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Archive for 7/12/06

Papelones Apingüinados

Yo por Dentro – Vida Diaria – Cine, tele y así – Madre Naturaleza

Estuve pensando en eso de las papeleras de Botnia, y el banco mundial aprobando el financiamiento. Ya saben, todo el escandalete de turno que estamos haciéndole a los uruguayos nomás de bronca porque no nos pudimos quedar nosotros con las ganancias económicas legales, ni con las cometas. Porque nadie me va a decir que con una valija henchida de plata no arreglaban a quien hiciese falta en Entre Ríos.

Ahora, por suerte y a pedido de nuestro excelentísimo señor presidente, sabemos que el Rey de España ha tomado cartas en el asunto y está trabajando en eso de “destrabar el conflicto”. Menos mal, porque yo ya no sabia que hacer. Y si así y todo falla su mediación (no entiendo porqué debería fallar, considerando que si algo caracteriza a las monarquías europeas es su habilidad histórica a la hora de desinteresadamente evitar batallas y guerras territoriales con otros reinos o pueblos no tan bien armados), se sabe que estamos viendo como hacemos para contagiarlo de papanatismo también a Mikhail Gorbachyov, con manchita en la pelada y todo, para que interceda ante Finlandia. Somos unos genios bárbaros.

Pero hablando un poco más en serio, me da miedo que la cosa siga en aumento. Que todo se vaya al diablo por alguna boqueada de alguno de los dos bandos, y entremos en guerra, en vez de llegar a una solución pacífica. Digo, tranquilamente podría terminar todo en un conflicto bélico. Y dejando de lado lo de “justo” o “injusto”, no sería conveniente que a esa guerra tuviese que ir yo, eso es evidente. Soy un hombre relativamente torpe, joven, de entre 20 y 30 años, anteojos, educación terciaria incompleta y una novia que además de ser hermosa, trabaja en la docencia y me tiene perdidamente enamorado. Cualquiera sabe que eso significa que soy número puesto; la quintaesencia del flaco que va a morir a la guerra. Un francotirador enemigo me haría de goma nomás antes de desembarcar, o se me explotaría una granada. O pisaría una mina, no lo sé… oh, ¡las opciones son tantas! Habría que ver. No me interesa salir vencedor o vencido: lo que quiero es evitar la guerra. O mejor dicho, mi muerte. Y se me ocurre una manera efectiva de hacerlo.

¿Qué es lo peor de la guerra? Que mueren mujeres, niñitos, cachorritos y cositas inocentes, según dicen. Si yo muriese en la guerra, nadie haría tanto ruido. Propongo entonces que en caso de guerra con Uruguay, nuestra primera línea de batalla esté compuesta por la selección argentina de las próximas olimpiadas especiales. Con sillas de ruedas, pelotas sonoras, boletas de “La Solidaria”, bolsas de panes para panchos y demás artilugios y carencias. Cuanto más “especiales”, estropeados o jóvenes, más cercanos estarían al frente de batalla. A los “murciélagos”, los recientemente coronados campeones de fútbol para ciegos, valdría armarlos tan sólo con escudos vivientes hechos a base de gatitos de un mes de vida.

Los uruguayos podrían decir que estamos cometiendo un crimen de guerra y atacar así y todo, sí, pero entonces quedarían tan mal parados ante la opinión general, que George Bush Jr. podría lanzarles encima todas sus bombas atómicas y prácticamente el mundo entero estaría de acuerdo en que tal medida era lo más justo.

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