Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 23 enero 2009

Mirá que se hizo rogar. Pero aquí tenemos, finalmente, otra parte del compendio con las consideraciones que harán de ustedes un grupo más apto a la hora de sobrevivir una invasión zombi, o por lo menos un grupo más informado, porque la verdad no creo que me hayan hecho mucho caso. Es más… lo voy a demostrar con la primera pregunta, y su correspondiente respuesta.



8) ¿A dónde se fue usted –o planea ir- de vacaciones este verano?



a) A Rosario, provincia de Santa Fe. Nos fuimos unos cuatro o cinco días, con mi señora. Ella quería conocer, y nos pareció una buena idea hacerlo cortito.


b) A una plataforma petrolera. Me fui solo, porque creí que mi familia podía llegar a molestarme. Además de todas esas cosas que dijiste que teníamos que tener siempre listas en una mochila, también llevé aparejos de pesca. Te preguntarás como hice para que me dejaran estar ahí, bueno, falsifiqué un montón de papeles y creen que estoy haciendo una pasantía universitaria. Llevaba semanas planeándolo. Me estoy haciendo pasar por otro tipo al que me tuve que desaparecer. No fue problema: el tipo no me conocía y no nos unía relación ninguna.


c) A Mar del Plata con unos amigos. Que se yo… lindas minas, el mar, arena. Boliche toda la noche, playita toda la tarde. ¿A quién no le gusta poder mirar culos hasta que los mismos pierden incluso su significado?


d) A El Calafate. Desde que contaste que te fuiste ahí para tu Luna de Miel, quiero ir. Siento que así voy a aprender más cosas acerca tuyo, campeón.


e) A ningún lado. Creo que las vacaciones son para descansar, y por eso me quedé en mi casa haciendo nada.


f) A Tangamandapio. Eeehhh… Hacía mucho que no escuchabas esa palabra, ¿no?


Respuesta correcta: La de la plataforma petrolera, obviamente. Las plataformas petroleras pueden convertirse muy fácilmente en fascinantes bunkers de supervivencia cuando de escaparle a los zombis se trata. Cuentan con el aislamiento en su más soberbia expresión, distancia de la costa, altura suficiente como para que cualquier zombi náufrago no tenga posibilidades de acercarse, destilerías de agua, facilidades médicas y combustible (a veces gas, a veces petróleo) prácticamente ilimitado. Además, el océano es sabio proveedor de buen alimento para quienes saben rebuscársela. Su único defecto consiste precisamente en que, una vez desatada la crisis, llegar hasta ella se volverá prácticamente inaccesible. Y si va a elegir la plataforma petrolera recuerde que en medio del Pacífico, las tormentas suelen ser verdaderamente terribles y esas cosas están llenas de maquinarias que se rompen, por no hablar de la corrosión o la posibilidad de un incendio en altamar (sería bueno dejar de perforar, por si acaso, y sellar todo). Si usted no se da la maña suficiente con las herramientas (ej: sufre cuando la llave pico de loro se traba entre dos medidas) llévese a alguien que sepa: lo más probable es que a los pocos días del brote zombi, todos los empleados abandonen su lugar de trabajo para irse con sus familias. La plataforma petrolera sigue siendo la mejor opción a pesar de sus “peros”.

Sin embargo, el Calafate cuenta con un clima que haría jodidísima la existencia tanto de zombis como de humanos libres de infección. No resultaría demasiado extremo el pensar en mudarse definitivamente allí, de no ser por el hecho de que muy fácilmente se puede quedar uno sin provisiones alimentarias, y sin medicinas. Por otro lado, una vez desatado el desastre, con las rutas bloqueadas y el aeropuerto clausurado, El Calafate se convertiría a todas luces en un alcázar de exclusivo uso presidencial. Además, no sé si se los comenté, pero no tienen ni oftalmólogo, ni cardiólogo. Es casi como en La Familia Ingalls: el oftalmólogo viaja desde Río Gallegos una vez cada tres meses y le hace los anteojos a todo el mundo. Ah, sí, che, pero es re-turístico, ¿viste? No irse de vacaciones a ningún lado es positivo siempre y cuando usted aproveche el tiempo para levantar murallones altos e invierta el dinero ahorrado en armas, alimentos no perecederos, combustible y semillas.

En cuanto a las opciones equivocadas restantes, Mar del Plata se hace la menos recomendable debido a la cantidad de gente que allí habita durante el verano, y a la cantidad de piel al descubierto que allí se ofrece. A Rosario no hay que ir porque –como supe decir- los rosarinos no son zombis, pero sí son maléficos. Imagino que si esto fuera una película y en tu grupo de sobrevivientes hubiera un rosarino, y vos te lastimases un brazo armando una barricada, el rosarino sería el primero en decir que ahora sos una carga y sugeriría sacrificarte en pos del bien del grupo. Todos se le opondrían, pero luego él te mataría a hachazos de todas formas, cuando le tocase hacer guardia mientras el resto duerme. Después se lo comerían los zombis mientras intentase escapar llevándose las pocas provisiones de todos, únicamente porque así lo requiere la justicia cinematográfica moderna.


9) ¿Cómo luce un zombi? ¿Cómo se ve?



a) Más o menos como una persona normal, pero medio como que pudriéndose y moviéndose torpemente.

b) Son idénticos a nosotros. No puede reconocérselos. La única manera de identificarlos consiste en ponerles un espejo por delante. Los zombis no se reflejan en los espejos, y mueren cuando una estaca es clavada en su corazón, o cuando les da la luz solar.


c) Son como esqueletos, envueltos en ropas rotas.


Respuesta correcta: Todas y ninguna, salvo la “b”. Esos son los homosexuales. Y es que los zombis lamentablemente no suelen obedecer en su apariencia a los zombis de las películas originales, que desgraciadamente han sabido determinar la imagen del muerto viviente que sale del cementerio conjuro mediante para hacer daño. Sugiero con esto que los zombis no están vestidos de acuerdo al rigor funerario de camisa, saco y corbata en los masculinos, y de vestido en las damas, ya que no se convierten en zombis reanimando dentro de sus ataúdes, caramba.

Un recién infectado tampoco no tiene porqué resultar diferente a cualquier persona, por lo menos hasta que el virus se active en él, impulsando su cerebro reanimado después de la muerte, y mientras no se muera será igual a cualquier otro tipo con fiebre y otros síntomas comunes a por lo menos una veintena de situaciones, entre ellas el cólera, el embarazo de riesgo y/o el envenenamiento por picadura de serpientes. Pero para entender la apariencia promedio del zombi es necesario recurrir al sentido común, que es el menos común de los sentidos. José Narosky. Perdón, quiero decir: nadie se prepara para ser zombi, sino que simplemente ocurre. Nadie se pone un traje embarrado antes de acostarse a hacer reposo.

Así, los zombis más frecuentes serán siempre los vestidos con ropa de cama. Pijamas, calzoncillos, camisones, bombachas, batas de hospital. La desnudez misma sería el vestuario común en quienes “despertasen” bajo una frazada tras morir en sus camas (o en una camilla) con sólo una extremidad herida y envuelta en vendas, en sus hogares u clínicas designadas por la prepaga, creyéndose víctimas desafortunadas de la mordida infecciosa de un chiflado y nada más.

Cabe agregar que los procesos químicos que acompañan a la muerte incluyen la generación de gases, que en los cuerpos menos dañados a la hora de la muerte (el infectado que no alcanza a convertirse en alimento de un grupo de zombis) pueden acumularse durante horas y hasta días. En consecuencia, a corto plazo todas las víctimas de cualquier brote exhibirán cierta hinchazón y amoratamiento sobre sus cuerpos reanimados, siempre y cuando no lleven mucho tiempo de andar penando.

A medida que el tiempo transcurriese, la piel y la carne se irían pudriendo a un ritmo quizá algo menor o mayor que el habitual dependiendo de las condiciones climáticas, pero eventualmente todo se descompondría. Un brote de máxima peligrosidad y duración indefinida a nivel mundial terminaría por exponer a muchos cuasi esqueletos caminantes sobre la superficie terrestre, pero es probable que para ese entonces los zombis superen a los humanos en una proporción de 300 a 1.



En cualquier caso, antes de terminar quiero comentarles que un grupo de inadaptados desconocidos de los que abundan en internet me mandó gentilmente un e-mail invitándome a una especie de festichola zombi de capacidad limitada denominada “ZOMBIE FEST” en un “Metal Bar” (que el diablo me lleve si sé lo que es un metal bar) ubicado en la calle Congreso 4045, en la Capital Federal. Sucederá este 24 de enero, y tiene tantas probabilidades de ser una cagada como de ser algo entretenidísimo, así que lo dejo librado a vuestro instinto. Es obligatorio llevar DNI, más la entrada es libre y gratuita. Dicen que si uno no va disfrazado de zombi, lo maquillan y disfrazan al entrar, pero yo me siento muy viejo para esas cosas. Aún así, y en caso de que me tome un licuado en mal estado y vaya, me las voy a arreglar para no ponerme colorete ni ninguna de esas cosas de putos. A lo sumo, me voy vestido de paramilitar y que hagan de cuenta que soy un futuro zombi, al que mordieron en un brazo hace tres minutos (ustedes y yo sabemos que la mordida no es de zombi, sino de una mujer fogosa, pero a los organizadores les decimos que es de zombi). Van a sortear remeras, tragos, y otras cosas.


Ahora, bien, algo que resultará innegable también es el hecho de que uno puede ir a hacerse mordisquear o manosear por jovencitas divertidas y bastante ligeras de cascos, de mente abierta y ropa hecha jirones. Los muchachos deberían aprovechar. A mí me encanta cuando las chicas usan ropa rota y desarreglada. Supongamos, por ejemplo, que “alguien” le fuera a invitar a una chica de 18 años una bebida con droga para dejarla grogui y hacerle el amor en el interior de una camioneta mientras está inconciente. El tiempo lo es todo en una situación como esa, quiero decir, ese “alguien” no puede pasarse toda la noche sacándole fotos con una Polaroid antes de desvestirla para después poder vestirla tal y como estaba antes.


Pero si la chica ya viene semidesnuda y envuelta en harapos desordenados, todo se simplifica y listo: cuando quisiste darte cuenta otra joven vida fue destruida por la mantis violadora ¡otro joven corazón ha sido robado por el bandido mántido del amor!

Read Full Post »


En estos días, mi señora esposa estuvo sacando ventaja de nuestra relación jugando la carta de “ya que no trabajás afuera a cambio de un sueldo, pintá la casa” y me obligó a pintar la casa. Bueno, no es que me haya obligado a golpes (si bien cuenta con unos puñitos de furia sorprendentes), sino que más bien lo hizo aplicando la psicología inversa, que conmigo funciona bárbaro. Aunque debo confesar que también late fuertemente en mí el hecho irrefutable de que no importa cuanto tiempo y/o salud le dedique yo al asunto: siempre me va a salir mejor, más prolijo, más pronto y más barato que recurrir a un albañil o trabajador de la construcción. Contratar a un albañil para que te haga las reparaciones de la casa es más o menos como contratarlo a Dante Spinetta para que te escriba una canción. El otro día lo escuché rapear en la tele y la letra sonaba a algo que un chico de 9 años podría haber mandado al correo de lectores de la revista Action Games en 1993:


Dante“Hola a todos, mi nombre es Juan, y del Super Mario les quiero hablar. Él y su hermano Luigi son muy valientes y también está Honguito que es re-inteligente. El malvado es Kúpa, se cree el mejor, pero Mario es poderoso cuando agarra la flor. Ya me voy, amigos, rompiendo ladrillos, porque la princesa está en otro castillo.”


Pero no es que me haya estado yo rascando, sino todo lo contrario. Y una de esas muchas cosas que hice en este tiempo fue pintar por fuera y con plasticola el techo de la nueva cocina de mi madre. Y digo plasticola porque es más o menos eso: una cosa blanca y pegajosa que de tanto pasarse forma una membrana plástica que impide la entrada de agua. Una maravilla de la ciencia, si me preguntan. Y respecto a esta última tarea es que viene al caso una anécdota de la cual me acordé hoy mientras hurgaba con mis dedos en el galpón cual sacerdote en colonia de vacaciones, y guardando nuevamente la pintura sobrante y todos los cacharros utilizados. ¿Vieron? Nos tomó sólo unas 300 palabras llegar hasta acá. Se lee fácil éste blog.


En fin… les voy a contar lo que encontré en el techo, hace un par de meses.


Pero será necesario entonces que describa el techo de mi casa (que es ochentera y de una sola planta) para que entiendan: estamos hablando de un techo de losa o loza. O locdsa, o lohzah, porque le desactivé la autocorrección a Word y ahora vale todo, queridos amigos. Pero como les decía, mi techo es liso, y tiene encima una membrana asfáltica de esas que ponés para que no se llueva del lado de adentro. Una especie de frazada negra, pesada y de superficie metálica brillante (cabe aclarar para quienes viven en un departamento, o tienen techo a dos aguas con tejas o chapas), que viene en rollo y se une mediante soldadura. Una mierda gomosa y antiestética pero funcional, que me mantiene seco mas allá de que a las chicas les gusta ver cuando mis pectorales se humedecen bajo la lluvia. Estas chicas…


Pero… ¿qué pasaba? El nuevo techo de la nueva cocina de la otra resultante de la subdivisión de la propiedad (donde ahora habita mi madre) no contaba con tal protección, y por eso fue que nos vimos obligados a pensar en la solución esa del recubrimiento sintético, ya que era algo que podía hacer yo, sin ayuda. Resultaba práctico y relativamente barato, si bien requería de paciencia y obediencia de mi parte. Y ya saben ustedes que debido a mi atractivo físico y a la dedicación que pongo a la perfección de mis formas y artes marciales vengo a ser una cruza entre corcel indómito y dragón solitario, impaciente e indisciplinado, pero bueno. Si no lo pintaba, al dragón/corcél indómito le iban a meter vidrio molido en la comida. Y habría sido una pérdida terrible para todos, especialmente para el dragón/corcel indómito.


Compré rodillo, compré coso para poner la pintura, me puse ropa ensuciable, busqué un palo viejo de escoba para revolver y subí seguidamente al techo nuevo, escalera mediante. La media hora siguiente me la debo haber pasado subiendo y bajando para buscar cosas que me iba olvidando, pero luego, transcurrido un par de días, conseguí impermeabilizar el techo tras haber aplicado cinco diligentes manos del producto. Ahora bien, algo que no te avisan en el tarro es que la pintura ésta es blanca, blanca. Bien blanca. Blanca como ninguna otra cosa sobre la superficie terrestre. No sé mucho de tonalidades y de pinturas (aunque sé que existen 5 variantes del color almendra, entre ellas la “almendra tostada”, “almendra confitada” y “almendra a la suiza”), pero si existen diferentes tipos de blanco, éste era probablemente el “Blanco Kame-hame-ha”. Durante esos dos días de cielo despejado yo me había expuesto, en nombre del trabajo, a una tarea prácticamente cegadora. Y permítanme decirles algo: a los veinte minutos de estar pintando con eso al rayo del sol, tratando de ver dónde te falta pintar para dar una segunda o tercera mano, todo se reduce a:


a) Recurrir a la memoria y a decir: “acá creo que ya pinté”, esperando lo mejor y destruyendo la escalera una vez finalizado el trabajo.

b) Poner cara de Andrea Boccelli e ir tocando todo con la yema de los dedos, sabiendo que donde se manchan los dedos (se siente húmedo) ya se pintó.


O sea, yo ya no veía una mierda, pero menos veía usando anteojos de sol y por eso no recurrí a ellos para finalizar el trabajo. Sin embargo, y como supe decir, el asunto se llevó a cabo y rindió frutos. Puede llover a cántaros sin que por eso el interior de esa enorme cocina deje ser encontrarse más seco que un paquete de cigarrillos en el interior de la vagina de Madonna. Y no sé que quise decir con eso, pero estoy casi seguro de que trató de ser un insulto a esa vieja.


Ahora bien, así como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, el pintor diligente siempre le pega una revisadita a su trabajo para verlo transcurridos unos días. Acomodé la escalera, subí con cuidado y revisé que todo estuviera en orden. Nada de partes levantadas, nada de globos o burbujas, nada de manchones de humedad. Nada de zombis. Una maravilla. Sonriente, me volteé entonces para ver como andaba el viejo techo, con la idea de utilizar el medio litro de plasticola que me quedaba rellenando alguna grieta o borde de la membrana. Con la visión discapacitada por culpa del encandilamiento, no había podido apreciarlo anteriormente, pero resultó que yo no había estado solo allí arriba.


SorceressA escasos cuarenta centímetros de mi posición, pude advertir los restos mortales y resecos de un pájarito. Pero no era el típico pajarito muerto, sino una versión macabra y prolija en la que al pajarito se le devoró todo el interior, dejando en perfectas condiciones la cabeza y las alas, como formando un abrigo con capucha en miniatura, similar al usado por la hechicera de He-Man. Ahora bien, el momento siguiente fue digno de una película de Hitchcock (o Jichcoq), ya que cuando levanté la mirada me di cuenta de que al pajarito lo acompañaban en la muerte otros tantos muchos cadáveres, de unos diez centímetros de largo. Pero no de aves.


Eran cadáveres de lagartijas.


Cadáveres con patitas de gecko, con dientitos, con arruguitas y escamitas, con cuencas vacías, con pellejito suave por debajo. Y se hallaban prácticamente momificados debido al sol, todos ubicados a una distancia no mayor a los dos metros cuadrados. Por supuesto que no me asusté. Habría resultado hipócrita que me asustara, digo… si no me dio miedo someterme a una cirugía para reducir el tamaño de mi pene, tampoco iba a darme miedo esto (por cierto, no saben lo extraño que se siente andar en bicicleta nuevamente, desde que desarrollé a los siete que no lo hacía). Pero sí sentí cierta impresión maravillosa, más aún al descubrir que todas estas lagartijas se hallaban ubicadas como si la muerte les hubiera tendido una trampa; como si el final las hubiera sorprendido en secuencia rumbo al pajarito, formando una suerte de constelación en la que nueve de las diez lagartijas le apuntaban con la cabeza. Porque a la décima le faltaban la cabeza y una pata, vaya Dios a saber porqué. Y ese bocadito de asimetría es la razón de que esta sea una anécdota “casi” perfecta.


La cuestión es que entonces tuve que elegir: podía comenzar a arrojarlas de a una por la chimenea que da al dormitorio, con la esperanza de que mi esposa se encontrase allí, leyendo tranquila. O podía dirigirme a la casa de mi madre y arrojarlas por la ventana desde el techo nuevo, con la esperanza de que ella se encontrase allí, cocinando tranquila. Se preguntarán ustedes qué elegí… bueno… pongámoslo así: una madre es una madre precisamente porque su amor es incondicional para algunas cosas. Pero la pregunta reptilomágica del día es: ¿En qué se van a gastar los Kirchner esos 900 millones de pesos que se ahorrarán en subsidios, ahora que los boletos de subte, colectivo y tren aumentaron más allá de que todos seguimos sin conseguir monedas?


Llámenme maestro detective mentalista, pero yo creo que lo van a usar para choripanear a los menos contenidos socialmente, de cara a las elecciones. Ya saben… a la negrada. ¿Así se les dice? Ooohhh… ¿Vieron lo que hice? ¿Vieron lo que hice? ¿Vieron como los llamé? Ooohhh, que loco incorrecto que soy.


Debería tener un programa de radio llamado “Grupo de tareas” o algo así.

Read Full Post »


No escribí estas líneas antes porque no quería ganarme el premio Nobel de la paz y el Pulitzer y un Oscar a “Mejor Desempeño Sexual” al mismo tiempo, pero mucho temo que ya no me queda otro remedio más que hacerlo. Ustedes que me leen seguido van a tener la suerte, que digo suerte… el privilegio de recibir la solución al conflicto de Israel y Palestina.

Es complicado de explicar en pocas palabras, pero para entender las razones de esta pelea hay que remontarse muchos años en el pasado, aunque sólo voy a remontarme lo suficiente como para poder acompañar mis palabras con evidencia histórica y bibliográfica independiente de la fe de cualquiera. Si quieren más detalle, léanse los diarios de los últimos cien años. Hubo una vez un señor que se llamó Hitler*, y que quiso eliminar a los judíos. Busquen en Internet y van a ver que no estoy inventando. No lo consiguió debido a que Estados Unidos y otros países le tiraron encima todo su poder militar, pero así y todo hizo el daño suficiente como para que a los judíos, tiempo después, se les permitiese un resarcimiento universal en la forma de un país, hoy conocido como Israel. Pero ese estado se construyó sobre un lugar donde ya había gente, llamado Palestina, que estaba lleno de gente, convenientemente llamados palestinos. Y los palestinos entonces se enojaron y empezó un conflicto en el que la estrategia y el discurso fueron cambiando a medida que el tiempo pasaba, siempre con muchos tiros y atentados, siempre con peticiones disparatadas a oídos del otro. Resulta muy divertido de imaginar si uno piensa en un árabe con su cabeza envuelta en una toalla, corriendo con una bomba en la mano y gritando “WHALALALALALA”, rumbo a un judío que le tira granadas a la voz de: “COMPRO ORO, COMPRO ORO”. Fíjense. ¿Vieron?

Entonces, hace algunos meses, se decidió que Palestina fuera a elecciones, pero resultó que el partido armado ganó las elecciones, y festejó tirando misiles caseros contra los Israelíes. Y los Estados Unidos de América e Israel se oponen a los resultados de esta elección, entonces, desde Israel, tiran misiles. No ganarán la guerra, pero es evidente que más temprano que tarde terminarán por amasijar a la mayoría de los votantes, lo que haría posible que los resultados democráticos en una futura elección resulten de su agrado. Pero que también hará que nuevos grupos de rebeldes atenten contra tal presidente de cotillón, recomenzando la perorata desde adentro.

Y las soluciones definitivas a los problemas llegan de la mano de una cosa que parece acostumbramiento, pero que viene en un envase más sutil, condimentado de indiferencia o algo parecido. Quiero decir: los problemas que obtienen las soluciones más efectivas suelen ser los que no se solucionan, sino que directamente dejan de ser problemas. Como la hiperinflación (por dar un ejemplo pelotudo pero válido) que se niega estatalmente al punto de que uno deja de comprender el verdadero valor del dinero. Porque cuando uno va al supermercado y compra un paquete de jabones y no sabe decir realmente si es caro o barato debido a que no se puede comparar nada con nada, es porque el precio dejó de ser un problema. ¿Se entiende? Cuando el riesgo país deja de afectar tu realidad, deja de ser un factor determinante. Deja de ser un problema que suba o no. Otro: Cuando el INDEC deja de ser un emisor creíble de información, cualquier índice deja de ser un problema. Deja de ser “importante” (recuerden esto).

En el caso del conflicto entre estos dos pueblos, el problema está en creer que no estamos ante una guerra propiamente dicha, y en creer hay que hinchar por uno. Una vez desechados ambos conceptos, todo se aclara. Síganme y digan si voy muy rápido:

La gente del mundo, que crece mirando películas, leyendo libros y mirando espectáculos deportivos, está acostumbrada a las batallas bipartitas. Al ajedrez más básico de todos, a la guerra entre dos cosas. Así, Boca y River generan súper-clásicos, Ryu se enfrenta a Sagat, demócratas y republicanos miden sus fuerzas, y los reinos de Europa se medían en justas para ver quien era más pija. Algunos papanatas aún más ligados a la imbecilidad inclusive se acostumbran a las batallas bipartitas en las que uno es bueno en todo sentido mientras que el otro es malo en todo sentido. Y entonces Sonic lucha contra el Dr. Robotnik, Jesús se enfrenta a Satanás, los auto-bots se enfrentan a los decepticons, y así.

Lo que la gente debe dejar de hacer, primero que nada, es de decir que los judíos son buenos y que los palestinos son malos. Lo segundo, es dejar de decir que los palestinos son buenos y que los judíos son malos. Una vez limpio el tablero mental, se puede recomenzar poniendo sobre la mesa lo indiscutible: en la guerra vale todo, todo, todo. Porque los bandos que se enfrentan son los “unos” contra los “otros”:

1) Israel (que puede ser tanto los unos como los otros) está matando civiles en Palestina, haciendo llover cuetes sobre cualquier cosa desde la cual le tiren. Y si los palestinos (que pueden ser tanto los unos como los otros) ocultan a sus jefes militares y lanzamisiles en las escuelas, es obvio que van a volar muchas escuelas por los aires. Es juego sucio contra juego sucio, pero eso no está mal: ambos bandos están haciendo lo que tienen que hacer para ganar y para que la mayor cantidad de sus elementos sobreviva o reciba la menor cantidad de daño posible. A ambos les da pena saber que del otro lado mueren civiles con cada ataque, y sea eso cierto o no, tiene sentido, ya que bastaría con que cualquiera de los dos se rindiese para que el conflicto terminase.

2) Ambos bandos están luchando con sus armas, que no son ni tan mejores ni tan peores. O sea: Palestina tiene a su favor todas las condiciones propias de la guerra de guerrillas, mientras que Israel cuenta con una superioridad económica y armamentista. Cada uno tiene sus ventajas y cada uno tiene sus desventajas. Tan desparejos no pueden estar, en cuanto llevan décadas de forcejeo y ambos parecen estar muy preparados para seguir tironeando a futuro. Palestina ciertamente no declara una guerra con todas las letras simplemente porque no podría sostenerla, y eso está bien, del mismo modo en que está bien que Israel no juegue a hacerse de milicianos civiles.

Con eso en claro, luego cualquier nación verá que quiere hacer. Si apoyar a unos, o apoyar a los otros, pero sin jugar a sentir lástima u ofenderse por algo que, verdaderamente, no les importa lo suficiente. Y es entonces que la mayoría cae en la cuenta de que las organizaciones internacionales no tienen lugar, ni voz, ni voto. ¿Nos preocupa que Israel sea considerado un estado asesino que mata civiles y niños cuando en realidad sólo está defendiéndose? Bueno, entonces brindémosle todo el apoyo posible en forma de soldados, aviones, municiones, armas, alimento y dinero, cosa de que Israel pueda acabar de una vez con la amenaza militar compuesta por esa gente palestina, tan sucia y hábil para la guerrilla. Una vez eliminada la resistencia armada en Palestina, llegará la paz. Por un tiempo.

¿Nos preocupa que Palestina sea el débil de esta batalla debido a sus -si se los compara con los Israelíes- escasos recursos económicos? Bueno, enviémosle a Palestina tropas de nuestros soldados, aviones, municiones, armas, alimento y dinero, cosa de que puedan aguantar un poco más, hasta que otros nos imiten. Si muchos países hacen lo mismo, Palestina pasará a ser el fuerte. Y una vez aplastado el estado de Israel, Palestina habrá vencido, recuperado sus tierras y llegará la paz. Por un tiempo.

Ustedes me dirán que así el conflicto no se soluciona. Bueno, no. Porque se muere la mitad de la gente que supuestamente todos los seres humanos (incluyendo a israelíes y palestinos) queremos salvar. Pero deja de ser un conflicto, ya que:

1) Se declara ganador al sobreviviente, mientras que el otro bando es reducido a cenizas. Muchos pueblos y tribus, con su historia milenaria, sus creencias, sus religiones y su amor por la vida fueron borrados de la faz de la tierra en el pasado, mientras que muchos otros derrotados se rindieron a tiempo (ej: Japón) y hoy siguen jodiendo. No va a ser la primera ni la última vez. O:

2) Sigue sucediendo pero de a poco deja de ser urgente. Eventualmente también deja de ser un problema y pasa a ser “importante”, así entre comillas, como todas esas cosas “importantes” que a nadie, pero a nadie, nadie, le importan lo suficiente como para hacer algo al respecto.

Mientras aunque sea un “algo” de los dos bandos siga en pie, la cosa va a seguir. No hay ganadores en las definiciones a penales infinitos.




*Adolph Hitler, por más enfermo mental que haya sido, es uno de los felices causantes de la mejor estampilla de la paradoja ajena: una demostración histórica de que no hay buenos y malos, sino “Unos” y Otros”. Los Estados Unidos de América hoy tan odiados por los defensores de los débiles son los mismos Estados Unidos de América que salieron a matar nazis durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania era la fuerte y se comía cruda a Europa.

Read Full Post »


Yo sé que a ustedes esto les importa más bien poco (y que leyeron algo a su respecto en los comentarios del artículo anterior), pero lo comido durante los días de Navidad y Nochebuena, sumado a lo comido en Rosario y a lo comido durante la cena de Año Nuevo terminó por detonarme unos dolorcitos de vesícula bastante importantes. Y por dolorcitos debería entenderse una situación muy parecida a la que experimentó Anakin Skywalker quince minutos antes de ponerse el traje de Darth Vader. Estoy tratándolo de la única forma sensata que se me ocurrió mientras jugaba al Golden Axe II y quizá por eso llevo tres días de cólicos diarréicos y dieta líquida, de agua y limón. Parece que no, pero así te limpiás mejor que tratando de hacerlo de un modo sano. El bonus track viene en la forma de una pérdida de peso considerable para los mortales femeninos, que se mueren de envidia cuando digo que perdí dos kilos en los últimos tres días. A este paso, dentro de tres meses me va a volver a entrar la ropa con la que me casé hace nueve meses.

Pero cualquiera sea la resolución fisiológica de este inconveniente que me tiene haciendo algo de reposo (y mucho de diarrea, al punto de que parezco uno de esos silbatos bicolores con forma de gallinita a los cuales se llena de agua para que hagan un sonido más realista), lo cierto es que hay que salir a comprar regalos nuevamente, porque se viene reyes. Mañana. Y hablando de eso: fijate como estará de brava la inseguridad hoy en día que cuando yo era chico, mi familia estaba de acuerdo en que a mi casa entrasen, durante la madrugada, tres encapuchados, uno de ellos, negro. Ya saben, reyes. Esa celebración cristiana que para parecer “políticamente correcta” o “no demasiado guaranga”, en un futuro probablemente incluirá a un rey mago chino, un rey mago con pinta de mapuche y a otro negro, pero al cual no se le podrá decir negro, por más que hayan sido todos bien negros y parecidos al moro interpretado por Morgan Freeman en Robin Hood. Es más, probablemente sea una mujer. Una reina maga negra, de ese tipo de negra no mulata, joven, flaquita y de peinado afro que aparece sonriendo en las publicidades de teléfonos celulares y/o cámaras de fotos, con una universidad de fondo. Si, claro.

Y como decía: aquí les dejo las sugerencias de regalos más potables, teniendo en cuenta que todo el mundo se fue de vacaciones y estoy escribiendo y leyendo esto sólo para mí. Dios, cuanto los odio. Seguro que cuando vuelvan de tomar sus tererés y montar sus cuatriciclos y hacer sus castillos de arena se van a quejar por la falta de hipervínculos en lugar de hacer usar los que ya existen al costado de este coso.

1) Historietas, ilustraciones y cosas pensadas y dibujadas. Desde hace ya bastante rato se encuentran a la venta varios libros y/o revistones gruesos y sin broches, de los que vale la pena tener en casa para que un hijo se lo encuentre y aprenda de qué se trata la vida. Aprovechen ahora, porque después estas cosas desaparecen y se vuelven objetos de culto adquiridos por palermogólicos carentes de buen gusto. Se me ocurren ahora los que yo tengo, a ser: Artistas Irrelevantes de Rodolfo Fucile (en su sitio web aparecen los puntos de compra, el precio ronda los 30 pesos… dice Fucile que no debería costar más que eso), ¡Moriremos como ratas! de Esteban Podetti (andaba en 25 pesos) y cualquier cosa de Diego Parés. Me acuerdo ahora de “La esperanza fue lo último que se perdió” (unos 30 pesos) y de las aventuras de “El señor y la señora Rispo” (yo lo pagué a 29 hace un año), que suelen esconderse en las librerías debido a que las señoras tipo Fanny Mandelbaum se ofenden cuando los ven. Recuerden que cuanto más gaste uno en esas cosas, mayores son las probabilidades de que crezca el mercado y así esta gente pueda dedicarse de lleno a la tarea olvidándose de los empleos con fotocopiadoras y archivos de Excel, o vendiendo cosas, o repartiendo pizzas, o vendiendo su cuerpo a los turistas, o lo que sea que hagan.

2) Música.
Zambayonny peló nuevo disco, y viene con DVD incorporado. A 55 pesos aprox. no es caro, más aún teniendo en cuenta que “Salvando las distancias” (así se llama el disco) escasea debido a que mucho pelotudo lo anda comprando nomás porque apareció en la tele y en algunos temas se dice “teta” o “pija”, sin prestarle atención al excelente trabajo de todo el disco, del mismo modo en que yo me supe bajar en su momento el disco de las Tatú, amparado en la excusa de que en el videoclip de su primer corte había un par de minitas rusas vestidas de colegialas lamiéndose y metiéndose mano bajo la lluvia. Ni me hizo falta que fueran lindas. Es más, no sé si se escribe así el nombre de la banda, o dúo, o como se llame, ni me acuerdo del nombre de una de sus canciones. Pero como les decía, el último disco de Zambayonny viene con DVD y es un rejuntado de temas de varios discos, con algún nuevo tema también. Todo en vivo. Como Ismael Serrano pero bien hecho, y sin pedofilia. Imperdible para cualquier víctima de la métrica.

3) Películas. En Musimundo se pueden encontrar muchas ofertas de películas realmente buenas. Nada me hace tan feliz como encontrar películas originales al precio de las copias truchas. Bueno, eso fue una exageración. Que las mujeres dejasen de temerle al tamaño de mi pene me haría mucho más feliz aún. Para peor, algunos de los apodos que me ponen son crueles… digo, ¿Qué derecho tienen a guardarme entre sus contactos telefónicos bajo el nombre: “Jabalina de jamón natural” si de todas maneras no van a llamarme? Yo si fuera ustedes por 35 pesos me compro el pack que trae a Ratatouille y los mejores cortos de Pixar. No hay una mejor película “comercial” de animación que Ratatouille. Bueno, sí. Está “The Tune”, pero no se consigue así nomás. Entre los originales interesantes a precio irrisorio se encuentran “Crash”, “Un día de Furia”, “El Pianista”, “La vida de los otros”, “Las trillizas de Bellville” y “Trainspotting”. Digo, sean buenas o malas, por quince pesos es eso o medio litro de helado. En “La vida de los Otros” trabaja una mina que no sé como se llamará pero que por algún motivo relacionado a su actitud provocadora está como para partirla al medio con un kayak engrasado.

Y listo, eso. Les recomendaría comprar armas y películas de Clint Eastwood, pero está todo carísimo. Me voy a seguir tomando agua con limón. Pero la pregunta mediática del día es: ¿Ustedes creen que el holocausto le dio a Israel una suerte de licencia para matar al estilo James Bond? Digo, al menos eso parece. Yo no tengo la suerte de ser antisemita pero sí tengo la suerte de no ser palestino, y estos judíos realmente no parecen estar muy interesados en eso de dejar de ser discriminados en los próximos doce o dieciocho mil años. Obama todavía no opinó porque no es ningún boludo, pero yo personalmente espero que en la ONU se pongan pronto de acuerdo y decidan si están a favor de esta cruzada armada o en contra, cosa de que yo también pueda saber qué pensar.

Por ahora me reconforto a sabiendas de que mis ojos son lo suficientemente azules como para derribar a un MIG 29 en misión de reconocimiento, pero soy conciente de que a no todos ustedes les pasa lo mismo.

Read Full Post »