Días atrás tuve que someterme al análisis pre-matrimonial. Aviso a los que estén interesados en casarse que el análisis se lleva a cabo con el objeto de detectar enfermedades de transmisión sexual, y también, porque no, con el objeto jeringa. Jajajajajaja… soy un loco lindo. Pero el verdadero chiste está en el hecho de que el exámen no incluye un test de HIV, lo cual nos demuestra que todo el asunto no es más que una fantochada que hace juego con el país en que vivimos y que permite dibujar mejor los números que licuan fondos municipales, sanitarios, etc.
Lo que me lleva a escribir estas líneas, sin embargo no tiene que ver con mi análisis de sangre, ni con la Argentina, sino con Michael Jackson. Paso a explicar…
Usualmente, yo trabajo por las mañanasen una corporación (que espero sea maligna), desde muy temprano hasta media tarde. Al tener que extraérseme la sangre muy temprano, pedí a un compañero de trabajo un conveniente cambio de horario, cosa de no tener que pedir un día a la empresa (si me quedo en casa me hacen trabajar más y cuando vuelvo al laburo resulta que nadie hizo mi trabajo y tengo trabajo doble). Tuve que trabajar a la tarde y salir a la noche, llegando a casa a eso de las once y media, hora que debería encontrarme ya bañadito y dormidito (o solamente dormidito si es invierno), o mirando algún documental en The History Channel, más precisamente de esos en los cuales un montón de veteranos de guerra norteamericanos cuentan sus hazañas y una voz en off lee cartas de tipos que debido a motivos obvios no llegaron a ser veteranos de esos que cuentan sus hazañas en algún documental en The History Channel.
En mi domicilio, por diversas razones, no había nadie. Entonces sin apoyar siquiera el bolso en una silla abrí el horno, lugar donde recordaba haber dejado una bandeja con unos restos manoseados de pollo asado y calabazas grilladas. Pensé en lavarme las manos, pero a veces también gusto de poner a prueba mis defensas, ya que eso de andar todo el tiempo esterilizado suele resultar contraproducente, al no fortalecerse uno como lo hacen los encantadores de serpientes (dejándose inyectar un poquito de veneno de vez en cuando).
-Qué Pollo, pollo, qué po… –le dije escupiendo mientras masticaba, imponiendo una melodía que hoy puedo asociar a Rafaela Carrá-. Qué pollo, pollo, qué pollo sos…
Y prendí la radio con un nudillo, esperando la compañía de otra voz humana. No puede culpárseme: desde que empecé a interiorizarme en esto de los zombis estoy muy susceptible y no bajo de DEFCON 4, al punto de que mis entusiasmos por comprar una escopeta se han elevado y ya inquietan a mi prometida. A través del artefacto (la radio, no la escopeta) la voz de Jorge Formento me saludaba y me invitaba a moverme al ritmo de Michael Jackson, y su “Thriller”. Imagino que cuando la voz de Formento suena a través de tu escopeta lo mejor es no hacerle caso.
Y fue entonces que me di cuenta: Todos tenemos por lo menos un impresentable (impresentable quizá a ojos de terceros) al cual le bancamos los trapos, y les perdonamos sus trapisondas. Y tenemos nuestras razones para ello, válidas o no. El mío no es Jorge Formento, sino Michael Jackson.
No digo que el día de mañana vaya a entregarle a mi hijo para una tarde de té y galletas en su rancho a fin de ganarme su simpatía o amistad, pero me resulta muy fácil de imaginar una conversación que tomaría lugar si me lo encontrase esperando el colectivo.
Mantis: -Hola…
Michael Jackson: -Hi…
Mantis: -Estoy yendo a casa de mi ahijadito Mateo. Recién debe haber venido del colegio, empezó la primaria hace poco.
Michael Jackson: -I just can´t understand what you´re…
Mantis: -I have a six-years-old-naked-boy waiting for you, Michael. Don´t play the inocent card on me: It´s not going to work and you don´t have to, anyway.
Michael Jackson: -Ok…ok…
Morgan: -He´s such a beautiful boy… so curious… so pure… with so much to learn about loving. It´s a little shy, but vibrant at the same time… and his skin is softer than a pony´s nose under a rainbow made of hymens…
Mantis: -… ¿Morgan? Jajajaja… ¿qué haces tú por aquí, mi fiambrerus-erectus preferido?
Morgan: -Se me rompió el auto.
Michael Jackson: -…oh, Dear… oh, you poor little grownup…
Yo, a Michael Jackson le banco los trapos, sí. A pesar de que el tipo es el pedófilo por excelencia, compitiendo palmo a palmo con la iglesia católica toda. Se construyó un rancho alejado en el que atesora todas las cosas que a un niño podrían gustarle, léase juguetes, juegos de feria, animales de zoológico, toboganes, etc. Un rancho en el que ser niño no sólo esta bien, sino que es lo mejor del mundo, y también condición obligatoria. Neverland. Nunca Jamás. Carnada. Pero el tipo es el de “Rock with you”, y a mí con eso me alcanza. El caminante lunar se merece, de acuerdo a mis ojos, tener a su disposición todos los lampiños y virginales pitulines que puedan antojársele. Es el único tipo que me provocaría, probablemente, el deseo de pagar una barbaridad por asistir a un recital. No puedo enojarme con él, no me sale. Y me apena el hecho de que caracterizado como zombie en Thriller resulte menos repugnante fisicamente de lo que lo hace ahora.
Hay quienes lo bancan a Fidel Castro, por ejemplo, sin captar las señales del tipo “los deportistas cubanos aprovechan las giras de su seleccionado para huir, de tan felices que son en la isla”. Hay quienes la bancan a Cristina Fernández de Kirchner sin entender que las últimas elecciones fueron ganadas gracias al fraude, mas allá de las intenciones de voto, los buenos vientos económicos que favorecieron la gestión de su esposo o la verdadera fuerza de su aparato estatal, que le habría permitido probablemente una victoria honesta en las urnas. Hay quienes lo bancan a Rodolfo Walsh mas allá del terrorismo que el mismo planeó y ejecutó para acabar con la vida de más de un fulano, así también como más de uno lo banca a Videla, desconociendo la gravedad del “Terrorismo de Estado” y sus locuras imperdonables contra tanta gente, fuese culpable o inocente. Hay quienes lo bancan a Jesucristo, pese a que en una de esas, ni existió como lo dicta la Fe cristiana. Hay quienes lo bancan a Maradona, quienes a Perón y otros (muchos) a Julio Grondona. Hay quienes bancan a la Madre Teresa más allá de que sometía a los pobres innecesariamente para acercarlos más a Dios. Hay quienes lo bancamos a Roca a pesar de que haya dejado vivo a tanto indio. Hay para todo.
En un rincón recóndito de sus almas, las personas sensatas reconocen las fallas o aristas flagrantes que hacen humanos a sus héroes o referentes. Y rescatan únicamente lo que les interesa pero –a menos que sean verdaderos cabezotas- sin dejar de echar un ojo sobre lo que sus opositores denuncian, porque toda historia tiene dos caras y de héroe a terrorista suele haber una delgadísima frontera de distancia. O un muerto de distancia, y uno no sabe si el fin justifica los medios o si es absolutamente al revés, y las cosas que se hacen son tan buenas que, eventualmente, el resultado termina siendo un efecto secundario. Me refiero a personas, y no a ideologías, clubes de fútbol, agrupaciones o semejantes.
Usted tiene su corazoncito, y con él (cuénteme), ¿a quién le banca los trapos? ¿Y pese a qué?