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Archive for the ‘Comestible’ Category


Les confieso que el día que se me rompa la PC se cierra el blog, porque ya entro tan de vez en cuando, que no me acuerdo el usuario ni la contraseña de WordPress. Así ando.

Pero… de qué se trata el artículo de hoy, se preguntarán ustedes. O no, porque me daría un poco de miedito enterarme de que hay alguien que entra todos los días a mi blog a ver si escribo algo y se pregunta “¿que irá a escribir hoy?, ojalá escriba algo hoy…”. Bueno… Si tuviera que usar una comparación sensata, les diría que se siente como tener varios ganchitos (clips) en la boca. No de los que vienen forraditos en plástico de colores, sino de los tradicionales, metálicos, conservadores. Ahora bien, si la analogía ha de ser descriptiva, lo cierto es que chuparle la pija al robot “Cain” de Robocop 2 no debe ser algo muy diferente a lo que estoy experimentando.

Porque, resulta, que me pusieron los aparatos de ortodoncia. Arriba y abajo. Oh, sí.

Trap JawEra una parte de mí que debía ser re-ajustada, si se quiere. Uno podría creer que voy rumbo a la perfección física, a menos que me conozca y entienda que la perfección física llegó hace rato, todo un palo, ya lo vés. La mejor parte es eso de que el tratamiento, bien hecho dura dos años, cuando yo llevo 5 días de esto y ya estoy pensando en meterme una cuchara de postre contra el paladar y arrancar la moto y poner la cuchara entre los rayos.

Cuando hablo, me lastimo. Cuando no hablo, la lengua curiosea por todos lados y me lastimo. Si quiero masticar, me lastimo. Estoy todo lleno de microcortes por toda la superficie de la lengua, ampollitas y esas cosas. Súmenle a eso el hecho de que a mí me encanta hablar, o me encantaba, y la cosa esa de que soy profesor de inglés en una escuela bilingüe. Hay una cera para ortodoncia que se compra en las farmacias, pero la verdad es que te la ponés y se te sale en cuanto quisiste tomar algo, y además cuesta como quince pesos las cinco barritas que te duran dos o tres días. A esa plata, me compro un paquete de forros y me mastico una goma diaria durante dos semanas.

Lo único bueno, si es que puede rescatarse, es que tres imitaciones me salen a la perfección. Y cuando digo perfección, me refiero a la más absoluta perfección, ya que mi estudio de los parlantes me permite no sólo hablar como ellos, sino también decir las cosas que ellos dirían. La primera es Sean Connery. La segunda es Javier Bardem hablando en inglés (la descubrí hablando con la lengua como hacia a fuera, tratando de no lastimarme), y la tercera, que practico hasta que me duermo porque es mi preferida (me bajé las mejores líneas de IMDB) es Gary Oldman haciendo de Mason Verger en Hannibal.

Por cierto, la respuesta es no. Ésta última no sirve para poner a tu esposa “en clima”. Muy por el contrario, medio como que te saca la mano cuando querés abrazarla y todo. Hay gente que no gusta del buen cine. Pero yendo al tema de la comida nuevamente, manifiesto aquí el procedimiento que he utilizado para ingerir dos elementos al azar durante las últimas 100 horas.

Porción de pizza: Cortás pedacitos chiquitos como una moneda de un centavo y los tragás enteros. El queso pasa quemando la faringe, la masa pasa frotándose con la suavidad de una media de toalla sobre la córnea.

Papas fritas de paquete: Agarrás una medianita y la ponés en la boca hasta que se disuelve como una hostia. Uno se convierte en una especie de pitón que traga a la presa entera y deja que los jugos gástricos hagan el resto. Aunque en mi caso, yo ya era PITÓN de antemano… JAJAJAJjajajaja… Jajajaja ¿Se entiende? Pitón. Por lo del miembro, sí. ¡Bum, baby!

Por lo que, en realidad, mi dieta se ha reducido a todas esas cosas que pueden tragarse sin masticarse, y que en cierta forma tienen la suficiente cantidad de nutrientes como para mantenerme andando. No. Semen no. Pero ayer le pegué una chupada al pegamento “Uhu Stick” que tenía en la cartuchera y no me supo tan mal. Si el semen tuviera ese sabor, sería una estupidez de mi parte no empezar a… ¡¿Eeeeh?! ¿No? Bueno, está bien, no. Tampoco te pongas así… yo… no, pará: la idea no era ponerme a chupar penes, sino ir a comprar a un banco de esperma, como si fueran Serenitos. No me tratés de puto, que tengo familia.

Yo me refería a ejemplos como: Yogur bebible, helado, Listerine y sopa de verduras procesada (te comprás una de las bandejitas de verdulería y luego de cocida le das a la Minipimer, pudiendo agregar algo de polenta o sémola posteriormente). En mi caso, eso es todo. Y si no creen que comer así me quitó las ganas de vivir, es porque no llevan mucho tiempo leyendo este horrible sitio web. Mi desayuno hoy fueron unos cachitos de cera para ortodoncia que me tragué accidentalmente.

Ahora bien, la cuestión es la siguiente: La Minipimer puede procesar cualquier cosa (salvo restos humanos sólidos, como huesos y cartílagos, y ni hablar de que se te hace un quilombo si la mina tenía pelo largo) y mis glándulas salivales y procesos psicológicos más inquietos me están pidiendo a gritos los sabores que hacen que valga la pena estar vivo. Léase: carne, queso, hojaldre, pan crujiente. Entonces, lo que yo tenía pensado hacer era evitar la masticación procesando todo con un poco de Coca-Cola natural, pero tengo miedo de vomitar todo y ponerme a llorar. Esa sopa es rica, pero no tan rica como para seguir con ella.

Imagino que alguno de ustedes usó o usa aparatos desde hace más tiempo que yo. Entonces, la pregunta del día es: ¿Cómo pija hicieron para seguir viviendo con esta cosa? Ayer –me olvidaba- traté de comer una feta de mozzarella que había en la heladera y créanme que soy sincero cuando les digo que me habría resultado mucho más fácil construir un tomógrafo funcional usando sólo cáscaras de naranja y medio kilo de cal “Milagro”.

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No sé porqué usé signos de exclamación en el título, pero creo que es lo que hacen todos los chicos cool hoy en día en Youtube. No sé si vieron o no esa cosa de que, aparentemente, se está filmando o se filmó y se va a estrenar la película que cuenta la historia de Facebook, sus creadores y titiriteros, etc. Yo estuve muy ocupado recuperando horas de sueño durante esta última veintena de días, pero así y todo me llegó la noticia, habiéndo hecho algún “click” accidental en un hipervínculo de algún sitio web dedicado a la estimulación sexual y a las artes de filmar dichos eventos. O algo así.

Corríjanme si me equivoco, pero la mayoría de quienes se hicieron una cuenta de Facebook lo hicieron tratando de encontrarse con ex-amigos o compañeros de historias pasadas. Queriendo pernoctar con quienes no pudieron pernoctar, etc. Todos sabemos que en realidad uno hace mal llevando a cabo tales cruzadas, ya que con quienes se encuentre después de quince o veinte años ya no serán las personas buscadas. Quiero decir: suponete –ponele- que yo quiero buscarlo a un compañero mío de colegio que se llamaba Damián Tetocoelpito, y con quién supe pasar muy buenos momentos de amistad hasta que se terminó la escuela primaria.

Lo cierto –y triste- es que tengo más probabilidades de encontrarlo a este muchacho en una persona diferente, que en él mismo. Y no sé ustedes, pero yo no estoy preparado para ver a mis compañeros de la primaria con auto, barba y bigote, y mucho menos para descubrir que mis compañeras ahora son un amasijo de estrías y cabellos teñidos de puntas florecidas, envueltas en las cintas ásperas de quienes pagaron el precio de su belleza adolescente convirtiéndose en madres solteras. Algunas cosas, mejor dejarlas en los recuerdos. Así, como están, sin joder a nadie. Además, desde que existe esto de Internet, mucha gente retoca las fotos al punto de que algunas son comparables a esas que te sacan en ciertos lugares turísticos mientras asomás la cabeza a través de una placa de madera con el dibujo de una chica en bikini, o una dama antigua.

Es por eso que a Facebook nunca le di mucha bolilla. Y me encantaría poder decir que no suelo participar de las nuevas redes sociales debido a que los amigos son para juntarse a tomar y comer algo (y no para conversar o mirar fotos a través de la PC), pero la verdad es que la razón por la que no participo es porque me da una paja bárbara eso de tener gente conocida. Para entender mi nivel de aislamiento basta con decir que tengo parientes a los que estimo sinceramente, y los cuales no les conozco la casa, el auto o los hijos nuevos.

Sin embargo, y como creo en el poder de las fotografías (como por ejemplo esta, o ésta) es que les acerco parte de las fotografías que hay en mi teléfono celular, y que probablemente les servirán a ustedes a la hora de conocerme mejor. Porque de eso se trata este sitio web: de que ustedes me digan cuan grandioso soy y cuan atractivo les resulto.

La metafísica de los carbohidratos
Pan dulce
Esta fotografía fue sacada en San Rafael, Mendoza. En una panadería, el último día de mis vacaciones. Serían las diez de la mañana cuando la tomé. Uno no puede dejar de maravillarse ante el énfasis de quien puso el cartelito. Pesimista, vacío, genial. El pan dulce que te comés antes de pegarte un tiro en la sien. El que te convida Kevin Johansen.

El ano de Optimus Prime
Caño
Debido al alto índice de plomeros amateur entre mis lectores, resulta innecesario aclarar que la fotografía no pertenece al último tracto del intestino del adalid de los autobots, sino a la cosa que queda cuando desarmás una canilla del baño. Le saqué la foto para no tener que explicarle al tipo que atiende, diciendo cosas como: “Necesito el cosa que va como en un coso… ese que lo ponés sobre el chirimbolo que hace así… así… ese coso que… No, no… el otro coso… que hace…. ¡Eso, exacto! Ese cosito, pero que va así… no…”.

Una moto tan rápida como un puercoespín azul.
Seeeegaaaa
Me hace pensar en la intro del Sonic 2, con la voz digitalizada que dice “seeeegaaaa”. La saqué a pocas cuadras de mi casa. El tipo se consiguió un sticker y lo pegó orgulloso. Está bueno eso de enterarse que en el mundo hay gente con criterio, al tanto de que los videojuegos son cosa seria. Ni hablar de la distancia intelectual que saca el tipo, si lo comparamos con los que usan mochilas con la imagen de “El polaco”. Este tipo podría ser mi amigo y no lo sabe. Y yo podría ser el amante de su novia, y no lo sabe. Y yo podría estar ahora escribiendo desde el interior de tu ropero con una notebook, y vos no lo sabés. La vida es así: una recopilación de incertidumbres. Lo único seguro es que estoy tomando te con leche. ¿O no? AaaaaaaaaaAAAAHHH. Sí, estoy tomando te con leche.

Te quedaste sin crédito
ATRACO

Resulta que un día, mientras corregía cuadernos de mis alumnos en el aula, empecé a escuchar que un tipo le gritaba a otro: “Dame el celular”. Cuando me puse de pie, vi que un tipo le pegaba patadas al otro. Pensé que se trataría de un choreo, pero como el que pegaba era de piel más blanca que el que recibía, supuse que el chorro era el que estaba en el piso. No te hagás el superado, porque a vos te pasaría lo mismo. Pero resulta que, te contaba, al tipo le pegaban patadas, y entonces se acerca un viejo y le empieza a decir al que estaba en el piso: “¿No te da vergüenza?” A lo que el tipo no respondió, entretenido como estaba, recibiendo patadas y puñetazos. Después se acercó una mina con pinta de volver del gimnasio, con un perro grandote, y se lo tiró encima al chorro a la voz de “Attack!” y yo ya estaba empezando a sentir algo de lástima por el cafeteado. Entonces apareció un flaco de Correo Argentino que se bajó de la bicicleta y medio como que quiso detener el linchamiento, pero que se detuvo al ver que iba a terminar cobrando también, y sacó su celular. A todo esto ya se habían juntado como cuatro o cinco rodeándolo al supuesto chorro. Resultó que el chorro éste le había robado el celular a un adolescente pusilánime, alumno de la escuela en la que trabajo, y el que pegaba era el hermano mayor, que yendo en el auto con el agredido había reconocido al delincuente.

Cuando llegó la policía (un patrullero con dos cosos) el punching-ball explicó, desde el piso y entre lagrimas, que no había sido él, que había sido otro, un amigo suyo al que él conoce y que afana en Retiro, cosa que no tiene ningún sentido para mí, al menos. En una de esas, lo que quiso decir fue que el celular robado lo tenía el otro, pero se entiende, ya que después de haber recibido todas esas patadas y con el perro medio como queriendo morderte y garcharte, yo bien habría dicho algo así como “¡Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, pero más dichosas son las huestes que prepara San Martín para luchar en San Lorenzo!” y luego me habría vomitado encima.

La instantánea inmortaliza ese momento, de arresto civil.

No bombardeen Buenos Aires
peronperon
Tomada el día del Bicentenario, o en uno de esos días. Escuchar el rugido de los aviones medio que hizo que los peronistas fruncieran, pero a mí me encantó. Soy un nene. Fue como “Rescatando al Soldado Ryan”: ruido de guerra de verdad. Lo malo es saber que si vienen los marcianos, tenemos exactamente doce aviones con los cuales defendernos. Will Smith y Bill Pullman deben estar revolcándose en sus tumbas.

Papa corazón
potato
Jajajaja… En vez de papá corazón, PAPA CORAZÓN… Se entiende? Jajajajajaja… SIN ACENTO, EH! EH!

Lo otro es, obviamente, bife de chorizo. Me gustaría decir que el sexo fue genial después de esta cena, pero no. No te casás para tener sexo genial, sino para te quieran y se compartan los gastos. Habrás dejado de gozar en la cama, ¡pero ahora el celular te sale 17 pesos en vez de 35, eh! ¡Bum! ¡Justo en el blanco, perejil! Jajajajajaja… ¡Quedate con tu asquerosa promiscuidad! Jajajaja… ¡Bum, baby!

Un cartel bruto
cartel bruto

The Final Frontier
chile empieza aca
Una foto en la que aparece la frontera con Chile, porque sé que a la gente le gusta eso de las vacaciones, y queda mal no tener una foto de las vacaciones. A mi me recuerda que la muerte nos acecha en cada rincón. Pero casi todas las fotos me recuerdan eso.

En el Tiro Federal de Lomas de Zamora
tiros
Es de antes de que empezara a probar un tipo de munición desconocida para mí hasta ese entonces (rezagos militares o parecidos) en ese pequeño revolver en .357 Magnum, que patea como la puta madre que lo parió, para más datos. El bolsito que ven ahí, es un bolso que mi cuñado me compró en “Mantis Moto”, lo cual es genial, ya que ahora mi moto tiene un bolsito que dice “Mantis moto” y parece hecho a medida. Se compra acá. http://www.mantismoto.com/bolso_tankus.html Mi cuñado también sería genial, de no ser porque a la hora de cocinar tiene el paladar de un muñequito de G.I.JOE y es absurdo lo que hace: el otro día me cocinó al horno las hamburguesas… patys al horno… ¿Qué sigue? ¿Empanadas hervidas?

De esos blancos con forma de lata de gaseosa (y muchos otros) tengo varios impresos. Unos 1000. Fue mi forma de cobrarme un día de laburo.

Smith & Wesson, Model 10, Military & Police
pumpum

Apuesto a que esta foto sale para la mierda. Este revólver tiene una historia muy particular, ya que sus partes fueron fabricadas durante la “Gran Depresión”, pero dicha debacle económica hizo que se ensamblara mucho después. Norteamericano, fue adquirido allí por un hermano de mi abuelo. Muy preciso, muy bueno. No soy fanático del calibre (.38 Special) pero es un muy buen revólver, con un acabado brillante, impecable. Creo que tiene un chorro encima, pero ya no está mi abuelo para hacer declaraciones.

Brmmmmm… brmmm
moto
La moto recién comprada, en casa de un amigo. Sin palabras (Nótese la cubierta plástica sobre el asiento).

Y por ahora eso es todo. Si quieren, otro día sigo. Por lo pronto, acá les dejo la mejor guitarra en la historia del mundo y del universo y de las cosas.

Ya que me gustaría poder decir que no he desarrollado con mis videojuegos, a lo largo de mi vida, un vínculo sentimental como el que desarrollé con mi madre o el resto de mis seres queridos, pero no puedo. Pero la pregunta del día es: ¿Vieron que la hija de Lawrence Fishburne es una reventada ex-prostituta que filmó una película porno (de verdad, con directores, actores, etc.), y que ahora su padre le está ofreciendo a la distribuidora comprar todas las copias?

¡Qué pervertido! ¿No le alcanzaba con una sola copia? Yo creo que si mi hija decidiese convertirse en actriz porno, yo me compraría sólo una. O ninguna, porque la verdad es que ya tengo mucho porno en la PC, y a esta altura del partido, que la policía irrumpa en mi hogar con una orden de allanamiento es cuestión de días. Por suerte está todo en una carpeta oculta en el disco rígido de de mi mamá, llamada: “Archivos acerca de los que mi hijo nunca debe enterarse”.

Pero así y todo, me preocupa, de a ratos.

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Protegido: La República

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Sé exactamente lo que ustedes están pensando: que debería haber escrito un artículo acerca de la caída de esa avioneta que se hizo remierda contra unos camiones a unas treinta cuadras de mi casa. O mejor aún, que debería publicar lo que resta de la guía/test/seguidilla de incoherencias para sobrevivir a los zombis. Bueno, eso será en otra ocasión, ya que se acerca la Navidad y la Navidad es momento de comprar regalos y sentir olor a jazmines y asado y azufre, éste último proveniente de la pirotecnia vecina o del Infierno, en caso de ser usted homosexual. Porque es así, los homosexuales que no se arrepienten se van al Infierno, por más que crean que no. Tampoco importa si creen en el Cielo y el Infierno o no: este sitio web no deja de existir nomás porque un grupo de aborígenes del África no sepa de su existencia. Hey, yo no escribí la Biblia, tan sólo quería recordárselo. Pero en resumidas cuentas, la Navidad es el momento en que mucha gente se dispone a hacer un asado, por más que nunca haya hecho un asado. Y eso da lugar a situaciones cómicas de las que me causan gracia a mí, por lo menos, que disfruto regodeándome ante la falta de masculinidad ajena.

Por eso, y porque se me canta también, aquí les brindo mi regalo navideño: ¡La guía para hacer un asado! ¡La guía Práctica Mántida en un 1-2-3 del asado para dumis! ¡Y con el regreso de mi esclavo que terminó su viaje de iluminación personal y me va a dar una manito! ¡Feliz Navidad!



1) Reconozca el área. Es importante que en un radio de 30 cuadras mínimo esté libre de zombis (usted va a generar fuertes olores, humo y luminosidad en la noche). También debe procurarse que el lugar elegido no se encuentre demasiado expuesto a las corrientes de aire (eso le consumiría a usted mucha leña) ni resulte demasiado dañino con la periferia. Si tiene la suerte de tener una parrilla de materiales refractarios en su domicilio, tanto mejor. Es un buen gesto el avisarle a su vecina para que saque la ropa de la soga, y es aún un mejor gesto el agradecérselo a la voz de: “te voy a guardar un pedacito bien caliente”. Si la mina dice que sí con la cabeza o sonríe nerviosa o se lleva la mano al costado de la boca, empuja su lengua contra el interior de su mejilla y finge estar chupándole la pija, prepárese para guardarle también otro “pedacito”, más entrada la noche… usted me entendió. Si. Termina con “oronga”, sí. Los velos de la seducción, amigo mío.


ChinchuChinchutip: Con sólo 80 pesos usted puede comprar los ladrillos y el cemento refractario necesarios para fabricarse la base del área de trabajo. Si no, ponga una chapa y haga el fuego sobre la misma. ¡Practiquísimo!



2) Busque leña: eso de quemar churrascos cubiertos de mermelada haciendo el fuego con nafta es cosa de norteamericanos. El asado se cocina sin llamas: lo que se utiliza es el calor producido por las brasas. Durante el otoño, los restos de poda de cualquier árbol de la cuadra le darán a usted la suficiente cantidad de leña como para no tener que comprarla. Tanto para dejarla contenta a su vecina como para que pueda generarse la cantidad de brasa requerida para la labor, usted deberá utilizar trozos grandes. ¿Qué? ¿No juntó leña porque le daba vergüenza que la gente pensara que era un pobre diablo? Bueno, use carbón entonces, pero de buena calidad. El carbón de la cadena de supermercados Carrefour, por ejemplo, es lo peor que he podido experimentar en toda mi vida, y eso que una vez me agarré SIDA y me curé levantando pesas. Lo barato sale caro, y en una de esas usted se luce comprando algo de leña. Ya sea comprada, heredada o robada, la leña debe estar siempre seca. La experticia del asador se mide de dos maneras: una de ellas es la cantidad de leña que usa para el asado: si usa el equivalente a un bosque de pinos para hacer cuatro chorizos, es porque no era tan bueno.


ChinchuChinchutip: Los días de mucha humedad son fatales para el asado. En ese caso, usted va a gastar más leña y a tener que prestarle más atención, porque la brasa tiende a apagarse. Trate de que Navidad caiga en un día seco. Un 25 de Diciembre, de ser posible. ¡Éxitos!



3) Aprenda a encender un fuego. Parece mentira, pero hay gente que no sabe prender el fuego y termina usando rollos de papel, cartón, alcohol fino, querosén, pólvora, etc. Un regalo de Dios son los cajones de verdulero o carnicero (esos finitos y desparejos), que parecen diseñados a tal fin. Usted agarra cuatro hojas de diario, las pone debajo del ordinario cajón haciendo un bollo no muy compacto (debe quedar aireado), acumula maderitas de cualquier tipo alrededor y le manda un fósforo. Y listo, fuego. En caso de no contar con tal cajón, el procedimiento milenario que aprendí de mi padre es el siguiente: se hace el bollo aireado de papel y a su alrededor se van apilando pajitas, palitos y maderitas finitas, hasta formar una suerte de pequeña choza o kibutz (¿se escribe así?). Luego se va aumentando el tamaño de las maderitas (y carboncitos), siempre procurando dejar espacio, cosa de que el aire circule y no sólo se consiga un puñado de papel quemado. Finalmente, se delimita el área (para que no se caigan todo a la mierda) ubicando tres o cuatro leños del tamaño de un brazo formando un triángulo en la base. Y listo: no hace falta andar toqueteándolo, ni soplándolo, ni abanicándolo. Deje de hacer el ridículo.


ChinchuChinchutip: Use calzado cerrado y semi-destruido para hacer el asado, en caso de ser inexperto. Las brasas no sólo pueden quemarlo a usted, sino también arruinarle un par de ojotas. Cuando aprenda a “ser uno” con el fuego usted podrá hacerlo, si gusta, emulando a mi amo: descalzo, desnudo y cubierto de sangre de cordero, con el chamamé a todo volumen. ¡Sapucai!



4) La parrilla. Se habrán dado cuenta –o no- de que vamos a hacer el asado a la parrilla y no al asador criollo (ese que parece una cruz de hierro). Y si bien cuento con asador, la verdad es que la parrilla me permite tirar y degustar más variedad de animales con menos inversión de laburo y tiempo, dejándome espacio para preparar las ensaladas, revisar la munición de mis armas y repasar el filo de mi cuchillo asador. La buena parrilla no es enlozada, sino de hierro crudo, que se va ennegreciendo y haciendo macho a medida que transcurren los asados. Las mejores son unas hechas por sabios herreros milenarios, compuestas de varillas de hierro del que usan los albañiles (la mía es de esas que tienen unas varillas en forma de “v” y escurren la grasa. Venía con la casa). La parrilla no se lava con jabón ni con detergente. No se lava nunca, sino que se limpia quemándose cuando el fuego se inicia (ver punto 3). Usted la envuelve en llamas durante cinco minutos y luego con un bollo de papel va repasando, cosa de que quede piola, piola y sin hollín.


ChinchuChunchutip: A esta altura del procedimiento quiero recordarle que las herramientas necesarias para el acomodamiento del fuego son una pala y un atizador, pudiendo éste último ser reemplazado por un palo de escoba o una espada. ¡Anímese!



5) La carne en general. La oootra forma de medir la experticia del asador es el tamaño de los cortes que utiliza (cuanto más grande el trozo, más muñeca tiene el tipo, en todos los ámbitos de la vida). La carne tiene que estar descongelada, a temperatura ambiente de ser posible. El mejor lugar donde comprarla siempre será la carnicería del barrio, con el carnicero de confianza. Si va a comprar en el supermercado, prepárese para gastar más y traer menos calidad, a menos que por “supermercado” usted entienda los cortes de súper-selección-premium-golden de Jumbo. Excelentísima carne, pero muy cara, viejo. Muy cara. Para que yo te pague eso vos me tenés que mostrar un certificado analítico en el que se demuestre que esa vaca no sólo hizo el secundario en el Nacional Buenos Aires sino que también lo terminó con un promedio mayor o igual a 8.Así también le recomiendo no comprar brusquetas de pollo hechas, ya que el pollo entero es el único pollo confiable (cuanto más modificado su aspecto natural, menor la calidad). Las brusquetas se hacen con los pollos enteros no vendidos, las hamburguesas se hacen con las brusquetas no vendidas, y las patitas de pollo de hacen con todo eso no vendido, molido. Las supremas rebozadas, lo mismo.

Hay quienes optan por lavarla, pero yo soy partidario de limpiarla un poco con el canto del cuchillo (para sacar virutas de grasa y hueso) y nada más. Lo que sí debe lavarse es el pollo (ya sea que usted lo deshuese o no) y todo lo relacionado al triperío de los animales, como ser los chinchulines, los chorizos, el riñón, la tripa gorda, etc.


ChinchuChinchutip: La manera más espectacular y divertida de entretener a vuestros niños durante la navidad es enseñarles como se lava el chinchulín, ubicando un extremo del mismo en la canilla cual si fuera un globo de agua, y luego abriendo el grifo al máximo para que los desperdicios salgan expulsados por el otro extremo. Una vez que mi amo estaba borracho me lavó así. Quedaron secuelas. ¡Alegría! ¡Alegría!



6) La carne en la parrilla: Hay cortes que van a la parrilla y cortes que no. A la parrilla van la entraña, el asado, el vacío, la tapa de asado, el bife de chorizo, el matambre, el pechito de cerdo con manto, el matambrito de cerdo, la bondiola, el cerdo entero y no sé de que parte de qué animal mitológico saldrá la provoletta, pero también va. A la entraña se le puede quitar la membrana (queda delicadísima y se cocina en quince minutos), al chorizo no hace falta pincharlo, el asado va primero con el lado del hueso contra las llamas, no es necesario hervir previamente el matambre, el riñón queda mejor si se cocina con la grasa que lo protege y al cordero hay que quitarle la catinga.

Obviamente usted ya esparció suficiente brasa y dejó además a un costado algunos leños y carbones haciendo más fuego. La parrilla tiene que estar bien, pero bien caliente, sin estar volando, porque usted quiere que la superficie de la carne se selle, se ponga crocante. Si cuando usted pone la carne en el fuego la misma “se queja” haciendo un leve ruidito de “cosa que se está cocinando”, es porque la temperatura era la correcta. Si no pasa nada, es porque la parrilla está fría y hay que agregar más brasa. Y si empieza a salir humo y a usted le agarra fuego el vello facial mientras acomoda los chorizos, es porque estaba muy caliente. Tírese al piso y ruede.


ChinchuChinchutip: La temperatura se regula quitando o agregando brasa en el caso de todas las parrillas, si bien algunas personas regulan la altura de la parrilla poniendo o sacando ladrillos y las parrillas prefabricadas suelen contar con una manivela que les permite subir y bajar, modificando el grado de exposición al calor. Usted déjela fija a unos quince centímetros y aprenda a manejar la brasa. ¡Un aplauso para el asador!



7) El mientras tanto. Lo peor para el asado son lo asadores hacendosos. La participación del ser humano es mínima, una vez puesta la carne en la parrilla, y debe resumirse a controlar que no falte brasa, transcurrido un buen rato. La carne no se toca: nada de andar moviéndola o pinchándola de acá para allá porque hay más o menos fuego, de mirar si se quemó, si se cocinó, si está cruda. Si está aburrido tóquese el pito. Para darse cuenta si está lista para darse vuelta o no, basta con esperar a que comience a mostrar jugo sanguíneo en su superficie: es entonces que hay que darla vuelta, condimentarla con chimichurri (si gusta) y salarla. En las piezas más grandes (supongamos un vacío entero) uno puede apoyar la mano sobre la superficie del alimento sin quemarse y sentir que en su interior los jugos “hierven”. Y entonces, lo da vuelta. Aproveche los tiempos muertos para ir a comprar pan fresco, servirse una cervecita o amenazar a sus ex-compañeros de trabajo desde un celular robado, con cosas como: ¡Qué lindo que está el nene, che! ¿Cumplió tres, no? ¿Te acordás de mi? Che, ¡el otro día estaba revisando tu basura por casualidad y me di cuenta de que tomamos la misma marca de jugo!


ChinchuChinchutip: Dejando de lado la entraña, una golosinita recomendable para que el asador desayune es la gruesa y larga salchicha de Viena con piel, que se compra en carnicerías y granjas. Crocante y dorada en poco rato, llena de sabor y deliciosa, es casi mejor compañía que Valeria de Gennaro sacándose el corpiño a la voz de “uff… qué calor hace al lado de la parrilla, Andrés”. ¡Tetas!



8) El punto de la carne. Las carnes a la parrilla deberían servirse en su punto, cocidas, crocantes por fuera pero jugosas y rosadas por dentro, y si bien los cortes suelen tener sus puntos ideales en los cuales se obtienen las mejores texturas y sabores, lo cierto es que el comensal es el que decide el punto, porque es el que se la va a terminar llevando a la boca. ¿Acaso yo lo juzgo a usted por andar mirando pornografía de gordas? Si su suegra es de comer suela de zapato, bueno, que espere a que la carne se pase de punto entonces. Si su sobrino se pasa el día diciendo que quiere que el vacío esté bien jugoso, dele el gusto y póngalo en la parrilla un rato después. Y si su hija adolescente no come otra cosa que no sea morcilla entera sin cubiertos, bueno, la vida es así. Vea el vaso medio lleno: tenga en cuenta que cuanto más le guste a su hija que le acaben en la cara, menos oportunidades tendrá de quedar embarazada. ¿Usted que prefiere: que ese negro que tiene de novio la goce o que la goce y le haga a usted un nieto? ¿Vió?


ChinchuChinchutip: Asegúrese de prestar atención particular al punto de las achuras. Los chinchulines demasiado cocidos son incomibles y los chorizos crudos, letales. ¡Muerte!



9) Los acompañamientos. Uno es dueño de comer ensalada de plumas, siempre y cuando esté dispuesto a pagarla, pero mediante la prueba y el error he descubierto que ciertas combinaciones funcionan de un modo casi mágico. Una ensalada de papas cortadas en cubos, con huevo picado, mayonesa, aceite mezcla de oliva y perejil fresco es la amante perfecta de los chorizos y salchichas parrilleras. El morrón asado (y casi cualquier vegetal quemado) acompaña muy bien cualquier parte del pollo, el puré de batatas con mucha manteca se unta de maravillas sobre el cerdo y el cordero, y el asado sabe mejor junto a la ensalada mixta, vaya Dios a saber porqué. ¿Las papas fritas? Yo creo que van bien hasta con el café con leche, pero a menos que cuente usted con un empleado y una freidora nunca van a alcanzar para abastecer a todos los comensales navideños. No haga eso de freir tres kilos y luego servirlas en un estado lamentable, frías, amojosadas y dobladas, o recalentadas. En serio, no.


ChinchuChinchutip: Pruebe lo siguiente: tome un morrón colorado y hágale un pequeño corte en un costado. Inserte a través del corte un diente de ajo, un rulo de manteca, unos granos de sal gruesa y una ramita de tomillo, píntelo con aceite y cual si fuese un chorizo más, cocínelo lentamente en la parrilla –no sobre las brasas- hasta que se rompa. ¡Un manjar!



10) El chimichurri. Y por último, lo que debería ir primero. El chimichurri se prepara por lo menos un día antes de comerse, y su fórmula varía de acuerdo a las tradiciones familiares. Algunos ingredientes pueden omitirse (pimienta negra, orégano, vinagre) pero son indiscutibles el ajo, el perejil, un aceite suave y el ají molido. Yo, porque soy un tipo muy especial, suelo dejar que los comensales decidan si quieren chimichurri o no, pero hay quienes le ponen chimichurri a todo el asado. Algunos loquitos también le ponen limón, más por costumbre heredada que por verdadero disfrute.


ChinchuChinchutip: ¡Felices fiestas para todos los damospenienses en buena ley!

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Verla venir


No sé si debería sentir amor por el tenis, pero la verdad es que eso de la Davis me tuvo bastante sin cuidado, mas allá de que el fanatismo dizque periodístico y la súper-exposición mediática de las últimas dos semanas me hicieron sentir que Nalbandián era mi primo y que hice la escuela primaria y secundaria con Del Potro, pero hoy no vamos a hablar de eso, sino del comienzo del nuevo fin del mundo nacional que se nos viene.

A diferencia de lo que supo suceder cuando el desastre le explotó en las manos a mi siempre defendidísimo Fernando “Chupete” De La Rúa, hoy en día yo estoy lo suficientemente grandecito como para entender de mejor manera algunos eventos tan argentinos como la birome, o la devaluación. Todavía no entiendo el Turismo Carretera, pero bueno. Algo es algo.

No puede culpárseme. Tengan en cuenta que aquel desastre pasado (léase, la última explosión económica y social padecida por los argentinos) me encontró con, no sé… una edad bastante adolescente y la inmadurez aún fresca. Allá por el año 2000 o 2001, cualquier cosa que no sirviese para jugar a los videojuegos, alimentarme o masturbarme simplemente se las veía negras a la hora de hacerse un lugar en mi universo. Otra razón para no culparme de nada son mis armas y municiones (la gente es prejuiciosa al punto de frenar y dejarte pasar si te ven que salís del polígono), y siempre va a estar también el atenuante de que soy hermoso. Por cierto, ¿Alguien sabe a que edad termina el desarrollo y dejan de crecer los genitales? Esto ya es una aberración; parece un matafuego.

Pero lo que quiero decir es que esta crisis que comenzó y que se viene, me encuentra con las antenas más bien paradas. Lo suficientemente joven como para no decir cosas del tipo: “Este país se funde, pibe. Hay que irse cuanto antes” pero también lo suficientemente maduro como para entender que los precios de los granos y ciertas condiciones de mercado no eran sino una pasajera nube de pedos. Gracias a una nota periodística salida en la tele la semana pasada, doy por iniciada formalmente la crisis nacional número… tanto, no sé. Pongan ustedes el número. No tengo un libro de astrología política frente a mí en estos momentos, pero imagino que en el futuro se la llamará “La Crisis del 2009”.

Creo que era jueves. Al prenderse la TV a las seis de la mañana, la primera imagen y sonidos que mi cerebro recibió fueron los relacionados a la entrada de más o menos 1200 vacas de la raza Holando-Argentina a los mercados de faena. Los productores protestan así contra Guillermo Moreno, sus promesas incumplidas y sus medidas pasadas con las que generó un sobre-abastecimiento de leche grande como… ¡Sí, adivinaron! como una vaca. Están rápidos, ¡Eh! Aunque más de uno debe haber creído que iba a decir algo así como: “mi miembro”. Siempre pensando en la pija, ustedes.

Pero les decía, créanlo o no, así se inició la crisis en mi corazón. Y eso me hizo entender que podía irse todo a la mierda mucho antes de lo que yo lo había calculado.

Hoy en día ya estamos comiendo peores vacas. Y para expresar mi carnivorisismo (suena bien) yo suelo decir que mi comida preferida es la que haya sabido caminar y tener alguna vez cara y parientes. Quienes cuenten con paladares entrenados se habrán dado cuenta de que la vaca cada vez tiene más gusto a chancho debido a que hace fiaca y come balanceado en vez de pasto. Pero esto es algo completamente diferente, y espero que no se haga moda.Vamos a ver si me acuerdo de algunas de las cosas que aprendí hace algunos años, más precisamente cuando creía que cocinando para otros era feliz. Aprovechen para aprender cositas de las que no sirven para seducir chicas en el gimnasio pero lo hacen a uno parecer más viajado, o sibarita.

Existe cierta evidencia científica de que las mujeres son todas unas locas de mierda del mismo modo en que todas las vacas mugen, diría mi tío. Del mismo modo (o del opuesto), así como no todas las tetas son iguales, no todas las razas vacunas son iguales. Las más recomendadas para el consumo del paladar argentino son las razas británicas, que son mejores pero más frágiles. Las continentales son de mayor tamaño (más musculares) y las índicas son las que mejor resisten el calor. Nuestras vacas “de comer” son las Aberdeen Angus (cariñosamente llamadas “Angus”), repartidas en las mejores zonas de la república y dueñas de una carne insuperable. Le siguen las Hereford (las más abundantes) y luego vienen las vacas “Pampa” o “Careta”, que son una cruza de ambas, si bien hay de todo. Las Shorthorn argentinas, grasosas pero rendidoras, también se portan muy bien debido a ciertas facilidades reproductivas y de crecimiento. Pero las H-A, no. Las H-A no se comen a menos que no quede otra, porque fueron creadas a fin de conseguir leche, y no carne. O sea, volviendo a lo de las tetas: así como una mujer sin tetas que le pide a su novio que le bese los pechos está haciendo que el hombre sienta que está besando una rodilla, un asado de la vaca incorrecta puede hacer que el mismo hombre sienta que se está comiendo la mano hervida de alguien.

Pero lo realmente serio es que comerse una H-A genera pérdidas económicas, y si bien sucede (cuando una H-A no da más leche termina en el matadero de todas formas, vendiéndose a un tercio de su valor) no es la idea de nadie el andar perdiendo guita, cosa que sí sucede cuando tipos como Moreno se aparecen, dinamitando su partecita del futuro económico de un país sin dejar pasar siquiera una sola oportunidad, como quien roba un banco y luego lo quema para que no se sepa cuanta plata falta. Como quien hace explotar un arsenal para que no se vea cuanto material fue traficado a Europa. Menem, sí, Menem.

Y así como hoy decimos que Menem supo privatizarnos la existencia y cerrar la industria argentina, dentro de diez años nos estaremos dando cuenta de que Kirchner supo cerrar el campo. Al próximo truhán político no le va a quedar otra más que vendernos al exterior como a esclavos, porque las estanterías van a estar vacías en serio. Y considerando que las jubilaciones de la mayoría se van a esfumar en un torbellino indescifrable de afanos, malversaciones y explicaciones, tal vez no sea malo eso de ser esclavo en un país lindo, o sujeto de prueba en experimentos para las grandes farmacéuticas. Está bien que a Chinchulín le fue fácil acostumbrarse porque es negro y chiquito, pero supongo que yo también puedo hacerme a la idea.

Cosa curiosa. Y triste. Y perturbadora. Todo a la vez. Como lo sería el enterarte de que las medias de colores que tienen los deditos separados se hacen con pies de muppets, amputados y vaciados cuando el muñeco todavía está vivo. Pero la pregunta narcogastrointestinal del día es:

¿Quién creen ustedes que será el próximo caudillo justicialista (un tapado al estilo Kirchner) en tomar el poder, cuando el mismísimo Kirchner sea un Menem al que la gente corta de luces pueda transformar en un nuevo “Innombrable” haciendo de cuenta que no pasó nada y a otra cosa, mariposa?

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A veces tengo la sensación de que Damos Pen@ no es leído por la suficiente cantidad de adolescentes aburridos e hispano-parlantes, por eso el título. Ahora que tengo la atención de todos gracias a LAS MEJORES FORMAS DE SUICIDARTE SIN DOLOR, pido disculpas a los lectores habituales, a quienes seguramente defraudaré al no plasmar, en las siguientes líneas, una sucesión de muertes graciosas y/o relacionadas con elementos de películas contemporáneas. También les sugiero que revisen los comentarios de este artículo dentro de algunas semanas, ya que serán mucho más entretenidos que los que habría recibido con un título en el orden de “Claves para remontar la economía”.

Lo cierto es que mi cuerpo es hermoso. Otra cosa que también es cierta y que viene más al caso es que quiero arreglar el país, y no todo es joda aquí, mierda. Vamos a hacer las cosas bien. La pregunta del millón es: ¿Qué se debería hacer para encaminar económicamente a la República Argentina sin recurrir a un botón rojo y al hongo atómico que lo sucedería entre cacerolazos? Durante mucho tiempo creí que la educación del pueblo era la salida, pero perdí la fe en cuanto me empecé a codear con gente supuestamente educada, terciaria, universitaria, etc. Si las universidades privadas no dejan de vender títulos, el conocimiento seguirá perdiendo valor. Y si la universidad pública sigue contratando profesores de los que canjean notas por favores sexuales, lo mismo. Lo único que no pierde valor (o si se quiere: poder) es la guita. Porque se devalúa pero la seguimos buscando y llorando por ella, porque es indiscutible el hecho de que el que tiene plata hace lo que quiere. Yo -con plata- me haría reemplazar quirúrgicamente el pene con un lanzallamas de oro macizo, inspirado su mecanismo en el de un desodorante en aerosol. De los de antes, con tapa.

Bueno, aquí van mis sugerencias de hombre serio y que de acuerdo a los estándares no entiende una pija de economía, administración de empresas o comercio exterior, pero que no por ello va a buscar licenciarse en la UADE.

Chorros1)- Se debería empezar a cobrar impuestos a los certificados de participación de los fideicomisos. Dicho así no se entiende una poronga, pero llevémoslo al plano tangible: las casas que antes vendían electrodomésticos se convirtieron en financieras que cobran tasas usurarias, y la normativa actual está siendo abusada por los Garbarinos, los Frávegas, etc. Cuando vas a comprar ellos te generan un crédito, luego lo aseguran y buscan financiamiento, cosa de quedarse con los certificados de participación. Así, eluden el impuesto a las ganancias generadas por –precisamente- vender artículos en cuotas, y tienen ganancias exentas, tan libres de paja y polvo como una hermana superiora en Semana Santa.

¿No les parece macabro (o por lo menos, sospechoso) el hecho de que a una familia de comunes mortales le esté resultando más barato comprar una heladera al contado que mantenerla abastecida durante un mes?

Indec2)- Purificar mediante el fuego griego el INDEC, dinamitando todo lo que en la actualidad se relaciona directamente con él. Y estoy incluyendo todo: desde los pibes del delivery que les llevan las empanadas a los empleados, hasta los colegios privados para futuros hijos de puta donde seguramente estudian los hijos de Guillermo Moreno. Todo, a la mierda.

Días atrás, el Instituo Nacional de Estadística y Censos pulverizó el último de los índices oficiales creíbles: el IPC nacional. El IPC está compuesto de información suministrada por siete provincias y también la zona metropolitana. Dense una idea: durante el primer trimestre del 2008 el INDEC reconoció una inflación del 2.5%, mientras que San Luis la calculó en un 8.5%, y Santa Fe, en un 7.1%. Estamos hablando de los dos gobernadores que no están sometidos o “subordinados” políticamente al clan “K”. Yo no sé exactamente cuanto aumentan todas las cosas, pero sí se que consumir –por ejemplo una vaca- debe andar costando mas o menos el doble que hace algún tiempo. Lo comprobé tratando de adquirir una vaca de diferentes modos: o sea, pregunté en mi carnicería por el precio del kilo de matambre, que resultó ser el doble de lo que yo lo pagara hace exactamente tres años. Lo mismo el precio de la carne picada. Y pregunté en una casa de ropa el precio de la misma campera multipropósito de cuero de vaca que yo me hiciera regalar (gracias, Tía) hace tres años, y me encontré que la misma pasó de costar 399 pesos a costar 799 pesos. De más está decir que yo no sabía que estaba tan cara, y que ahora que lo sé voy a usarla menos que antes. Lo que igual a decir que: chau, no la saco más. No sé a cuanto andará el par de cuernos, ni quiero saberlo.

¿Se entiende? Al no haber pautas serias y objetivas, los comerciantes ajustan “a ojo” sus precios de reposición, y todos imaginamos “a ojo” nuestras demandas salariales. Y lo que se mide “a ojo” suele superar la realidad. Para evitar esto, un nuevo INDEC conformado por expertos usuarios de las estadísticas, analistas del sistema financiero, y representantes de las asociaciones de defensa del pobre consumidor, es indispensable

Sojita3)- Desojizar el campo. Mantener altas las altas retenciones a la soja podrían ser el primer paso, siempre y cuando se llevasen a cabo en un ámbito libre de corrupción. Eso se consigue metiéndolas por derecha, y no por decreto presidencial. Si la idea de las retenciones hubiese querido pasar a través del Congreso, obviamente se habría pinchado, ya que si en vez de retenciones hubiesen sido un impuesto, las provincias se habrían quedado con la parte que les correspondía –y corresponde- legalmente. Es lo que se llama co-participación, creo.

Lo gracioso es que muchos productores (pequeños y oligarcas) siguen eligiendo hacer soja. Y si muchos productores eligen todavía hacer soja a pesar de las retenciones, es porque al no consumirse acá esa porquería, el Estado no puede impedir las exportaciones de una forma tan rigurosa. Entonces, lo más importante o necesario de hacer, es incentivar al resto de los productores: los “no-sojeros”. Actualmente, las retenciones a la leche son mayores que las de la soja, y el precio de la leche en el mercado exterior es diez veces mayor que el de la soja. Podríamos aprovechar eso. Si los productores trigueros no perciben el precio pleno, no vamos a tener pan, ya que este año nadie va a sembrar. La media res debe diferenciarse por cortes (urgente), y los reintegros deben acariciar todas y cada una de las nalgas de los productos más regionales, que son el tabaco, la oliva, las frutas finas, el algodón, etc. Si producimos más, las presiones a futuro se alivianan, caramba. Hoy en día lo único que se está consiguiendo es generar incentivos perversos para no producir otra cosa que no sea ese poroto asqueroso e incomible que destruye la tierra, no sirve como alimento (o reemplazo de la leche) para los niños hambrientos, y a nosotros los argentinos ni nos gusta.

Discutan.

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