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Archive for 28 julio 2007

Estando de vacaciones desde hace seis días y restándome otros ocho, habiéndome enfermado previamente dos veces en menos de un mes, y tenido entonces seis días más de “descanso”, estoy pensando seriamente en la posibilidad de que me despidan. Ya me da vergüenza quedarme en casa. Quiero decir, yo me despediría, amparado en la inefable posibilidad de que alguien tan endeble desde el punto de vista inmunológico bien podría contraer la gripe aviar o un virus particular y dar muerte a mis empleados restantes, obligándome a dar un montón de explicaciones ante el sindicato y esas cosas.

Pero sucede que uno de mis mayores miedos radica en la posibilidad de quedarme sin trabajo en el futuro lejano, justo cuando las empresas comiencen a utilizar el tomógrafo de pensamientos como elemento legalmente aceptable a la hora de enriquecer los datos obtenidos a través de una entrevista laboral. Ese sería mi fin, a menos que me quedase sin trabajo en un futuro cercano, caso que también sería mi fin, pero ocurriría antes. Me acabo de dar cuenta de que en cualquier caso, estoy condenado.

Sabedor de las tretas o perfiles requeridos, mentiroso y –por sobre todas las cosas- dotado de múltiples recursos e instintos, suelo darle lo que busca al interlocutor y no saco sino resultados positivos en cuanta evaluación psicológica debo realizar, pero si realmente se pudiese ver las cosas en las que pienso a diario, yo iría preso a una cárcel especial de máxima seguridad, dentro de un submarino y con vigilancia de cuarenta efectivos militares las 24 horas del día, siendo sometido a pequeñas inyecciones de veneno paralizante cada cuarenta minutos. Probablemente me desnudarían también, y la ficha en lugar de mi nombre diría algo así como: “Si puede leer esto está demasiado cerca”.

A nadie escapa –ni siquiera a mí- la realidad de que eso (me refiero a la invasión cerebral y lectura de pensamiento) sería ilegal, anti-constitucional, blah, blah, blah. Que arroje la primera piedra la corporación que esté libre de pecados de este tipo. El que está al día con sus aportes tiene problemas a la hora de que le manden el médico ante una ausencia por enfermedad, o trabajó alguna vez llevando un pequeño vendaje, o cobra la mitad de su sueldo “en negro” o hace horas extras que no le son gratificadas “en blanco”, o tiene pendientes sus días de vacaciones, y así. Algunas empresas utilizaron detectores de mentiras y todas investigan medianamente a sus posibles empleados si lo creen pertinente. La gente se acostumbra a todo. Nos acostumbramos a todo, incluso a la Argentina. Yo estoy pensando en acostumbrarme a la nieve, por las dudas.

En mi mente, esta máquina es una especie de ecógrafo operado por psicoanalista que te va escaneando la cabeza mientras se te muestran diferentes imágenes con estímulos sexuales, violentos, políticos, etc.; extrayendo pequeños cortos de animación o secuencia de diapositivas mentales, las cuales son transmitidas hacia un monitor de cristal líquido de 47 pulgadas, amurado en la pared. Tengan en cuenta que en el futuro éstos van a ser más baratos que un kilo de morrones, cosa que ocurre con cualquier monitor monocromo de 14 pulgadas hoy por hoy. Y psicoanalistas hay y va a haber muchos, siempre.

Imagino como sería entonces, una entrevista (con test incluido) en la que me viese obligado a ser sincero y honesto.

Dra.: -¿Y como te sentís trabajando en equipo?
Mantis: -Muy mal, en realidad. De no ser porque le temo a las represalias de Dios, habría matado a mi antiguo compañero.
Dra.: -¡¿Cómo vas a decir eso?!
Mantis: -No, no iría preso. Soy demasiado detallista, y me tengo mucha fe. Algunos conocimientos de investigación forense real también tengo. He leído mucho, además, y creo que los límites descansarían únicamente en la imaginación de quien perpetrara el hecho.

O:

Dra.: (señalando la pantalla) -¡Por favor, decime que no soy yo esa mujer que se está revolcando desnuda en el barro!
Mantis: -Oh, sí. Y esa que entra ahí es Jennifer Connelly. Supongo que a esta altura de la entrevista no te molestará que me masturbe mientras conversamos, así que, con tu permiso…



A veces es muy divertido ser yo.

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Para los que no lo saben (todos), estoy de vacaciones, y así seguiré por unos cuantos días más. Lo que se conoce como vacaciones de invierno ha vuelto a ser realidad para mí, después de más o menos… siete años. Acepto sí, que buena parte de esos siete años la pasé sin hacer nada, o como quien dice, “analizando mis opciones”. Y antes de que empiecen a fantasear con que soy un privilegiado que se tomó días a mitad de año para renovar energías y pasear por el interior del país, basta confesar que todo lo que tuve que hacer para conseguir mis vacaciones de invierno fue trabajar de lunes a sábado sin días feriados hasta casi alcanzar la demencia, durante los últimos dieciocho meses.

Bueno, la verdad es que lo prefiero así. A mí criterio es mucho mas inteligente dejar pasar el verano y ausentarse del laburo en estos días, ya que lo que más molesta de tener que salir a trabajar, es precisamente el hecho indiscutible de que hace demasiado frío en invierno como para que uno tenga que andar levantándose temprano o abandonando esa perfecta amalgama de sábana y acolchado.

Lo malo es que no planeé debidamente mi itinerario para estas vacaciones, y hasta ahora, podría resumirse de la siguiente manera:

Día 1 de 14. Lunes 23 de julio de 2007:
Al mediodía comí polenta. A eso de las seis de la tarde compré una palangana amarilla y llevé una frazada gigante al lavadero. Me engripé, por lo que también compré antibióticos.

Dia 2 de 14. Martes 24 de julio de 2007:
Comencé a escribir este artículo a la mañana. Prendí la televisión y vi como en Ezeiza un técnico en explosivos hacía explotar una mochila sospechosa. Y seguí tomando antibióticos. A la tarde pasé por el lavadero nomás para que me dijesen que se habían atrasado y que mi frazada no estaría lista sino hasta mañana. Son las diez menos diez de la noche y estoy retomando la redacción de este artículo. Me estoy quedando sin antibióticos pero gripe me queda bastante, creo que tengo más que antes.

Notarán que lo mejor vino de la mano de la mochila esa, siempre y cuando consideremos que me la pasé imaginando que su propietario había dejado allí dentro una cámara digital muy cara, documentación personal y dinero en efectivo, o al menos una cámara viejita y muchos rollos de fotos de unas vacaciones en las cuales se hubieran invertido los ahorros de toda una vida. O un pibe chorro de once años. Situaciones en las que, obviamente no tuve tengo ni tendré participación. La pude haber pasado bien, pero fue de rebote.

Es por eso que voy a planear lo que podría hacer de aquí en más con mis días de descanso. Con una actividad por día debería andar, ya que mi idea de las vacaciones es no hacer nada de nada ni salir a la calle ni nada, y dormir mucho. Pero mucho, mucho.



Miércoles 25/7
No tomar ningún remedio para la fiebre y acostarme a dormir, a fin de aprovechar los delirios.

Sábado 28/7
Levantarme. Publicar algún artículo en el blog tratando de explicar la desaparición de Chinchulín y su aparición en la portada del último número de la revista Barcelona. Hacer pis y caca y comer sánguches o empanadas.

Domingo 29/7
Ver si más o menos estoy curado. Ir a un cine que quede lejos de casa a ver una película que no me guste y gritar obscenidades cada vez que aparezca una mina en pantalla, total, si me sacan no me importa. Llorar y vomitar cuando el acomodador intente sacarme. Hacer pis y caca y comer sánguches o empanadas.

Lunes 30/7
Bañarme. Ir a ver la película de Los Simpsons al cine.

Martes 31/7
Comer sánguches o empanadas. Darme una vuelta por todas las armerías del centro a ver si de una maldita vez por todas se deciden a traer alguna HP Browning en buen estado (es la de Terminator 2, la que dispara el T-800 cuando dice “HASTA LA VISTA, BABY”).

Miércoles 1/8
Bañarme pero también vestirme, que me engripé de vuelta, caramba. Llamar a mi novia y explicarle que recién ahora me estoy sintiendo mejor, que me perdone por no llamarla. Llorar mucho. Editar este artículo a modo de chiste para que no se vuelva peligroso (guiño a los que lo leyeron fresquito).

Jueves 2/8
Ordenar mi cajón de las medias y calzoncillos haciendo un degradé de colores. Esconder toda la ropa vieja que mi novia me quiere tirar, pero revisar mis tarros de fibras y lapiceras y deshacerme de todo lo que no sirva. Sacarle punta a todos los lápices con una navaja. Llorar un poco más.

Viernes 3/8
Ir a ver la película de Los Simpsons al cine.



Y hasta acá me da la imaginación: me queda libre el último fin de semana. Escucho sugerencias. Si tienen ganas de hacer algo, en una de esas, me prendo.

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Me duele la mano izquierda y muy bien no me responde. Se preguntarán ustedes porqué… Y si no se lo preguntan, pues no estamos de suerte, porque de eso voy a servirme para comenzar este artículo.

Anteayer me la agarró un colectivo (me refiero a la mano, afortunadamente), aunque de una manera poco convencional. Estaba yo sacando boleto rumbo a la estación Virreyes debido a que no camino cuando hace mucho frío o cuando salgo con algunos minutos de atraso, (en eso no soy tan diferente al resto de las personas) cuando se cerró la puerta sobre mi mano, haciéndome crujir de desesperación disimulada y dejando mis dedos fuera. No grité nomás porque el colectivo estaba vacío y el ruido es para que por lo menos alguien escuche y se aflija, o al menos eso creo yo.

Pará, pará, abrí, abrí –fueron mis palabras en un tono tranquilo. Salieron lacónicas pero lo suficientemente sinceras como para que el colectivero abriese y yo pudiese liberarme. Creo que los guantes evitaron un daño mayor, pero cabe decir que el espacio libre se redujo todavía más cuando la bisagra volvió a ponerse en funcionamiento. El colectivo era medio croto (léase veterano) y la puerta no cerraba herméticamente, por lo que estaría bien decir que tuve un poco de acción “metal-carne-metal”, a falta de burletes de goma. Ojalá sea burlete la palabra, no sé, ustedes me entendieron. Esa cosa negra.

El tipo me miró sorprendido, con esa expresión que dice “cosa rara” y que esbozaron todos los que se enteraron posteriormente del episodio. “¿Cómo hiciste?” fue la pregunta casi automática a la que se me sometió de un modo sistemático. Y fue así que me di cuenta de que hay gente físicamente impedida de tener un accidente semejante. Porque para estar sacando boleto agarrado del marco de la puerta hay que ser muy alto y tener brazos muy largos, cosa que a mí me sucede, pero a otros no. Y pensarán algunos que hay que tener ganas de jorobar también, sí, seguro. Pero es que a mí me queda más cómodo así, y siempre saco la mano a tiempo.

AlturaEs por eso que voy a dejar por sentado ciertas situaciones a las que me enfrento en esta vida y que muchos de ustedes, poseedores de organizaciones psico-físicas alternativas, no podrían entender. Será más o menos como explicarle a una monja el aspecto y funcionamiento de un mingitorio, pero haré mi mejor esfuerzo. Si algún día tienen un hijo de 1.93 metros y 87 kilos de masculinidad –impresionante masculinidad-, por lo menos, sabrán a que enfrentarse. Les digo: este país está hecho para que vivan cómodos los hobbits.

1-No consigo ropa barata. No es que sea deforme o cheto, pero casi siempre tengo que salir a comprar las cosas a tiendas reconocidas debido a que me faltan mangas todo el tiempo. Para que se den una idea, en Jhonson´s no puedo comprarme un abrigo barato, ni conseguir ropas truchas en las ferias de Retiro. Por eso mi guardarropa es mas bien escaso y me faltan algunas cosas básicas, como un buen sobretodo de invierno o un traje de terciopelo verde. La ropa del tipo saco, traje, campera de cuero, etc. debe sufrir siempre un “retoque” o ajuste. Las camisas pueden quedarme algo holgadas en la zona del abdomen, y las camas también me salen más caras.

2-Me lastimo y lastimo a mi novia. Lean, la puta que los parió, no sean mal pensados. Darle un beso nomás hace que tenga que agacharme mucho, midiendo ella poco más de metro y medio. Suele darse también que cuando conversamos caminando por la calle el sonido de nuestras voces no llegue a nuestras orejas y se pierda a diferentes alturas, dando lugar a todo tipo de malentendidos. Ambos mantenemos constantes dolores de columna o misceláneos, y como la amo, espero que eso haga de mis nuestros próximos ochenta años de vida juntos un placentero martirio. Ponele que no sean ochenta porque me decapita un helicóptero, porque soy alto y nunca se sabe, pero la idea está más o menos clara.

3-Veo las cosas desde otro ángulo. Con sólo estirarme y ponerme en puntas de pie puedo cambiar algún foquito, pintar un techo, acomodar cosas en estantes elevados y cosas así. Podría decirse también que necesito de más puntería a la hora de hacer pis, ya que lo mío es directamente tiro a largas distancias. Puedo revisar prácticamente cualquier escote desde perspectivas muy favorables y suculentas, incluso por detrás, pero más o menos a los 18 años ya me había acostumbrado a tal don y medio como que perdió la gracia.

4-Viajar me cuesta. Hay remiserías a las que se que no puedo recurrir debido al tamaño de algunos autos, ya que sentarme representa el tocar la cabeza contra el techo y/o llevar las rodillas clavándose contra algo, en un acto tan traumático como cumplir diez años y que el payaso que tus papás contrataron a fin de animar la fiesta se pase toda la tarde violándote y vomitándote encima. En algunos colectivos lo mismo ocurre, llegando a atorarme, por lo que prefiero viajar parado (y un poco más cómodo) a pesar del riesgo inminente de romperme el cuello en caso de que el colectivo agarre una loma de burro a buena velocidad (estoy golpeándome constantemente). En cualquier otro escenario, camino.

5-Algo que recordé aunque no tiene nada que ver con mi altura es el hecho de que uso anteojos todo el tiempo por mi miopía, y al entrar en cualquier lugar calefaccionado sufro inevitablemente de empañamiento espontáneo, esmerilado y ceguera total momentánea. Suena mejor de lo que es, en realidad. Peor es el caso cuando uso los lentes de contacto, ya que se empañan directamente los ojos, convirtiéndome en presa fácil de cualquier cosa.

Y basta de hablar de mí, si se me ocurren otros los agregaré luego. Sería bueno -cabe agregar-, que ustedes comentasen definiendo particularidades (no necesariamente exclusivas) a las que se oponen a diario. Y no, no vale decir que necesitan preservativos extra-resistentes o calzoncillos muy gruesos, no jodan porque vuelvo a darle al test de los días anteriores. Me refiero a cosas positivas o negativas que en una de esas otros desconocen por no ser enanitos, obesos, albinos o parecidos.

Si fuí muy lejos con lo del payaso pedófilo, avisen.

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Caso Nº 4

MoneditaUsted se encuentra una moneda de 25 centavos en el piso. Ni más ni menos, porque si te ponés a pensar, las cosas que a uno le pasan son más bien simples. Entonces:

a) Se pasa las próximas cinco cuadras mirando el piso como un imbécil, ya que su cerebro le dice que por algún motivo puede haber otras monedas cerca.
b) Se pasa las próximas cinco cuadras mirando el piso sin saber porqué, esperando continuar con la “racha”.
c) Se la ofrece a un mendigo y luego se arrepiente y se siente mal cuando le falta para el colectivo.
d) La deja en el piso porque las monedas son cosa de pobres y usted no se agacha por menos de dos pesos y en una de esas la moneda se le cayó a algún enfermo de SIDA y usted sabe que no se puede contagiar pero tampoco es cosa de andar tentando al Diablo.
e) Se pone muy contento y compra caramelos.



Respuesta correcta
En Capital Federal, provincia de Buenos Aires, por ahora es la C. Una vez que Mauricio Macri acabe con la mendicidad y nos convierta en un pueblo próspero, será la D.



Caso Nº 5

Carne picada, obvioEse desconocido perturbado del tercer caso lo espera en la parada del colectivo y se lo lleva de vuelta. Sí, y bueno, una desgracia, que le va a hacer. En una de esas, si no hubiese querido hacerse el ingenioso “tengo otra alternativa” con lo de la pis y la lapicera, no pasaba. Nuevamente en un galpón de la zona norte y con el ladrar de los perros de fondo, usted se ve obligado a elegir de una lista el método de tortura a padecer. Le promete, el torturador, que ésta es la última vez siempre y cuando usted se porte bien y no se ande haciendo secuestrar, saliendo a la calle nomás para tentarme. Digo, tentarlo. No importa, elija usted:

a) Chupar incansablemente durante toda una tarde las patas de las camas ubicadas en el pabellón femenino de enfermos de sida del hospital Muñiz.
b) Comer cinco kilos de carne cruda tibia y azucarada. No, no le voy a decir de qué es la carne, usted come o elije otra cosa. ¿Quiere chupar las patas de las camas? Mire que todavía está a tiempo… Dígamelo y no perdamos más tiempo.
c) Se mete una zanahoria finita y llena de barro por la nariz hasta que hace tope y la siente medio como “en el cerebrito” si bien al cerebro no podría llegar. Pero casi, usted me entendió. Y sigue haciendo fuerza hasta que le sale sangre y barro por la boca y el enfermito se levanta y se va porque las cosas se le están yendo de las manos.
d) No hacer nada, y deja que el enfermito lo mate, porque ya está cansado de todo el asunto.
e) Violar una cerradura, pero de la forma más literal posible (que también es unas diez veces más graciosa que la “violación de cerradura” a la que uno se acostumbra en Argentina), con mucho dolor y vaselina.

Respuesta correcta
Todas son correctas. Muy bien, estoy orgulloso de ustedes. De todos. Me emociono como Louis Gosset Jr. en “An Oficer and a Gentleman”, cuando Richard Gere se gradúa de la academia militar. O como Rocío Marengo en una reunión de chilenos calientes y adinerados. Algo así, sí.

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Caso Nº 2

Mamucha-Usted se casa, y sus amigos le han organizado una despedida de soltero. A fin de amenizar la noche (y a escondidas de su novia), contrataron a una prostituta, sin avisarle a usted nada al respecto. Usted lo sospechaba y deseaba, no finja. En determinado momento, y estando todos ustedes ya borrachos, llega la mencionada señorita, pero resulta que la misma se parece a su madre en un 100%. Es prácticamente idéntica a su madre, pero no a la de ahora, sino a la de hace algunos años. Esa que aparece en las fotos de cuando sus padres recíen se habían casado. Tiene la voz de su madre, habla como ella. Mira como ella. Lo trata de “hijo”. De repente, mientras usted se queda paralizado ante la imagen, ella posa la mano sobre su entrepierna y usted siente un principio de erección. Y no sabe porqué, pero lo siente. Entonces, usted cree que:

a) No le daría; saldría corriendo rumbo a una iglesia y tomaría los hábitos.
b) Le daría y luego se sentiría muy mal
c) Le daría y luego se asustaría por sentirse tan bien.
d) Haría algún comentario estúpido en este artículo acerca de Edipo o Nietszche, queriendo explicar y hacerse el sabelotodo ante un montón de pelafustanes que dirán “Ah, yo iba a decir eso”.
e) Le daría arrojándose salvajemente a una segunda lactancia pensando siempre en que “no es mamá, se le parece nomás”.

Respuesta correcta
No, ninguna. Ahhh… ¿vieron que ustedes también están enfermos?

Caso Nº 3

CajitaSe le aparece a usted un científico loco o el diablo, no sé, elija. La cosa es que el mismo le brinda a usted una especie de control remoto hueco muy simple, consistente en una caja plateada y un botón anaranjado. Cuando usted aprieta el botón, la caja se abre y exhibe una lapicera en su interior. Es un bolígrafo automático, de esos que requieren que se apriete un botón en la parte superior para que la punta quede al descubierto.

“Ese es el botón de la muerte, porque esa es la lapicera de la muerte” –le dice el tipo, que no esta muy ducho a la hora de expresarse-. “Si lo presionás, una de las personas que más detestes morirá, indefectiblemente. Podríamos decir que comienza con los peores y va descendiendo en tu escala de odios. Por cada persona que eliminés, sin embargo, vas a perder un año de vida. Y no voy a decirte cuanto tiempo de vida te queda en total, porque eso vendría en detrimento del narrador de esta fantasía”. Entonces, usted cree que:

a) Cruzaría los dedos, apretaría el botón una vez y lo devolvería.
b) No aceptaría la oferta y se iría a seguir viviendo su existencia tan carente de sentido, arrepintiéndose de vez en cuando por haber dejado pasar la oportunidad.
c) Lo apretaría unas cuatro o cinco veces porque “hay muchos tipos que muertos harían mucho menos daño”.
d) Calcularía su edad de fallecimiento basándose en su árbol genealógico, salud, estilo de vida y luego apretaría más o menos hasta quedarse con unos quince o veinte años a fin de ver a sus hijos terminar el primario o secundario.
e) Lo apretaría compulsivamente, llorando, ahogándose de risa como el hijísimo de re-mil putas que es, gritando cosas como: “¡¡¡JAJAJAJA, CÓMANSELA, CÓMANSELA!!!” hasta caer fulminado.

Respuesta correcta:
La correcta es obviamente la E. Uno va a morirse de todas maneras y es bueno llevarse a cuantos sea posible. La oportunidad no sólo es única, sino que también irrepetible.

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Las preguntas que ustedes podrán responderse a continuación (publicaré esto en partes) fueron cuidadosamente formuladas a fin de que los lectores usuales y cualquiera de los mexicanos desprevenidos que visitan este blog buscando pornografía en Google puedan aprender más acerca de sí mismos. Está en ustedes el verme como a un maestro de la introspección, si lo desean. Yo creo más bien ser un gurú espiritual, porque los mántidos suelen ser más que un simple alumnado o audiencia. Padrino también va. Lo acepto. Capitán también; o sea traten de verme como a alguien importante y poderoso, me gusta más eso a ser visto como un asalariado con dolores de espalda.

Pero en una de esas, ustedes también son importantes. En serio. Pueden incluso llegar a valer algo. Compruébenlo contestando con cuidado lo que sigue, sometiéndose a situaciones que bien podrían ser hipotéticas y que cuentan con UNA RESPUESTA CORRECTA en cada caso. Les aseguro que algunos saldrán mejor parados que otros en los comentarios, porque eso de que todos somos iguales es mentira, no hace falta aclarar que Dios no puede ver las cosas con claridad estando tan arriba, con la contaminación, las papeleras y esas cosas. Además, siendo la Tierra casi redonda, tiene que perderse de por lo menos 12 horas diarias de lo que sucede en cualquier lado.

Como les decía…

Caso Nº 1

Meo-Usted es secuestrado por un desconocido medio “perturbadito” de identidad desconocida (pongámosle, no sé… Andrés Ángel) que se quiere entretener a costa suya, forzándolo a beber una botella de1/2 litro llena de orina tibia y ajena. No hay forma de escapar o enfrentarse al captor y usted puede escoger el procedimiento para la ingesta, pero tiene que beberla o morir. Si la bebe, sale en libertad y regresa a su vida de siempre. Entonces, usted imagina que:



a) Pediría un sorbete y le iría dando pequeños tragos al la pichina, cerrando los ojos con asquito, tratando de no respirar por la nariz ni eructar, considerando que un eructo de pis debe ser lo más feo que pueda pasarle a una persona sana.
b) La dejaría enfriar en la heladera, pediría poder diluirla en un litro de agua helada y luego se la bebería como el tipo de la publicidad de Colbert, volcando un poquito por los costados de la boca y tirándose el resto en el cabello.
c) Trataría de tomarla sin pensar que es meo, pero eso intensificaría la sensación de que es meo y por lo tanto terminaría tomando y vomitando intercaladamente hasta que se acabase el líquido. Y eructando.
d) Se serviría en un vaso grandote, fingiría que éste se le cae de las manos accidentalmente y se haría matar como el infeliz pecho frío que es.
e) Pediría diluir la orina en doscientos litros de agua y se la bebería prácticamente sin sentirle el gusto, pero teniendo que quedarse a vivir dos meses con el secuestrador, tomando mate de pis, sopa de pis y cosas así a fin de terminarla.
f) Se la tomaría con unos maníes salados, sin hacer escándalo.



Respuesta correcta
Era la A. Tomársela con unos maníes encolerizaría al secuestrador, quien podría idear nuevas formas de someterlo. Hacer la de la publicidad también podría llegar a tener ese efecto y eso de tomar y vomitar podría dar pie a que el tipo dijese algo así como “No, no… está mal, todo de nuevo, pará un cachito, que te sirvo más”.

Mañana o pasado, seguimos.

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No encontré una forma menos dramática de decirlo. Eran las cuatro de la tarde, aproximadamente, cuando mi madre gritó:

-¡Nieve, chicos! ¡Nieve!
-Pobre la vieja –pensé para mis adentros-. Al asilo, y como por un tobogán.

Pero lo cierto era que estaba nevando en la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal (además de otras regiones del país), lo que me alivia en sobremanera porque eso quiere decir que mi madre está lo suficientemente cuerda como para seguir malcriándome, barriendo, lavando mi ropa, ordenando todo y convirtiéndome en un completo inútil. No se puede discutir el valor de eso.

Reconozco que en un primer momento no supe como reaccionar. Alguno dirá que exagero, pero estaba preparado para muchas cosas, salvo la nieve. Inmediatamente mi cerebro empezó a reaccionar de acuerdo a la idea que tenía de la nieve, toda ella sacada de libros, películas y cosas así. Si bien la costumbre de los adolescentes porteños (y limítrofes) es el viaje de egresados a la ciudad de Bariloche (en Río Negro o Neuquén, ni idea) a fin de conocer la nieve y contagiarse el SIDA de algún promotor estudiantil, yo no llevé a cabo dicha experiencia por diferentes motivos que ustedes pueden poner en el orden que prefieran, siendo –probablemente- el más relevante de todos ellos el siguiente: era físicamente impresentable y de todas maneras iba a regresar sin ponerla. Entonces, no conocía la nieve. Pensé en salir con paraguas, no sé lo que se hace en estos casos. No voy a mentir diciendo que la idea de arrojarme al supermercado más cercano en busca de conservas y luces de bengala no pasó por mi cabeza. También pasó por mi cabeza la posibilidad de que el gobierno haya inventado una máquina de hacer nevar a fin de distraer a la población, desviando su atención fuera de los Sres. Julio De Vido y Felisa Miceli pero eso es otra cosa.

Temiendo que fuera una nevada letal (como la del eternauta) también cargué el revólver y dejé que pasaran algunos minutos a fin de que la helada se cobrase sus primeras víctimas, pero luego me di cuenta de que jamás podría construirme un traje aislante con las cosas que tengo en casa y me preparé para morir. Últimamente me resigno rápido. Al menos eso fue lo que argumenté en casa, la verdad es que yo quería salir a la calle en plena nevada, a fin de poder decirles a mis nietos que yo a su edad salía a hacer las compras bajo la nieve. No va a haber nada a lo que esos malditos puedan rehusarse una vez esgrimido ese argumento. Y todavía no sé si hoy al regresar del trabajo no sacrificaré a mi perro a fin de ingerir sus valiosas calorías y hacer con su piel un abrigo, todo depende de si sigue nevando o no.

La idea era buscar algunos churros y pastelitos en la panadería ubicada a siete cuadras de casa, aprovechando la fecha patria para someterme a un chocolate caliente. Esa es la versión oficial. Pero la verdad es otra, porque cualquier día iba a desperdiciar yo la nevada sin gozar como un cura durante la filmación de un episodio de “Carrusel”. En las primeras dos cuadras, abrigado con gorro y guantes al tono, corrí pretendiendo dificultad, como Stallone entrenando en Rocky IV, y antes de doblar en la esquina me fijé que no hubiese nadie, levanté los brazos y grité “¡DRAGOOOOOOO!”, haciendo ladrar a todos los perros de la cuadra. Eso sólo bastó para que me diese cuenta de que éste podía ser uno de los mejores días de mi vida. Luego quise jugar también a que era Hyoga, el caballero del cisne, pero no daba porque estaba solo. Para cuando llegué a la panadería ya había perdido las esperanzas de encontrar a alguien muerto debido a la nieve y estaba comenzando a aburrirme. Aparte, cabe contarle al que no lo sepa que la nieve es como la escarchita de la heladera en realidad, y cuando se derrite te mojás todo. Por eso, piénsenlo dos veces antes de jugar al francotirador soviético que espera sentado e inmóvil cinco minutos a que aparezca su presa. Me puse un poco de nieve en la boca porque así incluso disimulás el aliento.

Si tienen ganas de contar lo que hicieron durante la nevada, háganlo. Aprovechen los comentarios. Soy conciente de que muchos de nosotros somos de leer varios blogs por día, ya sea en detrimento de nuestra productividad laboral o a fin de debilitar aún más nuestros ya paupérrimos lazos afectivos con familiares, amigos y semejantes. Y sé también que hoy será difícil leer algo (en blog bonaerense o capitalino alguno) que no hable acerca de la nieve. Sería bueno que se preguntasen entonces porqué es este artículo el mejor de todos ellos.

¿Quién es especial? Yo soy especial...

Sí, yo pensé lo mismo. Es el mejor porque viene sin foto amateur de la nieve, y en su lugar aparezco yo en mi bautismo. Regocíjense.

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