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Archive for 29 marzo 2008


SolteroLo que les voy a contar es algo que tiene que ver con mi casamiento. Porque casi todo, de un tiempo a esta parte, tiene que ver con mi inminente casamiento. Es casi como una ley, una obligatoriedad que está ahí y que no puede negociarse. Porque cuando te estás por casar, cualquier cosa que no tenga algo que ver con el casamiento, es egoísmo, porque sos un ser despreciable que no piensa en el casamiento cuando debería. O algo parecido, muy divertido y relajante, por no decir recomendable.

Ahora bien, una parte importante del asunto es la despedida de soltero, y yo no voy a tener despedida de soltero. ¿Por qué?

Porque no estoy psicológicamente capacitado para tener una de las que a mí me gustaría tener, o de las que realmente –creo- se deberían llevar a cabo. Ustedes saben: el límite es la imaginación, y el “auto-limitarme” no es cosa que me salga bien, ya que mi auto-control es muy de niño inmaduro, y bueno casi siempre con las cosas que no me gustan. En otras palabras: si me encerrasen en una habitación y pusieran frente a una docena de acompañantes parecidas a las chicas FX a la voz de: “es gratis, tomá este balde lleno de crema”, yo… yo dudaría acerca de el verdadero significado del matrimonio en estos tiempos modernos. O su utilidad, etc. Y esta realidad horrible es masculina; sucia, vil pero humanamente masculina y poco cristiana, creo. No sirvo para las despedidas de ningún tipo, podría decirse. Si algo me gusta, se sigue haciendo hasta que me muero o hasta que quedo imposibilitado de seguir haciéndolo, y no quiero soltar el degenerado que llevo dentro: me hace sentir sofisticado y superior el hecho éste de estar siempre en control. Y no estoy seguro incluso de que no sea mi única virtud o mérito. Una despedida de soltero como la que a mí verdaderamente me gustaría padecer es ese tipo de despedida que no sólo no aprobaría tu futura esposa, sino que tampoco estaría muy bien vista por tus amigos del barrio, tus conocidos del trabajo o tus compañeros de pabellón en la cárcel de Olmos.

Bueno, bueno… si, si… A eso hay que sumarle el hecho de que cambié el permiso de tener una despedida de soltero antológica por un permiso para poder comprarme una moto.

fiestaPero aunque no me arrepiento, la verdad es que quiero tener recuerdos de una despedida de soltero. Aunque más no sea una imaginaria, de las que se vuelven reales -como la religión de Tom Cruise- de tanto contarse gracias al principio básico de la mitomanía. Y es por eso que ustedes y yo la vamos a ir armando aquí. Imaginen que sucedió este viernes. Que estuvimos todos. Y ya que estamos, imaginemos también que no estoy escribiendo bajo el influjo de unos cien gramos de pastillas tras haberme automedicado y pasado la noche de anoche entre delirios, toses y mucosidades de sabor metálico. Lo que vaya saliendo será la anécdota (pulida y retocada) de mi despedida de soltero. La que voy a contarle a mis nietos. Pero que sea en serio, bien en serio.

Los caballeros macanudos pueden sacar a relucir toda su camaradería y amiguismo. ¡Qué locos estábamos esa noche! ¿Te acordás de lo que hizo el [nombre propio o insulto afectuoso] cuando agarró la [ítem a definir] y se [acción poderosa] la [ítem poderoso o controversial] con el [ítem inesperado y de potencial hilarante que desemboca en situación graciosa] de [nombre propio]? Etc. Pero la mejor parte la van a poner las hermosas damas que leen este blog, ya que mi ofrecimiento es el siguiente…

Mujeres: ustedes pueden -y deben- contar con lujo de detalles las escapadas y aventuras de último momento que tuvimos, en privado, enviando un relato erótico –o no- a mi casilla de correo electrónico, cosa de que –como en toda despedida de soltero- lo ocurrido quede sólo entre los que estuvimos allí presentes. Aprovechen la impunidad: a la que me cuente la mejor y más pecaminosa historia le regalaré algo que puede ser un artículo para que suba a su sitio web (lo cual, considerando que apenas si tengo tiempo para publicar en el mío, será una paga más que coherente y sacrificada). O bien una fotografía misteriosa de mi viaje de Luna de Miel (misteriosa porque todavía no sé donde voy a estar alojado) Y al hombre que me mande una historia degeneradísima haciéndose pasar por una mina le prometo buscarlo y cazarlo como a un perro. Y lo voy a agarrar, porque voy a andar en moto, y las motos andan rápido.

Lúzcanse. En ustedes está la posibilidad de que este artículo sea algo memorable o una absoluta demostración del patetismo febril de quien les habla. Ahora, si me disculpan… Mi jarabe no va a beberse solo.

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Llegué una hora tarde al trabajo debido a que el tren descarriló y nos quedamos ahí, esperando hasta que lo echaron a andar, por lo que hoy no tuve ni tendré tiempo de leer blogs, diarios o esas cosas. Digamos que estoy agradecido de que nadie se haya acercado a golpearnos y robarnos en el durante del asunto, porque estoy muy débil, engripado y tembloroso.

Y la verdad es que no tengo muchas ganas de ponerme a escribir respecto a lo de anoche. Primero porque el tema se va a re-quemar, y segundo porque si bien la sensación principal es la amargura de comprobar una vez más que vale todo, algo de triste regocijo encuentro en el hecho de ver que el pueblo todavía sale a la calle con las banderas argentinas, mientras que el estado se hizo presente a través de sus matones Kirchneristas de pseudo-izquierda, con estandartes rojinegros y semblantes terroristas. Las cuentas claras. Clarísimas.

Si hace falta, no como durante una semana, o salgo a cazar palomas o seres humanos más débiles. Pero lo cierto es que los matones no van a poder estar en todos lados al mismo tiempo; y la gente de campo, con los huevos rotos y la desesperación sobre la mesa, demostrará que en una de esas la Argentina no está tan dispuesta al manoseo. A D´Elía no le van a alcanzar los piqueteros encapuchados para golpear a todos los vecinos del conurbano. A Moyano no le van a alcanzar todos los mafiosos para querer destrabar todas las rutas argentinas. Y algún culo sangrará, si, eso es seguro. Probablemente el del pueblo más que ningún otro. Yo me caso en menos de un mes y a los invitados les voy tener que dar de de comer fideos hechos con el papel de la impresora del laburo, y una emulación de aceite hecha a base de témperas y orines.

Pero esa loca de mierda anoche debe haber tenido que tomar más de una pastillita para dormirse, después de haber querido salir a patotear hablando como la insana que es. Y los bigotudos inmorales que la acompañan habrán tenido que mantener el celular prendido toooooda la madrugada.

Y eso es algo. Alguito, pero hermoso. Que no terminó todavía, y a lo que vamos a tener que seguirle el tranco para que no se pierda.

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Días atrás tuve que someterme al análisis pre-matrimonial. Aviso a los que estén interesados en casarse que el análisis se lleva a cabo con el objeto de detectar enfermedades de transmisión sexual, y también, porque no, con el objeto jeringa. Jajajajajaja… soy un loco lindo. Pero el verdadero chiste está en el hecho de que el exámen no incluye un test de HIV, lo cual nos demuestra que todo el asunto no es más que una fantochada que hace juego con el país en que vivimos y que permite dibujar mejor los números que licuan fondos municipales, sanitarios, etc.

Lo que me lleva a escribir estas líneas, sin embargo no tiene que ver con mi análisis de sangre, ni con la Argentina, sino con Michael Jackson. Paso a explicar…

Usualmente, yo trabajo por las mañanasen una corporación (que espero sea maligna), desde muy temprano hasta media tarde. Al tener que extraérseme la sangre muy temprano, pedí a un compañero de trabajo un conveniente cambio de horario, cosa de no tener que pedir un día a la empresa (si me quedo en casa me hacen trabajar más y cuando vuelvo al laburo resulta que nadie hizo mi trabajo y tengo trabajo doble). Tuve que trabajar a la tarde y salir a la noche, llegando a casa a eso de las once y media, hora que debería encontrarme ya bañadito y dormidito (o solamente dormidito si es invierno), o mirando algún documental en The History Channel, más precisamente de esos en los cuales un montón de veteranos de guerra norteamericanos cuentan sus hazañas y una voz en off lee cartas de tipos que debido a motivos obvios no llegaron a ser veteranos de esos que cuentan sus hazañas en algún documental en The History Channel.

En mi domicilio, por diversas razones, no había nadie. Entonces sin apoyar siquiera el bolso en una silla abrí el horno, lugar donde recordaba haber dejado una bandeja con unos restos manoseados de pollo asado y calabazas grilladas. Pensé en lavarme las manos, pero a veces también gusto de poner a prueba mis defensas, ya que eso de andar todo el tiempo esterilizado suele resultar contraproducente, al no fortalecerse uno como lo hacen los encantadores de serpientes (dejándose inyectar un poquito de veneno de vez en cuando).

-Qué Pollo, pollo, qué po… –le dije escupiendo mientras masticaba, imponiendo una melodía que hoy puedo asociar a Rafaela Carrá-. Qué pollo, pollo, qué pollo sos…

Y prendí la radio con un nudillo, esperando la compañía de otra voz humana. No puede culpárseme: desde que empecé a interiorizarme en esto de los zombis estoy muy susceptible y no bajo de DEFCON 4, al punto de que mis entusiasmos por comprar una escopeta se han elevado y ya inquietan a mi prometida. A través del artefacto (la radio, no la escopeta) la voz de Jorge Formento me saludaba y me invitaba a moverme al ritmo de Michael Jackson, y su “Thriller”. Imagino que cuando la voz de Formento suena a través de tu escopeta lo mejor es no hacerle caso.

Y fue entonces que me di cuenta: Todos tenemos por lo menos un impresentable (impresentable quizá a ojos de terceros) al cual le bancamos los trapos, y les perdonamos sus trapisondas. Y tenemos nuestras razones para ello, válidas o no. El mío no es Jorge Formento, sino Michael Jackson.

No digo que el día de mañana vaya a entregarle a mi hijo para una tarde de té y galletas en su rancho a fin de ganarme su simpatía o amistad, pero me resulta muy fácil de imaginar una conversación que tomaría lugar si me lo encontrase esperando el colectivo.



Mantis: -Hola…
Michael Jackson: -Hi…
Mantis: -Estoy yendo a casa de mi ahijadito Mateo. Recién debe haber venido del colegio, empezó la primaria hace poco.
Michael Jackson: -I just can´t understand what you´re…
Mantis: -I have a six-years-old-naked-boy waiting for you, Michael. Don´t play the inocent card on me: It´s not going to work and you don´t have to, anyway.
Michael Jackson: -Ok…ok…
Morgan: -He´s such a beautiful boy… so curious… so pure… with so much to learn about loving. It´s a little shy, but vibrant at the same time… and his skin is softer than a pony´s nose under a rainbow made of hymens…
Mantis: -… ¿Morgan? Jajajaja… ¿qué haces tú por aquí, mi fiambrerus-erectus preferido?
Morgan: -Se me rompió el auto.
Michael Jackson: -…oh, Dear… oh, you poor little grownup…



GiganteYo, a Michael Jackson le banco los trapos, sí. A pesar de que el tipo es el pedófilo por excelencia, compitiendo palmo a palmo con la iglesia católica toda. Se construyó un rancho alejado en el que atesora todas las cosas que a un niño podrían gustarle, léase juguetes, juegos de feria, animales de zoológico, toboganes, etc. Un rancho en el que ser niño no sólo esta bien, sino que es lo mejor del mundo, y también condición obligatoria. Neverland. Nunca Jamás. Carnada. Pero el tipo es el de “Rock with you”, y a mí con eso me alcanza. El caminante lunar se merece, de acuerdo a mis ojos, tener a su disposición todos los lampiños y virginales pitulines que puedan antojársele. Es el único tipo que me provocaría, probablemente, el deseo de pagar una barbaridad por asistir a un recital. No puedo enojarme con él, no me sale. Y me apena el hecho de que caracterizado como zombie en Thriller resulte menos repugnante fisicamente de lo que lo hace ahora.

Hay quienes lo bancan a Fidel Castro, por ejemplo, sin captar las señales del tipo “los deportistas cubanos aprovechan las giras de su seleccionado para huir, de tan felices que son en la isla”. Hay quienes la bancan a Cristina Fernández de Kirchner sin entender que las últimas elecciones fueron ganadas gracias al fraude, mas allá de las intenciones de voto, los buenos vientos económicos que favorecieron la gestión de su esposo o la verdadera fuerza de su aparato estatal, que le habría permitido probablemente una victoria honesta en las urnas. Hay quienes lo bancan a Rodolfo Walsh mas allá del terrorismo que el mismo planeó y ejecutó para acabar con la vida de más de un fulano, así también como más de uno lo banca a Videla, desconociendo la gravedad del “Terrorismo de Estado” y sus locuras imperdonables contra tanta gente, fuese culpable o inocente. Hay quienes lo bancan a Jesucristo, pese a que en una de esas, ni existió como lo dicta la Fe cristiana. Hay quienes lo bancan a Maradona, quienes a Perón y otros (muchos) a Julio Grondona. Hay quienes bancan a la Madre Teresa más allá de que sometía a los pobres innecesariamente para acercarlos más a Dios. Hay quienes lo bancamos a Roca a pesar de que haya dejado vivo a tanto indio. Hay para todo.

En un rincón recóndito de sus almas, las personas sensatas reconocen las fallas o aristas flagrantes que hacen humanos a sus héroes o referentes. Y rescatan únicamente lo que les interesa pero –a menos que sean verdaderos cabezotas- sin dejar de echar un ojo sobre lo que sus opositores denuncian, porque toda historia tiene dos caras y de héroe a terrorista suele haber una delgadísima frontera de distancia. O un muerto de distancia, y uno no sabe si el fin justifica los medios o si es absolutamente al revés, y las cosas que se hacen son tan buenas que, eventualmente, el resultado termina siendo un efecto secundario. Me refiero a personas, y no a ideologías, clubes de fútbol, agrupaciones o semejantes.

Usted tiene su corazoncito, y con él (cuénteme), ¿a quién le banca los trapos? ¿Y pese a qué?

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Lo malo de tener poco tiempo para escribir y publicar es que para cuando uds. lean esto, las noticias van a ser viejas.

Jorge Guinzburg era uno de los pocos tipos maduros de los medios. Su muerte sirve nomás para que se lo trate de genio en todos lados, pero lo cierto es que como cada vez vienen más pelotudos y peor preparados los panelistas devenidos en conductores devenidos en opinólogos devenidos en panelistas, devenidos en opinólogos devenidos en conductores, su figura parece más grande (sin intención de chistes). Lo que mejor recuerdo (quiero decir que destaco, no que recuerde con claridad) de él es su pasada por la Revista Humor y el ciclo “Peor es Nada”, dos de los vicios de mi niñez. Hay quienes saldrán a decir que lo mejor que hizo fue el revolucionario “la Noticia Rebelde”, pero lo cierto es que –según pude ver- ese ciclo pertenecía brutalmente a Adolfo Castelo, quien era mucho más genial, mucho más inteligente, y también estaba mucho mejor enfermo al punto de que se murió un poco antes.

¿Listo? ¿Cumplí? Bueno. Ahora, vayamos a lo que verdaderamente importa: el gobernador de Nueva York tuvo que renunciar a su cargo debido a que se lo encontró formando parte, participando, bueno… quiero decir… pagando. Poniendo mucho dinero en prostitución, o lo que podría decirse, haciéndose chupar la genitalia de un modo estatal, masivo y absolutamente fenomenal. Parece que en realidad, el FBI estaba investigando desde hacía ya tiempo al tipo éste solamente, debido a ciertas transferencias bancarias que –se creía- servían para ocultar coimas, y se encontró con toda esa deliciosa y jugosa manifestación del crimen organizado detrás. A veces pasa.

Obviamente, el problema es que Eliot Spitzer (así se llama el banana éste) haya sido cliente, porque –al menos acá en Argentina- los funcionarios del Estado suelen ser los que administran tales instituciones ilegales, y no los que pagan. Ah, el Primer Mundo… Lo más gracioso del asunto, sin embargo, es que su reemplazo es el vicegobernador, Davis Paterson. Que resulta ser un señor negro.

Pero no, eso no es todo, no, no no…. es también un señor ciego.
Es un señor negro y ciego.

Más ciego que la justiciaLes pongo la foto verdadera nomás para que no se ofendan en caso de que se hayan inventado los monitores braille y yo no me haya enterado. El New York Times describe a Paterson como a un señor “franco y afable” además de “inteligente, amable y cándido”. Bueno, eso no quiere decir nada según creo, pero considerando que al otro pobre tipo sólo falta que aparezca su esposa describiéndolo como a “un putañero de los caros”, casi cualquier cosa puede pasar desapercibida. Algo me dice que Paterson tiene vía libre para carnear un niño en la plaza pública y ofrecérselo en sacrificio a Mamón, en caso de creerlo necesario para acabar con la malaria que los estadounidenses dicen estar teniendo nomás porque pagan la nafta súper a un precio con el que aquí no te podés comprar dos kilos de papas blancas. Antes de que me olvide: a los varones de este foro les recomiendo buscar en Internet las fotos de Ashley Alexandra Dupré, (lo que culeó Eliot) porque la loca esa no está nada, nada mal… aunque por esos 4300 dólares (lo que pagó Eliot) me imagino que sabe hacer cosas del tipo: viajar en el tiempo, comunicarse con los muertos, atajar cuchillos en el aire y dominar ampliamente algún tipo depurado de telequinesis.

Para tener un pantallazo de cómo viene la política en USA, a eso súmenle el hecho de que Barak Obama (creo que se escribe así) sigue ganándole a la que algunos demócratas débiles dan en llamar “la mujer más inteligente del mundo”. Lo que me preocuparía a mí si fuese racista, porque Barak no es de los hombres “más negros del mundo”, sino que más bien “grisáceo violetita”. O sí, es negro, pero parece un negro muerto, de los que dragan del río en CSI. Fíjense y van a ver que es así. En cualquier caso, lo que rescato de todo, todo, todo el asunto, es lo siguiente: Lo de Bill Clinton fue titánico. Decir que es un hombre a prueba de balas es decir poco, ya que lo suyo –me refiero a sus asuntitos sexuales- fue varias veces peor y más mediático. Hoy en día, decíamos, un tal Obama le gana a su esposa en una demostración de que los norteamericanos son más machistas que racistas, pero esos detalles no son más que anecdóticos. Un científico que conozco debe estar tratando de quitarse la vida en el baño, de eso estoy seguro.

Porque la pregunta del día es: ¿Usted a quien votaría: a un negro o a una mujer? Nah, mentira, la pregunta es en broma. Es casi retórica, ya que obviamente votó usted por una mujer. Por un negro ya había votado décadas antes, y en cuantas oportunidades le fue posible.

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No sé si ustedes creerán o no, pero yo soy un ferviente defensor de ese dicho que dice “si realmente lo deseas con fuerza, sucederá”, versión tilinga del “When you wish upon a star”, o tal vez poco práctica del “persevera y triunfarás”. Bueno, ferviente no, porque no soy lo suficientemente idiota como para desear ser jockey en el hipódromo cuando mido casi dos metros y peso el doble que un deportista de esta índole, pero creo en ello, aunque por las razones menos mágicas y telenoveleras. Lo que pasa, es que creo en el auto-hipnotismo.

No ejercito esta convicción –si bien el vocablo perfecto sería “recurso”- todo el tiempo, debido a que no es fácil y requiere de una disciplina que tengo ocupada en otros menesteres, actualmente alojados en la comisaría de Tutchen Walk, en Malton City. Digamos entonces para estar en paz con el Universo que mi vagancia o falta de metas “realizables” me impide sacarle más provecho, pero que en su momento conseguí punguearle ventaja a mi suerte gracias al ejercicio del asunto.

Creo -realmente creo- que el auto-hipnotismo consigue alterar en cierta forma el sector más inmediato que nos rodea, de alguna forma imperceptible a simple vista, e inconciente en cierto grado. Actuamos de cierta forma, nos convencemos de ello y el resto de los melones se acomodan solos frente al objetivo. Llámenlo Fe si quieren equivocarse, pero para este tipo de cosas yo suelo dejar a Dios de lado, y funciona exactamente lo mismo. Es más bien una re-configuración del Cosmos: un alinear las fichas cerebrales sobre un tablero en torno a un objetivo claro, que bien puede ser de vital importancia como no serlo. Uno obra en función de la meta sin darse cuenta, y la aplicación se ejecuta automáticamente. Dicen los que saben que una forma de llevar a cabo esto es la siguiente: al comenzar el día, escribir la meta 15 veces en una hoja de papel. O en un documento en la PC, no importa. Ni siquiera hace falta tipear todo letra por letra: alcanza con copiar y pegar, la gracia está en ser específico y leer el asunto (procesar la idea) un montón de veces, una debajo de la otra. Porque no es necesesario cambiar el sonido de la voz ni balancear un reloj frente a nadie, sino elegir las palabras adecuadas. Exactas.

Este señor se llama Mr. X y es el jefe final del la saga Streets of RagePor ejemplo: si lo que se desea es acostarse e intimar con un señor X, lo que uno tiene que escribir no puede dejar lugar a posibilidades afluentes, sino que debe directamente poner: “Me voy a encamar con X”. Nada de “quiero que X me de bolilla”, o “Quisiera casarme con X”. Uno no está pidiendo nada, sino que se está preparando para ello. Imagino que es lo que hacen los atletas olímpicos antes de ganar una medalla de oro en –ponele- los cien metros llanos, ya que a esa altura del partido están todos en un nivel de rendimiento tan alto y en una situación física tan semejante, que sólo el más convencido puede ganarle al resto. Cabe aclarar que si la meta es de las que requieren un largo esfuerzo, como por ejemplo un: “voy a ser un tenista millonario”, lo sensato es no anteponer plazos de tiempo, para que el programa no deje de ejecutarse ante nuestro desaliento inevitable. Caer el lo brutalmente ilógico o improbable (ser una ama de casa cincuentona y programarse para ser un concertista de piano de 20 años que en sus ratos libres dirige películas porno) tampoco funciona. Podemos permitirnos que parezca casi imposible, pero no improbable. Puede llevar días, semanas, años.

El otro día (lunes) lo hice (me programé) casi sin darme cuenta, y mi regalo para ustedes es la posibilidad de entrarle también a los beneficios del auto-hipnotismo.

Resulta que esta semana, inexplicablemente, un pensamiento me acompañó sin pedir permiso, interponiéndose entre mis ideas más corrientes camino al trabajo, las cuales se reflejarán algún día en mi autobiografía, quizá en un capítulo titulado “Mi vida viene a ser como un bombón suizo relleno de mierda: al principio deliciosa, nomás para tentarme a seguir mordiendo”. Probablemente necesite un corrector literario, ya que el título es largo. Pero la cuestión es que una voz rebotó holgada en mi cabeza, de lado a lado como un extintor de incendios en el útero de una madre reciente, diciendo: “Mirá hacia el piso, podés encontrar monedas. Hoy vas a encontrar monedas”.

“Hoy vas a encontrar monedas” –me dijo la voz familiar pero desconocida y con ganas de conversar, haciéndome sentir que era protagonista y presa de ese recurso tan común en las novelas de Stephen King.

Y entonces, ese día al subir al colectivo, miré hacia el piso, y encontré una moneda. Dos. Tres moneditas de diez centavos. Me puse contento, obvio. Al llegar al trabajo me dispuse a realizar lo mismo durante toda la semana, seguro de que iba a encontrar más monedas. Y encontré otros diez centavos el martes. Nada el miércoles, pero otras dos moneditas de diez centavos el jueves, una de cinco centavos el viernes, y finalmente una de 25 centavos el sábado. Total: 90 centavos.

No te cambian la vida, pero es mucho mejor encontrar noventa centavos que no hacerlo, y lo mejor de todo es que -bien programado- yo no me la pasé pensando en las moneditas: a partir del miércoles yo bajaba la cabeza viendo donde estaba la moneda, directamente. Por eso, si ustedes gustan, les dejo aquí estos versos fácilmente memorables que programarán su cerebro a fin de que encontrar moneditas esta semana sea tan sólo cuestión de agacharse a “recolectar” algo que ya sabíamos de antemano que estaría allí.

“Te vendrás metal, conmigo,
Es mi semana de suerte de suerte:
Encontraré moneditas
En vez de una horrible muerte.”

Notarán ustedes que el último verso no funciona completamente bien debido a que implica un cambio en la rutina, como si uno hasta ahora hubiese venido encontrándose esa horrible muerte, pero bueno… rima consonante, como a mi me gusta. Si quieren pasar a un segundo nivel de dificultad y convertir la situación en un deporte de riesgo, también es posible reemplazar el “en vez de…” por un “o si no…”, cosa de ir a todo o nada.

Después me cuentan cuanto encontraron. Y siéntanse libres de utilizar la plantilla de comentarios para comenzar (escribiendo, copiando y pegando) a auto-hipnotizarse con el objeto de alcanzar una verdadera meta de las que tienen ahí, pendientes.

Las confesables, las metas confesables. Parece mentira, pero tengo que aclararlo.

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Si no la han visto aún, traten de enganchar en algún lado la transmisión que hizo Chávez para manifestarse ante lo ocurrido con un terrorista de las FARC, a quien las fuerzas armadas colombianas hicieron sonar en territorio ecuatoriano, diciendo que es común entre los terroristas eso de tirar y correr a esconderse en tierras cómplices. El tipo –Chávez- hizo salir a su gente de la embajada de Colombia, y movilizó tropas. Mis frases preferidas son las que dirige a los ministros de Defensa y cancilleres: “Señor Ministro, despliégueme diez batallones. Batallones de tanques”. O “Al aire los aviones”. Si yo hubiese sido él, las habría dicho llevando pantaloncitos cortos, o mejor aún, caracterizado como el Chavo del Ocho, comiendo un chupetín.

Lo cierto es que Chávez me tiene podrido por muchas razones, todas ellas relacionadas a la imagen de dictador papanata que tiene, y al infierno que está haciéndole vivir a su propia gente, que ya busca el exilio como supo pasar con Cuba. Todo bien, oponerse a Bush es sano en cierta medida (por lo menos hasta que te empiezan a caer los misiles de a tres en el esternón), pero oponerse nomás para apoyar un mal peor me parece hasta payasesco. No sé en que tipo de órdenes demenciales o preferencias estúpidas cae eso de elegir entre dos males equivalentes.

Hace algunas semanas, en una reunión de amigos de uno de mis afectos, pude intentar discutir con una gorda más Chavista que Chávez. Más “farquista” que las FARC. Más gorda que… bueno, no. Era más gorda que prácticamente todo lo que conozco; la lista sería larga. Resulta que la gorda estaba organizando su costoso viaje a Cuba (que viene a ser la Meca de los revolucionarios, parece) y se llenaba la boca hablando acerca de Chávez y el narcotráfico que tan bien le hacían a la Revolución. Mas allá de obligarla a utilizar el recurso propio de toda gorda con ganas de tener razón (me refiero al gritar, no al amenazar con comerme), la mejor parte fue cuando me pidió un ejemplo de país que hubiese podido salir bien parado y que hoy en día no fuese un “baldío” tras una invasión norteamericana. Si creen que mi respuesta fue Japón, acertaron.

PayasoAhora bien, si tenemos en claro que las FARC son terroristas que se financian a través de las drogas duras –que a mi entender son uno de los peores flagelos de la humanidad, y el mayor generador de violencia actualmente- y que Chávez vende sus armas a las FARC e hizo de Venezuela un camino seguro a fin de que toda la droga pueda salir desde sus puertos a repartirse por toda Europa y partes del continente americano quedándose con un bruto peaje, ¿dónde está la virtud de su tarea? ¿De qué se agarran los chavistas para decir que eso es mejor que el imperialismo? ¿Está bien que un grupo de terroristas esté obligando a mudarse a cientos de familias venezolanas y colombianas a fin de expandir su territorio de dominio, considerando que son personas tan inocentes como el mejor a las cuales no se les dice otra cosa más que: “te vas esta noche o te mueres”?

Pero no, esa no es la pregunta que nos interesa. La pregunta del millón es ¿Porqué Bush no les cae encima? Ver en el noticiero a una tonelada de marines desembarcando en Venezuela me sería tan divertido como manejar una camioneta fletera cuyo volante estuviese hecho con la cabeza embalsamada de un panda.

Bueno, basta con hacer un poco los deberes para caer en la cuenta de que el petróleo de Venezuela es un petróleo de cuarta, lleno de basuritas. Petróleo barato y bananero, -incomparable en calidad con el puro y sabroso petróleo iraquí- que no puede ser refinado y convertido en buen combustible útil por nadie, salvo los Estados Unidos De América. O sea, en cuanto Bush le cierre el mercado alcanza para que Venezuela se cague por infeliz, y cuando la historia lo decida (estamos de acuerdo en eso de que Norteamérica necesita una guerra cada quince años porque tiene un pueblo así formado) invadirá y conquistará, pero únicamente por costumbre. Se han gastado muchos millones en esta guerra contra los árabes y parecidos, y si bien quedan misiles, hay que hacer algo de stock. Yo los entiendo y admiro por eso: los Estados Unidos de América siguen pareciéndome el mejor país del mundo (después de Suiza) precisamente porque dentro de toda su locura fanática hay un patriotismo muy bien constituido, y una madurez propia de quien sabe que si el comunismo a los 15 no te conmueve es porque no tenés corazón, pero que si todavía te conmueve a los 25 es porque en realidad lo que pasaba era que no tenías cerebro.

Digo… ¿Va a ser siempre así? ¿La izquierda va a luchar contra el Imperialismo, el capitalismo y las dictaduras de derecha nomás para poder encajar su propia dictadura de izquierda, cubierta de sangre, fusilamientos, repartición igualitaria de la pobreza, usurpación de la propiedad privada, secuestros y esas cosas? ¿O es que Venezuela realmente quiere ser Cuba, y pudrirse también como pueblo cagón bajo el capricho de un viejo durante los próximos cuarenta años?

La bocina estaría en la nariz del panda, sí.

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