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Archive for 30 noviembre 2006

Yo por Dentro – Vida Diaria – Guías, listas, manuales, etc

Vivimos en un mundo inseguro, y muy particularmente en un país bastante descuidado respecto a ello, lo que se entiende una vez uno empieza a comprender que los poderosos, tanto a nivel político como religioso o económico, suelen tener uno o más muertos escondiditos en el placard. Más allá de eso, creo que para llegar a viejo se hace imprescindible acatar al menos un reducido grupo de directivas básicas. Como estas diez, que para empezar, están bastante bien.

1-No coma alimentos vencidos o con “muchos días de heladera encima”, nomás para hacerse el gracioso frente a sus amigos. Una mayonesa en mal estado es lo suficientemente tóxica como para difuntearlo. A usted y a cualquiera. Pero si no hay otra cosa, no salga a robar un supermercado, porque se expone a lo del tiroteo, y me imagino que al no tener para comprarse unos sánguches, menos va a tener para un revólver. Ayune.

2-Sea bueno con sus compañeritos de clase. Más le vale tener la prepaga al día, si su hobby es reírse del tímido del aula. Hoy por hoy, cualquier niño lleva consigo algo con que defenderse, mas allá de sus puñitos de nudillos débiles. Los más decididos suelen optar por los cuchillos y las armas automáticas, pero siempre estarán los improvisados que no dudarán en echar de destornilladores, tijeras, baldosas flojas o un compás Pizzini, de los caros. Bueno es también no formar parte del grupo de “populares felices y exitosos”, porque sabido es que a esos es quienes primero se apunta. Si el tímido del aula lo invita a su casa a jugar a los videojuegos, vaya. Y salúdelo siempre con un gesto amable.

3-No se deje secuestrar. Esta es importante. Si puede, evite que lo secuestren, porque en una de esas lo matan y eso es un bajón. Bueno es andar siempre hecho un rotoso, y en caso de tener padres acaudalados o de medianamente buen pasar, cambiar tanto de apellido como de lugar de residencia. Si su dinero es mucho, puede optar por un guardaespaldas, pero tampoco se confíe tanto: estoy convencido de que por cincuenta millones de dólares, cualquiera lo vende a uno.

4-No frecuente bares de mala muerte, en caso de ser un matón de poca monta. Se ha comprobado que cuando Steven Seagal sale a buscar testigos o información (Steven Seagal no necesita evidencia) al respecto de un magnate corrupto, nunca entrará a cafeterías lujosas sino que preferirá los bares ruinosos y de iluminación pobre. Por sobre todas las cosas, no entre a lugares donde haya una rocola a monedas, mesa de pool o botellas sobre la barra. Si bien la golpiza es ordenada (uno contra uno, de a uno) y rara vez conduce a la muerte (usted deberá esperar su turno, de acuerdo a donde esté sentado), siempre resulta inevitable. Si el que lo busca a usted es Charles Bronson, listo, ya fue, puede darse por finado. En nombre de todo lo que es santo, no se meta con la mujer, hija o mejor amigo de Charles Bronson. Si lo hace, estará mas muerto que Steve Irwin en un tanque lleno de rayas.

5-Si se ve involucrado en una persecución y tiroteo, procure ser el que está persiguiendo y efectuando los disparos. Esta es importantísima. Se ha comprobado que en la gran mayoría de los asesinatos, el que dispara la pistola es el que sobrevive. Y si hay varios con pistola, trate de ser quien encaje el último balazo. En caso de secuestro, cabe agregar a lo anterior, trate de ser el secuestrador.

6No haga enojar a Dios. No hay excusa. Y si Dios se enoja, tampoco habrá escapatoria. Dios es Dios, y cuando tira, no usa balas de goma. Nunca diga algo así como “¿Y que me podría pasar?” porque le puede pasar de todo. Y me refiero a que se puede llegar a morir tres veces antes de tocar el piso.

7-En caso de dictadura militar, involúcrese sin medias tintas en actividades extremas. Como muchos saben, a la hora de desaparecer gente, los militares suelen tomar la sartén por el mango y “chupar” por las dudas, como así los revolucionarios reventar a quien quede más a mano. Se ha comprobado que involucrarse a pleno en cualquiera de los bandos (ser Jefe de las Fuerzas Armadas o de grupo subversivo) le asegura a uno luego un puesto en el gobierno con jugoso sueldo o pensión y amistades de esas que hacen que nadie piense en tocarle un pelo, ni por error. Pero no se quede a mitad de camino, porque va a ser boleta.

8-Si el borracho del pueblo le dice que vio un gremlin o un zombi, mándese a mudar. No pregunte, ni se quede a hacerse el gracioso o a esperar a ver uno. No se arriesgue. No importa si usted tiene una escopeta, mándese a mudar. Múdese a un lugar al que los zombis y gremlins no parezcan querer ir. Supóngase un Angola, o un Sudán. Pero antes, abastézcase de repelente para mosquitos y vacúnese. Y use jeringas descartables, asegurándose de que las abran frente a usted. Lo mismo con las gaseosas.

9No saque fotos ni testifique en contra de nadie poderoso. Parece una estupidez, pero todavía hay gente que no aprendió que armarle broncas o escupirle el asado a un acusado peligroso, es meterse en problemas. Recuerde que no estamos tratando de definir si se trata de algo malo o bueno, justo o injusto, humano o inhumano, sino de sobrevivir hasta mañana. Para humano está usted: cuídese. Invierta en propiedades. Procure ser el poderoso, en cualquier caso.

10-Si se mete a una secta y una persona muy atractiva del sexo opuesto le ofrece veneno, diga que no, que pasa, que está lleno. Lo mismo si le ofrecen drogas (winners don´t use drugs) o sandía con vino (winners don´t use watermelon & wine). Así también escóndase del basilisco y no permita que se le junten la cola y la cabeza de la culebrilla. Y si es enviado a la guerra de Irak y siente que hace mucho calor, por el amor de Dios, no se quite el chaleco antibalas. Use siempre el chaleco antibalas.

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La Gran Represalia Mántida

Yo por Dentro – Comestible – Vida Diaria

Resulta, que días atrás, habiendo cometido el error de depositar en mi billetera más dinero que el usual (andaba con diez pesos en vez de cinco) y de regreso a casa, caminando por la avenida, me ví tentado por un cartel que decía lo siguiente: “¼ kilo de helado: $1,50. Venta por mayor y menor”

Barato, sí. Lo suficiente como para que me den el helado más bromatológicamente peligroso jamás creado. Imaginé incluso hojitas de afeitar y jeringas usadas. El negocio (si es que así puede decírsele a un local de revoque fresco, iluminación menesterosa, olor a humedad y cortina de tiras plásticas) constaba de un sesentón despeinado y unos cuantos freezers haciendo las veces de mostrador. También había un diario y una silla. La escena era más triste que cualquier fragmento de “La Lista de Schindler”. Pero un cuarto kilo de helado a un peso cincuenta es decir: “barato”, sí.

El tipo abrió el freezer y antes de tomar un recipiente, preguntó: “¿dulce de leche y americana, chocolate y frutilla o chocolate y vainilla?” Me di cuenta entonces de que ya venían envasados y precintados. Recordé a Harrison Ford, de pie frente al precipicio. “Es un salto de fe”, me dije. “Será barato, salga pato o gallareta”. Pedí entonces el de americana y dulce de leche, pero apenas lo tuve en la mano supe donde estaba el tongo, porque el peso del pequeño envase de poliestireno expandido resultaba gracioso.

¡Epa, maestro! –le dije al estafador-. ¿Está seguro de que acá hay un cuarto?
Así viene de la fábrica –fue su respuesta.

Resultaba obvio que allí no había 250 gramos ni por casualidad. Comparé mentalmente el peso del pote con el peso de las incontables porciones de ñoquis que tantas veces separé durante épocas pasadas (más gastronómicas) y calculé que allí no había más de180 grs., ni menos de 150grs. El precinto mismo decía (con ingenio) la capacidad del envase (aprox. 360 c.c.) en lugar del peso. Pero acostumbrado a pagar $4 los 250 grs., me decidí a llevarlo de todas maneras y probar la calidad, ya que seguía favoreciéndome matemáticamente. Se habrán dado cuenta ustedes de que para entonces ya estaba dispuesto a hacer casi cualquier cosa a fin de aprovechar la oferta.

-¿No tendrá una balancita? –pregunté haciéndome el tonto.
-Si no lo querés, no lo llevés –terminó diciéndome.

Ja. Y aunque debería de haberle dicho “metételo, forro”, opté por pagar y marcharme con el helado, lleno de curiosidad. Ya no quería el helado, sino ver lo que había dentro (léase aceptar la apuesta para ver las cartas del rival: “pago por ver”). Dos cuadras mas adelante, a la vuelta de casa, entré a una de las panaderías de las cuales soy cliente y tras saludar, pedí prestada una balanza que confesó exactamente 167 grs. Al llegar a mi hogar, le comenté el incidente a mi madre quien enseguida llamó a la comisaría, dispuesta a hablar con un tucumano amigo que allí tiene desde hace siglos. “Aprovechen. Manden un coche y van a ver que consiguen helado gratis” fue su último comentario. Ignoro lo que sucedió. Esa noche mi novia y yo disfrutamos del helado, que resultó particularmente agradable y liviano debido a la consistencia, ligera y aireada como ella sola. Una suerte de “merengue suizo de helado”, parecía. Muy rico.

Ahora bien, yo trato de ser bueno, pero cuando intento salir, ellos me arrastran hacia adentro nuevamente. No se que quiero decir con eso, pero aparece en “El Padrino”. Y como justiciero que soy, debo ejercer las leyes del equilibrio cósmico. Ya se la supe hacer a una panadera y ahora le toca al chanta éste. Aquí van las opciones, de la cuales una será llevada a cabo, dependiendo de vuestros votos. Considerando que a diario paso caminando frente al lugar, temprano, varias horas antes de su apertura, no tendré problemas en llevar a cabo cualquier acto vandálico antes de que el año termine. Va en serio la cosa.

a) Caca de perro. Poseo en casa suficiente vida perruna como para recoger 250 grs. de caca relativamente fresca. La idea es la de embarrarle toda la entrada y dejar la siguiente nota: “Esto es un cuarto de kilo, puto”

b) Cemento plástico. Alcanza con que prepare un poco de Poxipol y con la ayuda de un escarbadientes rellene todas las cerraduras. Me obligará a comprar Poxipol y tardar un buen rato (amén de cierto riesgo de ser detenido), pero a él le terminará saliendo mucho más caro y llevando todavía más rato. Ahí la gracia. Podría usar Poxiran a fin de ganar tiempo, pero no creo que resulte tan efectivo.

c) Fuego. Puedo llenar un globo con kerosene y aventárselo a la puerta. Luego, arrojar un bollo de papel envuelto en llamas y correr, total es de madrugada y rara vez hay alguien cerca. No, mejor no, a ver si un vecino sale lastimado. Esta no vale.

d) Nada, y que Dios se encargue. Hay quienes dicen que la mejor venganza es vivir feliz un millón de años, haciendo caso omiso a lo que se nos haya hecho. Pero eso es estúpido, porque nadie vive un millón de años. Esta tampoco vale.

e) Graffiti. Con aerosol, escribir algo así como “acá no entren a comprar sin balanza porque el cuarto de kilo pesa menos”. O “Acá atiende un policía ex-torturador, asesino, amigo de Etchecolatz”. También pense en “Usted, heladero, ha sido marcado por la revolución damospeniense. Tenga cuidado”

f) Caca, pero mía. Puedo llevarle el envase lleno de caca, embarrarle bien (cuidado y guante de goma mediante) toda la cerradura, la cadena y los candados de la persiana metálica y acompañar la obra de la siguiente nota: “¿Ves que no había un cuarto de kilo?”

¿Cuál debería ser la Gran Represalia Mántida?
La de la caca de perro
La del pegamento
La del graffiti acusador
La de la caca de Mantis

Ahí tienen. Si no votan, al menos tienen ejemplos de vandalismo básico para llevar a cabo.

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La Mantis quiere saber

Yo por Dentro – Vida Diaria – Cine, tele y así – Otros

Estas son algunas preguntas que me estoy haciendo en estos días. No están relacionadas entre sí, pero eso no importa. Algunas de seguro se responderían vía Google o Wikipedia, y otras no tanto. Pero no tengo tiempo para andar saciando mis curiosidades una por una, así que voy a contar con vuestra colaboración para resolver al menos parcialmente mi existencia. Algunas les parecerán infantiles y otras tendenciosas, pero a todas las hago esperando una respuesta sensata, en serio, acá no hay nada de retórica. Bueno, es que soy así: hombre de escaso mundo, en muchos sentidos.

1-Cuando un billete viejo se pone realmente viejo, que no sirve para casi nada y está todo unido con cinta adhesiva, ¿Puede llevarse al banco y cambiarse por uno nuevito? ¿O hay que ir a la Casa de la Moneda?

2-Si uno no se opone a los casamientos entre homosexuales ni a la pena de muerte, ¿Es de izquierda, de derecha, o se contrarrestan las posturas y queda de centro? ¿Y si se opone, no pasa lo mismo? ¿Cómo funciona el Liberalismo?

3-Si frente a un asiento vacío en el tren se ubican una embarazada, una mujer con un bebé en brazos, un viejito tembloroso y un muchacho con la pierna rota, ¿A quien le corresponde más el asiento?

4-Si vas creyendo sinceramente en varias religiones y pecando de manera flagrante en todas a excepción de la última en la que estás antes de morirte, ¿Te vas al Cielo de esta? ¿O al Infierno de alguna de las anteriores? ¿Se divide el alma para sufrir en todas un rato? ¿O vas al infierno de aquellas religiones en las cuales no creíste?

5-¿No es acaso, la mejor forma de estar seguro, el pertenecer a una patota gremialista, ser puntero político o algo así? ¿No te convertís en intocable para otros delincuentes, chorros, policías y hasta para la justicia? ¿No es ese el verdadero beneficio de la política, más allá de las brutas ganancias económicas?

6-¿De donde sale el haz de luz de los sables Jedi o Sith, en las películas de la saga Star Wars? ¿Por qué hay de diferentes colores? ¿Algún color es más poderoso que otro?

7-¿Cuándo una relación deja de ser algo “incorrecto” o “no muy bien visto” para ser directamente pedofilia? Quiero decir, ponele que mi novia me deja y yo me enamoro de una chica de doce años, de esas que se desarrollan rapidito, ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Y si está todo bien con los padres?

8-¿Está mal creer que todo lo que sucede es movida política, y que –por ejemplo- los desmanes en el traslado de Perón sirvieron para diluir algún otro asunto? ¿No creen ustedes que Emilio Quiroz abrió fuego para justificar la mordida que debe tener todos los meses? ¿No creen que el hijo de Moyano estuvo flojo, teniendo como chofer a ese bobo que vació un cargador sin bajar siquiera a uno?

9-Un cartonero al cual le suena el celular de 500 pesos con un ringtone de un grupo de cumbia villera, ¿Viene a ser un oxímoron en mano, al estilo de la milanesa napolitana? ¿O que carajo es?

10-En un día de clima tolerable, ¿Cuál es el mínimo de cuadras a caminar antes de pensar en tomar un colectivo? Eso de no caminar más de diez/quince cuadras cuando no hay apuro, ¿no es cosa de malcriados?

11-¿Está mal pensar que a Julio López lo torturaron y asesinaron nomás el mismo día de su desaparición, y que los actos de reclamo son una suerte de velorio popular medio farandulero que deja contentos a muchos?

12-¿Qué es el reaggetón? ¿Qué bandas lo tocan? ¿Se escribe así?

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Hablá claro

Yo por Dentro – Madre Naturaleza

Lo de hace unos días, de las anécdotas referidas a lo bruto en los adeptos al culturismo físico fue un absoluto desastre. No creo que haya habido en Damos Pen@ un artículo menos exitoso, y estoy contando incluso a aquellos que no fueron leídos por nadie, publicados a principios del año pasado. Lo salvaron algunos muchachos como el valeroso Amperio, a quien Chinchulín terminará entrevistando aunque no quiera.

En las primeras cinco horas de estar publicado, sólo se recibieron cuatro comentarios de mujeres a las cuales les encantaba la idea de tener un brutito (o casi) para ellas. Lo que jode es que después se quejan y salen a decir que las modelos son desnutridas, taradas, que Carla Conte es fiera, que la otra está operada, que son todas gatitos que viven en pose mostrando el upite, que tienen pinta de travestis o que no servirían para nada porque no son mujeres reales con celulitis, que los hombres que dejan a sus novias o esposas siempre lo hacen cambiándolas por “una más negra, gorda, fea o chueca” y que se yo cuanta otra palabra. Eso me explica muchas cosas.

Primero: Alguien alguna vez dijo que el hecho de que la mayoría de las personas que hacen equitación sean mujeres (y a las niñas les gusten los ponys) debe tener algo que ver con eso de que tal actividad consiste en subirse encima de una criatura sudada, fibrosa, vigorosa y muscular que no sabe decir una palabra pero es feliz obedeciendo órdenes, resopla con fuerza sin molestarse y es casi por definición la quintaesencia de la virilidad y masculinidad. Por algo el polo es el delirio de los nobles británicos como el príncipe Carlos.

Segundo: Los buscan tiernos, sensibles, inteligentes y compañeros para toda la vida, pero las infidelidades se cometen con el sodero o en su defecto, con Cacho Castaña. O el sodero de Cacho Castaña. A Hugo Grant se lo crucificó por haber hecho únicamente lo que las señoras vienen haciendo desde siempre: sacarse las ganas con el más maltrecho caballito de batalla. Pero en los comments se llegó a nombrar a Carlos Tevez, homínido feo como vomitar sidra caliente por los oídos.

Pero tercero, y por sobre todas las cosas, también me hace entender lo siguiente: cuando escribo en Damos Pen@ corro el riesgo de pedir una pizza y que en su lugar se me traiga una bolsa de portland. Ya no se me entiende. Siempre creí saber expresarme con claridad a la hora de decir algo, pero veo que no es así. Perdí la capacidad de expresarme.

Por algún motivo, muchos de los comentarios fueron los que habría esperado si yo hubiese enarbolado una crítica u oposición envidiosa al culto al físico revalorizando la ortografía y las buenas costumbres a la hora de redactar algo, cuando en realidad lo que quería era reírme de un panfleto y conseguir alguna anécdota interesante. Los textos pertenecientes a la institución en cuestión podrían haber sido perfectamente corregidos por Word o una secretaria mas o menos instruida, y así y todo, la fama de “discapacitados gramáticos” que tienen los patovicas no habría resultado injustificada. Eso no importaba, no venía al caso. Pero no supe decirlo claramente.

El error fue mío. Se debe probablemente a que suelo dar por sentado que el fenómeno de que a veces no se me entienda no es sino otra manifestación de la distribución equitativa de papanatas en cualquier situación. Fui yo quien dio por sentado que quienes me leyesen iban a “llenar los espacios”. Porque ese es el problema de la comunicación: que requiere y depende de que se den por sentado cosas. Y me he encontrado con más de un experto a la hora de ignorar lo que no encaja en su perspectiva. Por eso, de ahora en más trataré de no dejar espacios en blanco. Porque el papanatas soy yo.

Me gustaría, entonces, que alguno de ustedes me contase de alguna vez en la que hayan sentido aquello de: ¿Qué hora es? Azul ¿Cómo te llamás? No, radio. Pero no me animo a pedirlo, porque no sé lo que pueda llegar a salir…

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Así habló Chinchulín

Hace cosa de una semana, mi amo escribía esto.
Y hoy, en el diario salía esto.

Fue casi como una chistosa combinación de las posibilidades, un simbiote de los ejemplos tirados al azar. Cabe aclarar (doy fe) que mi amo no vendió a nadie.

Por si acaso. Porque en Damos Pen@ está prohibido el buchoneo.

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Yo por Dentro – Del Habla – Científicamente

A veces se nos presentan elementos que escriben por sí mismos un artículo (recuerden lo de los desnudistas en los velorios chinos). No suelo disfrutar de estas situaciones por completo debido a que me arruinan el estímulo del ejercicio narrativo y no requieren de demasiado esfuerzo, pero particularmente en este caso, les confieso que se me hizo agua la boca. Permítanme exponer lo impreso en un panfleto que me fue entregado recientemente en la vía pública. Antes aclaro que el interesado en vender, es en este caso, El San Fernando Centro, instituto de capacitación para instructores y entrenadores del “fitness”, inscripto en el Ministerio de Cultura y Educación (título privado) S.N.E.P Matrícula 2697/95.

-Ingresá a una actividad en constante crecimiento
-Sin requisitos de estudio ni experiencia previa
-Cuotas accesibles, amplitud horaria para cursar

¿Por qué elegir estos cursos?

Hoy más que nunca la población en general, sin distención de edad, nesecita hacer actividad física, siendo recomendada por todas las ramas de la medicina. Pero estas actividades deben ser programadas por profesionales del fitness que sepan de cómo y porque hacerlas.

El último párrafo se siente como si se estuviese viendo matar una foca bebé a garrotazos. Oro en polvo. Ahora bien, estuve pensando en la mejor forma de aprovecharlo y es por eso que vamos a hacer un juego, y ustedes podrán competir, ya que lo que busco es conseguir la mejor anécdota referida a la fama de “brutitos” de la que se han hecho los seres del tipo “futbolista/ deportista/ culturista del físico” a través de los siglos. Sí, me dirán que una cosa no hace necesariamente a la otra, o que no hace falta ir al gimnasio a buscar ser instructor de musculación para ser un analfabeto (véase al Sr. Adolfo Rodríguez Saa), o incluso que gran cantidad de profesionales del deporte son también universitarios prestigiosos, cultos y ricos en ideas más allá del título y laureles académicos, pero la idea es meterme con aquellos con quienes todavía no me las había agarrado. Estará en ellos el luego desquitarse diciendo que desnudos se ven mejor que yo y que su salud es mejor que la mía, o bien levantando un automóvil estacionado con las manos desnudas y arrojándomelo por la cabeza, entre gruñidos.

Seguro, podríamos echarle la culpa exclusivamente al antepasado de Gigantopithecus Blackii que de alguna manera logró saltarse varias etapas de la escala evolutiva y perpetró los textos impresos antes de que alguien con dos dedos de frente pudiese revisarlos. Pero no sé donde estaría lo divertido entonces. Además, si no hubiesen querido que nos burlásemos de ellos, no habrían continuado con las bestialidades en el sitio web del Instituto.

Quien envíe el texto ganador (lo definiremos a puro voto popular en los comentarios durante la semana) será entrevistado por mi esclavo Chinchulín en un futuro artículo.

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¡No exajeréis, jente!

Madre Naturaleza – Religión – Comestible – Vida Diaria

El artículo de ayer me dejó pensando en la gordura y su antítesis. Y en las formas de lidiar con todos los desórdenes personales socialmente inaceptables, particularmente dependiendo de las modas. Me refiero a eso de internarse para cualquier cosa, a lo Juan Ramón Jiménez.

Empezó con las granjas para drogadictos. Ya saben: se tomaba a un grupo de fulanos y se los llevaba lejos, a que se matasen laburando de sol a sol, plantando tomates y sufriendo alejados del acceso al vicio. Una vez modificados los hábitos y sobrios los fulanos, se los devolvía al vicio, bajo amenaza de volver a encerrarlos a plantar tomates. Bueno, supongo, porque yo –personalmente- los amenazaría. Algunos volvían, otros no. Ley de la vida. Luego comenzó a aplicarse a los alcohólicos, a quienes yo también amenazaría silenciosamente haciendo reventar en mi puño una bolsa de semillas de tomate a la vez que entrecierro los ojos (a lo Forrest Gump, cuando Jenny y su novio golpeador se suben al colectivo), porque resultaría divertidísimo. No digan que no.

Pero hoy en día alcanza con poco y nada. Porque se puso de moda eso de estar estresado y padeciendo crisis nerviosas, gordura, depresión, adicción al sexo/deporte/trabajo/internet. Basta con que exageres o te excedas en cualquier sentido, porque –por citar un ejemplo- si te fue al carajo la mano con los canelones, te mandan (o te mandás) a una granja para gordos, a hacer ejercicios aeróbicos, dieta y toda una serie de tratamientos psicológicos que en teoría, ayudan más que cualquier otra cosa. Es casi como un ghetto para que los obesos no se sientan tan solos o feos, ni se aparezca algún conocido atlético y atractivo a contarles cuan grandioso fue el sexo que tuvieron anoche, o lo bien que le quedan los pantalones nuevos. Porque la clave, según parece, es la de “ofrecer y dar contención”. Eso explica las razones de que haya tanto gordo suelto, ya que la clave debería ser “dejar de tragar como un pato degenerado y empezar a mover las cachas”. Funcionaría mejor.

Pero lo que queda claro es que la única razón por la cual existen estas instituciones no es el bienestar de la sociedad o la mejor calidad de vida del interesado, sino las paladas de dinero que embolsan los dueños del circo. Por la plata baila el monito, siempre. Quien haya tenido la idea de seguro fue un empresario de la hostia, quien supo detectar la debilidad del ser humano adinerado y acompañarla con palabras lindas. Resulta obvio: si se fortalece la idea de que los resultados se obtienen en grupos de trabajo, el negocio crece junto con la idea principal y fundamental, pilar de esta movida: “Solo no puedo: que alguien se haga cargo de lo que me pasa, por ejemplo, mi panza”.

Y es comprensible, siendo que pagar a cambio de un servicio es algo a lo que nos hemos acostumbrado; por eso existen los restaurantes en los que otro se toma el trabajo de amasar y rellenar los ravioles que antes amasaba la abuela, las panaderías en las que otro decora la torta, los mataderos en los que otro se encarga de noquear a los novillos con un martillo neumático y las casas velatorias que –literalmente hablando- se hacen cargo del muerto. Pero una cosa es tercerizar para simplificar (levantar el tubo y pedir que nos traigan una pizza en vez de ir a buscarla), y otra cosa es hacerlo para lavarse las manos agregando elementos cuestionables. En un punto, a medida que uno va creciendo y dejando de ser un niño, debería comenzar a hacerse cargo de algo: no me parece sano que cualquiera tenga que abandonar todo atisbo de responsabilidad y compromiso consigo mismo a fin de sentirse mejor. Algo de ridículo le encuentro a eso de que alguien necesite que un nutricionista le confeccione una receta que diga (en otras palabras) “aflojale a las achuras aunque sea en Semana Santa, atorrante” o “comé, estúpida, que das lástima y te vas a escurrir por el desagüe”. Porque no es verdad que para todo sea necesario contar con asistencia profesional (léase psicólogoalgos, counselors, terapeutas, tutores), saliendo a compartir y “contenerse”, sentándose en el pastito junto a un montón de iguales que también creen estar enfermos y en el Sanatorio del Rosario.

Habrá quien –ateo- me dirá que el hombre lo lleva adentro, que es defecto de fábrica o error de programación: que los primeros en tercerizar algo fueron aquellos que se inventaron divinidades a fin de que otro les pudiese salvar el alma, les cuidase las cosechas y les confiriese “contención” en forma de amor incondicional y una eternidad de gloria. Y que quien encomienda su salvación espiritual a un amigo imaginario, tranquilamente puede encomendar cualquier otra cosa a cualquier otro paparulo sediento de patacones.

Que se yo. En una de esas, es así.

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