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Archive for 28 abril 2005

Yo por Dentro – Guías, listas, manuales, etc.

1- Volar como las aves, aunque con alas invisibles.
2- Llegar a las notas más altas de la canción Take On me, de A-Ha
3- Ir al gimnasio por mas de una semana sin aburrirme y abandonar.
4- En invierno, bañarme como los gatos, a lengüetazos en mi cama.
5- Encontrar el amor de mi vida por casualidad, en un tren, un ascensor, algo así…
6- Pelear con Johny, del Cobra Kai.
7- Bajarle la caña a Brad Pitt y Claire Forl… ah, disculpen, esto ya lo había posteado.
8- Responder con insultos a los comentarios de quienes visitan mi blog.
9- Curar el empacho con un metro de costurera.
10- Ganarle un partido, aunque sea uno chiquito, al simulador de ajedrez “Rebel 10.0”

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Vida Diaria – Del Habla

Encontrábame en la parada del colectivo cuando escuché lo que dos muchachones conversaban a mis espaldas, refiriéndose al aspecto que presentaba una hembra humana de aproximadamente 30 años que cruzaba la avenida rumbo a nuestra posición.

“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda” -dijo uno de ellos.

El otro papanatas se rió y estuvo de acuerdo, como no podía ser de otra manera. Sé lo que se están preguntando los lectores, así que voy a responder: Sí, la mina era una discapacitada estética, pero eso no es lo que me preocupa…

¿De donde salió esa frase? El genio que la acuñó, ¿creía que la mona se iba a convertir en una princesa como la de los cuentos después de vestirse con seda? ¿O esperaba que mutase en un reno? ¿Acaso llevó a cabo toda una serie de experimentos consistentes en vestir y desvestir una mona con prendas se seda? ¿Era lo suficientemente idiota como para necesitar de tal procedimiento? ¿De dónde sacó la mona? ¿Le dijo el motivo de la compra al tipo que se la vendía? ¿Sería compañero de estudios de un tal Ivan Pavlov, al que también se le daba por joder con los animales? ¿Por qué no se buscaron una mina?

Algunas expresiones rimadas… no lo sé, podríamos dejar de usarlas, son detestablemente estúpidas.

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Dotor, me dole acá

Vida Diaria – Científicamente – Guías, listas, manuales, etc.

Dejando de lado al dolor de muelas (quintaesencia del suplicio a la cual ya he sabido dirigir sus buenos párrafos), hoy quiero rendir tributo a los breves padecimientos que no bastan para llevarnos al consultorio de un esculapio, pero nos llevan a recordar que Dios existe, y posee el más macabro sentido del humor.

1- Morderse accidentalmente las paredes interiores de la mejilla.
2- Tironearse un moco duro y pegado a los pelitos de la nariz.
3- Cortarse con papel entre los dedos de la mano.
4- Recibir un golpe seco en la nariz.
5- Arrancarse la pielcita ubicada al costado de la uña y dejar una herida abierta.
6- Caminar en ojotas y patear un mueble.

Si me permite realizar un énfasis innecesario, remarcaré que el peor es sin lugar a dudas el “morderse…” debido a que apenas uno pega el tarascón, deja de disfrutar lo que estaba comiendo y comienza a pensar en toda la semana de tortura que se viene. Y es que la configuración interior del cachete quedará arruinada y nos la seguiremos mordiendo ocasionalmente en cada comida (léase descuido), hasta conseguir una completa desfiguración.

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Acá no se tira nada…

Vida Diaria – Guías, listas, manuales, etc.

Hoy, como casi siempre, discutí con mi madre. Esta vez se debió a que, según mi juicio, ella posee un increíble don que le permite conservar en perfecto estado los elementos más innecesarios de la casa, ocupando además, un valioso espacio.

Mientras vociferaba y agitaba mis brazos dando un discurso que habría dejado en vergüenza al mismísimo Demóstenes en plena plaza pública, realicé el siguiente mini-inventario:

1) La licuadora. No recuerdo cuando fue la última vez que tomé licuado. Tal eso no sucedió nunca realmente, pero eso no evita que tengamos tres de estos artefactos en casa, todos ellos regalos de bodas. Dos o tres veces por año, mi madre los retira de las bolsas de plástico que los alojan y los limpia con cuidado para volver a envolverlos. “Es para que cuando te cases y te mudes, te lleves una” me dice ella. De más está decir que cuando mi hijo me pida licuado, le voy a encajar una patada por hacerse el vivo.

2) Vajilla sin abrir o apenas estrenada. También, regalo de bodas… hay que ser desgraciado. ¿Que pensaban los invitados? ¿Que íbamos a comer en hojas de plátano y a beber en carcazas de cangrejo de no ser por su oportuna y perspicaz intervención? Tenemos media docena de cajas de platos hondos y playos, tazones, vasos y copas de cristal, entre otros, y nos arreglamos con los mismos tres platos de plástico irrompible desde siempre, porque sería un pecado romper los “buenos”. Ni hablar de los vasos que usamos a diario, que son de Pepsi (con motivos de Simpsons, Brigada “A”) o de Coca-Cola (Navidad, osos blancos, Olimpiadas).

3) La tostadora eléctrica. Otro regalito de bodas, tenemos una grande como un Renault 12. Para meterle el pan adentro, antes tenés que cortarlo siguiendo medidas y haciendo cálculos dignos de un arquitecto egipcio. Tardás 45 minutos en sacar dos míseras tostadas, cuando con la tostadorita de metal o incluso la churrasquera, podés obtener medio kilo en cinco minutos. Por cierto, yo no como tostadas.

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Esta loca, loca gente

Yo por Dentro – Cine, tele y así

Es común que en las series o películas aparezca de cuando en cuando un juicio como Dios manda, con abogados penalistas, despliegues de estrategias, leguleyos, jueces severos, estrados de fina madera de ébano, un jurado numeroso y muchos trajes costosos… ya saben a que me refiero.

No imagino que razón podría llevarme a mí a ocupar el sillín del acusado en un juicio de esta índole (¿O si?), pero de darse la situación, de seguro sería el más culpable entre los culpables. Tal vez teniendo esto en cuenta, es que siempre consideré la posibilidad de “alegar demencia” para salvarme de la cárcel.

¿Cuán loco tiene que estar uno para que lo metan al manicomio y no a la cárcel? Yo me iría vestido de traje, pero llevaría guantes de boxeo y un sombrero napoleónico, y cuando el juez golpease el martillo me levantaría y tiraría trompadas al aire. Cuando llegase la hora de interrogar a los testigos de mi acusador, tomaría una docena de frascos llenos de mi propia orina fermentada (que sabiamente habría sabido esconder con ayuda de mi defensor) y me bañaría con ellos a la voz de “Build me up, Buttercup”. Luego recitaría versos sueltos del Martín Fierro, paseando mi mirada desorbitada e inyectada en sangre por todos y cada uno de los miembros del jurado. La remataría simulando una escena de sexo oral con un reloj cucú.

Si me tocasen un abogado y un psicólogo gauchitos, yo podría ser un buen loco, si señor…

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Guías, listas, manuales, etc. – Otros

6) El “buen profesor”. Creo que está todo dicho, ¿no? “El buen profesor” sabe cuando ponerse jodido y cuando relajarse. Si ve que el grupo no entiende, repite el tema varias veces quitando los detalles complejos, y si ve que se avanza a buen ritmo, saca el pie del acelerador y la clase aprende más de lo esperado. Toma exámenes sólo cuando lo cree necesario, y sus notas conceptuales son certeras, ya que mientras él vea que aprendés y te preocupás, no va a fastidiarte, pero si te hacés el piola y querés sacar partido de su bondad, no vas a poder hacerlo. Un valioso Salomón que premia a los buenos, castiga a los malos y se gana el cariño de la mayoría.

7) El “Brad Pitt/La Claire Forlani”. Este nace, no se hace, y también está claro: sus habilidades o capacidad docente no importan un pepino (injusto pero cierto). Obra perfecta de la creación, unas formas completamente angelicales lo dibujan maravillosamente. ¿Es políticamente correcto que las personas muy atractivas se dediquen a la docencia? Alguien debería hacer algo al respecto, ya bastante molestas son las hormonas como para andar echando leña “extra” al fuego. Si es “profesor” (su hobby es la poesía, tal vez el canto además de la natación), las chicas se quedan todo el recreo tratando de encontrar preguntas para hacerle, a fin de entretenerlo y perderse en esos ojos tan atractivos…. y si es “profesora”(en sus ratos libres va al gimnasio o toca el piano), los fulanos aprendemos poco, debido a que prestarle atención a lo que dice con esos labios (dos cárdenos gusanos que su lengua de miel aterciopela unidos en los picos y en las colas en apretado amor de macho y hembra) es tan, pero tan, pero tan difícil… aahh (suspiro)

8) El “complicado”. Pobre tipo… Imaginen cuan grande es el honor que hace a su nombre, que hasta describirlo resulta trabajoso. Y curiosamente ese es el problema al que él se enfrenta cada día: el de no poder transmitir su conocimiento. A nadie le quedan dudas de su sabiduría en la materia que dicta, pero tampoco es posible aprender un solo concepto. Un hombre que no sabe enseñar pero que lo intenta con pasión, ¿Es un mal profesor? “El complicado” pasa al pizarrón llevando la idea y dibuja garabatos durante quince minutos sin que nadie descifre nada de su discurso. Por supuesto, se queda convencido de que todos entendimos, debido a que nadie se atreve a pedir una segunda explicación que termine por confundirlo aún más. Diciembre y clases partículares para todos, por favor.

9) El “mal prejuzgado”. Mientras cursemos la materia bajo su mando, lo veremos como a la peor porquería que jamás haya pisado la superficie terrestre. Nos exigirá más de la cuenta, tomará mas exámenes que el resto de los profesores, nos obligará a leer apuntes aburridísimos y nos llenará la cabeza de datos a priori innecesarios, ganándose nuestro odio mas visceral… pero, saben que? A medida que pase el tiempo, sus enseñanzas cobrarán un valor inusitado. Para nuestra sorpresa, aplicaremos lo aprendido en sus clases a menudo, y lo recordaremos con cariño cada vez mayor, hasta que años después, un día, nos lo cruzaremos por la calle y lo saludaremos con una sonrisa sincera y absoluto respeto, brindándole el reconocimiento y el cariñoso abrazo de quien ha dejado de ser un papanatas para convertirse en una persona medianamente decente. Él nos saludará también con un gesto amistoso, y recordará nuestro nombre, rendimiento e incluso detalles que nosotros mismos habíamos olvidado. Padre del aula.

10) El “Doctor Jeckyll/Mr. Hyde”. Ser sobrenatural, nacido para desorientar a los educandos. Durante una clase es bueno, agradable, comprensivo… y a la otra semana se convierte en poco menos que un dictador recalcitrante. Lo malo es que uno no sabe como va a venir la mano hasta que se come un chiste referido al desempeño de la clase, o un examen sorpresa que afloja la carne de los menos preparados. En su casa debe tener problemas, pero sólo de vez en cuando, o un laboratorio la usanza inglesa del siglo XIX, de dónde obtiene los brebajes experimentales que modifican su predisposición hacia el alumnado. Estaría bueno que se decidiese de una vez, a ser malo o bueno… ahora que lo pienso, tal vez sean dos hermanos gemelos, resultando uno de ellos (el izquierdo según cuentan las historias), el malvado.

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Guías, listas, manuales, etc. – Otros

Siguiendo con los homenajes escolares, dedicaré algunas líneas a los verdaderos hacedores del mañana: los profesores. Pueden ser de ambos sexos, pero sus estructuras se mantienen.

1) El “empleado”. Trayendo cero pasión por lo que hace, viene por inercia, a marcar tarjeta, ganarse el sueldo y nada más. No le importa si entendés lo explicado, si estudiás, si llegás tarde, si tenés un revólver en la mochila… despreciable. Es capaz de aprobarte con tal de que no lo molestes con explicaciones, y si te lo cruzás años después caminando por la vereda, no te saludará.

2) El “sabio”. Uno se pregunta: ¿Qué hace este tipo desperdiciándose y enseñándome a mí, que soy un gilastro? Si se hace suficiente silencio, se puede escuchar el ruido (squich, squich, squich) que sus neuronas hacen al estrujarse en su cabeza. Los alumnos tienen la sensación de encontrarse frente a Platón, sentado en plena plaza. Son tantos sus conocimientos, que a veces hasta resultan ofensivos. El sabio puede degenerar en cualquier otro ejemplar de esta lista (salvo el improvisado), y eso lo hace único en su especie.

3) El “improvisado”. Uno se pregunta: ¿Qué hago yo desperdiciándome y escuchando lo que dice este gilastro? “El improvisado” posee habilidades y técnicas de supervivencia equivalentes a las de un boina verde, pero no puede evitar que nos demos cuenta de que no sabe tanto como dice. Por lo general, aprobar la materia que él dicta no resulta problemático, pero las correcciones metódicas de “la abanderada” y las observaciones maliciosas del “genio” pueden convertirse en su peor y más oscura pesadilla. Y es que si un tema se complica más de la cuenta, nadie en el aula va a saber resolverlo, y reinarán la confusión, la ignorancia y el silencio. Mas allá de su edad (por lo general son jóvenes , pero también los hay maduros), parece aprender junto a nosotros, a nuestro mismo y penoso nivel. Inútil, pero simpatiquísimo y candidatazo a acompañar en los viajes de egresados de todos los años.

4) El “camorrero”. Un camorrero no nace; se hace. “El tipo me tiene bronca, por eso no apruebo” dicen algunos para justificar que se pasaron todo el año rascándose el higo. Pero en algunos casos, es verdad. Al profesor camorrero se lo reconoce por su mirada enemiga y/o sus sarcasmos innecesarios, que buscan generar una reacción de nuestra parte. Así también, un estudiante de ojo entrenado sabe que las causas de que un profesor se convierta en “el camorrero” son casi siempre: a) Mala vida sexual, b) Problemas económicos, c) Arena o escarabajos en la ropa interior. Hacerse el superhéroe frente a un resentido social de esta calaña es decir adiós y nos vemos en Marzo. Nuestra boca adolescente suele firmar cheques que nuestro trasero no podrá pagar, así que… a andar con cuidado.

5) El “entusiasta”. Antítesis del amargo, uno no se explica de dónde saca “El entusiasta” tanto fervor a horas tan tempranas de la mañana. Tal vez desayune batidos de viagra y anfetaminas, tal vez nunca duerma, quién sabe… Lo que importa es que este adorable personaje siente un amor desenfrenado por lo que hace, y trata de transmitirlo de mil formas diferentes. Un ejemplo del espíritu docente que puede llegar a volverse pesado, pero que a veces te saca de excursión, disfruta del debate, entretiene y enseña más que otros. Basta con que digas que te apasiona su materia para que quiera quedarse a discutir con vos en el recreo, y termine aprobándote. Marche un té de tilo…

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