendo su poder. Su espesor es inferior a la pulgada, habrìa que darle una o dos manitos màs. Eran 169 los muertos cuando se eliminaron las escenas de besos en los guiones de las telenovelas mexicanas. Eran 1300 las personas con síntomas cuando la semiologìa entrò a romper las pelotas, porque una cosa son los síntomas y otra cosa son los signos. Resulta que los signos son los que puede comprobar el doctor, mientras que los síntomas son subjetivos.

Pero ponele que en Mèxico mientan. Porque a todos nos resulta sospechoso (o por lo menos abrumadoramente atìpico) eso de que de repente, de un dìa para el otro, el mismo estado mexicano se inmole diciendo “somos el epicentro de una epidemia”. No tiene sentido, nadie lo hace, a menos que se encuentre frente a algo temible que no pueda no sòlo contener, sino tampoco explicar o entender. Pero pese a que es procina la gripe, de los chanchos se habla poco. Faltan infografìas, faltan mèdicos hablando de cómo saliò del chancho. Faltan dibujos de chanchos, faltan animaciones computarizadas en las que unas flechitas hacen las veces de respiración chanchuna que sale de una silueta de chancho contagiando a la silueta de un cristiano delgado de cabello corto y un metro ochenta de alto, con un aire a Edward James Olmos. Nadie se ocupa del chancho. De repente no hay expertos.

Ponele que en una de esas no fue el chancho.

Pero de vuelta, ponele que en Mèxico mientan. Ponele que se sabe algo que a la gilada (a nosotros) no le llega. Ponele que alguien estuvo traveseando. Ponele que a alguien se le rompiò un tubo de ensayo cuando no tenìa que rompèrsele. Ponele que sean mil los muertos en Mèxico. Asì y todo, 1000 muertos en el DF no es nada. Son 30, cuarenta millones en el DF. No se cierra un paìs por eso. Todo el mundo no se pone en estado de alerta internacional por algo asì. Tiene que haber sido otra cosa. Tiene que ser otra cosa. Me meto los espirales en el orto, ¿no? En la tele aparecen anècdotas raras. Se suspenden los vuelos, se suspenden. Massa dice que se suspenden. En la radio, un tipo de Bragado, el intendente, dice que algo raro pasa, que se muriò un argentino porcinamente engripado en Mèxico. Que tardaron muchìsimo màs de la cuenta en devolverle el cuerpo. Que en Mèxico se hacìan los otarios. Que nunca suelen pasar ese tipo de cosas. Se habla de poner sensores de temperatura en los aeropuertos para detectar a los enfermos. ¿Cuàl va a ser el paso siguiente? Perros. Imagino que los perros, capaces de detectar a los infectados de gripe misteriosa. Ahì estàn, ladrando enfurecidos ante sujetos aparentemente normales, sanos, derechos y humanos. Esos infectados que infectan sin necesidad de picar como los mosquitos, ni de emplumar como las gallinas, ni de enloquecer como las vacas. Esos infectados que infectan sin que te des cuenta mientras que las acciones de los laboratorios se van a las nubes. Van a hacer dinero los laboratorios, porque no hace falta que la medicaciòn pueda tratar a los infectados: alcanza con que exista para que pueda comprarse. Tanto tenès, tanto valès. “Tanto duràs”, agrega Magic Johnson millonario y desde el SIDA, pero no le toca nomàs a los crotos eso de morirse.

Zombies

Y ahì està el miedo, entonces. Nadie lo dice, nadie sacude el avispero, nadie levanta la perdiz, porque Dios es misericordioso y ataca en orden alfabètico: aztecas primero. ¿La Argentina se escribe con “C” de criollo, con “G” de gaucho o con “P” de peronista? Pero todos tiemblan ante la probabilidad, mìnima, ìnfima, indivisible de tan pequeña pero real, de que no sea cosa de los chanchos. De que el dìa haya llegado. De que la infecciòn haya comenzado a cobrar sus vìctimas de la peor manera posible. Y la gente gasta el jornal en barbijos y alcohol gelatinizado. Y un aviòn hace escala en Perù, y deja hospitalizada a una argentina que venìa de Panamà. Venìa a la Argentina, la señora, con su fiebre inexplicable. En Argentina se estudian tres casos, que parecen nada considerando los 21.000 casos de dengue autòctono diagnosticados, pero que en realidad lo son todo considerando que nadie sabe realmente lo que pasa. Porque una cosa es el dengue, que sabès que es dengue, porque el dengue es una cosa y otra cosa es otra cosa. Y en los Estados Unidos se muere una persona de gripe achanchonada, lo confirman los funcionarios. Es la primera fuera de Mèxico. Es un bebè o un enano, algo asì, algo chiquito. Si hubiera ganado McCain en vez de Obama, a esta hora Mèxico estarìa siendo rociado con Napalm, pero quien soy yo para decirlo. En España se confirman dos casos. La infecciòn se expande. Y al que tose o estornuda lo detienen, pero al que venìa sentado a su lado en el aviòn no le abren ni la valija, cruz diablo. Pero… ¿Y a los taxistas en Ezeiza què se les hace? Un enema de Lisoform, la respuesta es: un enema de Lisoform.

Y mientras tanto el intendente de Bragado se hace el Condorito, y exige una explicación. Y se pregunta las razones que habràn llevado a los mexicanos a demorarse en la entrega del finado, que, ahora dicen, jamàs tuvo gripe porcina. Pide respeto su viuda, pide que no se mienta.

Dice que fue otra cosa, otra cosa y nada màs.

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Testimoños


Me tiene medio confundido todo el asunto este de las candidaturas testimoniales, pero no por eso me animé a informarme seriamente al respecto porque creo que cuando te informás seriamente al respecto de las cosas empezás a perder capacidad de convencimiento. Funciona mejor gritar y amenazar con un palo aunque no tengas razón. Hoy nos vamos a valer únicamente de lo que nos dicte nuestro corazón, o de lo que yo pueda escribir en la menor cantidad de tiempo y con la menor cantidad de errores ortográficos. Lo que salga primero.

Pero para los que están más confundidos que yo, vale el pequeño prolegómeno: se acercan las elecciones (no presidenciales, pero de algo. Se elige algo) y en rapto de sorpresiva originalidad política, muchos delincuentes políticos actualmente en ejercicio aparecen ofreciéndose como candidatos para otros puestos, ya sea mayores o menores, mejores o peores. La verdad es que no reviso la Constitución Nacional desde hace mucho tiempo y de la Ley Electoral entiendo más bien poco, pero sospecho que debe haber alguna ilegalidad en todo el asunto, dejando de lado las implicaciones morales. No tanta ilegalidad como cuando a Patti se le prohibió ejercer el cargo para el cual había sido elegido por la sociedad, ni tanta ilegalidad como cuando Sergio Massa ganó las elecciones en Tigre después de haber ejecutado una Ley de Lemas, pero algo.

Y es que debería haber implicaciones morales, digo, por ejemplo… Hoy, el transformer amigo de Macri (léase, Gabriela o Graciela Michetti, no me acuerdo el nombre de pila exacto ni tengo dinero como para comprar el diario) renunció a su puesto para poder candidatearse con la conciencia limpia (o algo parecido) a un puesto de senador, diputado o algo. Los votantes que –valga la redundancia- la votaron para que fuese Vicejefe de Gobierno deben estar ofendidos y dispuestos a no votarla nuevamente, ya que la escogieron para que permaneciese en su puesto durante todo el mandato, y no para que a mitad de camino comenzase a preocuparse por su futuro laboral. Uno supondría que la mejor forma se asegurarse un lugar en las filas del Estado sería el llevar a cabo grandes obras y marcar una diferencia favorable, cosa de la gente diga algo como: “Hizo un gran trabajo como intendente, entonces lo voto para que continúe siendo intendente” o “Hizo un gran trabajo como gobernador de la provincia, lo voto para que sea presidente”. Pero no. No, nunca, no. Digo, no sé, yo jamás votaría a una persona que ni siquiera es capaz de rescatarme de un incendio en un edificio. Sonará cruel, pero en mi dojo no tenemos tiempo para andar buscando rampas.

A mi parecer, Scioli es el degenerado número uno en esto de las candidaturas testimoniales. Digo, es el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Todos sabemos que está ahí porque lo pusieron, y porque jugándola de callado ya lleva una ponchada de años cobrando un sueldo de la política. Su trabajo consiste en ser manco, usar un traje e ir a dónde le dicen, cuando se lo dicen. Y es bueno en ello. Otro degenerado que me marea es Felipe Solá, que ahora parece que era oposición, cosa que me sorprende mucho considerando que aparece abrazando a Néstor Kirchner y a Cristina en más fotos de las tiene abrazando a sus hijos.

Tan brava fue la cosa de estas candidaturas testimoniales, que terminó costándole el laburo al Moyano “no-camionero” que tenía el Estado recaudando impuestos (mas allá de que nunca le encontró nada raro al Moyano camionero, ni a D’Elía, ni a De Vido). Pero las candidaturas testimoniales, con esas caras conocidas tratando de vender la lista para que luego cualquiera asuma en su lugar, esconden un mensaje simple y claro: se va a votar por los mismos de siempre, pero en serio. Esta vez, es en blanco. Sin vueltas.

Estamos en condiciones de decir sin temor a equivocarnos, que somos testigos del fin del discurso ciudadano ese que, hipócrita, dice: “Que se vayan todos”. Porque los tipos (Y me refiero tanto a los candidatos como a los que están actualmente en ejercicio, que son los mismos) se dieron cuenta de que a la larga, da lo mismo. Todo da lo mismo. Solá dice que es opositor del Kirchnerismo y algún desorientado lo va a votar por eso. De Narváez dice que es o era peronista, y alguien lo va a votar por eso. La gente va y vota. A la larga, el que vota con mayor inteligencia es el que vota por el porro o por el choripán: es el único que recibe algo a cambio.

Y en otro orden de cosas, parece que el total de personas muertas debido al dengue asciende a la ridícula suma de 10 personas, o algo así. Ponele que la tele mienta o que mucha gente se muera y no se registre. Ponele que fueron 100 muertos por el dengue cuando se habla de emergencia nacional y de decenas de miles de casos: así y todo es un chiste. Puesto así, me parece que me alarmé más de la cuenta. O sea, se sobreentiende que yo le tema a los mosquitos porque soy muy musculoso y los mosquitos tienen más superficie donde picar, pero la pregunta del día es… ¿No se murió más gente en manos de los pibes chorros en lo que va del año? ¿No se muere más gente atragantada con huesitos de pollo? ¿Debería bautizar a mis bíceps “Titán Alfa” y “Titán Omega”? ¿Hice bien en discutir con el dueño del gimnasio al que concurro? ¿Será cierto que no se fabrican mancuernas de más de cien kilos o será que el tipo no las quiso traer porque yo solo no justifico la inversión? ¿Hice bien en arrojar su motocicleta contra su departamento en un sexto piso nomás de bronca?

¡Todas las respuestas y más, en nuestra próxima edición de Damos Pen@!

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1) Tengo anteojos nuevos, y quienes se hayan encontrado alguna vez en esa situación sabrán que la forma de las cosas se ve severamente modificada (todo medio como que se dobla y te marea) cuando uno cambia de anteojos, más allá de que en este caso particular, no se modificó la graduación. El período de adaptación suele ser de unos días, pero en mi caso probablemente sea de varios años, ya que estamos hablando de anteojos especiales. En realidad los uso porque un juez falló en mi contra en una causa que me había iniciado una mujer tras un accidente de tránsito. El tipo terminó acusándome de que la señora se había distraído debido a que mi mirada era un espejismo de bella e irresistible luz celeste o algo así. ¿No entiende que no lo puedo controlar?

2) Todavía no tengo dengue.Vamos, carajo, Andresito viejo y peludo nomás. Es cuestión de tiempo, porque lo único que podría salvarnos sería que viniese definitivamente el frío, que se hace rogar. Lo loco del asunto es que me enteré de que el mosquito que transmite el dengue pone sus huevos únicamente en agua fresca, y no en aguas estancadas. Pero toda el agua que uno usa es fresca. Y nadie aclaró si el mosquito puede poner sus huevos en jugo o gaseosa o soda. Por las dudas yo ando tomando directamente del pico de la botella, no vaya a ser cosa de que me metan una larva en el vaso y me crezca un dengue adentro.

3) Tengo una suerte de acosadores
, o acosador, o troll nuevo, que me dice guarangadas en los comentarios (haciendo juego con algunos nazis gallegos que creen que soy judío y unos montoneros que me dicen guarangadas y me amenazan por correo electrónico desde hace años, por no hablar del brasilero que me escribe en “Portuñol” desde una cárcel). Se me ocurren muchas medidas para controlar las guarangadas (hoy por hoy la que decidí aplicar tras recibir una llamada telefónica de Chinchulín es la de ni siquiera leerle los comentarios antes de borrarlos), pero luego me di cuenta de que con su locura y todo, esta gente comenta mucho, y genera comentarios de los otros lectores también. Y yo tengo una autoestima muy baja que se fortalece cuando me comentan mucho en los artículos. Además de las herramientas propias de WordPress tengo preparado un “scriptcito” para filtrar cosas como se me venga en gana, pero en el peor de los casos me parece que todos los comentarios quedarán “pendientes de moderación” como el “Dilbert Blog” o “Yo contra el mundo” antes de publicarse. Lo decidiremos entre todos, Porque el blog es a esta altura del partido, más vuestro que mío. ¡Salivazos! ¡Salivazos! ¡Salivazos para todos los damospenienses!

4) Anoche en Lanús asesinaron a un comerciante
(o un camionero: yo dependo de lo que diga el corresponsal del noticiero porque la verdad es que a Lanús ni siquiera sabría llegar) en un intento de robo automotor. Los vecinos lo corrieron al chorro y lo detuvieron. La ambulancia no venía, entonces los vecinos lo llevaron al asaltado al hospital, pero murió en el camino. Después se apareció un fiscal en el lugar del hecho, y cobró de lo lindo. Seguidamente apareció un Secretario de Seguridad, y también cobró. Un patrullero también cobró de lindo, y salió cagando. Queda probada así mi teoría de que uno tiene que volverse más loco, más violento y más malo que los chorros, la policía y los jueces juntos, cuanto antes, cosa de no prolongar la agonía.

5) Me enteré de que De Narváez es colombiano. Che, ¿Por qué nadie me avisó? Suelo mirar tele y la verdad es que nunca escuché a nadie hacer siquiera un comentario al respecto. Yo creía que era un millonario perverso tipo Macri, con cierto dejo de aburrimiento ciudadano que lo hacía querer meter mano (y plata) en la Provincia mas allá de que ni una puta idea tiene acerca de nada y no conoce un colectivo por dentro, pero ahora creo que es el candidato de los narcos, financiado por los narcos y dispuesto a expandir el mercado de los narcos. ¿Le avisaron a Duhalde? ¿Vamos a tener guerras de narcos con ametralladoras? ¿Será un tatuaje de alguna pandilla colombiana ese que tiene en el cogote? ¿O de una triada japonesa? ¿Qué se sabe de Capitanich, el gobernador de Chaco? Cuando se empezó a hablar de dengue se fue a Aspen y a la mierda, ¿no?

6) Se mudó un ex-legionario a la casa ubicada frente a la mía. O sea, el tipo, hasta hace un tiempo, era de la LEGIÓN EXTRANJERA DE VERDAD. Tiene medallas y todo. Tiene el tatuaje de la legión. No sé si alguna vez me pasará alguna cosa mejor que esta. Estoy como enamorado, y nos llevamos re-bien, porque a él también le gustan los fierros. Creo que es lo más parecido que hay a conocer en persona a uno de los Caballeros del Zodíaco.

Stay tuned!

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Días atrás (más precisamente, el día que me despidieron del colegio en el cual supe trabajar poco más de un mes), me vi obligado a rendir un examen de ingreso en un instituto. Suele pasar que me vea obligado a hacer cosas. Por ejemplo, el otro día yo andaba por el microcentro cuando se me apareció una joven estudiante holandesa diciendo no sé que cosa acerca de que yo tenía que fecundarla a fin de que pudiera dar a luz un hijo varón superior y con un miembro parecido al Obelisco, o algo así. O al menos eso fue lo que entendí de acuerdo a su camiseta de futbol holandesa, sus gestos y los panfletos turísticos que me señalaba, ya que no entiendo una sola palabra de alemán, o belga o lo que se hable en Holanda.


Este era un examen de ingreso para un profesorado. No el “Joaquín V. Gonzalez” (ubicado en Capital Federal) sino uno que me quedaba más cerca de casa, porque la verdad es que de un tiempo a esta parte estoy procurando reducir la distancia geográfica entre mi domicilio y mis obligaciones, dejando de lado otros factores como el prestigio o las comodidades edilicias. Y cuando dijo prestigio también estoy queriendo decir nivel académico, en cierta medida, supongo. Por ejemplo: mi esposa, que es brillante (aunque eso es casi redundante considerando que se casó conmigo, que vengo a ser bello y fuerte al punto de que a veces me pregunto si no seré una criatura de profecía) hizo sus estudios universitarios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, con un promedio alto, altísimo. Creo que hasta le corresponde un diploma de honor, por no mencionar el hecho de siempre tiene razón en todo y encuentra los argumentos para convencerme de todo, y de que a veces parece capaz de mover pequeños objetos con la mente. O sea: es prácticamente un Jedi. Pero para conseguirlo tuvo que viajar diariamente durante casi una década hasta la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, echando quizá cuatro horas sólo de viaje, entre ida y vuelta. Y yo no estoy dispuesto a hacer tanto por el mundo, caramba, pero tampoco quiero pagar un instituto privado.


Entonces, les decía, me anoté en un profesorado que no me queda tan lejos. El examen estaba dividido en cuatro partes, al más puro estilo de las certificaciones internacionales:

1ra. parte: Comprensión lectora
2da. parte: Uso del idioma
3ra. parte: Escritura
4ta. Parte: Oral


Ahora bien, resulta que –modestia aparte- yo sabía que iba a pasar el examen (en el obligatorísimo curso de ingreso uno puede reconocer a quienes tienen posibilidades y a quienes no), pero quería ver más o menos por donde andaba en el malón, cosa de saber si debía:


a) Erigirme como líder carismático/académico/sexy de la clase.

b) Asistir a todas las clases y quedarme quietito y calladito en el medio esperando que el primer año de la carrera se hiciese por si solo debido a algún extraño error administrativo relacionado a un estudiante de nombre parecido.

c) Anotarme únicamente en las materias de la fundamentación pedagógica, que son en español y que se aprueban diciendo que la docencia es esto o aquello, y que la contención, que las redes sociales, o militando socialmente y haciendo comentarios acerca de los desaparecidos, y que barbaridad y esas cosas.

Apliqued) Ir al polígono a entrenar para cuando vengan los zombis. Porque no es cuestión de que vayan o no a venir. Es cuestión de cuando. Pensando en ello le cosí un aplique policial a una chomba blanca que tengo.


Y salí catorceavo, de cientoventipico que éramos en un principio y de noventa que tomamos el examen. Gracias, gracias. Yo calculaba estar entre los veinte mejores y cumplí con mis expectativas, pero me “lamenté” pensando en que podría haber conseguido todavía mejores resultados de no haber sido despedido exactamente dos horas antes del examen (lo que se entiende como “estar con la cabeza en otro lado”). Con ello entre ceja y ceja, cuando tuve la oportunidad de revisar mi examen pude comprobar efectivamente que el stress había hecho mella en la parte escrita. Pero de un modo extrañísimo, más aún para un coloso de la narrativa (y del amor) como quien les habla.


Me faltaron letras.


Suena raro y lo es, pero en este examen se hizo muy evidente una situación que me viene acosando desde hace algún tiempo: pierdo letras por el camino. Y no estamos hablando de palabras difíciles, sino de vocablos simples. Por ejemplo, en lugar de “always” escribí “alway”. En lugar de “if” escribí “i”. En lugar de “finding” escribí “findig”. Se darán cuenta de que no necesariamente es la última letra la que se pierde. Y no me vengan con ninguna teoría relacionada al idioma que no es materno, porque descubrí que me pasaba esto semanas atrás, anotando apurado algunas cosas en mi agenda. Lo de simplificar la comunicación al estilo “mensaje de texto” tampoco debería ser tenido en cuenta, ya que no suelo escribir valiéndome de abreviaturas. Se me ocurre que mi cerebro está obviando la información que no necesita… suprimiendo caracteres (incluso en palabras monosilábicas, dejando todo reducido a una letra). Sea lo que sea, se siente como si estuviese sucio el teclado, con algunas letras no saliendo, y resulta perturbador.


Pero estaría bueno que alguien me comprara los derechos e hiciera una película con eso. Como “Una mente brillante” pero al revés. Digo, un flaco muy musculoso que empieza a perder letras y que de repente, cuando cree que está loco, se da cuenta de que poniendo en orden las letras faltantes se forman mensajes del más allá, que explican casos policiales sin resolver. Empieza a brindar la ubicación de los desaparecidos, ponele. Pero nadie le cree, y medio que lo quieren meter en el manicomio, pero la psicóloga interpretada por Megan Fox termina creyendo en él (y enamorándose pese a que el tipo está sin afeitar y pelilargo y desarreglado y con los ojos inyectados en sangre, como todo loco), y entre los dos consiguen brindarle paz al alma de una minita que había sido violada y asesinada por un político, y el deja de comerse letras y de estar loco. Al final de la película se los ve juntos, de picnic. O no, mejor en un café, un bar. Pasaron varios meses. Él está afeitado, peinado y más cuerdo. Tiene la re-facha el tipo. Y ella le escribe “te amo” en una servilleta, y entonces la cámara hace un acercamiento donde se ve que él en la servilleta le responde “yo tamién”.


Y llegan los créditos. En caso de haber segunda parte, ésta terminaría con un acercamiento del hijito del protagonista (que se murió de loco en una explosión) escribiendo algo en su primer día de escuela, y perdiendo letras por el camino también. Y llegan los créditos. Pero como es un nenito, no se sabe si pierde las letras debido a que va a estar loco como el padre o debido a que está aprendiendo a escribir. ¿Entienden? Algo así, más o menos. Habría que trabajarlo un poco. En todo caso, espero que mi nuevo padecimiento sea stress y no algún tipo de cosa cerebral jodida como la que le agarró a Travolta en “Fenómeno”, así… tipo que no se sabía bien si era cosa milagrosa o de los marcianos, y al final era todo un tumor y a la mierda. Pero la pregunta del día es: ¿Cómo se les viene manifestando a ustedes el agotamiento físico/psicológico/espiritual?


Además de lo de las letras, recuerdo que el otro día le pedí permiso a un perro que estaba acostado en la vereda.

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Faaa… dos artículos en menos de tres días. Y en otro orden de cosas (siendo la primera cosa mi amor por los desprotegidos), Raúl Alfonsín (quien fuera el último casi estadista con pinta de presidente) murió a los ochenta y dos años de edad, envuelto en cánceres. La verdad es que yo creía que era un lustro más joven, pero cualquiera fuese la edad del difunto, quiero destacar el papanatismo asqueroso de los medios (no tengo los resultados de los análisis, pero Guillermo Andino puede llegar a ser el primer RAcaso registrado de una persona que nació sana pero desarrolló el síndrome de Down progresivamente) y de la población en general, que se mató por aparecer a elogio limpio, peleando para ver quien era más demócrata, leyendo el preámbulo de la Constitución y adorando al demócrata muerto cuando un par de años atrás a Don Alfonsín no se le daba ni el asiento del colectivo. Todos putos.

Ahora resulta que eran todos radicales, mirá vos, mirá vos, mirá vos. Lo que no entiendo es lo siguiente: si Alfonsín era un gran líder, un gran demócrata, el último presidente decente, el padre argentino del juicio a la Junta Militar y todas esas cosas maravillosas… ¿Por qué lo sacaron del sillón tan antidemocráticamente a patadas en el culo? No… ¿En serio? Que yo sepa, a Menem lo votó todo el mundo. Que yo sepa, a los herederos del peronismo nadie les toca un pelo, nunca… ¿Por qué a Ricardo o a Luis Brandoni no los vota nunca nadie, si su proyección política y ciudadana –errónea o no- son una continuación indiscutible de aquel proyecto democrático? Todos putos.

Con mi difunto padre en la memoria, voy a rendir mis respetos de la forma más discreta y boina-blanquista posible. Alfonsín será recordado como un Optimus Prime de la política, un radical de buena cepa y un verdadero impulsor de la democracia en tiempos difíciles. Yo, por otro lado, seré recordado como el amante más grande del mundo.

Quién puede decir qué es mejor.

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