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Archive for 30 junio 2007


Bueno, sí, más de una semana pasó desde el último artículo, pero es que me enfermé. Y mientras escribo sigo achacado de algo curioso y que por primera vez me sucede, ya que estoy disfónico tras haber estado completamente afónico. Lo que el viernes por la mañana se exhibió como una molestia en todo el cuerpo (ya saben, cuando uno se siente “gelatinoso” o “blandito” y próximo a engriparse) terminó traduciéndose en una angina. Para cuando dieron las tres de la tarde del lunes ya estaba yo más silencioso que Alicia Muñiz después de su última discusión con Carlos Monzón.

Perdí la voz.

El atender el teléfono es parte importante de mis labores diarias. Temporalmente inhabilitado de utilizar mi hermosa voz, por más diestro que me encuentre a la hora de hacer las tareas administrativas restantes, en mi puesto de trabajo –dicen- no vale la pena tenerme dando lástima y es por eso que mis superiores me han obligado a quedarme en casa. Podría decir que no la estoy pasando del todo mal, pero lo cierto es que la estuve pasando mal. Me aburría. Súmenle a eso el hecho de que desde que me enteré que tengo cálculos en la vesícula camino despacito y trato de pasarme quieto la mayor cantidad de tiempo posible a fin de que dos piedras grandotas no vayan a golpearse mientras están embebidas en todos esos gases y líquidos inflamables de mis tripas generando una chispa y ocasionándome la muerte por combustión espontánea.

Allí estaba yo, sin hablar, sometiéndome casi engorrosamente a la sobreprotección de mi madre, que me ve enfermo al borde del paroxismo gracias a que, según dice ella, tengo las orejas medio pálidas y eso debe ser un síntoma de anemia o algo así. Me trajo facturas y una jarra de té con leche. También un poco de leña, a fin de que pudiese encender yo la chimenea. Ah, cuando decía eso de que “la estuve pasando mal”, mentía. Me encanta quedarme en casa así sea recibiendo descargas eléctricas en las encías, y descubrí que se pueden hacer un montón de cosas además de buches y gárgaras con ese extraño líquido verde que me recetaron y que me deja toda la boca adormecida una vez cada ocho horas, o acumular trabajo al punto de que no sé si quiero volver a trabajar realmente, o tener pesadillas en las que un cálculo biliar filoso me corta los genitales desde adentro. O darle a los videojuegos. O comer mocos de gusto metálico.

Y ya no me duele la garganta, pero lo que más me llamó la atención fue que el médico que me atendió habló de una “epidemia”. Aparentemente, la gripe, angina y esas cosas están afectando a muchos pobres diablos, entre los que seguro se encuentran muchos de ustedes, mis bienamados lectores. A sabiendas de que hay cosas que están funcionando para mí, les haré unas buenas recomendaciones.



El Eternauta1- Léanse el Eternauta aunque la tapa con el tipo vestido de buzo les parezca estúpida en un primer momento. Mi novia me prestó la versión original completa (de Oesterheld y Solano López) y la verdad es que lo disfruté muchísimo. Me tomó unas tres horas, pero de principio a fin es una historia riquísima. Al momento de aparecer debe haberle partido el bocho a todo el mundo, y me haría muy feliz que alguien se dignase a filmar la película con actores. Yo sugiero a Federico D´Elía para el papel principal, ustedes (los que lo hayan leído) ayúdenme con el resto.



Piedra de afilado2- Afilen todos sus cuchillos. Yo se hacerlo con relativo éxito debido a que forma parte de mis pasatiempos indirectamente. Aquí les va un paso a paso. Siempre con la hoja hacia delante y en un ángulo de 20 grados en relación con la piedra de afilado (pueden conseguirse una piedra mixta: gruesa de un lado y fina del otro) se realizan movimientos circulares parejos, lubricando con agua o un aceite ligero. Es importante mantener el ángulo y hacer la misma cantidad de pasadas de cada lado de la hoja. Para alinear el filo recomiendo un cuero de peluquero (no lo tomen literalmente), una chaira de cerámica, una de acero (lisa, no ranurada) o en su defecto un pedazo de mármol. Hay quienes optan por invertir algún dinerito en afiladores de diamante artificial (cuestan cincuenta pesos mínimo, mientras que la piedra china cuesta cinco y zafa), pero la verdad es que yo no he sabido de que se obtengan tan grandiosos resultados con ellos. Un pulido fino de emergencia puede hacerse con una lija al agua para madera, del número 360 o 400. Obviamente, el acero inoxidable es más blando que el acero al carbono y requiere menos cuidados posteriores, pero se desafila más rápido. Recomiendo en estos casos un ángulo de 30°.



Jennifer haciendo de terrible atorranta aborigen3- Aprovechen que van a modificar sus horarios de sueño y denle una chance a alguna película de esas que el cable da a las dos de la mañana. En mi caso, la elegida fue “Vuelta en U”, con Sean Penn, Jennifer López, Nick Nolte y otros más. No sé si habrá sido a causa de que estaba medio dormido o de que no sé hacer gárgaras y siempre termino tomando por lo menos la mitad del liquido verde de los buches, pero la verdad es que me encantó. El hermano de River Phoenix me cae simpático en serio y te da ganas de prenderlos fuego a todos, especialmente a Billy Bob Thornton. No era tan fea Jennifer Lopez en esta película.



Gabriel Novaro en su último cumpleaños4- Desperdicien muy buenos temas para escribir artículos en su blog. Mírenme a mí: me vengo a alejar de la PC y allá afuera se muere el doctor Socolinsky, un abogado loco se agarra a tiros con la policía al estilo Jean Reno, Tigre asciende a la Primera División del fútbol argentino con muerto incluido, Mauricio Macri es electo Jefe de Gobierno, resultó que Blumberg no era ingeniero, el gobierno planea cortar la luz en las autopistas a fin de limitar la escasez energética, etc., etc., etc.… cualquier cosa que ahora pudiese escribir y publicar a posteriori resultaría desfasada y es por eso que vamos a pretender que no pasó nada.



La mato, la mato, le saco sangre, dirá un amigo.5- Hagan pesto. Se toma un morterito, se tira dentro un poco de ajo, perejil, albahaca, piñones (las nueces de la isla funcionan y salen diez veces más baratas) aceite de oliva y queso rallado. Luego (tipo seis de la tarde) lo sientan a uno junto a la chimenea y le dicen: “hacé eso, dale, que a la noche comemos fideos”. Y uno, que está al pedo y no le teme a la humillación, machaca, machaca, machaca y hace pesto. Sé que la foto es de Jennifer Connelly y no tiene nada que ver con los fideos con pesto, pero dejo a criterio de los lectores masculinos si quieren que la cambie por una que sea efectivamente de fideos con pesto. Yo me quedo con Jennifer Connelly, pero en una de esas ustedes son medio amaneraditos, no sé, no viene al caso tampoco… un hombre de verdad come tuco hirviendo, directamente de la cacerola y con una cuchara, sin fideos. No pesto.

Y hasta acá, basta. ¿Qué hacen ustedes cuando se enferman? ¿Se enferman?

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Explicación

Me enfermé y sigo enfermo, pero hoy al menos tuve acceso a una PC.

Mañana (sábado) les cuento todo con más detalle en un artículo un poquitín mas largo, de 18.000 caractéres. Sí vale decir que no fue nada sino una angina furiosa, viral, y que se yo qué más, con afonía total y desprendimiento de retina. Bueno, no, lo último no, pero estuve un rato sin encontrar los anteojos durante la mañana de ayer y en mi caso es lo mismo.

Lamento haber desilusionado a los que creyeron que se me había reventado la vesícula y a los que esperaban un post acerca del abogado tiro-loco de Barrio Parque o el ascenso de Tigre a Primera. Ya va a llegar.

Saludos a todos. Hasta mañana.

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Si quieren una noticia entretenida para leer, les recomiendo buscar lo siguiente (o algo parecido) en Internet. Usen el Google (de ser posible en inglés), porque yo no me acuerdo de dónde lo saqué.

“A mediados de los noventa, el ejército americano trabajó en un arma para convertir en gays a los soldados enemigos.” Se refieren a tal arma como a “potentes afrodisíacos” capaces de despertar “comportamientos homosexuales”. Se me ríen hasta los cálculos de la vesícula.

Steve BuscemiLo primero en lo que pensé al leer el titular fue un rifle de plasma como el de los Cazafantasmas, pero de rayos “amanerantes”, capaces de transformar radicalmente el aspecto de los soldados en las trincheras, vistiéndolos con pompones y maquillajes. Luego llevé las cosas a otro nivel y reduje todo a una especie de granada de cristal, redonda o con forma de miembro, pero siempre llena de un líquido rosado, también “amanerante”. Les recomiendo que para disfrutar más de la experiencia usen a actores relativamente conocidos cuando estén imaginando. En mi caso, un Steve Buscemi tembloroso y un Michael Clarke Duncan sudoroso están besándose. Steve lleva ropa demasiado grande para su cuerpo, y el negro lo toma por sus nalguitas, apretando con fuerza mientras que de fondo los obuses resuenan haciendo volar todo en pedazos. Aférrense a esa imagen.

Ahora bien, estamos en condiciones de notar muchas cosas por separado. En primer lugar, es obvio que hay algún mántido medio retorcido detrás de todo esto, porque el enemigo de los Estados Unidos suele recurrir al sexo con sus propias mujeres o cabras debido a eso de que los Estados Unidos hacen la guerra jugando siempre de visitante, y en ciudades o zonas semejantes, llenas de familias y mujeres.

I´m in Heaven...En segundo lugar, la ignorancia de quien ha ideado el asunto este, al que yo llamaría “The Lafauci Project”. El ejército cuenta con su buena cantidad de homosexuales y no es necesario agregar más, pero también es sabido que la homosexualidad monogámica entre soldados ha sido utilizada (y con éxito) en el pasado. Más que cualquier amistad, un romance asegura que el otro no cuide sólo de sí, sino también del amado. El mismísimo Herácles supo tener su “noviecito” ocasional (por nombrar a un griego de los taaaaantos), y no estando del todo mal vista la homosexualidad entre los japoneses, bueno, más de una katana fue desenvainada y pulida de un modo poco convencional para Clint Eastwood. Hagan lo que hagan, por favor, no dejen de imaginarse a Steve Buscemi besando a Michael Clarke Duncan. No pierdan la oportunidad porque no creo que vuelva a repetirse.

Pero lo que va a entretenernos durante un rato va a ser lo siguiente: ¿Qué arma del tipo “no-letal” creen que debería ser diseñada y desarrollada? Y en el caso de que su imaginación no les permita llegar demasiado lejos, ¿con qué soldado de su mismo sexo le gustaría estar compartiendo trinchera en caso de reventar cerca la granada “amanerante”?

Yo voy a tener que decir Jean Reno. Físicamente me cabe más Brad Pitt, pero prefiero alguien del tipo “europeo/paternal” con un grado militar más alto. En cualquier caso, si consigo que aunque más no sea uno de mis lectores masculinos esta noche sueñe ya sea con Steve Buscemi o con Michael Clarke Duncan respirándole sobre la nuca o lamiéndole las orejas, habré cumplido una de mis metas en esta vida.

Es bueno tener metas.

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No somos nada

De vez en cuando sucede algo que daría jugo para escribir diez o doce artículos diferentes, o ninguno. Mi deber es entonces seleccionar cual sería la mejor forma de poner o contar las cosas, y les confieso que en esta oportunidad no me va a salir del todo bien, porque no puedo decidirme.

Resulta, que tengo cálculos en la vesícula. Me enteré el jueves último por la tarde. Y las cosas que de allí se desprenden son demasiadas. Algunas, incluso son graciosas.

Una mantis empedradaPor ejemplo, podría hablarles yo acerca de lo inconveniente que resulta que exista el servicio de búsqueda de imágenes de Google, ya que para la segunda o tercera pantalla resultante de tipear “cálculos en la vesícula” se me aflojaron las piernas y bajó la presión sanguínea dejándome casi al borde del desmayo. Lo cierto es que estoy seguro de que sin piedras la vesícula extirpada deber verse sólo un 3% menos asquerosa, pero así y todo no puedo quitarme de la cabeza la imagen de los cascotitos babosos, como caracoles dentro de esa cosa… Y miren que traté de imaginar cosas más desagradables, como por ejemplo, no sé… ser una mujer embarazada, soñar que estás dando a luz a tu bebé, despertar y darte cuenta de que en realidad tus compañeras de celda te están haciendo el amor anal con una sopapa envuelta en trapos ensangrentados.

Podría explicarles que estas piedras le salen prácticamente a todo el mundo, en menores o mayores cantidades, y que nadie se da cuenta de que las tiene hasta que empiezan a doler o hasta que se hace una ecografía por cualquier otro motivo. A mí no me duelen, no me duele nada ni siento nada: lo mío fue una indigestión común y corriente y la insistencia preventiva e hincha-guindas de mi novia, que sigue sin dar puntada sin hilo y tiene razón en todo, al punto de que ya está poniéndome nervioso y estoy entrándole a sospechar algunas cualidades proféticas. De casualidad descubrí las piedras, y si bien nunca las sentí, ahora me percibo como un camión lleno de canto rodado, o una bolsa Ziploc llena de botones, de puro sugestionado que estoy. Y se me despertaron todos los síntomas secundarios.

Podría enfatizar el hecho de que mi obesidad juvenil y mi posterior (y vertiginoso) descenso de peso fueron seguramente los responsables de los cálculos. Uno creería que merendar falda parrillera con papas fritas o comer sánguches de salame con torta frita sin tener hambre lo fortalecerían a uno, poniéndolo proteínicamente por encima del resto, pero termina siendo que no. El cuerpo humano es un misterio.

Podría decirles que la cirugía (método más común a la hora de resolver el asunto) es una de las más simples que existen (desde hace mas o menos diez años), y que probablemente se me interne, opere y deje ir a casa todo en el mismo día. Y a ese respecto podría agregar también que estuve pensando en lo feo que debe ser que te digan que tenés algo más jodido. Cuando me dijeron que tenía (y cito a la especialista): “la vesícula llena de cálculos”, me di por muerto, preocupándome en serio. Me imaginé necesitando un transplante, pasándome de largo a causa de la anestesia, infectándome debido al descuido de un cirujano que se dejaba unas pinzas con algodones dentro, y mil cosas más.

Pero en lugar de todo eso les voy a pedir que me levanten el ánimo (distraigan sería mejor) contando anécdotas acerca de gente que se operó de esta condición y no se murió, o bien acerca de sus propios achaques. ¿Están ustedes enfermos? ¿Sufren de algo que les causa gracia y no es inminentemente letal pero a la vez les rompe las pelotas y los preocupa aunque sea un poco? Por ejemplo, un amigo mío tiene mi edad y ya sufre de hernia de disco, y un compañero de laburo también, además de úlcera. Ellos me reconfortan sin saberlo.

A quienes puedan estar sufriendo de enfermedades terminales o cosas así de serias (ya sea en su propio cuerpo o en el de sus seres queridos), les pido disculpas si este artículo parece una tomada de pelo hipocondríaca. No lo es. Dicho eso, quiero añadir también que al primer individuo (hombre o mujer) que diga que me entiende (o que nos entiende) porque está sufriendo de mal de amores (o tratando de dejar el cigarrillo) lo busco, lo picaneo cuatro veces al día durante dos meses y luego lo fusilo. No hace falta aclarar eso.

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Con esto no digo que votar a Macri sea una alternativa mejor que votarlo a Filmus, ni lo contrario, ni mucho menos, ni mucho más. Mauricio Macri probablemente vaya a vendernos a algún imperio económico –insisto- como “donantes de órganos frescos no-voluntarios” o ganado humano. Saldremos en barcos, enjaulados como gallinas exóticas y medio mamíferas de Sudamérica con cierta propensión hacia el fútbol y los bailes de celebridades o algo así, no importa.

Lo que quiero, sí, es que si van a votarlo a Filmus, no lo anden diciendo a los cuatro vientos como si Mauricio Macri fuera un empresario despiadado (lo es, oh sí, lo es y en sumo grado) y Filmus fuera una alternativa diferente, una bocanada de aire fresco, un proyecto serio y bien intencionado, un tipo coherente, una nueva política, un modelo distinto. No me vengan con el “combatiendo al capital”, que ya estamos grandecitos.

Estoy al corriente de que le voy a destruir la ilusión a más de uno, pero lo cierto es que Filmus no fue creado e instruido por una logia secreta conformada por sabios moralistas e incorruptibles, forjadora de políticos honestos. Filmus salió de gestiones menemistas. Filmus es un reciclado más, al que no se le nota tanto la hilacha porque siempre tuvo un perfil bajo debido a que otros nombres más pesados no encontraron problema en opacarlo.

Creer que Macri va a robar mas porque es empresario y oligarca es una estupidez tan grande como decir que no va a robar porque ya tiene mucha plata y no necesita robar más. O como jugar por plata al “dígalo con mímica” contra un matrimonio de sordomudos. No hay empresa más grande que el estado, desde siempre. Nuestro presidente cuenta ya con demasiado dominio en su provincia al punto de que los gobernadores no son sino delegados suyos, y los brutos negociados del tipo “robo para la corona” forman parte de la vida nuestra de cada día, la veamos o no.

A la Ciudad de Buenos Aires* no le hace falta eso, ni le sirve. ¿Acaso son más buenos o recomendables los terratenientes que los empresarios “de oficina”? ¿Alguien pone en duda la realidad innegable de que el clan Kirchner cuenta hoy en día con un capital mayor al de todo el clan Macri? ¿No es horrible que nuestro presidente sea dueño de una provincia y matón en el resto? ¿Sólo a mí me falta el respeto cuando se comporta como un adolescente que reniega de los intereses económicos a pesar de sus negociados sucios con otras naciones y el mismísimo Franco Macri? ¿Carlos Ménem era el presidente de la Corporación Cápsula o algo parecido, y por eso terminó sustrayendo tanto?

Se viene el regreso del Chinchu de la gente... paciencia, que viene con todoVotar a Filmus creyendo que se vota en contra del “negociado” es ingenuidad. Es votar mirando la tele. ¿Dónde creen que estaba Filmus cuando Grosso instauraba la era de las escuelas “shopping”? ¿Vacunando africanitos en Uganda? (ver foto adjunta) ¿Dónde creen que se redactaron las leyes responsables de destruir buena parte de lo que hoy es la educación argentina? Ese desastre conocido como EGB y Polimodal fue y es cosa de Filmus, aunque ahora éste se oponga con uñas y dientes al mismo como todo buen títere del apogeo que se precie de tal.

A lo que voy es a que no entiendo si la gente** se miente o quiere hacerlo para elegir entre “el menos pior” de los males. Me parece fantástico que alguien no vote a Macri porque es rico, o porque es de Boca, o porque –digo yo- sería capaz de apretar un botón y matar a diez millones de personas si eso le permitiese ganar diez millones de pesos. O cien pesos. Me parece inteligente que un villero no lo vote a fin de que la topadora no le pase por encima de la espalda agarrándolo borracho durante la madrugada y dejándolo hemipléjico. Pero que se vote a Filmus creyendo que se hace un bien… me inquieta.

Díganlo, no se repriman, no es pecado: “Lo voy a votar a Filmus porque Macri me cae mal”. Les soy sincero: a mí me cae bien nomás porque desde que llegó a Boca, no paramos de ganar campeonatos y jugar finales. Llámenlo lealtad agradecida, amparada en el hecho de que creo que los intereses políticos son siempre puramente personales y económicos, y los candidatos de un tiempo a esta parte me parecen todos la misma, misma mierda.



*Lo peor de todo es que nadie reconoce al gran jefe de gobierno que fue Fernando de la Rúa, haciendo de la ciudad de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires. Y bueno, tierra de negros que se creen que votar por un empresario garca al que no le importamos es peor que votar al testaferro de un empresario garca al que no le importamos. Nos ahorraríamos el sueldo del intermediario.

** No reniego de la buena intención del votante per se. Estoy convencido de que todos los pobres diablos queremos que las cosas salgan de la mejor manera posible a fin de dejar de pelear por las achuras mientras que otros se llevan la res entera.

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Hace un par de días, un lector supo avisar (mediante un comentario) que me había incluido en uno de esos juegos blogueros o cadenas disfrazadas que tan de moda están, aparentemente. Odio las cadenas. Odio las encuestas. Odio las sucesiones de diapositivas con perritos. Odio cosas al azar cuando estoy caminando por la vereda o empujando el changuito del supermercado. Probablemente te odie (a vos y a tus malditas entrañas).

Pero por lo demás, soy puro amor. Para que se den una idea: el otro día iba a esperar a mi novia a la parada del colectivo y encontré un dinosaurio de peluche tirado en el piso, ¿y que hice? Podría haberlo tirado por el puente mientras hablaba con voz falsa de dinosaurio suicida, sí… y jugar al triple choque, sí… pero no. Lo levanté y miré para todos lados hasta distinguir, a más de una cuadra, a una mujer empujando un cochecito. Corrí detrás de ella y le di el peluche, que resultó ser suyo, obviamente.

Hoy también voy a ser buena onda, y voy a responder al coso éste, en parte también porque se añadió otra solicitada semejante de parte de algunos lectores más y no me parece inteligente eso de mandarme a un montón de loquitos (que obviamente tienen mucho tiempo libre y podrían darme caza) en contra. Se supone que tengo que escribir 8 cosas acerca de mi persona. Contarles a ustedes ocho cosas… lo cual habla muy mal de las capacidades intelectuales de algunos mántidos, ya que en la categoría “Yo por Dentro” hay 287 (288 con éste) artículos que cuentan cosas mías y que dan a entender claramente que estoy convencido de que mi vida es más interesante que la del resto. Sugiero entren a sus blogs y los bardeen con onda, si este artículo les desagrada. O sea, no se excedan del: “eh, Papafrita, la puta que te parió”.

Aquí les dejo ocho curiosidades respecto a mi persona que ya nunca serán extensos artículos.

1- Aunque haya dejado de llover, yo no cierro el paraguas de inmediato. Y suelo entrar a muchos lugares herméticamente techados llevándolo abierto sin percatarme de ello, lo cual hace muy fácil el reconocerme cuando ando por la calle. Honestamente: es que no me doy cuenta de que lo llevo abierto. Por lo general, me avisan las puertas estrechas.

2- Cuando tenía diez años discutí con una maestra debido a que para mí, María Estela Martinez de Perón no había sido nada sino “una reventada cualquiera que ese delincuente conoció en un cabaret”. Papa se puso contento.

3- Fui con todo el grado a ver a Xuxa cuando ésta tenía su programa en televisión (canal once). Por sorteo me tocó estar no entre los chicos que juegan por detrás y salen en cámara, sino entre el público. No lo disfruté en lo más mínimo (si hubiese salido escogido para estar en cámara la habría pasado peor y habría intercambiado mi puesto con otro), y creo que fue cuando me recibí de “amargado” entre mis compañeritos debido a que me pasé todo el rato sin esbozar un mínimo gesto de gozo hasta que me dejaron salir afuera a comer sánguches con el conductor del micro, que entre bocado y bocado cantaba “Sopa de caracol”, de Wilkins.

4-Aprendí a leer a los tres años de edad y a los cinco ya escribía más o menos como ahora, en todas las imprentas y cursivas y esas cosas. Eso lo saben ustedes, si es que son habitués del blog. Lo que no sabían es que no aprendí a caminar como hasta los tres o cuatro, y por eso me pasé mis primeras épocas entre almohadones. Pero no era cosa de que me parase y me cayese, no. Tampoco me faltó cariño ni tuve problemas motrices, nada que ver. Directamente lloraba para que me llevaran de un lado al otro a upa, como una enorme bolsa de papas que se rehusaba al andador o a siquiera intentar. Y berreaba aprovechándome de la sobreprotección de mi madre. De chiquito ya era vago.

5- No me interesa si no hay nada bueno que ver: en mi casa la televisión no se apaga mientras yo estoy cerca. No importa si estoy escribiendo, leyendo, comiendo, durmiendo, estudiando o lo que sea. De no ser porque tengo que ir trabajar, probablemente seguiría prendida hasta derretirse y convertirse en un manchón de petróleo, cosa que sucederá el día en que finalmente se inaugure un canal de cable de transmisión continua llamado “The Simpsons Channel” o algo así. No entiendo porqué no existe todavía.

6-Tuve una compañera de grado no-vidente durante toda la primaria. Celeste, se llamaba. Ella tenía una maestra especial y una máquina de escribir equivalente. La tarea de ayudarla, sin embargo, residía también en quien fuese su compañera de banco. Eventualmente, cuando una madre se quejó debido a que su hija se sentía “perjudicada” y “atrasada” debido a la carga extra (y real) de ayudar, la obligatoriedad a la buena obra cayó sobre el mejor de la clase, que acostumbraba ser el que escribe estas líneas. Me porté como todo un caballero, y a pesar de mi desprecio por casi todas las obras de la creación, jamás la dejé en banda en todo ese año y jamás me quejé. Cuando sacaron la foto del grado, Celeste me escogió para que saliese en la foto con ella, muy a pesar de que no la vería nunca (como a mí) y de que el resto de nosotros salía junto a la maestra o en solitario. No sé si hay algo que me angustie más que esa foto, imposible de ver pero existente; muy probablemente el mayor reconocimiento que pueda imaginarse.

7- Nunca, pero nunca, compro algo con la tarjeta de débito, porque soy más chapado a la antigua de lo que me gustaría y la cuenta está siempre vacía. Apenas me entero de que se me depositó el sueldo, lo saco completo de los cajeros y me guardo la plata en un tarrito. Y a medida que voy necesitando, voy sacando del tarrito. Y tampoco tengo un número para revisar a través de Internet si es que se me depositó o no.

8-En mi familia existe un anillo (otrora propiedad de mi abuelo paterno) que tiene un rubí grandote (no sé, es una piedra roja) y si bien no debe salir un montón de plata ni mucho menos, es herencia familiar. Es más fascinante que el de Frodo, y sobre el rubí llevaba grabado (en oro que se “descascaró”) un soldado romano. Yo se lo pedí prestado a mi tía para usarlo en el futuro bautismo de mi futuro ahijado (es un anillo de padrino) pero lo cierto es que ahora no tengo ganas de devolvérselo, aunque me quede grande en mi manito de secretaria ejecutiva. No tengo pensado hacerlo ni ahora, ni nunca, ni luego, ni nada (siento mucho tía querida que tengas que enterarte de esta manera, yo lo cuido por vos, de todo corazón), él único de la familia que tiene la nariz del abuelo soy yo, y él me había dicho que el anillo iba a ser mío cuando él muriese. Y quiero que recuerden los otros nietos ofendidos e interesados en recuperarlo o “sortearlo” que del abuelo también tengo el revólver y siempre estuve dispuesto a cagarlos a tiros en el culo a casi todos por muuuuucho menos que ese anillo. No sean tontos: no se hagan lastimar por algo así, no vale la pena. Si la vida fuese justa yo sería un cotizado samurai/actor porno, y no estaríamos teniendo este entredicho.

Y no voy a pasar la posta a otros ocho, aviso.

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Domingo, hora de la siesta, con el gusto del almuerzo todavía pegado a los dientes porque cuando el morfi estuvo muy rico suelo permitirme el disfrutarlo un poco más antes de cepillarme. La cosita ésta, hecha de plástico, se rompió más o menos en la forma en la que yo lo había previsto, atorando el orificio. Me estoy refiriendo a una especie de tarugo plástico (un pasatrapos) que se fracturó debido al forcejeo, obturando la baqueta (estaba yo tratando de limpiar un caño un tercio de pulgada).

En otras palabras: no tenía cómo sacar esa cosita, y la baqueta (de aluminio) había quedado inutilizable. Primero traté de agarrar la punta con varias pinzas, más grandes o más pequeñas, pero nada sucedió porque se me resbalaba. Luego probé pinchándola desde un costado y tratando de desenroscarla, pero así rompí la puntita de una aguja. Clavé otra aguja en un corcho y la calenté al rojo vivo a fin de hacer mejor y más pareja fuerza, pero sólo conseguí doblarla. Comencé entonces a calentar con cuidado la punta misma de la baqueta, fundiendo el burbujeante líquido rojo pero sin conseguir que gotease afuera como la cera de una vela.

-Si llega a derretirse –pensé-, lo puedo sacar de a poquito con la aguja, o con un cuchillo.

Con bronca y medio intoxicado debido a los gases plásticos, hundí con fuerza un pequeño destornillador, tratando de empujarla hacia adentro con la esperanza de mandar el tapón hacia el otro lado en caso de que fuese completamente hueca.

Y fue entonces que sucedió.

Al retirar la herramienta, una profunda muesca había sido hecha sobre el plástico. Entonces, volví a introducir el destornillador. Y desatornillé. Y el plástico salió girando tal y como había entrado, suavemente, sin oponer resistencia.

El monito de Odisea en el EspacioMuchos que eso es evidente, que era obvio, que suele hacerse, que es un recurso conocido… cualquier otra cosa. Lo cierto es que el mérito nadie podrá arrebatármelo jamás, ya que no fui jamás a una escuela técnica ni tengo relación alguna con tales conocimientos. Para mí, eso estaba roto y arruinado. Acéptenlo: la única verdad es que mi cerebro improvisó y le envió la información a mis manos. Al menos, el reflejo de intentar algo que no se hallaba en mis posibilidades de conocimiento, porque YO NO LO PLANEÉ. Yo no me dije: “si lo derrito lo puedo convertir en un tornillo”. Yo tan sólo hundí el destornillador en la parte blanda, desorientado. Me animo a decir sin ninguna duda –pero ninguna- que debo haber lucido increíblemente primitivo en ese ratito previo.

El resultado fue la más pura y asombrosa demostración de que el hombre ha evolucionado. Me convertí en el más inteligente de los monos, y a decir verdad, no creo que ir a la iglesia sea lo más a inteligente a hacer hasta que se me pase el estado de deslumbramiento en el que me encuentro.

Ustedes tal vez piensen que exagero, pero fui testigo del accidente. Fui el chimpancé que estrelló el coco contra la piedra y vio que esta se rompía así más fácil. Fui el cuervo descubriendo que las ruedas de los autos pueden pisar y abrir las semillas sin esfuerzo. Fui el gorila que metió el palito en el hormiguero a fin de hacer salir a las hormigas. Fui el rinoceronte que… you get the point.

Tiene que haberles sucedido a algunos de ustedes en alguna ocasión. ¿Cuál fue esa oportunidad en la que ustedes se dijeron a si mismos: soy un genio? Y no me estoy refiriendo a saber más que otro para una prueba o usar mejor las conjugaciones verbales o programar sobre Unix. Me refiero al talento nato, al instinto. A esa necesidad que no sólo agudiza el ingenio, sino que a veces, excepcionalmente, llega a crearlo de la nada.

Qué quieren que les diga: me maravillo con poco, sí. Sale barato.

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