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Archive for the ‘Así habló Chinchulín’ Category

¡Hola!


Chinchu¡Tanto tiempo! ¿Cómo les va? Ustedes sabrán que yo era un personaje recurrente en esto de Damos Pen@. Un columnista. Un DJ profesional ad honorem. La verdad es que los extrañé.

Mi amo les iba a hablar acerca del mejor momento o día de su vida, pero resulta que se fue a Mar del Plata unos días. Y hoy está de vuelta. Enfermo con esa cosa que tiene Mar del Plata de tener cuatro climas diferentes en 24 horas, el salitre que se respira y muchas otras cosas negativas que le encontró, además de las quemaduras. Se pasó la noche llorando diciendo no sé que cosas acerca de que lo iban a borrar de un clan, que no podía ser negro, o algo así. No pude entenderlo debido a la fiebre, pero me dio un montón de ropa blanca para que se la guardase. Lo más gracioso es la capucha… en una de esas se quedó sin poder ir a una fiesta de disfraces. Creo que iba a festejar eso de que aprobó todas las materias y tiene las vacaciones para descansar.

Pero esta noche es nochebuena, y mañana es navidad. Por eso, aquí les van mis regalos audiovisuales para que puedan compartir con vuestros seres queridos. A mí me gustaría decir que tengo seres queridos, pero no, no tengo. “Y tampoco tenés derechos”, agregó mi padre mientras me volcaba yogur vencido en la espalda nomás para “taparte un poco el olor a negro” como él dice. Hago un mezcladito cosa de que les guste a todos:

Este es un tema que van a escuchar, re-escuchar y recontra escuchar, de tan bueno que es. Oro puro.

Y este es para los que entienden que una buena intro, con buena música, puede darte ganas de jugar a un videojuego en completo japonés. Dice mi amo que debe haberse pasado cerca de ochocientas horas jugándolo, sin exagerar, y que le chuparía la pija a los japoneses que hicieron la banda sonora sin perder un ápice de masculinidad, pero ya vieron como es él… siempre con sus videojuegos y sus chistes de pijas, y sus patadas a las articulaciones.

Este es el mejor tema veraniego para recordar tiempos más simples. Imaginate la mejor tarde de verano que recuerdes, esa en la que tenías diez años y te quedaste andando en bicicleta con tus amigos hasta las doce de la noche, después de haber jugado a la pelota toda la tarde. Y estaba todo bien, todo. Y ponele esta canción.

Éste, por otro lado, es una inyección de energía. Lo encontré en una carpeta de mi amo, acompañado del mensaje “Yo personalmente mataría a golpes a cada uno de estos tipos”.

Y cierro con la mejor canción de navidad. No, no es la de Mi Pobre Angelito. El tema es del enorme Ryuichi Sakamoto, pero interpretado por Kotaro Oshio, un japonés que hace las cosas a lo japonés. O sea: raro.

¡Felicidades!

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Sé exactamente lo que ustedes están pensando: que debería haber escrito un artículo acerca de la caída de esa avioneta que se hizo remierda contra unos camiones a unas treinta cuadras de mi casa. O mejor aún, que debería publicar lo que resta de la guía/test/seguidilla de incoherencias para sobrevivir a los zombis. Bueno, eso será en otra ocasión, ya que se acerca la Navidad y la Navidad es momento de comprar regalos y sentir olor a jazmines y asado y azufre, éste último proveniente de la pirotecnia vecina o del Infierno, en caso de ser usted homosexual. Porque es así, los homosexuales que no se arrepienten se van al Infierno, por más que crean que no. Tampoco importa si creen en el Cielo y el Infierno o no: este sitio web no deja de existir nomás porque un grupo de aborígenes del África no sepa de su existencia. Hey, yo no escribí la Biblia, tan sólo quería recordárselo. Pero en resumidas cuentas, la Navidad es el momento en que mucha gente se dispone a hacer un asado, por más que nunca haya hecho un asado. Y eso da lugar a situaciones cómicas de las que me causan gracia a mí, por lo menos, que disfruto regodeándome ante la falta de masculinidad ajena.

Por eso, y porque se me canta también, aquí les brindo mi regalo navideño: ¡La guía para hacer un asado! ¡La guía Práctica Mántida en un 1-2-3 del asado para dumis! ¡Y con el regreso de mi esclavo que terminó su viaje de iluminación personal y me va a dar una manito! ¡Feliz Navidad!



1) Reconozca el área. Es importante que en un radio de 30 cuadras mínimo esté libre de zombis (usted va a generar fuertes olores, humo y luminosidad en la noche). También debe procurarse que el lugar elegido no se encuentre demasiado expuesto a las corrientes de aire (eso le consumiría a usted mucha leña) ni resulte demasiado dañino con la periferia. Si tiene la suerte de tener una parrilla de materiales refractarios en su domicilio, tanto mejor. Es un buen gesto el avisarle a su vecina para que saque la ropa de la soga, y es aún un mejor gesto el agradecérselo a la voz de: “te voy a guardar un pedacito bien caliente”. Si la mina dice que sí con la cabeza o sonríe nerviosa o se lleva la mano al costado de la boca, empuja su lengua contra el interior de su mejilla y finge estar chupándole la pija, prepárese para guardarle también otro “pedacito”, más entrada la noche… usted me entendió. Si. Termina con “oronga”, sí. Los velos de la seducción, amigo mío.


ChinchuChinchutip: Con sólo 80 pesos usted puede comprar los ladrillos y el cemento refractario necesarios para fabricarse la base del área de trabajo. Si no, ponga una chapa y haga el fuego sobre la misma. ¡Practiquísimo!



2) Busque leña: eso de quemar churrascos cubiertos de mermelada haciendo el fuego con nafta es cosa de norteamericanos. El asado se cocina sin llamas: lo que se utiliza es el calor producido por las brasas. Durante el otoño, los restos de poda de cualquier árbol de la cuadra le darán a usted la suficiente cantidad de leña como para no tener que comprarla. Tanto para dejarla contenta a su vecina como para que pueda generarse la cantidad de brasa requerida para la labor, usted deberá utilizar trozos grandes. ¿Qué? ¿No juntó leña porque le daba vergüenza que la gente pensara que era un pobre diablo? Bueno, use carbón entonces, pero de buena calidad. El carbón de la cadena de supermercados Carrefour, por ejemplo, es lo peor que he podido experimentar en toda mi vida, y eso que una vez me agarré SIDA y me curé levantando pesas. Lo barato sale caro, y en una de esas usted se luce comprando algo de leña. Ya sea comprada, heredada o robada, la leña debe estar siempre seca. La experticia del asador se mide de dos maneras: una de ellas es la cantidad de leña que usa para el asado: si usa el equivalente a un bosque de pinos para hacer cuatro chorizos, es porque no era tan bueno.


ChinchuChinchutip: Los días de mucha humedad son fatales para el asado. En ese caso, usted va a gastar más leña y a tener que prestarle más atención, porque la brasa tiende a apagarse. Trate de que Navidad caiga en un día seco. Un 25 de Diciembre, de ser posible. ¡Éxitos!



3) Aprenda a encender un fuego. Parece mentira, pero hay gente que no sabe prender el fuego y termina usando rollos de papel, cartón, alcohol fino, querosén, pólvora, etc. Un regalo de Dios son los cajones de verdulero o carnicero (esos finitos y desparejos), que parecen diseñados a tal fin. Usted agarra cuatro hojas de diario, las pone debajo del ordinario cajón haciendo un bollo no muy compacto (debe quedar aireado), acumula maderitas de cualquier tipo alrededor y le manda un fósforo. Y listo, fuego. En caso de no contar con tal cajón, el procedimiento milenario que aprendí de mi padre es el siguiente: se hace el bollo aireado de papel y a su alrededor se van apilando pajitas, palitos y maderitas finitas, hasta formar una suerte de pequeña choza o kibutz (¿se escribe así?). Luego se va aumentando el tamaño de las maderitas (y carboncitos), siempre procurando dejar espacio, cosa de que el aire circule y no sólo se consiga un puñado de papel quemado. Finalmente, se delimita el área (para que no se caigan todo a la mierda) ubicando tres o cuatro leños del tamaño de un brazo formando un triángulo en la base. Y listo: no hace falta andar toqueteándolo, ni soplándolo, ni abanicándolo. Deje de hacer el ridículo.


ChinchuChinchutip: Use calzado cerrado y semi-destruido para hacer el asado, en caso de ser inexperto. Las brasas no sólo pueden quemarlo a usted, sino también arruinarle un par de ojotas. Cuando aprenda a “ser uno” con el fuego usted podrá hacerlo, si gusta, emulando a mi amo: descalzo, desnudo y cubierto de sangre de cordero, con el chamamé a todo volumen. ¡Sapucai!



4) La parrilla. Se habrán dado cuenta –o no- de que vamos a hacer el asado a la parrilla y no al asador criollo (ese que parece una cruz de hierro). Y si bien cuento con asador, la verdad es que la parrilla me permite tirar y degustar más variedad de animales con menos inversión de laburo y tiempo, dejándome espacio para preparar las ensaladas, revisar la munición de mis armas y repasar el filo de mi cuchillo asador. La buena parrilla no es enlozada, sino de hierro crudo, que se va ennegreciendo y haciendo macho a medida que transcurren los asados. Las mejores son unas hechas por sabios herreros milenarios, compuestas de varillas de hierro del que usan los albañiles (la mía es de esas que tienen unas varillas en forma de “v” y escurren la grasa. Venía con la casa). La parrilla no se lava con jabón ni con detergente. No se lava nunca, sino que se limpia quemándose cuando el fuego se inicia (ver punto 3). Usted la envuelve en llamas durante cinco minutos y luego con un bollo de papel va repasando, cosa de que quede piola, piola y sin hollín.


ChinchuChunchutip: A esta altura del procedimiento quiero recordarle que las herramientas necesarias para el acomodamiento del fuego son una pala y un atizador, pudiendo éste último ser reemplazado por un palo de escoba o una espada. ¡Anímese!



5) La carne en general. La oootra forma de medir la experticia del asador es el tamaño de los cortes que utiliza (cuanto más grande el trozo, más muñeca tiene el tipo, en todos los ámbitos de la vida). La carne tiene que estar descongelada, a temperatura ambiente de ser posible. El mejor lugar donde comprarla siempre será la carnicería del barrio, con el carnicero de confianza. Si va a comprar en el supermercado, prepárese para gastar más y traer menos calidad, a menos que por “supermercado” usted entienda los cortes de súper-selección-premium-golden de Jumbo. Excelentísima carne, pero muy cara, viejo. Muy cara. Para que yo te pague eso vos me tenés que mostrar un certificado analítico en el que se demuestre que esa vaca no sólo hizo el secundario en el Nacional Buenos Aires sino que también lo terminó con un promedio mayor o igual a 8.Así también le recomiendo no comprar brusquetas de pollo hechas, ya que el pollo entero es el único pollo confiable (cuanto más modificado su aspecto natural, menor la calidad). Las brusquetas se hacen con los pollos enteros no vendidos, las hamburguesas se hacen con las brusquetas no vendidas, y las patitas de pollo de hacen con todo eso no vendido, molido. Las supremas rebozadas, lo mismo.

Hay quienes optan por lavarla, pero yo soy partidario de limpiarla un poco con el canto del cuchillo (para sacar virutas de grasa y hueso) y nada más. Lo que sí debe lavarse es el pollo (ya sea que usted lo deshuese o no) y todo lo relacionado al triperío de los animales, como ser los chinchulines, los chorizos, el riñón, la tripa gorda, etc.


ChinchuChinchutip: La manera más espectacular y divertida de entretener a vuestros niños durante la navidad es enseñarles como se lava el chinchulín, ubicando un extremo del mismo en la canilla cual si fuera un globo de agua, y luego abriendo el grifo al máximo para que los desperdicios salgan expulsados por el otro extremo. Una vez que mi amo estaba borracho me lavó así. Quedaron secuelas. ¡Alegría! ¡Alegría!



6) La carne en la parrilla: Hay cortes que van a la parrilla y cortes que no. A la parrilla van la entraña, el asado, el vacío, la tapa de asado, el bife de chorizo, el matambre, el pechito de cerdo con manto, el matambrito de cerdo, la bondiola, el cerdo entero y no sé de que parte de qué animal mitológico saldrá la provoletta, pero también va. A la entraña se le puede quitar la membrana (queda delicadísima y se cocina en quince minutos), al chorizo no hace falta pincharlo, el asado va primero con el lado del hueso contra las llamas, no es necesario hervir previamente el matambre, el riñón queda mejor si se cocina con la grasa que lo protege y al cordero hay que quitarle la catinga.

Obviamente usted ya esparció suficiente brasa y dejó además a un costado algunos leños y carbones haciendo más fuego. La parrilla tiene que estar bien, pero bien caliente, sin estar volando, porque usted quiere que la superficie de la carne se selle, se ponga crocante. Si cuando usted pone la carne en el fuego la misma “se queja” haciendo un leve ruidito de “cosa que se está cocinando”, es porque la temperatura era la correcta. Si no pasa nada, es porque la parrilla está fría y hay que agregar más brasa. Y si empieza a salir humo y a usted le agarra fuego el vello facial mientras acomoda los chorizos, es porque estaba muy caliente. Tírese al piso y ruede.


ChinchuChinchutip: La temperatura se regula quitando o agregando brasa en el caso de todas las parrillas, si bien algunas personas regulan la altura de la parrilla poniendo o sacando ladrillos y las parrillas prefabricadas suelen contar con una manivela que les permite subir y bajar, modificando el grado de exposición al calor. Usted déjela fija a unos quince centímetros y aprenda a manejar la brasa. ¡Un aplauso para el asador!



7) El mientras tanto. Lo peor para el asado son lo asadores hacendosos. La participación del ser humano es mínima, una vez puesta la carne en la parrilla, y debe resumirse a controlar que no falte brasa, transcurrido un buen rato. La carne no se toca: nada de andar moviéndola o pinchándola de acá para allá porque hay más o menos fuego, de mirar si se quemó, si se cocinó, si está cruda. Si está aburrido tóquese el pito. Para darse cuenta si está lista para darse vuelta o no, basta con esperar a que comience a mostrar jugo sanguíneo en su superficie: es entonces que hay que darla vuelta, condimentarla con chimichurri (si gusta) y salarla. En las piezas más grandes (supongamos un vacío entero) uno puede apoyar la mano sobre la superficie del alimento sin quemarse y sentir que en su interior los jugos “hierven”. Y entonces, lo da vuelta. Aproveche los tiempos muertos para ir a comprar pan fresco, servirse una cervecita o amenazar a sus ex-compañeros de trabajo desde un celular robado, con cosas como: ¡Qué lindo que está el nene, che! ¿Cumplió tres, no? ¿Te acordás de mi? Che, ¡el otro día estaba revisando tu basura por casualidad y me di cuenta de que tomamos la misma marca de jugo!


ChinchuChinchutip: Dejando de lado la entraña, una golosinita recomendable para que el asador desayune es la gruesa y larga salchicha de Viena con piel, que se compra en carnicerías y granjas. Crocante y dorada en poco rato, llena de sabor y deliciosa, es casi mejor compañía que Valeria de Gennaro sacándose el corpiño a la voz de “uff… qué calor hace al lado de la parrilla, Andrés”. ¡Tetas!



8) El punto de la carne. Las carnes a la parrilla deberían servirse en su punto, cocidas, crocantes por fuera pero jugosas y rosadas por dentro, y si bien los cortes suelen tener sus puntos ideales en los cuales se obtienen las mejores texturas y sabores, lo cierto es que el comensal es el que decide el punto, porque es el que se la va a terminar llevando a la boca. ¿Acaso yo lo juzgo a usted por andar mirando pornografía de gordas? Si su suegra es de comer suela de zapato, bueno, que espere a que la carne se pase de punto entonces. Si su sobrino se pasa el día diciendo que quiere que el vacío esté bien jugoso, dele el gusto y póngalo en la parrilla un rato después. Y si su hija adolescente no come otra cosa que no sea morcilla entera sin cubiertos, bueno, la vida es así. Vea el vaso medio lleno: tenga en cuenta que cuanto más le guste a su hija que le acaben en la cara, menos oportunidades tendrá de quedar embarazada. ¿Usted que prefiere: que ese negro que tiene de novio la goce o que la goce y le haga a usted un nieto? ¿Vió?


ChinchuChinchutip: Asegúrese de prestar atención particular al punto de las achuras. Los chinchulines demasiado cocidos son incomibles y los chorizos crudos, letales. ¡Muerte!



9) Los acompañamientos. Uno es dueño de comer ensalada de plumas, siempre y cuando esté dispuesto a pagarla, pero mediante la prueba y el error he descubierto que ciertas combinaciones funcionan de un modo casi mágico. Una ensalada de papas cortadas en cubos, con huevo picado, mayonesa, aceite mezcla de oliva y perejil fresco es la amante perfecta de los chorizos y salchichas parrilleras. El morrón asado (y casi cualquier vegetal quemado) acompaña muy bien cualquier parte del pollo, el puré de batatas con mucha manteca se unta de maravillas sobre el cerdo y el cordero, y el asado sabe mejor junto a la ensalada mixta, vaya Dios a saber porqué. ¿Las papas fritas? Yo creo que van bien hasta con el café con leche, pero a menos que cuente usted con un empleado y una freidora nunca van a alcanzar para abastecer a todos los comensales navideños. No haga eso de freir tres kilos y luego servirlas en un estado lamentable, frías, amojosadas y dobladas, o recalentadas. En serio, no.


ChinchuChinchutip: Pruebe lo siguiente: tome un morrón colorado y hágale un pequeño corte en un costado. Inserte a través del corte un diente de ajo, un rulo de manteca, unos granos de sal gruesa y una ramita de tomillo, píntelo con aceite y cual si fuese un chorizo más, cocínelo lentamente en la parrilla –no sobre las brasas- hasta que se rompa. ¡Un manjar!



10) El chimichurri. Y por último, lo que debería ir primero. El chimichurri se prepara por lo menos un día antes de comerse, y su fórmula varía de acuerdo a las tradiciones familiares. Algunos ingredientes pueden omitirse (pimienta negra, orégano, vinagre) pero son indiscutibles el ajo, el perejil, un aceite suave y el ají molido. Yo, porque soy un tipo muy especial, suelo dejar que los comensales decidan si quieren chimichurri o no, pero hay quienes le ponen chimichurri a todo el asado. Algunos loquitos también le ponen limón, más por costumbre heredada que por verdadero disfrute.


ChinchuChinchutip: ¡Felices fiestas para todos los damospenienses en buena ley!

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Todo esto pasa porque me voy de mambo (Porque soy Mamboretá, ¿entienden? Jajajajajajaaaa… no hay caso: la alta comedia es mi fino arte y este blog es mi obra maestra) con la comida y termino cenando como un degenerado, mezclando fainá con papas fritas, sánguches de “lomito” (las comillas se deben a que no confío en la calidad o legitimidad de las materias primas en los establecimientos sanfernandinos cuyo nombre comienza con la palabra “parador”), varios tipos de bebidas gaseosas y dos tortas diferentes, una de ellas la de mi casamiento, que se la viene bancando bastante bien a pesar de que tiene más de tres meses y la cadena de frío se le cortó una seis veces, nomás esta semana.

Me refiero al peor sueño que he tenido en mucho tiempo. Una pesadilla, obviamente.

Resulta que yo estaba no sé dónde. Parecía una feria de las que hacen en los pueblos norteamericanos, una cosa al aire libre, llena de gente haciendo barullo, tipo Woodstock, o esa feria circense del capítulo de los Simpsons donde Homero y Bart terminan empleándose para pagar una deuda.

A veces no recuerdo cuánto tiempo pasó desde la muerte de mi papá. Cuatro años van a hacer en algunos meses. La cuestión es que, de un momento para el otro, y con menos tiempo del que una morena víctima del desamparo social negada de su derecho a la educación necesita para expropiar ilegítimamente un teléfono celular a la salida de Unicenter, yo me hallaba acostado sobre el pasto. O recostado, o medio echado de lado, tipo perro. Sujetando la mano de mi viejo.

Podría haber soñado con otro tipo de situaciones, digo… podría haber soñado con eso de que Kirchner Néstor dice que todos los que hacen escraches al oficialismo son “GRUPOS DE TAREAS”. No digan que no les encantó cuando lo oyeron, porque no les creo ni les voy a creer nunca. Entre nosotros… yo siempre quise pertenecer a un grupo de tareas, y ahora que lo pienso quizá no lo soñé precisamente porque ya lo soñé muchas veces. No importan las tareas (no lo digo yo, lo dice el ex-presi). Suena a que uno es útil y necesario; que está haciendo algo. Escraches u otra cosa, habría que preguntarle a Kirchner. O podría haber soñado con toda esa gente que fue a oponerse al despiporre del patoterismo “K” desde el monumento al zoológico, o eso que está ahí en Palermo. O con el hecho de que en cualquier momento, si continúo sin conseguir empleo cruzaré la línea imaginaria que me separa de los indigentes y pasaré a ser clase re-baja, viéndome obligado a utilizar ambos lados del papel higiénico.

Y en el sueño mi viejo me hablaba, algo me decía, pero no recuerdo qué. Se lo veía despreocupado, y vivo. Yo, a su lado, no lo soltaba y también le decía algo… tampoco recuerdo qué. Pero yo –si bien recuerdo una sensación de alegría en un principio- lloraba, y lloraba. Lloraba con angustia, ahogándome en lágrimas. Copiosamente, de una manera que no recuerdo haber utilizado despierto (realmente, no me creo capaz de llorar así, aunque puede que lo haya hecho). Lloraba deprimido, sintiendo náuseas, descomponiéndome. Lloraba –insisto- ahogándome, hablando y llorando. Dicen los estudiosos de las universidades que el sueño en realidad dura unos pocos instantes, o a lo sumo media hora, entre intervalos en los que salimos y entramos del sueño. Pero, les digo, este llanto mío en el sueño debe haber durado horas, y horas, y horas. Debo haber entrado y salido más veces que el marido de Pamela David en Pamela David. Un llanto largo y grueso, como imagino que debe ser el miembro de Michael Clarke Duncan. Si yo tuviese algo así, de seguro le adosaría espinas o una cuchilla, y lo usaría para defender a los más débiles.

Pero cuando desperté, no tenía fuerzas para nada. No estaba mojado, porque no había “cruzado” la barrera y llorado realmente, pero… me sentía aplastado. Como esa escena de “Mi Pobre Angelito 2” en la que Macaulay se reencuentra con su madre en la plaza, en New York, salvo que en vez de Macaulay era Mantis, y en vez de la plaza era un infierno completamente oscuro dentro de mi propia conciencia, y en vez de reencontrarme con mi familia en Navidad yo me hallaba tratando de luchar contra las ganas de vomitar sangre y soldaduras que tiene un murciélago vampiro al cual un niño cruel enciende mediante fósforos y alcohol etílico. Ahora que lo pienso, puesto así no se parece mucho a “Mi pobre Angelito 2”. Sepan disculpar.

Pero la pregunta agro-exportadora del día es: ¿Han tenido ustedes alguna pesadilla verdaderamente castigadora de un tiempo a esta parte? Y en caso de ser un “si” la respuesta… ¿De qué se trataba?

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ChinchulinChe… che…
¿No les cae mejor Lousteau, desde hoy? ¿A ustedes no les parecía también que en las fotos con los otros viejos mafiosos quedaba medio fulero? ¿Lo imaginaban yendo a comer a lo de D´Elía con su esposa? ¿Tendrá fotolog?

Y ya que estamos hablando de mafiosos: ¿Quién tiene más madera de López Rega? ¿Moreno, De Vido, Rasputín o Alberto Fernández?

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Tal vez no todo tiempo pasado haya sido mejor, pero por lo menos, era tiempo… Mientras escribo estas líneas sin remitente aparente y la frente sangrante debido a las esquirlas que rasgan mi cuerpo, explosión tras explosión desde hace días, no puedo sino preguntarme, ¿Podría haberse evitado todo esto? El ruido de las sirenas es inconfundible, el olor de la muerte es innegable: ha llegado el fin de la civilización tal y como la conocemos.

ChinchulînDiego Golombek, director el laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conycet había sabido alertarnos, pero no lo escuchamos. María Daraio, una especialista en sueño del Hospital Italiano de Buenos Aires también quiso librarnos del mal que podía avecinarse, y ¡Rayos! Ninguno de nosotros fue capaz de hacer nada. Las autoridades estaban decididas a llevar a cabo su plan, jugando con fuerzas que les eran desconocidas. Se nos avisó acerca de los trastornos que podrían ocasionársenos, pero fuimos sordos… fuimos bestias directo al matadero. Fuimos lemmings de reloj, incapaces de hacer nada, quizá borrachos de festejos navideños; tal vez crueles alucinados.

Lo reconozco, yo también creí que no sería tan grave. Me dije a mi mismo: Me cagarán una hora de sueño del domingo, a lo sumo. Pero fue mucho más que eso. Fue el fin del principio del fin de la civilización tal y como la conocíamos.

El primer caso de desorden temporal grave y que llegó a los medios fue el de mi amo, y por eso es que esto se escribe. Andrés de gracia al nacer, en la red se lo conocía medianamente nomás a través de su nombre de guerra: “Mantis”, si bien hoy quienes lo recordamos nos referimos a él como al “Primer caído”.

Mi imaginación recrea una, y otra y otra vez la misma sucesión de hechos que los medios de comunicación repitieron hasta el cansancio, o mejor dicho, hasta que los casos comenzaron a ser incontables: Mantis, acostumbrado a tomarse el tren todos los días a las 7.00 hs. Había desarrollado, cual perro de Pavlov, la costumbre lógica de subir al tren a las 7.00hs. Mi amo era sensato. Pero cuando el horario cambió y los malditos relojes se adelantaron una hora, el pobre diablo terminó dándose de bruces con la realidad de que el tren de las 6.00 (que pasó a ser el de las 7 en este mundo nuevo, por lo menos mientras el sistema ferroviario todavía funcionaba) no pasaba sino a las 7.05, por lo que cayó a las vías sin remedio y luego debió aguardar aprox. 5 minutos ahí tirado, hasta ser arrollado finalmente por un maquinista piadoso. Un motorman que le arrebató ese infierno al que hoy todos los sobrevivientes del “adelanto”, cuales cobayos humanos, estamos siendo sometidos…

Para cuando quiso volverse atrás la gente ya había sido demasiado confundida. Imagínese quien lea estas líneas, entonces a un hombre que todos los días deja a su esposa en el trabajo a las 9.00hs. Cambia (retrocede) el horario, pero ellos no se dan cuenta, y ella termina teniendo que hacer tiempo en un bar cercano al edificio donde trabaja. El marido, que estaba haciendo trámites ahí cerca, pasa con el auto entonces a tomarse un cafecito, precisamente en el bar en el que sospechosamente su esposa se encuentra tomando un café. La mesita es para dos, y ella le hace señas al mozo, pero… ¿qué señas son esas? Puede ser que le haya pedido una Coca Light o que le haya dicho “No, no me traiga nada, estoy esperando a otra persona”… Y esa otra persona seguramente es ese compañero de trabajo que se separó hace poco y tiene una cara de ganas de culear que no se puede creer. Entonces, el tipo ante la duda, la mata por hija de puta y se suicida. Pavor, sí, pavor.

Eso que ustedes imaginaron, pasó. Todo pasa: ya no hay improbables ni imposibles. Los que no murieron en accidentes lo harán pronto, debido a que las horas de solo nocivo se confundieron al punto de que el hombre que no tiene cáncer de piel por tomar sol a destiempo es elegido por padres que entregan a sus hijas vírgenes a cambio de nada, contentos con sólo saber que sus nietos serán de “semilla fuerte y saludable”… las palermogólicas no lo entendieron, y hoy son tan sólo un recuerdo borroso… Es el fin de la civilización tal y como la conocemos…

Entre la desesperación del no saber el momento en que se vivía y la imposibilidad de determinarlo a través de los programas televisivos (cuando todavía se realizaban transmisiones televisivas) debido a que los mismos no tenían por ese entonces horario fijo sino que se estiraban de acuerdo a lo que el otro canal estaba mostrando (en feroz competencia por el rating y los anunciantes) y el oprimir un botón haciendo explotar los reactores en la Central Nuclear de Atucha I no pasaron sino algunas pocas horas. Y como ese: cientos de ejemplos, miles de anécdotas sueltas… anécdotas que lo certifican: es el fin de la civilización tal y como la conocemos.

Lo único que queda por destruir en esta parte del mundo, es lo que se está destruyendo. Ya no existe la creación en ningún sentido… Supuestamente, en las predicciones más optimistas se aclaró que el cuerpo humano se “acostumbraría” en unos cinco días aproximadamente. ¡Desafío entonces a cualquiera a vivir en ese vórtice, en ese agujero negro, esa forma inescrupulosa de existencia, llena de espacio pero absolutamente vacía de tiempo! ¡Cómo haríamos entonces para saber cuando habían terminado esos cinco días! En una de esas faltaba una hora y recién iban 4 días y veintitrés horas! ¡O aún peor: iban ya cinco días y una hora, y pasado el lapso estimado aún seguíamos sin poder adaptarnos! Nadie lo pensó… o todos lo pensaron… pero lo cierto es que nadie se hizo cargo. Los argentinos, inadaptados biológicos o no, dejaron de cobrar su “presentismo” y se dieron entonces a sucumbir irremediablemente. Como venados histéricos o lechuzas insomnes, como árboles faltos de sueño, como yogures hediondos pero atiborrados de fechas de vencimiento despintadas, contradictorias, indecisas…

Se escuchan pasos…. Siempre se escuchan pasos. No hay lugar donde esconderse, ni tiempos que esperar. Llevo conmigo el reloj pulsera de mi amo (ese día Mantis había salido nomás con el reloj del teléfono celular), y tan sólo gracias al mismo he conseguido escapar de la demencia. Pero es difícil saber que cada segundo que pasa puede ser de esta hora o de la anterior. O de la siguiente ¿Cómo saberlo? Aterra. Enloquezco poco a poco pero no temo. Aunque el tiempo ya no exista yo estoy decidido a sobrevivir… La rebelión, organizada desde Mendoza por ese grupo rebelde conocido como “Los Impuntuales” se hace fuerte entre los escombros, y lucha día a día, tratando de alcanzar esa primera quincena de marzo que podría devolverlo todo a la normalidad, o al menos, a todo lo que alguna vez fuimos como especie y como república. ¿Quién lo hubiera dicho? Si consigo llegar allí, o contactarme aquí con uno de sus miembros enviados desde Neuquén, mis posibilidades serán otras… sus puestas de sol cercanas a la medianoche los pusieron en ventaja: les dieron una oportunidad que en un momento habían llegado a ver como una herida propia del país que piensa y pensó siempre en porteño, solamente.

Los pasos se acercan. Detengo mi pluma con prisa pero no con miedo, sabiendo que mi vida es un bien escaso, pero que vale el tiempo que cualquiera pudiese dedicar a leer estas palabras.



Chinchulín.

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Chinchulî La comisión directiva del Damos Pena Fútbol Club les desea a todos los damospenienses de ley una muy Feliz Navidad. También les desea otras cosas… por ejemplo, que no les haya tocado tener que levantarse temprano para ir a trabajar. Venir a trabajar.

A mí en lo personal todo este asunto me sirve porque esta noche es fija que me armo un polígono de tiro casero al fondo de casa y pruebo la mira de punto láser que le adosé a la Mantispistola. Aparte, un policía que estaba borracho me dijo que borracho tirás mejor porque se te relajan las falanges.

Que el nacimiento de un ser en el que creen dos de cada cinco sirva de excusa para que se coma, se beba y se copule más amena, hipócrita y copiosamente que durante el resto del año. Que el homenaje a los que ya no están sea el recordarlos haciendo algo con ellos, aunque no estén. Yo voy a sacar la Playstation y la tele al patio, donde el asado se hará intercalando temas de Miranda y “chamameses”.

También es una excusa para traerlo de vuelta al negrito, quien debido a que el espíritu navideño me ha tocado, vuelve a formar parte del plantel en actividad.

Saludos.

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El Chinchu en todo su esplendor cuartomundistaAlgunos de ustedes ya están al tanto, pero así y todo no está de más avisar al resto. El ya bastante famoso Chinchulín, esclavo de quien suscribe y mascota de este blog, ha sido entrevistado por Lindsay Gutierrez, en una exclusiva del blog “Polenta con Pajaritos”, regido por The Bug, que de acuerdo a lo que sé podría bien tratarse de un señor santafesino con pinta de buena gente o una degenerada más de las tantas que intiman con Jorge Mux amparadas bajo la excusa de “nos vamos de investigación para escribir cosas nuevas en “¿Qué estas buscando?”.

Les dejo un fragmento de todo el asunto, hagan click aquí para leer la entrevista completa.



Lindsay: ¿Cosas que más te asustan?

Chinchulín: Ufff… muchas. No sabría por cual comenzar. Meses atrás, cuando todavía vivía encadenado, una de las cosas que más me asustaba era ver que mi amo se preparaba para jugar al borracho imaginario. Porque él no bebe alcohol, pero a veces cuando esta medio, como quien dice, “al divino botón”, se hace el borracho. Y es un borracho imaginario del tipo violento, recuerdo que me gritaba cosas muy feas. Lo que más me asustaría hoy en día, sería el tener que regresar a mi África natal, o ser enviado a Venezuela por error en una encomienda. Aunque el hecho de que un ratón pudiese metérseme adentro por la boca y salir comiendo mis intestinos también me asusta. Mi amo dice que puede pasar eso si dormís más de tres horas al día, y por eso a veces me da vidrio molido para comer. Dice que eso me ayuda porque el ratón que se corta el hocico y no puede morderme, y debe ser verdad, porque me sale bastante sangre por el ano. Suerte que no es mía, ¿no?


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