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Archive for the ‘Cine tele y así’ Category

Como cuando escribí este artículo yo no tenía idea de que fuese a haber eso que son elecciones primarias, la verdad es que creí que mi voto castigo iba a ser el único voto que iba a emitir por un buen rato (me molestan estas cosas que me hacen interrumpir mis sesiones de levantamiento de pesas) y me quedé como en el molde, por decirlo de alguna manera. Votase a Cristina o no (siempre más cerca del no), iba a tener que lidiar con el hecho de que TENGO UNA DE LAS NETBOOKS DE CRISTINA MIRÁ LA FOTO JAJAJAJAJA. LA MIA DICE ANSES Y PRESIDENCIA DE LA NACION POR TODOS LADOS PERO ES GRATIS GRATIS GRATIS Y NO SE SI SIRVE PARA OTRA COSA PERO LE PONGO EL NINTENDO DS PORTABLE QUE TENGO INSTALADO EN EL PENDRIVE Y LO CORRE BÁRBARO JAJAJAJA…

compuPerdón, decía, tengo una de las netbooks de Cristina y el Plan “Educar igualdad y conectar o algo así. Pará que leo lo que dice: “conectar igualdad”, ahí está.

Y en mi conciencia pesaba eso de tener “la muñeca de Evita del siglo XXI” y no haberla votado nunca a la loca de mierda esa. Por otro lado también me da un poco de miedo pensar que lo del embarazo de su nuera era mentira y que terminaron por armar (pero dentro de la familia) una actuación semejante ala que armaron con lo del “desaparecido Geréz”, a quien lo podías ver tomando mate en la puerta de su casa acá en Virreyes. Se me hacía como muy macabro, y a mí me parece tonto hacer enojar a alguien que es capaz de hacer semejante cosa, porque yo también podría ser capaz de semejante cosa, y soy muy perturbadito y respeto a mis perturbados semejantes porque nunca se sabe. Pero les decía: sentía cierta necesidad de votarla a Cristina, y fue entonces que conseguí esta oportunidad de llevar a cabo algo a lo que me referiré de ahora en mas como a “Voto masturbatorio”.

-¿Por qué?-, se preguntarán ustedes, siempre llenos de preguntas en lugar de seguir leyendo. Fácil, porque es casi como un voto triunfador en democracia, pero no llega a serlo. Un simulacro. Un alguito. Paso a explicar:

Mientras miraba las últimas hojitas de mi DNI y caminaba rumbo a la escuela en la que me tocó emitir sufragio (que es “votar”, brutos de mierda) me di cuenta de que mis votos anteriores habían sido votos perdedores y honorables. Quiero decir: eran fieles a mis convicciones de votante, y habían sido todos rotundos fracasos.

Me di cuenta, entonces, de que era virgen en lo que se refiere al voto triunfante. Y como todo virgen, me pregunté acerca de lo lindo que debe sentirse la gente que vota y, horas después, ve a su candidato ganar y gobernar por cuatro, o seis años, o lo que dure el tipo a cargo. Porque mis padres lo experimentaron, y mucha gente que conozco también, pero yo no sabía lo que era, o lo que se sentía.

Son las diez y media de la noche del domingo (es probable que publique esto el martes) y con estos resultados, puedo decir que votarla a Cristina habría sido tener sexo. Sobre las características de esa relación sexual, bueno… todo cambia dependiendo de cómo la votaste a Cristina, o porqué.

Si la votaste pensando que es lo mejor y después disfrutás cada minuto, entonces debe ser como ponerla con esa mina que no podes creer haberte levantado, por primera vez. Esa mina a la que todos se quieren (y no pueden) voltear en la oficina, te la está chupando, y te va a dar la cola antes de que termine la noche. Y se siente así. En caso de ser mujer, cabe reemplazar lo anterior por: “Ese compañero de la facultad que maneja un 0km y te mira todo el tiempo y te busca para hacer los trabajos en grupo, no sólo tiene un termo sino que además lo sabe usar muy bien”. Votarla a Cristina así, debe estar re-bueno. Y yo no tengo nada contra la gente que la vota creyendo en su voto.

Me dirán ustedes que hay algunos que la votan porque es un voto seguro. Que un voto es un voto aunque no te convenza demasiado, y aun a sabiendas de que hay posibilidades más arriesgadas que no sabés si te harían mas o menos feliz, pero que resultarían cuando menos, distintas. Bueno, hay gente que a eso lo llama sexo marital. Si yo la hubiese votado a Cristina, hubiese hecho eso: ponerla. Un voto es un voto, y un culo es un culo.

Pero no la puse.

Hoy, votándolo a Altamira para presidente, me clavé un voto masturbatorio. Es parecido a ponerla, pero no tanto. Fue casi como ganar la elección, pero no gané. Y lo hice a solas, y a puertas cerradas. Tuve mi pequeña victoria, pero no gané en realidad. Y por eso, mi voto fue masturbatorio. Me provocó un pequeño bienestar, pero nada más.

La pregunta entonces es: “¿La pondré en octubre?”

Me guardo eso de ponerla para más adelante, supongo. Imagino que no va a ganar la persona a quien vote próximamente, pero es seguro que no voy a clavarme otra paja con Altamira. Y menos mal que esta afirmación la están leyendo ahora y no al principio del texto, porque ahora que la veo así escrita, puede dar lugar a horribles confusiones. Quiero decir: Altamira tiene a todos sus seguidores, y no necesita a un burguesito de derecha como yo para agrandar su padrón: para eso están Mariano Ferreira, los anarquistas de papá en Vento y todos esos porreados que no saben ni donde están parados y van a ir a votar mañana lunes, o que se quedaron leyendo a Marx y se les pasó la hora. Sabe Dios que si yo fuese archimillonario no usaría mi dinero para acabar con las desigualdades sociales. Es más, no usaría papel higiénico en el baño, sino que tendría un cesto de mimbre lleno de chinchillas vivas y me limpiaría el culo con ellas. Que lo voten ellos: yo ya me puse contento sabiendo que van a estar en las elecciones de octubre. Como quien mira un video porno, los usé a la distancia y ellos me usaron sin conocerme. Nada más.

Y si la persona a quien pienso votar no va a ganar de todas maneras, bueno, a seguir virgen. Así me aseguro de no contagiarme nada (el Kirchnerismo te baja las defensas y te expone al Peronismo, que es una de las más letales y endémicas enfermedades de transmisión sexual), mas allá de que todos corramos el riesgo de que nos rompan el culo el culo.

Por eso, si alguien quiere desflorarme (¿se escribe así?) les pido que sea con una chota enorme, cosa de que las posteriores no duelan tanto, o inclusive “bailen”, en caso de ser posible. Es una de las hipótesis que tengo acerca de lo que hay que hacer si vas a prisión: tenés que hacer que te viole primero el que la tenga más grande.

Tengo muchas hipótesis, sí.

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Resulta interesante el asunto este de las elecciones. Si ustedes se están preguntando acerca de si voy a escribir haciendo de cuenta que no estoy teniendo un promedio de una publicación cada dos meses, la respuesta es sí. Lo mismo si se preguntan acerca de mi enorme vigor sexual: sí, se ha multiplicado a niveles inalcanzables.

Me gustaría poder decirles que en realidad no escribí nada respecto a las elecciones de Macri en Capital Federal porque estaba guardándome para cuando el balotaje hubiese hecho de las suyas, pero lo cierto es que vengo maquinando lo que iba a decir con mucho cuidado, cosa no demasiado frecuente en este horrible sitio web, y que no escribí porque me bajé el Diablo 2: Lord of Destruction y estoy jugando con un Druida nivel 32 que anda como trompada.

FilmusSi me preguntan las razones por las cuales perdió Filmus, la verdad es que me ponen en un quilombo. Unos boludos, ustedes, eh. Dos meses sin escribir y me vienen a preguntar eso. Digo, yo te puedo organizar un asado en la parrilla (me encanta pretender que la carne, los chorizos y eso son piezas de tetris a acomodar), o una resistencia contra los zombies, pero en lo que se refiere a la política mucho no puedo decir ni hacer porque creo haber nacido en la época equivocada a esos fines. Pero voy a intentar, siempre desde mi clara postura de tipo que está en contra del Kirchnerismo debido, más que nada, a esa mezcla tan absurda de patoterismo y corrupción que la convierte en un extraño híbrido que podría entenderse como “una izquierda de derecha”, o “un progresismo lleno de los vicios de la derecha”.

¿Perdió Filmus o ganó Macri? Es la primera pregunta que hay que hacerse. Después de la segunda vuelta, quedó claro que la presidente salió a felicitarlo a Macri por el triunfo para que fuese eso: un triunfo ajeno, y no una derrota. Todo el oficialismo salió a reconocerle a Macri cualidades que, hasta el mes pasado, supongo que no tenía, porque nadie se habría animado a destacárselas. Y como no soy un hijo de puta, voy a jugar con las reglas de Cristina y hablar como si Macri hubiese ganado por mérito propio. Porque en una de esas, ganó. Y espero que mi madre jamás haya cobrado por sexo, ya que de lo contrario me haría quedar muy mal con mis lectores, dado lo que acabo de escribir. Por suerte mi viejo era virgen (por eso yo nací puro y sin mancha).

Macri ganó porque la gente vota cómoda. Es probable que Cristina gane por el mismísimo motivo, más que por el aparato mafioso-político tradicional del Peronismo y sus derivados (y que conste en acta que no estoy criticando sino describiendo). Si vivís en la Ciudad de Buenos Aires y estás todo cagado pensando en que cualquier tipo de cambio puede acabar con tu trabajo, economía, vivienda o estado de animación suspendida y/o flatulenta, lo votás a Macri para que todo siga más o menos igual y ya está. Del mismo modo, si vivís en la Argentina y se te frunce el ano (como a Juanita Viale, si) de sólo pensar en que el cambio de manos del poder puede convertirse en una catástrofe económica y que no vas a poder pagar el crédito hipotecario o te van a pataconizar el plazo fijo si el Kirchnerismo sale del poder, entonces, la votás a Cristina. Es simple: nada complicado. Nuestros genes funcionan de la misma manera, buscando la estabilidad. Nuestra conducta (todo acto de conducta, dirían algunos psicólogos) tiende a recobrar un estado de “equilibrio” en el que las necesidades son nulas.

Macri ganó porque Filmus quedó muy solo. Como sucede en la segunda parte del Eternauta, el verticalismo Kirchnerista (Montonero) se cobró las victimas que tuvo que cobrarse, y Filmus murió en el promontorio para que se salvaran los de las cuevas. Porque lo que importa es la causa, y a Filmus le tocó morir. Cuando digo que la presidenta salió a felicitar a Macri estoy suponiendo –obviamente- que al pobre Filmus lo dejaron más solo que a Ringo Bonavena (a quien cuando sonaba la campana le sacaban “hasta el banquito”) y ni lo llamaron para pedirle disculpas. El Kirchnerismo no sabe ir perdiendo, y cuando quiso darse cuenta, Filmus estaba solo, solo, solo. Hábil para hacer mutis por el foro, Cristina todavía no dijo nada acerca de los escándalos de la fundación (Abuelas o Madres, no recuerdo), ni acerca de los muertos en el asunto de azúcar Ledesma, ni de los departamentos del Juez de la Suprema Corte, ni de nada serio que sea para quilombo. Como será de así la cosa que hasta lo del campeonato de fútbol “Todos contra todos” tuvo que tirarse atrás cuando se hizo “piantavotos”, quedando Grondona como único (y astromillonario) responsable.

LarretaMacri ganó porque lo tiene a Rodríguez Larreta. Ese tipo me cae abrumadoramente bien. ¿Cómo no te va a caer bien un tipo que hasta se agarra la gripe N1H1 de tan inevitablemente metido que se encuentra, haciendo el trabajo que su jefe debería hacer? Choto o no, me cae bien de un modo parecido al que me cae bien Aníbal Fernández, brindando una imagen de eficiencia e idoneidad en la tarea que se les encomendó hacer. Anibal es el tipo de abogado que quiero que me defienda, mientras que Rodríguez Larreta es el tipo de secretaria omnisciente que quiero en la oficina, cosa de poder ocuparme de lo que se me venga en gana sabiendo que no voy a lamentar mi ausencia en tal o cual asunto. Si sos el emperador de China, Rodríguez Larreta es el que te baña y prueba tu comida para ver si no te la envenenaron, mientras que Aníbal es el que dice que vos no le envenenaste la comida al emperador anterior y que esa botella de veneno con tus huellas digitales no es evidencia porque todos los chinos son iguales y tienen mas o menos los mismos dedos. Ambos son muy útiles y encantadores, cada uno a su manera. Pero Rodriguez Larreta se parece a Tom Noonan, el actor que hace de Cain en Robocop 2 (y de Ripper en “El último gran héroe”, con Arnold).

Macri ganó porque el PRO parece menos cargado de los corruptos de siempre. Quiero decir: El PRO no tiene una historia de corrupción tradicional porque, simplemente, no tiene historia. Es probable que quienes lo integran no sean sino los peores pelafustanes en la historia de la Ciudad de Buenos Aires, pero lo bueno es que aún no se les ha dado el suficiente tiempo como para demostrarlo. Si Dios quiere, pronto mostrarán la hilacha con un buen escándalo o empezarán a acumular riqueza de modos graciosos e indisimulables (que es para lo que uno se mete en política, a fin de cuentas). Imagino que debe ser muy fácil entusiasmarse en el proyecto, si uno es incauto o no sabe en lo que se está metiendo.

Macri ganó porque Fito Páez es anti-macrista.
Fito fue un pelotazo en contra de los buenos, representando muchas de las cosas que más aborrece la gente que no vota al Kirchnerismo (entre quienes me incluyo, por ahora). Esa cosa horrible de no saber perder ni siquiera a la bolita, y de responder con la intolerancia más conservadora. Esa cosa de creer que absolutamente nadie es más inteligente que yo, que nadie la tiene más larga que yo, y que nadie tiene la razón, salvo yo. Yo, en este caso, fue Fito Páez, que lleva un par de décadas sintiéndose el tipo más genial de la Argentina (padecimiento que comparte con Alfredo Casero). Y sabe Dios que Fito no tiene razón nunca, de un tiempo a esta parte. Porque yo a Macri le banco el hecho de que me haya dado el Boca de Bianchi. Ya con eso hizo por mí más que cualquier otro de los políticos de los últimos treinta años. Pero a mí me dan mucho asco las películas que hizo Fito, en serio, tratá de ver una y vas a ver que te dan ganas de hervir un paquete de Duracell “doble A” y hacerte un enema con el caldo.

Macri ganó porque no impulsó la Nueva Ley de Educación Nacional. Filmus redactó la ley de educación menemista (la que destruyó la escuela como la conocíamos), y luego, como un Pedro moderno, negó su pasado menemista hasta que cantó el gallo, llegando al Kirchnerismo y atacando la política educativa de los ’90, más suya que la mierda (un triunfo lo del Polimodal y la EGB, Filmus). Los negocios con bienes públicos que hoy tanto le critica a Macri son los mismos que apadrinó durante los días dorados de las escuelas shopping. Compará cualquier cosa que Filmus haya hecho durante los últimos veinte años con el segundo gol de Palermo al Real Madrid, o el último penal atajado por el Pato contra el Milan.

Pero antes de cerrar, les digo, que yo no lo votaría a Macri para presidente, ni lo voté previamente (ya que vivo en provincia y no me mudaría a Capital a menos que me viese obligado a hacerlo debido a una explosión atómica en la sodería a seis cuadras de casa). Por si alguno no se dio cuenta, todavía. Digo. Por las dudas. Mi idea era la de sólo poner las cosas en perspectiva, desde la humildad de estos párrafos opositores al papanatismo. A fin de cuentas, si hubiese querido hacer campaña, hubiese escrito algo antes.

Y ahora, lo que ustedes estaban buscando: un video de Youtube en el que no aparece Silvina Luna practicándole sexo oral a su novio. Traté asimismo (no me acuerdo si está bien usada la palabra porque hace mucho que no escribo) de buscar una foto mejor que la del ano de Juanita Viale en primer plano para imaginarme como sería el ano de Juanita Viale, pero aparentemente Internet no lo tiene todo, mis estimados lectores.

Yo también me sorprendí, sí.

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Resulta que que… uia… que raro esto de no escribir cada cuatro meses. En una de esas me acostumbro.

Bueno, resulta que hubo (si no lo vieron ni se enteraron los felicito por la cintura a la hora de esquivar los medios de comunicación) un terremoto-maremoto-hermano Koriotto (rima y es japonés, jajajaja! ¡Volví con todo!) en Japón, y parece que se murieron muchos japoneses. Me causó mucha gracia porque cuando se comenzó a hablar de la noticia, los titulares apurados decían “doce muertos confirmados”, al tiempo que uno veía imágenes de un Japón hecho re mierda con cuadras y cuadras de destrucción y pedacitos de cosas que antes eran casas, autos y eso. A la media hora eran 100 y al rato mil y pico. Mi hipótesis dice que esos 12 japoneses debían ser doce a los cuales el agua pulverizó y quedó todo como que muy grabado y confirmado, con lo que decir “12” no era mandar fruta sino tirar el número mínimo de muertos. Me causó mucha gracia eso.

No, no me causó gracia que se murieran los japoneses, ubicate. Digo que me causó gracia eso de los números… Estaba diciendo que… Eh, pará… andate a la puta que te parió, entonces.

Debe estar bueno ser japonés. Yo quise serlo durante un tiempo, pero hacerse japonés es difícil. Prácticamente imposible, aunque no tan imposible como nacer de Libra y hacerse de Piscis (el cambio de sexo es una boludez al lado de eso, en serio). Yo quise serlo con el asunto ese de las espadas, las artes marciales, el manga, el animé y esas cosas. Hasta le fui a comprar pastas a Yamamoto, el japonés que hace ravioles y tapas para empanadas a cinco cuadras de mi casa desde hace 40 años.

Lo que no debe estar bueno es ser uno de los japoneses muertos. Shingo Seabass Takatsuka, se llama uno de los japonses muertos. Y si te suena el nombre es porque el tipo es el creador, fundador y principal responsable de una saga de videojuegos conocida como “Winning Eleven” o “PES”. Sí, se murió el papá del Winning Eleven. Una ola se lo llevó mientras manejaba su automóvil.

SeabassLo curioso es que el entusiasmo se pinchó cuando me puse a buscar alguna captura de pantalla del ending de algún juego, a fin de ilustrar el asunto. Porque me encuentro con que la gente de Konami (la empresa para la que labura el tipo) sale a desmentir la muerte mediante Facebook y otras cosas, porque el japonés éste está vivo. Hay fotos en las que está mas conservador, pero esta está buena porque el tipo tiene cara de haberse fumado un caño de Hidro-Bronz arrancado del baño.

O sea, me cagó el artículo. Ponele que se murió pero que encontraron otro japonés medio parecido, le pusieron anteojitos y le cambiaron el peinado y listo, total todos los japoneses te saben usar una PC y programar y esas cosas… de todas formas me cagaron el artículo. Yo iba a hablar del japonés este. Y me puse a buscar entonces algún otro japonés del cual hablar. Y bueno, está Yamamoto, el de los fideos. Creo que se llama así. Yamamoto rima con maremoto, ahora que me doy cuenta. Debo andar lento porque en otra época no se me habría escapado esa humorada. También rima con Culo Roto, que no es japonés pero no se me escapó… eeehh… estoy lento pero tampoco tanto. Un culo es un culo.

Lo fantástico acerca de Yamamoto es que no abre siempre. No tiene horarios fijos. Vas a la mañana y está cerrado. Vas a la tarde y también está cerrado. Cambiás de día y de horario y está cerrado. Pero abre, a veces, y hay vecinos que te cuentan que fueron y compraron. Y vos vas y se ve que estuvieron trabajando, pero está cerrado.

Yo sostengo la teoría de que el tipo en realidad te prueba, viste como son los japoneses. Como todo un sensei, el espera que vos aprendas, que estés dispuesto a caminar el camino difícil. Me imagino que en un momento te abre la puerta con un gesto severo y te dice: “Has pasado la plueba, ahola estás listo pala complendel las lazones que me llevan a plactical la disciplina del huevo y la halina”, o en una de esas tiene un desván lleno de espadas como el forjador de Kill Bill.

Pero lo más lindo del asunto este del desastre en Japón, y que poco tiene que ver con Yamamoto, es el hecho de que hay una planta nuclear en Fukushima “pasando por un momento muy difícil”, según dice el diario. O sea, Japón puede llegar a ser como los japoneses creen que es Japón. Con bichos mutantes, robots, mujeres de proporciones sexualmente fascinantes y esas cosas. No te voy a decir que quiero que explote todo, pero tampoco te voy a decir que no me voy a quedar mirando la tele como un gato frente a una pecera si llega a explotar el coso ese. Va a ser lo más parecido a convertirse en supersaiyajin que voy a poder ver mientras viva. Si llega a mutar una lagartija y se convierte en un Godzilla les juro que vendo todo lo que tengo y me voy a Japón esta misma noche.

Y en otro orden de cosas, antes de cerrar, les cuento que aprendí una nueva forma de desearle mal a la gente sin que Dios se de cuenta. En vez de pedirle a Dios que le derrumbara el taller mecánico a mi mecánico mientras él estuviese allí trabajando, anteayer decidí desear que sus hijos dentro de quince años sean medallistas olímpicos de oro en las olimpiadas especiales. ¿Se entiende como funciona? Aaaahhh… yo creo que es un plan a prueba de error. Yo quiero que esos chicos triunfen, en serio. Que traigan dos medallas cada uno.

Es como cuando Dios no sabe que las monedas que les doy a los chicos en el semáforo en realidad me las dió mi esposa (que está sentada en el asiento del acompañante) para que se las de a los chicos. Pero como está el techo del auto, Dios piensa que el que se las dió fui yo, porque el brazo que sale es el mío y otra cosa desde arriba no se ve, y el auto está polarizado.

Al releer estas cosas es fácil entender porqué me va como me va, supongo.

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Anduve raro estos días. La palabra no es deprimido (guardo eso para la gente que se deprime) sino tristón. Como cansado, estresado y todo eso junto. El hecho de que hace poco mi hermana hubiera cumplido 23 años (de no ser porque se murió en un accidente de tránsito) y el día del estudiante de ayer (aniversario de aquella vez en que un micro se le cayó encima a mi primo más querido y lo mató hasta matarlo) influyeron mucho, y la cucharada sopera de postre la dio eso de que tengo los aparatos en la boca y no puedo comer como Dios manda. De no ser porque tengo un pene de excelente rendimiento y preciosas dimensiones, creo que estaría desconsolado.

FotoLo que se entiende como que estuve unas semanas como medio, como así… como… predispuesto a entrar a un supermercado y abrir fuego indiscriminadamente, hasta que hoy, TN me entregó algo que no pudo sino ponerme de buen humor. La noticia tenía “Damos Pen@” escrito por todos lados:

Polémica en Chubut por la policía infantil. Chicos de entre 9 y 14 años desfilan con estilo militar y usan chalecos antibalas.

Es hermoso a varios niveles. Se me hace agua la boca. Resulta, resulta, resulta, que cada sábado, un grupo de más o menos 40 pibes se junta a hacer cosas de policía bueno. El responsable (o quien parece hacerse cargo) es el capellán de la policía, de nombre Alberto Mari.

“Es para que saquen la policía que hay en su interior”
, dijo, nomás para que este artículo pudiese tener un buen título.

Voy a tratar de ser objetivo (pido perdón por semejante noción decimonónica pero no se me ocurre mejor palabra) y procuraré imaginar que estos niños, lejos de convertirse en pichones de Mussolini, aprenden a servir a su comunidad. Supongamos que parte de su formación como niños policías incluye cosas como aprender primeros auxilios, leyes de tránsito, normas básicas de salubridad y convivencia urbana, etc. Supongamos que además de los desfiles y el ejercicio físico y las rutinas de los sábados, pasa eso. ¿Tan malo suena? Cuando el día de la primavera se festeja con el SAME atendiendo apuñalados y comas alcohólicos, yo me creo necesitado de elegir entre el menos peor de los males. Digo, qué se yo. Y eso que todavía no tengo cría.

Yo no defiendo a los policías. Más de una vez me he escapado del Tiro Federal (porque tengo armas y me gustan y entreno pensando en los zombies, porque un día de estos van a venir los zombies y todos sabemos a la casa de quién vas a ir corriendo a pedir socorro. Sí, te hablo a vos, que te cagás de risa de eso de las armas, y el alimento deshidratado y el generador de electricidad portátil y la moto con el bolso de emergencia y el tanque lleno) debido a la impericia y negligencia de los agentes policiales con sus armas de fuego, horrorizado ante la imagen de media docena de policías tirando con una mano, y pidiendo bizcochitos de grasa con la otra. Me he espantado ante la instantánea de desarmar un arma y descubrir que su malfuncionamiento se debía a que había sido lubricada con aceite de cocina usado (aparentemente el pan rallado de las milanesas no es bueno para los mecanismos) y cosas peores. Pero defiendo a la policía como fuerza de orden indispensable en democracia, y me parece que la única manera en la policía puede volver a ser un conjunto de servidores públicos, es quitándole de a poco los vicios, las mañas horribles y los preconceptos (o prejuicios, no sé como habla la gente que lee libros) dañinos.

Obviamente, los primeros en aparecer son los papanatas que dicen defender los derechos humanos, como un fulano de nombre Juan Arcuri que salió a querer poner amparos y esas cosas de gente que vive del show, a la voz de “los chicos deben formarse y educarse en la escuela” (no sólo como docente sino también como ciudadano creo que la educación es rol de la sociedad toda). Pero no es mi intención meterme con los derechos humanos, así que se lo voy a dejar todo a Hebe de Bonafini: esa señora tan desprendida, medida y bienintencionada que nos enseña a amar y reconstruir todos los días. Ah, el amor de una madre.

Pensé en buscar información respecto a este asunto para interiorizarme y poder hablar con fundamento, pero luego me di cuenta de que esa “información” me iba a entorpecer el camino. Es mucho más fácil escribir cuando no tengo ni puta idea acerca de lo que voy a hablar. Ahora bien, si todos somos re-inteligentes y sabemos que la policía es mala, que roba, que tiene que ver en todos los golpes grandes, que abastece a los delincuentes, que se llena de corruptos, que cuida a los chorros y a los que le venden droga a los chicos, que fomenta y esponsoriza la inseguridad, y que sirve a intereses funestos y todas esas cosas… ¿Porqué preocuparse?

ZombiesObviamente, lo que estos chicos hacen no tiene nada que ver con eso. Desde el punto de vista más pragmático, puede decirse que lo que hacen no es de policías, mas allá de que el cura quiera así creerlo. Los familiares y amigos contribuyen, se hacen fiestas, biles, rifas y ferias de platos y la comunidad toda apoya lo que puede llegar a funcionar como un vehículo de cosas mejores. Estos chicos, de “policía” no tienen nada salvo el chaleco, que –créanme cuando se los digo- me parece tan digno como una camiseta de Chacarita, una remera cheguevarista o una de esas musculositas de nena que usa Emmanuel Horvilleur. Y esto sin ánimo de ofender a nadie, digo… ya que obviamente la noticia ha tergiversado la realidad: los chicos probablemente usan sólo una pechera o una remera, ya que un chaleco antibalas es bastante útil a la hora de detener puñaladas, esquirlas e impactos directos de bala, pero no puede adquirirse sin un permiso legal y cuesta varios cientos (y hasta miles) de pesos. Si yo pudiera, tendría uno. No por los zombies, sino por los sobrevivientes. En caso de hecatombe zombie, muchos ciudadanos libres de infección entrarán en pánico y otros tantos se volcarán hacia la delincuencia y la supervivencia del más apto y yo tengo que estar listo para poder defenderme.

Entonces, resumiendo porque me tengo que ir a hacer un guiso y luego molerlo con la minipimer, la pregunta tridimensional del día es: ¿A quien puede resultarle ofensivo un taller donde se ponga el acento sobre la “vocación policial”? Considerando el descajete en el que vivimos, y la poca confianza (ni hablar de admiración) que despiertan nuestros servidores públicos en general, a mí me parece indispensable.

Y lo digo pensando en ustedes, el resto, que no tienen mis músculos, ni mi miembro perfecto ni mis armas, ni mis amantes que me dicen: “Así… que bien me cogés, mi amor…”, y que dependen exclusivamente de la policía del barrio para defender a sus seres queridos.

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No sé porqué usé signos de exclamación en el título, pero creo que es lo que hacen todos los chicos cool hoy en día en Youtube. No sé si vieron o no esa cosa de que, aparentemente, se está filmando o se filmó y se va a estrenar la película que cuenta la historia de Facebook, sus creadores y titiriteros, etc. Yo estuve muy ocupado recuperando horas de sueño durante esta última veintena de días, pero así y todo me llegó la noticia, habiéndo hecho algún “click” accidental en un hipervínculo de algún sitio web dedicado a la estimulación sexual y a las artes de filmar dichos eventos. O algo así.

Corríjanme si me equivoco, pero la mayoría de quienes se hicieron una cuenta de Facebook lo hicieron tratando de encontrarse con ex-amigos o compañeros de historias pasadas. Queriendo pernoctar con quienes no pudieron pernoctar, etc. Todos sabemos que en realidad uno hace mal llevando a cabo tales cruzadas, ya que con quienes se encuentre después de quince o veinte años ya no serán las personas buscadas. Quiero decir: suponete –ponele- que yo quiero buscarlo a un compañero mío de colegio que se llamaba Damián Tetocoelpito, y con quién supe pasar muy buenos momentos de amistad hasta que se terminó la escuela primaria.

Lo cierto –y triste- es que tengo más probabilidades de encontrarlo a este muchacho en una persona diferente, que en él mismo. Y no sé ustedes, pero yo no estoy preparado para ver a mis compañeros de la primaria con auto, barba y bigote, y mucho menos para descubrir que mis compañeras ahora son un amasijo de estrías y cabellos teñidos de puntas florecidas, envueltas en las cintas ásperas de quienes pagaron el precio de su belleza adolescente convirtiéndose en madres solteras. Algunas cosas, mejor dejarlas en los recuerdos. Así, como están, sin joder a nadie. Además, desde que existe esto de Internet, mucha gente retoca las fotos al punto de que algunas son comparables a esas que te sacan en ciertos lugares turísticos mientras asomás la cabeza a través de una placa de madera con el dibujo de una chica en bikini, o una dama antigua.

Es por eso que a Facebook nunca le di mucha bolilla. Y me encantaría poder decir que no suelo participar de las nuevas redes sociales debido a que los amigos son para juntarse a tomar y comer algo (y no para conversar o mirar fotos a través de la PC), pero la verdad es que la razón por la que no participo es porque me da una paja bárbara eso de tener gente conocida. Para entender mi nivel de aislamiento basta con decir que tengo parientes a los que estimo sinceramente, y los cuales no les conozco la casa, el auto o los hijos nuevos.

Sin embargo, y como creo en el poder de las fotografías (como por ejemplo esta, o ésta) es que les acerco parte de las fotografías que hay en mi teléfono celular, y que probablemente les servirán a ustedes a la hora de conocerme mejor. Porque de eso se trata este sitio web: de que ustedes me digan cuan grandioso soy y cuan atractivo les resulto.

La metafísica de los carbohidratos
Pan dulce
Esta fotografía fue sacada en San Rafael, Mendoza. En una panadería, el último día de mis vacaciones. Serían las diez de la mañana cuando la tomé. Uno no puede dejar de maravillarse ante el énfasis de quien puso el cartelito. Pesimista, vacío, genial. El pan dulce que te comés antes de pegarte un tiro en la sien. El que te convida Kevin Johansen.

El ano de Optimus Prime
Caño
Debido al alto índice de plomeros amateur entre mis lectores, resulta innecesario aclarar que la fotografía no pertenece al último tracto del intestino del adalid de los autobots, sino a la cosa que queda cuando desarmás una canilla del baño. Le saqué la foto para no tener que explicarle al tipo que atiende, diciendo cosas como: “Necesito el cosa que va como en un coso… ese que lo ponés sobre el chirimbolo que hace así… así… ese coso que… No, no… el otro coso… que hace…. ¡Eso, exacto! Ese cosito, pero que va así… no…”.

Una moto tan rápida como un puercoespín azul.
Seeeegaaaa
Me hace pensar en la intro del Sonic 2, con la voz digitalizada que dice “seeeegaaaa”. La saqué a pocas cuadras de mi casa. El tipo se consiguió un sticker y lo pegó orgulloso. Está bueno eso de enterarse que en el mundo hay gente con criterio, al tanto de que los videojuegos son cosa seria. Ni hablar de la distancia intelectual que saca el tipo, si lo comparamos con los que usan mochilas con la imagen de “El polaco”. Este tipo podría ser mi amigo y no lo sabe. Y yo podría ser el amante de su novia, y no lo sabe. Y yo podría estar ahora escribiendo desde el interior de tu ropero con una notebook, y vos no lo sabés. La vida es así: una recopilación de incertidumbres. Lo único seguro es que estoy tomando te con leche. ¿O no? AaaaaaaaaaAAAAHHH. Sí, estoy tomando te con leche.

Te quedaste sin crédito
ATRACO

Resulta que un día, mientras corregía cuadernos de mis alumnos en el aula, empecé a escuchar que un tipo le gritaba a otro: “Dame el celular”. Cuando me puse de pie, vi que un tipo le pegaba patadas al otro. Pensé que se trataría de un choreo, pero como el que pegaba era de piel más blanca que el que recibía, supuse que el chorro era el que estaba en el piso. No te hagás el superado, porque a vos te pasaría lo mismo. Pero resulta que, te contaba, al tipo le pegaban patadas, y entonces se acerca un viejo y le empieza a decir al que estaba en el piso: “¿No te da vergüenza?” A lo que el tipo no respondió, entretenido como estaba, recibiendo patadas y puñetazos. Después se acercó una mina con pinta de volver del gimnasio, con un perro grandote, y se lo tiró encima al chorro a la voz de “Attack!” y yo ya estaba empezando a sentir algo de lástima por el cafeteado. Entonces apareció un flaco de Correo Argentino que se bajó de la bicicleta y medio como que quiso detener el linchamiento, pero que se detuvo al ver que iba a terminar cobrando también, y sacó su celular. A todo esto ya se habían juntado como cuatro o cinco rodeándolo al supuesto chorro. Resultó que el chorro éste le había robado el celular a un adolescente pusilánime, alumno de la escuela en la que trabajo, y el que pegaba era el hermano mayor, que yendo en el auto con el agredido había reconocido al delincuente.

Cuando llegó la policía (un patrullero con dos cosos) el punching-ball explicó, desde el piso y entre lagrimas, que no había sido él, que había sido otro, un amigo suyo al que él conoce y que afana en Retiro, cosa que no tiene ningún sentido para mí, al menos. En una de esas, lo que quiso decir fue que el celular robado lo tenía el otro, pero se entiende, ya que después de haber recibido todas esas patadas y con el perro medio como queriendo morderte y garcharte, yo bien habría dicho algo así como “¡Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, pero más dichosas son las huestes que prepara San Martín para luchar en San Lorenzo!” y luego me habría vomitado encima.

La instantánea inmortaliza ese momento, de arresto civil.

No bombardeen Buenos Aires
peronperon
Tomada el día del Bicentenario, o en uno de esos días. Escuchar el rugido de los aviones medio que hizo que los peronistas fruncieran, pero a mí me encantó. Soy un nene. Fue como “Rescatando al Soldado Ryan”: ruido de guerra de verdad. Lo malo es saber que si vienen los marcianos, tenemos exactamente doce aviones con los cuales defendernos. Will Smith y Bill Pullman deben estar revolcándose en sus tumbas.

Papa corazón
potato
Jajajaja… En vez de papá corazón, PAPA CORAZÓN… Se entiende? Jajajajajaja… SIN ACENTO, EH! EH!

Lo otro es, obviamente, bife de chorizo. Me gustaría decir que el sexo fue genial después de esta cena, pero no. No te casás para tener sexo genial, sino para te quieran y se compartan los gastos. Habrás dejado de gozar en la cama, ¡pero ahora el celular te sale 17 pesos en vez de 35, eh! ¡Bum! ¡Justo en el blanco, perejil! Jajajajajaja… ¡Quedate con tu asquerosa promiscuidad! Jajajaja… ¡Bum, baby!

Un cartel bruto
cartel bruto

The Final Frontier
chile empieza aca
Una foto en la que aparece la frontera con Chile, porque sé que a la gente le gusta eso de las vacaciones, y queda mal no tener una foto de las vacaciones. A mi me recuerda que la muerte nos acecha en cada rincón. Pero casi todas las fotos me recuerdan eso.

En el Tiro Federal de Lomas de Zamora
tiros
Es de antes de que empezara a probar un tipo de munición desconocida para mí hasta ese entonces (rezagos militares o parecidos) en ese pequeño revolver en .357 Magnum, que patea como la puta madre que lo parió, para más datos. El bolsito que ven ahí, es un bolso que mi cuñado me compró en “Mantis Moto”, lo cual es genial, ya que ahora mi moto tiene un bolsito que dice “Mantis moto” y parece hecho a medida. Se compra acá. http://www.mantismoto.com/bolso_tankus.html Mi cuñado también sería genial, de no ser porque a la hora de cocinar tiene el paladar de un muñequito de G.I.JOE y es absurdo lo que hace: el otro día me cocinó al horno las hamburguesas… patys al horno… ¿Qué sigue? ¿Empanadas hervidas?

De esos blancos con forma de lata de gaseosa (y muchos otros) tengo varios impresos. Unos 1000. Fue mi forma de cobrarme un día de laburo.

Smith & Wesson, Model 10, Military & Police
pumpum

Apuesto a que esta foto sale para la mierda. Este revólver tiene una historia muy particular, ya que sus partes fueron fabricadas durante la “Gran Depresión”, pero dicha debacle económica hizo que se ensamblara mucho después. Norteamericano, fue adquirido allí por un hermano de mi abuelo. Muy preciso, muy bueno. No soy fanático del calibre (.38 Special) pero es un muy buen revólver, con un acabado brillante, impecable. Creo que tiene un chorro encima, pero ya no está mi abuelo para hacer declaraciones.

Brmmmmm… brmmm
moto
La moto recién comprada, en casa de un amigo. Sin palabras (Nótese la cubierta plástica sobre el asiento).

Y por ahora eso es todo. Si quieren, otro día sigo. Por lo pronto, acá les dejo la mejor guitarra en la historia del mundo y del universo y de las cosas.

Ya que me gustaría poder decir que no he desarrollado con mis videojuegos, a lo largo de mi vida, un vínculo sentimental como el que desarrollé con mi madre o el resto de mis seres queridos, pero no puedo. Pero la pregunta del día es: ¿Vieron que la hija de Lawrence Fishburne es una reventada ex-prostituta que filmó una película porno (de verdad, con directores, actores, etc.), y que ahora su padre le está ofreciendo a la distribuidora comprar todas las copias?

¡Qué pervertido! ¿No le alcanzaba con una sola copia? Yo creo que si mi hija decidiese convertirse en actriz porno, yo me compraría sólo una. O ninguna, porque la verdad es que ya tengo mucho porno en la PC, y a esta altura del partido, que la policía irrumpa en mi hogar con una orden de allanamiento es cuestión de días. Por suerte está todo en una carpeta oculta en el disco rígido de de mi mamá, llamada: “Archivos acerca de los que mi hijo nunca debe enterarse”.

Pero así y todo, me preocupa, de a ratos.

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Resulta, que se aprobó lo del matrimonio gay. Sí, primicia de Damos Pen@. Sí.

Meses atrás, en un principio sentí lástima y algo de vergüencita ajena al verlo a Pepe Cibrián haciendo ese show tan entretenido –y bastante extenso- del “Habla Marica”. Porque una cosa es verlo gritar en un canal de cable y otra es verlo repetir el acto En el Congreso, mientras se trata un proyecto de ley acerca del matrimonio entre personas de un mismo sexo. Mas allá de que creo que no es forma de pelear por una causa en el Senado, ante el escándalo, un mejor hombre no habría pensado algo así como: “Por favor, que alguien le ponga un pito en la boca al trolo éste”. Pero ese habría sido un mejor hombre.

Eso fue en un principio. Actualmente, creo que lo que Pepe Cibrián hizo fue muy de hijo de puta, y nada más.

derferUstedes saben que soy de derecha pero no del todo fascista, lo que bien sirve para entender cual es mi posición respecto al casamiento homosexual: me chupa un huevo y me parece medio pelotudo pero me encanta y me sirve para hacer chistes horribles todo el tiempo, haciendo enojar por igual a los conservadores fanáticos y a los defensores de las pelotudeces de moda que se la dan de “evolucionados” pero que en realidad son más hipócritas y conservadores que los primeros. Ustedes saben que a mí, los que me preocupan, son los zombies. Además, todavía estoy ocupado, haciendo duelo por eso de que los españoles salieron campeones del mundo.

¿Por qué es de hijo de puta lo de Cibrián, entonces? Porque miente. Y si alguno de mis lectores es homosexual –algo altamente probable, quiero decir, puede que muchos lectores varones se hayan vuelto homosexuales debido a que resulta resistirse a mis encantos tanto físicos como intelectuales, como así también es difícil negarse ante mi virilidad y mirada penetrante que hace que muchos tipos digan: “me encantaría verte haciendo el amor con mi esposa y luego conmigo”– me gustaría que saliese a reconocer tales circunstancias.

A mí me parece medio pavo lo de esta ley, pero no debido a que tema un “brote incontenible de homosexuales”, sino a que es poco serio el enfoque y son pocos serios los argumentos. Debido a que soy el tipo de estofado tibio al que nunca vas a ver marchando a favor o en contra de algo, podría llegar a pensarse que estoy escribiendo esto en defensa del homosexual que es puto y se la banca. Yo a veces no sé so soy de derecha o no (por ejemplo: si apoyás a los judíos sos de derecha. Pero si detestás a los judíos también sos fascista, y la verdad es que uno no puede estar bien con Dios y con el diablo), y es por eso que yo preventivamente despierto animosidades en todos los bandos.

Se habla de palabras emotivas y esas cosas. Para mí, palabras emotivas fueron las del señor Miyagi cuando, borracho, relata la historia acerca de la muerte de su esposa e hijo durante el parto. Lo extraño de Cibrián es que pese a ser un señor homosexual, parece una señora lesbiana. A fin de que la gente no se siga confundiendo, bien vale aclarar las razones que me llevan a decir que Pepe Cibrián es un hijo de puta que pasará a la historia ya no como un gran hombre del teatro, sino como un marica hecho ringtone a base de exabruptos. Lo dividiremos entre lo curioso y lo vergonzoso.

1) Lo curioso es que a los hombres homosexuales no se les impide adoptar niños. Pueden hacerlo, pero no en conjunto. Si no adoptan, es simple y llanamente, porque no quiere. Del mismo modo en que yo no adopto: porque no quiero. Eso, a mi entender, es igualdad. O equidad, por lo menos.

2) Lo vergonzoso, es que un señor (Cibrián ponele) se ponga a llorar a gritos y quiera convencerme de que hay chicos en las calles porque se le niega el derecho a adoptar a los homosexuales. Eso insulta mi inteligencia en varios niveles, debido a que los chicos de la calle tienen padre y madre, que ineficientes o no (ponele que seas de derecha y creas que a los padres de los pibes chorros haya que meterlos en cana), tienen obligaciones y derechos. Adoptar un chico de la calle es tan difícil como evitar una erección tras recibir un mensaje de texto de una compañera de trabajo que vive cerca de tu casa que dice: “Inventá que salís a comprar helado y ponerle nafta al auto, porque tengo que chuparte la pija urgente”.

¿Quiero que los homosexuales sean iguales ante la ley? Seguro. El Estado tiene la obligación de protegerlos. Me pareció siempre muy injusto eso de que a los putos no se les reconociese eso de poder sumar sueldos y pedir un crédito inmobiliario, juntos. Me pareció siempre innecesariamente cruel eso de que un “viudo-gay” no se quede con los bienes del muertito con el cual convivió del mismo modo en que yo me quedé con todos los bienes de mis anteriores esposas y novias, y amantes. Y meretrices. Pero con menos ruido que lo del matrimonio, se podrían haber logrado cosas mejores y más concretas impulsando una reforma absoluta y sólida de las uniones civiles.

Pero la iglesia es otra historia.

Todos sabemos que Jesús habría sido el primero en abrazar a un homosexual, pero lo peor es que los ignorantes recurren a dos situaciones que bien vale que aclaremos: La palabra de Dios no aprueba el casamiento entre dos personas del mismo sexo. De ahí para abajo, discutí lo que quieras. Yo soy conciente de que si no dejo de negarle mi ayuda al prójimo mirar películas en que muchos adultos se tecan e intercambian fluidos me voy a ir al infierno también, pero me hago cargo y no pretendo un recurso de amparo. Uh, taché mal. Nota: revisar antes de publicar.

1) Hay gente que cree que todo en la iglesia puede reformarse debido a que vivimos otros tiempos, y a que mientras no se toquen los “dogmas” de la iglesia, lo mismo da. Etc., etc., etc. Bueno, resulta que la idea de pecado es principalmente, la que define el asunto. Todos los dogmas, imagino. Y si la concepción de pecado es distinta, bueno sería legitimar un pecado a fin de igualar. Esa es una.

2) Hay gente que, además, cree que el problema se debe a que el matrimonio es uno de los sacramentos de la iglesia católica. Cuando el problema es mucho más serio.

Ahora bien, la iglesia católica es, sabidamente, una de las fábricas de pervertidos más fructíferas de los últimos siglos. Y yo creo que el abuso sexual está mal y me opongo a él, (excepto en casos de defensa propia o venganza, ponele que tu jefe te echa y tiene una nenita de siete años), pero eso de usar el abuso sexual como excusa para pedir por el matrimonio homosexual (caso de los putos que ahora resulta que quieren salvar a todos los niños del mundo, como Ricky Martin), o para arrojarse en su contra (como la iglesia católica, que ahora resulta que está preocupada por lo que se les pueda hacer a los niños) es flojito, flojito. Es una mentirita. Como cuando yo juego a que el vapor que sale de mi cuerpo después de ducharme en invierno es “cosmos” como el de los Caballeros del Zodiaco. O sea: me lo creo nomás un poquito. Hacerle creer a los chicos de la calle que van a ser recogidos por parejas bienintencionadas de anómalos sexuales es como que te den a elegir el color del martillo con el cual te van a dar un martillazo en la cabeza de la pija, quiero decir: de todas formas va a ser una cosa complicada.

Y por eso, mi apuesta (propuesta) es la siguiente: désele a los putos una chance, pero hágasele ver a los homosexuales la verdad del asunto.

Obviamente, la lucha por la igualdad de derechos no es tal. Es tan sólo un acto más de capricho antidiscriminatorio, muy a lo puto, semejante a eso de dejar de decirle mogólicos a los mogólicos, o tratar a los discapacitados como si tuvieran capacidades diferentes (aún no he podido encontrar un sordo que sepa controlar el clima) o decir que existen “culturas diferentes” (en lugar de reconocer que hay gente bruta e ignorante que se relaciona sexualmente con gente igualmente bruta e ignorante y tienen hijos y nietos y entre todos luego conforman toda una comunidad bruta e ignorante, mientras que otros pueblos avanzan).

Todo bien, digo, que hable el marica. Que grite el marica. Que cante el marica y que se case el marica. Pero con la verdad, porque de lo contrario le quita toda la legitimidad al reclamo, y los únicos perjudicados terminan siendo todos los maricas, precisamente. Pero en palabras de un conocido puto: “Al puto le encanta el cotillón”.

Mi cruzada es contra los papanatas, fundamentalmente. A este paso, mañana van a salir a exigir que se les respete el derecho a casarse con personas de distinto sexo.

Pero la pregunta del día es: Imagine que usted y su pareja se están por morir y no tienen familia a quien dejarle su hijito o hijita. Tienen que ponerlo/a en adopción. ¿Preferiría usted que su hijito creciera y fuera criado por una pareja de felices homosexuales sin problemas económicos, o por una pareja de felices heterosexuales sin problemas económicos? Puede elegir: tiene las dos opciones. En la respuesta a su pregunta está la respuesta a su pregunta. A ver cuan “progre” sos.

Feliz día del amigo para todos.

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2 a 0


Martin PalermoPese a no ser un enorme fanático del fútbol, la verdad es que los mundiales me alteran bastante (probablemente debido a que son como el Winning Eleven pero de carne y hueso, del mismo modo en que me gusta tener sexo debido a que las mujeres son como la pornografía pero en carne y hueso) y quiero que la Argentina gane y haga diez goles por partido y esas cosas. Y quiero que Brasil llegue a la final y ganarles con un gol de penal en el último minuto después de haber estado cero a cero todo el partido y siendo cagado a pelotazos, aguantando en una suerte de “Álamo” sudamericano y mercosureño. La idea era la de verlo con mi primo, quien saldría del trabajo antes de tiempo (yo me pedí el día amparado en el hecho de que todos mis alumnos ya me habían avisado de su ausencia, y encobijado en el hecho de que la directora sabe que si pido médico, éste siempre me encuentra algo peor a lo que yo creía tener debido a que soy un achacado de mierda y me da dos días en vez de uno). Y así fue.

Sonó el timbre pero la puerta estaba abierta. Ni lo escuché entrar debido a que la previa del partido era todo lo que me importaba en la vida. La pava a punto de hervir, el tipo llegó justo cinco minutos antes de que el partido comenzara. Vacías las calles, el viaje se hizo breve y más seguro que de costumbre. Saludó, llevó la moto al fondo. Los partidos de la Selección Nacional se miran comiendo facturas, del mismo modo en que la Copa Libertadores se mira comiendo pizza. Cumplidor, el negro.

El primer tiempo lo pasamos con los nervios y el aburrimiento de quien ve un partido con gusto a nada. Un pelotazo acá, un lateral allá, una posición adelantada. A la segunda taza de café con leche medio como que estábamos llenitos y con ganas de presionar el botón de “TV/VIDEO” debido a que la Playstation estaba prendida y en pausa, pero ninguno se animó a hacerlo quizá por miedo a ser tildado –por el otro- de mujercita, desubicado, vicioso o antipatriota. Como si uno no fuera todas esas cosas y otras peores también.

Y terminó el primer tiempo. Y un poco de zapping (hermoso el culo de esa mina, andá a saber quien era), ir al baño. El tiempo nos daba sólo para un partido amistoso de cinco minutos. Yo elegí Grecia nomás para joder. Él eligió Argentina como para envalentonarse y tratar de transmitir cierta energía al verdadero partido, que estaba para la siesta. El partido fue más o menos lo esperado: él hizo uso y abuso de su juego “físico” y la indulgencia del árbitro, mientras que yo me limité a ser cagado a patadas, atajar pelotas imposibles y recibir tarjetas amarillas, en toda una seguidilla de situaciones tragicómicas propias de este videojuego. Lo peor es que el partido terminó cero a cero y habíamos olvidado activar la solapita de “desempate”. Pero empezaba el segundo tiempo del verdadero partido (ese que tenía a Maradona en el banco de suplentes), y fue entonces que se puso interesante el asunto.

Porque, embole o no, eran los últimos cuarenta y cinco minutos, y algo tenía que pasar. En nuestro corazón, la fantasía de que Riquelme apareciese a la voz de “acá hace falta fútbol” y se plantase en el medio de la cancha, palpitaba. Al fin y al cabo, si el hermano de Meteoro era capaz de hacerlo, y el caballero del Fénix también era capaz de hacerlo, y Tuxedo Masked era capaz de hacerlo… ¿Por qué no iba a ser Román también capaz de hacerlo?

Pero no pasó nada hasta ese momento en el que, faltando quince o diez minutos, el marido de la Evangelina Anderson esa, marcó un gol de los que siendo horribles, valen uno, Uno a cero. Los goles más lindos también valen uno, pero para el caso, ¿Qué más da? Y minutos después entra Palermo, a definirlo. Maradona que le dice: “Cerrameló”. Y Martín acata.

Grecia no se merecía semejante privilegio; semejante lugar en la historia de mi emociones deportivas. Pero Messi una, dos, tres, y de repente un rebote. Y le queda a Martín Palermo, que trabaja de hacer goles. Lindos, feos, de pedo, de rebote, de pescador, de mitad de cancha, de cabeza. Muchos goles. Porque cuando te pagan para hacer goles, tenés que hacer goles. De lo contrario, sos un ñoqui de la pelota. Y Martín le pega, y adentro, que llueve.

A sabiendas de que estaba presenciando el que probablemente sería el momento más emotivo en la historia de los Mundiales bosteros, lloré. Y el negro lloró. Y se gritó de la peor manera, hasta la disfonía. Por primera vez lloré en un partido de fútbol, pensando en esa cara de ojos grandes, en Palermo y lo injusto que le fue el mundo del lobby del futbol, en esa nota en la que Niembro lo elogia y le dice que es alto y tiene un lomo bárbaro, en los goles al Real Madrid, en los abrazos con el mellizo, en los miles de chicos que hace diez años andaban con el flequillito hecho bosteros pirinchos rubios y hoy son emos o están presos o juegan a ahorcarse, en Bianchi, en Samuel Kuffour, pensé en todos. Pensé en todo y lloré. Y guardé todo eso en mi memoria. Para siempre.

Porque no me animo a confesar que la verdad es otra. La verdad es otra. Las condiciones, las circunstancias son ciertas. Palermo metió el segundo gol de la Argentina en su enfrentamiento futbolístico con Grecia, eso es verdad. Y se ganó dos a cero, y la gente festejó de mil maneras, y los infartos de miocardio aumentaron.

La cosa es que esa tarde de martes estuvo pintada de otra cosa. En mi casa no había nadie, ya que mi esposa trabajaba. La tele estuvo apagada toda la tarde y eso no le importó a nadie.

Porque mi primo nunca estuvo conmigo. Darío murió hace ya casi cinco años, víctima de la desgracia que acompaña a todos y cada uno de los accidentes de tránsito. Nunca tuvo una moto, ni licencia de conducir. El gol de Palermo me encontró a mí, caminando por San Isidro, en la soledad de las calles más empedradas que el centro de San Isidro jamás conoció. Ese gol hecho grito sordo que traspasó los ladrillos y llevó consigo el grito que de alguna manera es diferente. El de los goles de Boca, si se quiere. El tipo que me vendió la tarjeta de estacionamiento me lo confirmó, y veinte minutos después yo estaba en clase. Me habría encantado poder gritar el gol, pero lo más parecido a eso que hice fue soltar un “Grande Martín”, y nada más.

Difícil resulta saber porqué se escribe. Hay quienes dicen que las manifestaciones artísticas se deben a la ausencia y nada más: que uno escribe canciones –por ejemplo- debido a que aún no existe la canción capaz de expresar lo que sucederá dentro de diez segundos. Insisto, es un por ejemplo.

Se preguntaran ustedes porqué escribí este artículo. La respuesta es que la realidad es menos útil a los intereses literarios. Necesitaba recordarlo de otra manera. Necesitaba apropiarme de ese instante y devolverlo con justicia a lo que debería haber sido, o a lo que será de aquí en más. De los significados que llevará de ahora en adelante, que serán definitivamente más honestos. Una historia real no es necesariamente una historia honesta, y si tengo que elegir entre la honestidad y la realidad a la hora de encuadernar mis recuerdos, la elección es simple ¿Cuánto puede ofenderse el destino de las crónicas por lo que hice? Poco y nada. Para que sea real, alcanza con que una sola persona lo crea, y confío en que alguno de ustedes (muy probablemente los seguidores noveles) lo habrá creído por unos minutos.

Porque si escribir no sirve para esto, entonces, ¿Para qué sirve?

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