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Archive for 27 septiembre 2007


Cualquiera que haya leído un noticiero o visto la tapa de un diario (sea simpatizante del deporte o no) seguramente está al tanto de que este domingo pasado, el Club Atlético Tigre venció y goleó al poderoso River Plate. Se jugó en la cancha de Tigre (en Victoria, San Fernando, cerca de casa), y Tigre metió cuatro goles. Ahora bien, cualquier otro día eso habría bastado para atemorizarme y obligarme a salir gritando cosas en arameo acerca del Apocalipsis, pero la verdad es que si bien Tigre le dio masa a River, hay una fuerza aún más poderosa, santacruceña y “nohayinflacionista” que le está dando masa a Tigre. Porque a Tigre le están dando Massa. Sergio Massa. Es un secreto a gritos que Tigre está en Primera División porque una bolsa llena de plata va viajando de lado en lado, consiguiendo la dicha popular del pueblo (me gusta como suena pese a la redundancia). Me dirán que otros tantos clubes están apadrinados por mafiosos, sí, seguro, aguante Boca. Pero es la primera vez que lo veo nacer en el Estado. Se supone que uno accede al estado ganando algo desde el fútbol, y no al revés, a menos que se esté remodelando el paso a paso de la matufia.

Tigre es, junto a San Isidro, lo mejorcito de la zona norte del Gran Buenos Aires. Y de un tiempo a esta parte, está muy, muy lindo. El partido vecinal (comunal, ponele) que viene rigiendo sus obras y movimientos realmente hizo las cosas bien, comenzando con las obras del difunto Ricardo Ubieto. No es un oasis, pero da gusto darse una vuelta. La estación se ve bien, las plazas se ven bien, las calles no son la vergüenza que sí son en otros lados, y sus habitantes se muestran orgullosos. Buenos centros sanitarios (he ido a hacerme atender en la salita de los Bomberos Voluntarios de Tigre y les digo que es mejor que cualquier otra clínica privada en San Fernando), buenas opciones culturales, establecimientos polideportivos, fiscalía y comisarías nuevas, asfalto piola, y el turismo a pleno, lleno de franceses de clase media comiendo pescado, y lanchitas y catamaranes paseando gente por el río entre las islas.

Y entonces aparece Sergio Massa, del Frente para la Victoria, y dice que va a acabar con los problemas de Tigre. No sé ustedes que sentirán, pero a mí se me hace como ese chiste del mosquito que viajaba sobre el elefante y que cuando se cae el puente por el que avanzaban exclama: “¡Dios mío, qué hemos hecho!”, pero una versión porno, en la que no hay un puente, ni un elefante, ni un mosquito, sino un grupo de pingüinos que se cojen a todos los tigrenses con un palo. Traté de suavizarlo lo más que pude, en serio.

Sergio Massa. Este muchacho de no más de 35 años, salido de, obviamente, una cuna oficialista, es el responsable del ANSES. Nomás por la edad y el elevado puesto uno puede ya ir sacando la cuenta y ver que es el Antonio Cafiero del futuro. Por cierto, ¿saben quien define si hay o no beneficiarios de jubilaciones VIP? No voy a darles la respuesta pero les voy a tirar una pista: Sergio Massa. ¿Y saben cuanto tiene Antinio Cafiero de jubilación mensual gracias a un privilegio aprobado por el Congreso Nacional que hace que ciertos personajes jubilados de ANSES aparezcan perteneciendo a la nomenclatura del Departamento de Estado Norteamericano y cobren en moneda dura (dólares)?

Sergio
U$s 19.167 .

Y se lo digo así para que se den cuenta de que siempre vamos a ser ciudadanos de segunda. La foto perteneciente a Sergio Massa es nomás para que tengan un rostro puntual al cual arrojarle los improperios y maldiciones cuando sean ancianos, se estén defecando encima y no tengan dinero para pañales ni antigripales.

Sergio Massa. Sin temor a equivocarme me animo a confesar que en su favor se está llevando a cabo la campaña más sucia que Tigre haya tenido la posibilidad de siquiera imaginar. Darse una vuelta por Tigre es ver carteles a rabiar, y el sentimiento es tan abrumador que a veces uno cree estar a la espera de una reelección. En todos los actos, inauguraciones y obras que se están realizando desde hace un par de meses en cualquier región de la provincia de Buenos Aires, está Massa. El grupo de las fotos no se modifica (uno de los Fernandez, Scioli, De Vido y un Kirchner), y es de destacar que el Presidente de la Nación viajó dos o tres veces en menos de dos meses, haciendo campaña en actos de una gestión actual. Actos de los cuales Ernesto Casaretto (el actual intendente), curiosamente no participa. Imagino que porque no lo invitan, o porque lo tienen amenazado, o porque –quizá- sería inmoral que anduviese queriendo recibir honores por algo que sucede en San Fernando, Pacheco o Don Torcuato.

Sergio Massa… ¿Quiénes deberían sentir más vergüenza? Probablemente los medios de comunicación. No solo se expresan dando por sentado que Massa es el futuro intendente (uno creería que se trata de ignorancia o desconocimiento de ciertas cuestiones propias del texto informativo, cosa que es casi condición necesaria para estar en los medios, pero no: es jugar sucio), sino que también le dan a esta campaña todo el tiempo del mundo. Titulares amarillos en los diarios virtuales, la omisión de los otros candidatos… ¿Dónde se ha visto que un simple candidato a intendente de partido aparezca hablando hasta en “Bailando por un sueño”, haciendo apuestas divertidas y llevando una camiseta de Tigre? Sergio Massa.

Sergio Massa… Sergio Massa… Durante varios días estuve dándole vueltas al asunto… preguntándome: ¿Cuál el es interés del Frente para la Victoria en este distrito? ¿Por qué tan de repente? ¿Por qué con tanta furia? Bueno, ayer me di cuenta de una puntita del asunto.

Debe ser enorme la necesidad que tiene hoy en día la pingüinada, considerando que el puerto de la Ciudad de Buenos Aires va a estar bajo el control quirúrgico de Mauricio Macri y sus propios corruptos.

“Kirchner necesita un puerto –pensé-. Para poder pasar todo su contrabando, narcotráfico y lavado de dinero, que debe ser mucho considerando nomás que a una jubilación que ronda las u$s 20.000” la pueden blanquear y legalizar sin que nadie caiga preso ni la gente salga a degollarlos”.

Y luego me enteré de que Massa busca hacer que el Jefe de la Policía del Partido sea el mismísimo intendente, unificando la autoridad del partido. O sea, él, por si están ustedes medio lentos. Y me parece a mí que ser el jefe de policía en un partido lleno de embarcaciones y vehículos que entran y salen llevando cosas, bultos y demás, es conveniente. Como que se te despierte la leucemia y te receten sesiones de quimioterapia a la semana de hacerte skinhead, algo así. Otra hipótesis gira en torno a las intenciones de poner en marcha una nueva planta productora de electricidad (Paraná de Las Palmas), con la cual dibujar cualquier tipo de sobrefacturación o loteo de las islas. Ambas combinadas también funcionarían y serían conocidas como “The De Vido Magical History Tour”.

Sergio Massa. Me dirán entonces ustedes: “No, la gente no le va a creer nada, no lo van a votar nomás porque se pone la camiseta de Tigre. Es más, a Cristina no la va a votar nadie, si estamos enojados todos y la inflación no es un mito”. Bueno, pregúntense porque tanta gente cree en que una mujer virgen dio a luz a un hijo, y que este hijo se murió y resucitó. Los seres humanos somos realmente encantadores cuando nos lo proponemos. Pero no nos desviemos del tema: más que preocupante, es triste ver que a Tigre le pueden llegar a dar la suficiente Massa como para dejarlo descaderado, con la lengua afuera y una infección de las que –en una de esas y si no se comete fraude- se evitarían si el pueblo comenzase a votar “con” forro, en vez de “al” forro.

Un par de buenas analogías hay en este texto, y el hipervínculo a la web de Cafiero justifica la existencia de este blog. No pueden ustedes quejarse.

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El Chinchu en todo su esplendor cuartomundistaAlgunos de ustedes ya están al tanto, pero así y todo no está de más avisar al resto. El ya bastante famoso Chinchulín, esclavo de quien suscribe y mascota de este blog, ha sido entrevistado por Lindsay Gutierrez, en una exclusiva del blog “Polenta con Pajaritos”, regido por The Bug, que de acuerdo a lo que sé podría bien tratarse de un señor santafesino con pinta de buena gente o una degenerada más de las tantas que intiman con Jorge Mux amparadas bajo la excusa de “nos vamos de investigación para escribir cosas nuevas en “¿Qué estas buscando?”.

Les dejo un fragmento de todo el asunto, hagan click aquí para leer la entrevista completa.



Lindsay: ¿Cosas que más te asustan?

Chinchulín: Ufff… muchas. No sabría por cual comenzar. Meses atrás, cuando todavía vivía encadenado, una de las cosas que más me asustaba era ver que mi amo se preparaba para jugar al borracho imaginario. Porque él no bebe alcohol, pero a veces cuando esta medio, como quien dice, “al divino botón”, se hace el borracho. Y es un borracho imaginario del tipo violento, recuerdo que me gritaba cosas muy feas. Lo que más me asustaría hoy en día, sería el tener que regresar a mi África natal, o ser enviado a Venezuela por error en una encomienda. Aunque el hecho de que un ratón pudiese metérseme adentro por la boca y salir comiendo mis intestinos también me asusta. Mi amo dice que puede pasar eso si dormís más de tres horas al día, y por eso a veces me da vidrio molido para comer. Dice que eso me ayuda porque el ratón que se corta el hocico y no puede morderme, y debe ser verdad, porque me sale bastante sangre por el ano. Suerte que no es mía, ¿no?


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3- ¿Cual de estas experiencias fue o se parece más a su última relación sexual?

a) Anoche, con mi esposa. No tengo sino alabanzas para esa mujer: es el amor de mi vida y mi loba en la cama. No le tiene miedo a nada y ya dejamos de probar con los juguetitos, ahora estamos considerando seriamente el invitar a un tercero para que nos filme y participe. Ella quiere que sea un tipo, pero yo quiero que sea una mina, porque no soy ningún cornudo, ¿viste?

b) Con mi amante. Amo a mi pareja, pero el sexo con ella se puso medio aburrido desde hace un tiempo, y por eso de a ratos me encuentro con esta compañera de trabajo que, te digo, era lo que me estaba haciendo falta.

c) Hace como una semana… anduve con mucho trabajo y, como mi chica y yo tenemos horarios cruzados, no pudimos vernos. Igualmente, este fin de semana me pongo al día, seguro.

d) La verdad es que no me acuerdo cuando fue la última vez que la puse. Creo que medio como que soy virgen de vuelta, ya ni me acuerdo de que iba la cosa, te soy sincero.

e) Hoy, cuando… jajajaja… predoná, es que me acuerdo y me tiento… hoy antes de venir a laburar…. Jajajaja… lo agarré y le dí mazorca. “¡Sangrá, cagón!”, le gritaba… jajajajaja… barrendero puto… jajajaja…


4- ¿Cúando cree usted que es “buen momento” para tener sexo con una vietnamita de 11 años?

a) Ay… qué pregunta horrible… este blog es horrible. Eso del esclavo ya me parece de muy mal gusto.

b) T KOMENTO EN STE POST PORK ASI ME LEES IDIOTA IMBECIL… RONALDINHO SERA FEO PERO MAS FEO ERES TU ESCRIBENDO EST TIPO DE ESTUPIDECES K SON PURA ENBIDIAAAAA… MUERTE BASURA ELLOS SERAN LOS JUGADORES MAS FEOS PERO SON FELIZES Y ACEN LO KE KIEREN Y TIENE MUCHO DINERO ADEMAS RONALDINHO ES HERMOSOOOOO Y JUEGA MUY BIEEEEEEEEN MUERETE INFELIZ

c) Nunca, una criatura de esa edad no está psicológicamente preparada para mantener una relación sexual.

d) Ah… bueno. Si sos un pibito de doce años y ella es tu vecina y está todo bien, me imagino que no debe ser tan malo. Es hasta lindo, tierno. A mí me habría gustado debutar así, pero mi tío me llevó a un cabaret. ¿Te conté? Yo creía que lo decía en joda, pero…

e) No sé. Ponele que soy un soldado norteamericano y que estoy en plena guerra de Vietnam, medio loco y recaliente, y sí… le doy, aunque ese resista. Yo los comprendo a esos tipos, en semejante situación hacés cualquier cosa… No sé si de once años, pero de doce o trece… palo y a la bolsa.

f) Pará… ¿Qué querés? ¿Mandarme de vuelta al baño? Ufff…. Se me pone de piedra.



5- ¿Qué programa de televisión usa o usó alguna vez para tener sexo en solitario o acompañado?

a) Hay cosas que se te quedan grabadas en la cabeza. Hoy en día me miro una porno de vez en cuando, pero cuando era chico, verla bailar a Caramelito en el programa de Nicolás Repetto a eso de la una de la tarde, con esas calzas, moviendo el traste… no sé cómo no terminé en silla de ruedas y con un suero, Madre de Dios.

b) Las bailarinas de los programas de cumbia me mueven un poquito, pero a la que le dediqué como veinte fue a la morocha de Call TV.

c) Con mi esposa tenemos una variada colección de pornografía y la pasamos bomba. Dios bendiga al que inventó esto de Internet.

d) Antes me colgaba a mirar The Film Zone, pero me cansé, ahora no me alcanza con eso. Son siempre los mismos actores, las mismas escenas, los mismos planos… además, se nota que el tipo no se la está poniendo de verdad y eso le quita casi toda la gracia. Se la apoya por el ombligo… qué se yo.

e) Mi novia se enoja si me encuentra mirando pornografía, y para andar mirando minas en ropa interior o corpiño, me pongo un rato de Fashion TV o salgo a mirar vidrieras… pero no es la gran cosa. Es más negocio mirar “Patinando por un Sueño”, que es como porno suave pero temprano, y yo al otro día trabajo.

f) Tengo grabadas un montón de emisiones de La Salud de Nuestros Hijos. Las que más me calientan son las que pasaban al otro día de Navidad y Año Nuevo, con todos los chicos en el hospital del quemado.

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Y sí, se caía de maduro que en algún momento íbamos a llegar a este test (que nada tiene que ver con ese otro “test largo en partes para saber que clase de persona sos”, que supe publicar, y que no creo que haya terminado, sinceramente). Mucho se dice de este blog; que es para enfermitos, que el que lo escribe está medio loco, y no sé que otras cosas más. Ordinario, quizá. No lo sé. Son dueños ustedes de dejar de leer en cuanto se les ocurra, cosa que ha hecho mucha gente a la voz de “antes escribías mejor” o “que vuelva Chinchulín”.

El nene sabe dónde mirarAclaro antes de seguir, que es un test para caballeros, pero con esto no quiero decir que las damas (verdaderas amazonas) que visitan Damos Pen@ no pueda hacérselo a sus respectivos conyuges, novios, parejas, maridos y –porque no- amantes. También pueden, chicas, hacérselo a sus padres, hermanos, tíos y primos, les aseguro que descubrirán cosas muy importantes acerca de sus seres queridos, y me lo agradecerán. Más que un test para saber si usted es un pervertido, podríamos referirnos a esta sucesión de líneas como a una “guía de orientación para saber cuán seguro está uno dentro de los ámbitos sexuales”. No hay respuestas correctas o incorrectas, acertadas o erróneas. Tan sólo hay lugar para la reflexión, y aquí va la primera parte.

ADVERTENCIA: Este artículo está prohibido para menores de 18 años. Si tenés menos de 18 años y seguís leyendo, es tu responsabilidad. Y si usted es un adulto y llegó a este artículo buscando en Google, la respuesta es sí. Usted es un pervertido. Lo es desde el momento en que comenzó a teclear el objeto de búsqueda, porque de no ser un pervertido, no se lo andaría preguntando.



1 – ¿Cuál de estas experiencias se parece más a su primera relación sexual en solitario?

a) La verdad es que no me acuerdo…

b) ¿Te reís si te digo que nunca me masturbé? Es la verdad. Debuté de chiquitito, y por alguna razón nunca me faltó una mina dispuesta a “prenderse” y savarme de caer en la manopla. No te voy a decir que me parece cosa de perdedores, pero en mi caso, no existió ni va a existir.

c) Era sábado a la noche, yo estaba mirando una película en casa de mis primos, y ellos, algo mayores que yo, me dijeron que probara a frotarme de tal manera cuando se me parara, que estaba buenísimo. Me asusté tanto de esa primera sensación que acordé conmigo mismo no volver a hacerlo nunca. Casi lloré.

d) Me excité mirando las publicidades de adelgazantes de la revista Clarín del domingo (la grandota de hace algunos años, no la “Viva”) y me acosté boca abajo para que se me pasara, como siempre. Pero seguía re-loco. Me lavé en el bidet con agua helada, pero al ratito volví a excitarme… no podía quitarme la erección con nada, y entonces empecé a acariciarme, cada vez más fuerte… la sensación de placer fue como una explosión que me tranquilizó. Siete me clavé esa noche. Siete.

e) Yo estaba decidido a hacerlo especial. Pero yo no soy un perdedor cualquiera, no, yo quería sentir que realmente me estaba moviendo a alguien. Entonces me fui al baño, me arrodillé frente al inodoro y me lo apreté con la tapa, y le dí, le dí, le dí. Vos te reirás diciendo que le di rosca a un inodoro, pero yo la pasé bárbaro, y casi no es paja si parece que estás con alguien.



2- ¿Cuál de estas experiencias fue o se parece más a su primera relación sexual acompañado de un tercero?

a) Lo siento, soy virgen, aún no tuve relaciones sexuales.

b) Tenía 17 años. Ella era mi primera novia, y una tarde en la que nos quedamos solos en su casa, no pudimos resistirnos más. No fue “uuhh… la gran cosa” pero fue re-lindo y divertido.

c) Yo estaba solo en el departamento cuando mi prima tocó el timbre, y preguntó por mi vieja, que no estaba. La cuestión es que la mina se puso a llorar porque las cosas andaban mal con el marido, y yo entonces, medio que la abracé, y se me re-paró. Fue involuntario, qué querés que te diga, con quince años, viste que esas cosas te pasan… La mina se rió pero le gustó y me empezó a buscar, y a besar, y me decía ”Sintámonos mejor los dos”. Yo estaba como loco, ¡imaginate! En eso abren la puerta y era mi vieja, que se puso como loca y nos gritaba cosas a los dos, a ella por atorranta y a mí por degenerado, por meterme con mi prima, que además de casada era mi prima…. Yo salí corriendo sin saber muy bien que hacer, bajé las escaleras y enfilé para la iglesia. Fue entonces que me agarró y me violó el cura hijo de puta ese.

d) Mi tío me llevó a un cabaret. Yo creí que lo decía en joda, pero me terminó llevando. La mina no era precisamente una belleza, pero estaba buena y me hizo pasar un rato espectacular. Salí pidiéndole a mi tío que me llevara de vuelta a la semana siguiente, pero me respondió “No, la semana que viene me toca a mí, y vengo solo”. La puta tenía un aire a Caniggia.

e) Con mi esposa y novia desde la secundaria habíamos acordado llegar vírgenes al matrimonio, pero durante la despedida de soltero mis compañeros de trabajo me hicieron tomar de todo, y a un hijo de puta se le ocurrió encajarme un té de floripondio. La cuestión es que terminé gritando atado a una de las estatuas del Jardín Romano en el Botánico, desnudo, con las bolas aseguradas por un candado “606” y con un travesti gordo que me untaba miel de caña y me chupaba.

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Era domingo por la tarde. Sé que era Domingo porque soy hijo de padres separados, y el domingo era el día que mi viejo pasaba por completo conmigo y con mi hermana, que hoy habría cumplido 20 años de no ser porque se murió el año pasado. Mierda. Me cago en todos los santos.

Sumérjase el lector en un día húmedo como hoy, seguramente en esta época del año. Resulta que Sebastián y yo estábamos jugando en mi casa. Más precisamente en el jardín (otro terreno cubierto de césped y pinos, debido a que mi casa supo ser en algún momento anterior a mi mudanza, un jardín de infantes) Nosotros estábamos junto a “los juegos”. Así llamábamos a las hamacas, las argollas, y demás partes de una enorme estructura de acero y caños de aleación pintados de vivos colores (no como esas porquerías de plástico de ahora), envidiada por mis amiguitos pero a la que yo casi ni le prestaba mayor importancia.

Y de repente, se escucha que la madre de Sebastián pega un grito, solicitándole al niño, a través de la medianera, el regreso y la pronta recolección de todos los juguetes que había dejado abandonados en el patio de su casa. Sebastián, que disfruta de mi compañía y nuestros muñecos articulados, se niega a ir, pero utiliza la diplomacia intrínseca en las mentiras blancas:

Después voy –responde.

Pero el después se alarga y alarga. Varias veces más es llamado a gritos cada vez más secos, y como el cuervo de E. A. Poe, sólo responde repitiendo el mismo sonido: “Después voy”. No sirve de nada que mi madre le sugiera la retirada, Sebastián no quiere irse. Finalmente, responde con toda la furia de quien ve constantemente interrumpido su mundo de ilusiones infantiles y es traído a la realidad contra su deseo:

“Dejame jugar tranquilo, voy a ir cuando tenga ganas”.

Irían, supongo yo, unas dos o tres horas desde el primer “después voy”. No podría precisarlo debido a que el tiempo en aquella época se me hacía mucho más largo y rendidor.

Y la madre de Sebastián toca el timbre. Estaba casi oscureciendo. Ella no “después viene”. Ella es madre enojada, y se llama Silvia. Silvia viene. Y se lleva al pobre Sebastián, a quien el culo empieza a dolerle por las dudas. Mi madre y mi padre asienten con la cabeza, dándole la razón. Sebastián llora, mitad por no querer irse, mitad por sentir que era injusto el mundo de los niños, mitad por adivinar la que se le venía. Porque Sebastián era gordo y tres o cuatro mitades le entraban, fácil.

Y como a los cinco minutos, se escucha que alguien chancletea al otro lado de la medianera. Pero no contra los ladrillos mojados que como baldosas forman el suelo, sino contra las nalguitas de Sebastián. Nalguitas empantalonadas, pero nalguitas al fin. Nalguitas redondas como pomelos colorados que mientras son castigados mueven un cuerpo rechoncho que se agacha y junta juguetes. Lo pude ver todo, subido a un banquito. Cuando bajé, Sebastián seguía recibiendo pantuflazos, y seguía llorando a los gritos.

Y yo, sin nada mejor que hacer, me subí a las hamacas y empecé a reír. Pero no sólo a reír, sino a cantar. Era una risa que cantaba alevosamente. Yo estaba “tarareando” la canción esa que dice: “Esta noche es nochebuena… tralalalalá… lalá…lalá”, con mi risa. Estaba “jarajajeándola”, si se me permite. Porque verlo al gordo llorando y juntando juguetes que se le caían y lo obligaban a hacer todo de nuevo, me pareció lo más divertido en todo, todo el Universo.

Mi padre, obviamente, escuchó mi escándalo y salió afuera, abandonando el interior de mi casa. Mi madre venía atrás suyo, con mi hermana a upa.

-¿De que te reís? –preguntó el viejo moviendo la cabeza de un lado al otro, escuchando los sollozos al otro lado de la medianera y sospechando lo peor.
-¡JA…JARAIJA…JAJA…JAJA…! –respondí yo, sin dejar de columpiarme.

Se quedó desorientado por un momento, pero no por ello se paralizó.

-Lo que estás haciendo está muy mal –me dijo-. Bajate de ahí, Andrés.

Y se sacó el cinturón. Nunca me había levantado la mano hasta ese entonces, ni esbozado las intenciones de hacerlo. Pero tenía que dictar justicia. Hoy me doy cuenta de que mi madre estaba obviamente de acuerdo en eso de que yo DEBÍA ser aniquilado en favor del bien público y el futuro de la humanidad, pero era mi madre. En cualquier otro momento habría luchado con mi viejo e impedido que se me castigara a la voz de “dejalo, yo me ocupo, es MI hijo, yo lo parí”, pero en esta ocasión sólo hizo lo que pudo. La determinación y severidad en los ojos de mi padre debe de haberla convencido, pobre alma, pero así y todo, trató de defender lo indefendible.

-“No, Raúl, pobre… el nene se ríe de nervios… por el amigo” -argumentó.
-¡…JARAJAJAJÁ… JAJÁ…JAJÁ! –proseguí yo, terminando la melodía.

Te quiero, Ma. Tres cintazos por sobre el pantaloncito celeste, contra mi culito inmaculado, fueron todo lo que necesité para ponerme a llorar. Ni siquiera me dio bien, sino que me dejó atajarme un poco, y de costado. Obviamente, así como yo no sabía recibir castigo físico de su parte, el tampoco sabría dármelo. No lo sé. Tampoco sé cuantas veces me pidió perdón esa noche, pero le estoy agradecidísimo por el escarmiento y me emociono mientras escribo a este respecto.

-“Vos no entendés… es muy gracioso” -dije entre lágrimas, antes de rumbear hacia el interior de la casa, sin mirar atrás, y sin saber que un día como hoy iba a estar compartiéndolo todo en forma de artículo narrativo, con todos ustedes.



*Quiero dedicar este relato obviamente a mi papá Raúl, mi hermanita Noelia y mi primo y mejor amigo Darío, mis muertos más queridos. Los extraño a los tres, todo el tiempo, con todo mi corazón. Ya nos tocará encontrarnos de vuelta… Después voy.

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Siempre me gustó esa frase. Parece que la gente ya está haciendo la caca mejor, porque la moda ciudadana dejó de ser esa de “Solucioná el tránsito lento comiendo esto” y pasó a ser la de “consumí esto, que es mas sano porque tiene cero grasas trans”. Les parecerá que el artículo no obedece a su título, pero sigan leyendo y verán hacia donde me dirijo.

Las publicidades están medio idiotas y todos hablan de eso en todos lados, desde la cruzada esa de llevar tu vida en un celular, la buena onda de los bancos que te piden que no trabajes tanto y le dediques tiempo a las cosas importantes (como jugar con tu hijo a la pelota, o sacar un crédito hipotecario y endeudarte hasta el último tracto del intestino durante los próximos veinte años) y cosas así. Porque la gente anda medio pelotuda también, supongo. Ayer a la salida del supermercado vi un afiche de una nueva crema de leche que no tiene grasa ni colesterol, lo cual me hace pensar que debe ser crema enjuague con edulcorante. Pero las que me preocupan más son esas publicidades que parecen alentar a que los niños tomen el control de sus actos así nomás, y les digan a sus padres lo que está bien y lo que esta mal. Aparentemente, el ser niño y estar sanito justifica jugar a ver si esos hongos son venenosos o si tengo la frentecita lo suficientemente dura como para frenar un colectivo. Vale todo.

(¿Vieron cómo llegamos al título del post?)

Lo que muchos adultos no han podido notar, probablemente porque ahora sufren de tránsito rápido y están entreteniéndose a base de copiosas diarreas, es que quien pide que los chicos se ensucien y diviertan es un fabricante de jabón en polvo. Si fabricasen hamburguesas dirían algo así como… no sé… “Dejalo comer al nene, pobre, que se te va a poner anoréxico y lo vas a tener que sacrificar con una inyección a lo Clint Eastwood en Millon Dolar Baby”. O “¡Me encanta!”.

Alguien me supo decir que esto no sucede tanto en el interior del país, o en las zonas rurales donde las cosas todavía guardan algún tipo de coherencia. Allí, los niños se ven obligados a respetar aunque más no sea medianamente a los mayores, y a dejar que éstos tomen alguna que otra decisión respecto al camino que una criatura de seis años debe seguir a fin de no convertirse en un badulaque de cuarta en el mejor de los casos. No soy viejo en lo más mínimo, pero las veces que saqué malas notas en el colegio*, mi madre se encargó de enojarse conmigo, y no con el docente. Porque el desgraciado que se había pasado el tiempo pensando en videojuegos había sido yo, y no el docente. Y si hubiera habido que subir a alguien al Expreso de la Hemiplejía, ese alguien habría sido yo, y no el docente. Bueno, estoy exagerando. En realidad, siempre fui un niño mimado de los que son agredidos y torturados verbalmente más no físicamente, pero ochenta años atrás -imagino- me habrían molido a palos el docente, mi madre, mi padre, mi abuelo y algún vecino voluntarioso y paternal a la voz de (entre lágrimas) “¡Vas a crecer derechito aunque el mundo sea una mierda, pibe!”. Hoy en día, cuando los niños se sacan malas notas los padres lo buscan al docente, y le aplican su idea de la justicia paternal optando por diferentes alternativas, que van desde el juicio, el requerimiento de despido y las demandas al colegio, hasta la amenaza de muerte y/o las laceraciones con una cadena de bicicleta.

Ahora bien: resulta cierto eso de que hay que hacer algún mínimo consenso en las pequeñeces. Hay que permitirle al niño expresarse. Que tome decisiones; que elija su comida preferida, que se equivoque, que se caiga de la bicicleta y aprenda algunas pequeñas estupideces –y porqué no, técnicas masturbatorias- a solas, sin ayuda de los mayores y sus defectos. Pero dejarle pasar todas a una criatura es cometer el peor de los errores. Porque algunas criaturas (las que recibieron muchas peroratas nomás estando en la cuna) saben diferenciar lo correcto de lo incorrecto. Lo que funciona, de lo que no.

Yo soy un niño buenoYo, por ejemplo. Servidor. A esta altura de Damos Pen@, decir que soy un modelo a seguir es minimizarme al borde de lo ridículo. Yo no me portaba mal. Me decían: “Quedate quieto”, y yo me quedaba ahí. No saltaba en las salas de espera de los hospitales, ni trepaba árboles, ni nada. No gritaba, y al día de hoy eso se mantiene así. Quizá por falta de salud, masculinidad temeraria o ganas de realizar esfuerzo físicos (consideremos que para salir a embarrarme debía levantarme de la cama, vestirme, apagar la televisión, etc.), pero me animo a decir que era buenito –o un potus, me estoy dando cuenta- nomás porque ser “travieso” no me habría resultado provechoso en lo más mínimo. Una vez le escondí las llaves del auto a mi abuelo durante una semana nomás para ver cuán importante era eso de andar en auto todos los días (mi tía se está riendo en este momento seguramente), pero nada más. Porque estoy convencido de que siempre supe (al igual que la inmensa mayoría de los niños) qué cosas estaban mal o bien. Eso se hizo evidente aquella vez… con Sebastián, mi vecino y mejor amigo de la infancia. Fue entonces que cruce la barrera de lo saludable. No teníamos más de 6 años y…

Ahora, les toca a ustedes adivinar lo que pasó con Sebastián. ¿Qué hice yo? ¿Qué hizo mi padre? ¿Cómo imaginan la situación? Prometo contar el resto de la historia en los comentarios, siempre y cuando ustedes comenten abundante, lindo y variado.

Si no, no. Porque resulta evidente que cuando pongo curas a manosear pibitos consigo mucha más atención que cuando intento homenajes a dibujantes talentosos.



*Durante la primaria al menos, sé que fueron sólo dos veces. Una de esas malas notas fue un ocho en inglés cuando estaba en quinto grado (mi vieja me mandó a “particular” esa misma tarde y yo fui casi llorando), y la otra fue un “regular” en segundo grado, porque me confundí el océano pacífico con el atlántico en un examen. Al día de hoy sigo confundiéndolos, pero ahora me parece pintoresco.

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Recuerdo la primera vez que pasó. Jueves a la noche, enero del 2004. Fue cuando nos dimos cuenta de que el pibe daba para mucho. Al principio creíamos que era una joda más, de las tantas que dejaba caer después de tragarse el gusanito del tequila. Pero resultó que no.

Miren, miren –dijo antes de callar definitivamente-. Se van a caer de culo.

El primero de los seis en darse cuenta (porque éramos seis, más Carlitos) fue el Chino Poclava, como siempre:
¡Es el de Brigada A! –exclamó-. ¡El de Rocky III!
-¡No puede ser!
-Loco, esto da miedo…
-¡Boludoooooo…!

Y era imposible no darse cuenta, porque Carlitos estaba imitando los sonidos de Mario Baracus a la perfección. O mejor dicho, la falta de los mismos. No podría jamás habérsele confundido con ninguna otra cosa, considerando que Carlitos tenía poco de negro y menos aún de hercúleo. Pero Carlitos, en silencio, era igualito a Mario Baracus. Sin hacer gestos; sin improvisar vestuario ninguno. Sin siquiera moverse del sillón.

Desde aquella noche, Carlos Alampi desarrolló abrumadoramente la capacidad de imitar silencios ajenos. Como todo grupo de amigos que comparte códigos únicos y en el que cada uno se cree más piola que el resto, no tardamos mucho en ponernos de acuerdo e intentar desentrañar las razones o al menos el origen, el secreto de ese talento. Me animo a decir hoy, pasados varios años, que lo que teníamos era envidia, nomás. No sé si de la sana, pero nacida de la fascinación más sincera.

Comenzamos entonces a pedirle imitaciones nuevas. Él traía diez, o doce por semana, y previamente nos pedía ver ciertas películas o programas de televisión. Nuestro juego consistía en dejarlo a Carlitos hacer su gracia y limitarnos a anotar en silencio sobre un papelito la respuesta que creíamos correcta. No necesariamente adivinábamos los seis (la existencia de Ken Watanabe no tiene porqué ser conocida por todo el mundo), pero en caso de no saber alguien la respuesta, jamás se arriesgaba sin saber, para no contaminar las predicciones del resto. Tampoco era condición ineludible el conocer el nombre exacto del imitado, bastaba con dar referencias. Lo que para mí y otros fue Robert De Niro, para el chino fue “el loco de Taxi Driver” y para alguno, “Vito Corleone”. Pero era suficiente.

Eventualmente comenzamos a preguntarnos si no seríamos en realidad nosotros los responsables. Imagínense: un grupo de personas que pasan tanto tiempo compartiendo cosas y tienen y tuvieron tanto (o a tantas) en común, tarde o temprano termina formando parte de una cosa más grande que su propia organización psicofísica. El resultado es superior a la suma de los componentes. En una de esas, éramos nosotros los que pensábamos parecido, y él tan sólo hacía las veces de parabólica humana, de pararrayos espiritual. Entonces, y violando todas las reglas de las noches de los jueves, el chino se fue a un bar en el que todos esperábamos ansiosos (y pretendiéndonos desconocidos), e invitó a un compañero de laburo, con la excusa de haber perdido ex profeso una apuesta del orden de: “te juego una cerveza a que a la abogadita me la levanto esta misma tarde.”

-¿No se parece a alguien, este tipo? -preguntó el chino señalando en dirección a la barra en la que Carlitos se hacía el sota, con el “mute” de su cerebro puesto-. Yo lo veo parecido a alguien de la tele.
-¿Cómo se llama la mina esa… que está rebuena…? -dijo el pobre flaco-. Medio como que tiene un aire a… ¡Sandra Bullock, pero en chabón!

Y tenía razón, al menos, en la identidad de la imitada. Yo había anotado: “la que actuó en “El Demoledor” y “Máxima Velocidad”, porque no me salía el nombre. Carlitos no hizo otra cosa sino esperar a que se fuese para matarse de risa. Del chino, de su compañero, de todos nosotros. Y en una de esas, hasta de si mismo. Le relampagueaban los ojos al desgraciado. Lejos de asustarse de su propia condición, paradójicamente inimitable, nos lanzó el siguiente desafío antes de llenarse la boca de maní:

-No importa donde, como, ni cuando; ustedes elijan a alguien, lo que quieran, que yo se los imito la próxima vez que nos veamos. Elijan al azar, piensen fuerte.

Al otro martes, Carlitos cayó en un coma profundo. Nos avisó su viejo, a la noche. Nos llamó a todos de a uno, por orden alfabético de acuerdo a la guía telefónica. A todos nos dijo el mismo discurso destruido: que los médicos no sabían nada, que había discutido con su novia, que estaba mirando televisión y se desmayó, que era cosa de Dios, que estaba internado. Que fuéramos a verlo. Yo estoy seguro de que sí, fue cosa de Dios. Porque un don como el de Carlitos (como tal vez todos los dones) no se obtiene sin intervención divina.

Dicen que fui el único que no se dio una vuelta por el hospital; que quedé mal en serio. Dos días después, el imitador de silencios se murió. Y no importa lo que crea su novia: es obvio que Carlitos se mató sólo, se inmoló. Eso lo sabemos los que estuvimos con él mientras sus capacidades se desarrollaban hasta lo absurdo, imitando en el silencio a actores del cine mudo e incluso a conductores de magazines radiales. Se desnucó sin querer, como un toro que en bajada se estrella contra una pared roja. Por eso el chino se echa a sí mismo la culpa y cree que nuestro amigo no pudo salir de una última imitación, cayendo por error a imitar justo en ese rato de la tarde que el chino pasó en el cementerio de la Chacarita junto a su hermana, que es estudiante de medicina, coimeando al sereno para conseguir una calavera y algunos otros huesos de esos que no le importan a nadie a la hora de la siesta.

A Carlitos se le fue de las manos la proeza, mientras la practicaba. Es posible. Como si se le hubiera escapado un tiro. A mí me alcanza con la hipótesis del chino. Así, calladito en el cajón, con los ojos cerrados y la boca pegoteada, Carlitos estaba igualito a alguien, seguro. La macana es que… andá a saber quien era ese fulano.

Yo hubiese preferido que lo velaran a cajón cerrado.

*Este es otro de esos artículos “homenaje” de los cuales supiera hablarles meses atrás. Le falta el dibujo para acompañar, siendo Carlitos un Artista Irrelevante. Lo dejo a criterio del homenajeado.

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