Ando escribiendo menos, sí. Y peor. Pero voy a seguir justificándome agregando una excusa mucho mejor que esa de “tengo mucho trabajo” (que es cierta) y echaré sobre la mesa la posta: tengo fecha de casamiento definida y ando invirtiendo mi tiempo de otra manera, averiguando y definiendo algunas cosas referidas a ese respecto.
Lo primero con lo que se encuentra uno es con que todos lo quieren cagar (mil perdones por la rudeza he de pedir). Quizá a sabiendas de que ciertas cosas son inevitables (fotos, vestido, una torta, unos souvenires) los empresarios y mercedaeres del ramo ponen el precio que quieren y se las arreglan para intentar con muchas ganas lo que mejor les sale: poner cara de “sos un croto canuto, Mantis. Estás pensando en ahorrar para comprarte una escopeta usada de 900 pesos y no sos capaz de sacar un crédito hipotecario y pagar ochenta mil dólares para comprarte un traje lindo y acorde a la situación, lo tuyo es ilógico, pero no tan ilógico como la fidelidad de tu novia. Te merecés cuernos, basura de tipo, ¿Qué te vas a poner para casarte?”.
Una chomba muy linda imitación LaCoste medio paraguaya, tenía yo para ponerme. Pero no es el traje lo que me llevó a escribir estas líneas, sino el episodio que siguió a mi salida de un hotel de los tantos que supe visitar (y que sigo visitando) a fin de definir la locación más recomendable para mi noche de bodas. Aviso que no recuerdo el nombre del hotel en cuestión, más eso no importa, porque igual a ese se que no voy a ir. Esto aconteció el jueves 6 de diciembre, sobre la 9 de Julio (o su colectora), a metros del Obelisco. El calor era poco menos que insoportable, serían las cinco o seis de la tarde.
(Abro un paréntesis que me parece necesario para declarar lo siguiente: Yo, Mantis, no tengo pensado hacer uso de la fantástica velocidad de acceso a Internet vía Wi-Fi que pueda ofrecérseme en cualquier suite especial noche de bodas, y estoy dispuesto a hacer el trueque de tal beneficio en favor de una revitalizante docena de empanadas compuesta por dos de carne, cuatro de pollo, cuatro de jamón y queso, una de cebolla y queso y una de humita, amén de una Coca grande, se agradecerían los vasos pero en todo caso lo podemos charlar. Y siento profunda pena por todo aquel recién casado que se disponga a revisar su correo electrónico durante su noche de bodas.)
No había hecho yo una cuadra rumbo a la estación Terminal Retiro cuando una parejita de damas -absolutamente prostitutas de microcentro ellas- pasó contoneándose, sacudiendo sus encantos. Los peatones masculinos no pudieron sino empezar a chiflar y gesticular a la voz de “Una rubia y una morocha” o “Así, a las dos las quiero” o “Mirá que yeguas”. Las susodichas festejaban los halagos con sonrisitas y gestos amigos, como Dios manda.
Pero el amor fue más fuerte para un par de muchachos que caminaban a la par mía, quienes fijaron su atención en otro personaje que pasó rozándonos, ajeno a las prostitutas al menos en esta instancia (única en la que podría dar fe). Para imáginárselos a los muchachos basta con pensar en un joven cualquiera, de los que llevan mochila, no se afeitan de un modo frecuente y trabajan probablemente en un callcenter. Algo Nicolás Cabré. A las prostitutas anteriores no hizo falta que las describiese, ya sé. Uno tiene muy en claro como debería verse una prostituta como la gente a fin de que se la pueda identificar en plena avenida durante la tarde.
-¡Doctor, no lo puedo creer! –dijo uno.
-¡Es un honor! -dijo el otro
Era Bilardo.
Era Bilardo, con un carísimo traje gris oscuro (casi negro) y un aspecto mucho más juvenil que aquél que la televisión ofrece. Bien conservado el tipo, bronceado, medio rubión y prolijo, además de encamisado y perfumado. Vinieron a mí entonces recuerdos de hazañas, del mundial de 1986, de Maradona y la gloria futbolera que no volverá a repetirse, del bidón con sustancias alucinógenas prohibidas convidado a los brasileros… Recuerdos que me contaron o que vi por tele, obvio, yo no tengo anécdotas propias.
-¡Y yo acá sin la cámara! –se lamentaba uno
-¡No lo puedo creer! -insistía el otro
-Hola, chicos, hola, mucho gusto –decía Bilardo, hablando bien a lo Bilardo.
-¡Como puede ser que me esté saludando a mí, Doctor!
-¡Nos está saludando Bilardo!
Y así lo siguieron al grandioso Salvador Bilardo, tirándole elogios y admiraciones respetuosas (casi temerosas) a quien los saludó con un cariñoso apretón de manos pero mirando para otro lado y sin dejar de caminar rumbo a un taxi imaginario, como queriendo mandarse a mudar, presa de una muy cierta prisa.
-Muchas gracias, chicos –decía Bilardo, que era re-Bilardo.
-¡No puede ser que yo no haya salido con la cámara encima justo hoy! –repetía el uno.
-¡Me quiero matar! –declaraba el otro.
Y fue entonces que Bilardo puso en evidencia que los campeones están hechos de otra cosa. Ante la insistencia de los jóvenes que lo secundaban y perseguían quizá involuntariamente, empujados por fuerzas desconocidas, y cual si fuese la oca de oro, Bilardo se detuvo. Yo también me detuve y fingí mirar artículos de cuero en una vidriera, porque venía detrás del recorrido predestinado, observando la escena pero sin tener la necesidad de desviarme.
-Pará, pibe, no sufras más que estoy apurado –le dijo al uno, volteándose y sacando el celular del bolsillo derecho trasero de sus pantalones-. Nos sacamos una con el mío y te la mando.
Y así, Bilardo se peinó el cabello con los dedos, estiró el brazo hacia delante como cualquier chica de fotolog rodeada de sus amigas, y se inmortalizó acompañado de esos dos muchachos que más contentos no pudieron haber estado, y que llevarán una mejor anécdota que la mía pero quizá no puedan plasmarla con narrativa semejante, ya que las mil palabras le hacen falta nomás al que no tiene la foto. Foto en la que yo también creo haber salido, de rebote, de costado, o de casualidad, pegándole un sorbo a una botella de Villavicencio llena del agua de dispenser más tibia que jamás ha habido.
No era Gatorade, lamentablemente.
Que buena onda el tipo… No me lo imaginaba así.
Y felicidades por el casorio, ya espero leer sus aventuras por… por… ¿a donde es que se va de luna de miel?
Yo una vez fui con un par de amigos a la fábrica de Reusch (creo que es así el nombre… Fabrican camisetas de futbol, guantes de arquero y eso) para adquirir a precios módicos las camisetas de nuestro equipo de fútbol, y mientras estábamos ahí esperando en una oficinita entró el “Mono” Navaro Montoya, en aquel entonces arquero de Boca.
Siendo los tres fanáticos de la azul y oro, no pudimos menos que … quedarnos petrificados, mudos, mirándonos entre nosotros sin poder creerlo y sin atinar a pedirle ni siquiera un autógrafo.
Lo que se dice tres verdaderos pelotudos.
Felicidades por el casamiento y lo compadezco por tener ahora que tratar con ese ejercito de sanguijuelas miserables y ventajeras que son todos esos que “trabajan” de hacerle creer a uno que necesita un montón de cosas absolutamente inútiles para tener una fiesta decente.
Si me permite un consejo: Alquiler de quinta con quincho (por si llueve), generoso asado y cuando mucho uno que pase música. No hace falta mas. Lo que importa es el amor.
Ni idea… pero siempre quise conocer La Matanza.
Renegado: Es el respeto al Mono Navarro Montoya, hombre feo y que al otro lado de la cordillera supo enfrentarse tanto a gendarmes como caninos feroces por igual.
Ese buzo con el mono manejando la camioneta es lo más de lo más. Todavía lo tengo.
Ja, no sabe mantis la que se le viene.
Yo, me casé lo más gasolero posible, habia decidido no hacer fiesta, no me alcanzaba la plata, pasé la noche de bodas en viaje a Montevideo en la lancha que cruza a Carmelo, la fiesta fue a la canasta organizada por mis amigos y la hicimos en la sede del Grupo Scout al que pertenezco.
Muy, pero muy gasolero, pero teniendo en cuenta que nos vamos de vacaciones con mi familia en carpa todos los años no es de extrañar.
Suerte, felicidades, espero que le vaya tan bien como a mi (cursilidades aparte ya que esto no lo lee mi esposa), pero si la cosa no resulta haga que parezca un accidente, los velorios los cubre la obra social, los divorcios no.
Ah!, lo de Bilardo… yo una vez me cruse con Florencia Peña en un boliche, pero no, no hubo caso, no me dejo tocarle una teta.
Lo de las prostitutas fue para rellenar y para llamar la atencion ¿no?
Igualmente es verdad, para el acto en cuestion del casamiento, no hay mas que sanguijuelas muertas de hambre. Todo absolutamente todo cuesta mas de $1000 por cada cosa, lo que al final suma unos $7569,87 que tiene que laburar 6 meses sin comer para poder pagarlos.
Yo me casé y compre 200 sanguches de miga, hice en el patio de casa, y me fui de luna de miel a salinas(uruguay) a la casa de una tia en la lancha de carmelo.
Nunca en mi vida la pasé mejor.
Saludos.
Me cambié de pc.
Cacho: A mí el sindicato no me cubre nada, salvo descuentos en lunasdemiles predeterminadas. Que se vayan a bañar.
El Turi: No, lo de las prostitutas fue la mejor parte. La rubia tenía un escote casi tan bueno como las piernas de la morocha. Rajaban la tierra, las desgraciadas, y caminaban gatuneándose a más no poder.
Aunque la anécdota no es extraordinaria, tu descripción del cholulismo es magistral ¡Muy bueno! —lo tuyo, no el cholulismo— me hace pensar que en realidad no admiro tanto a nadie con quien me pueda encontrar de casualidad por estos rumbos y aunque hubiera alguien digno de todo reconocimiento, lo haría con la mayor dignidad posible, como entre pares, porque al fín de cuentas, todos entramos al baño y vamos rumbo al pozo como cualquiera, digo. Saludos.
Yo no se rumbo a qué pozos irá usted, hombre…
Si me encuentro con Clint Eastwood mientras estoy en la pedana de tiro del TFA SF, yo estoy seguro de que me cago, me río, me meo y vomito llorando. No necesariamente en ese orden.
Y yo que pensé que el paréntesis terminaba y después ibas a hacer una crítica de los servicios de los hoteles jajaja.
Che, éxitos con lo del casamiento!
Siempre me muero de risa con la manera que tenés de contar los hechos de la vida cotidiana para que suenen especiales.
Saludos!
Gloria al verborrágico e incallable Bilardo.
Un hombre que jamás se queda sin palabras.
Bienvenido al maravilloso mundo de la organización de casamientos!!
No hay nada tan lindo como gente que te estafa con una sonrisa.
2 tips: 1. que las fotos sean digitales y te las den todas, nada de quedarse con los contactos y ese tipo de cosas. 2. no digas la frase “es para casamiento” si podés evitarlo. Automáticamente pagás 50% menos.
Besos
Que no lo ablande el matrimonio, Mantis, que lo necesitamos!!!
Eli: Todavía no anduve habitando hoteles para criticar. Ya habrá oportunidad.
CapitánFla: De haber sido el Bambino, quién sabe que habría pasado… los muchachos no estaban muy creciditos. Eran de su target.
May: Creo que el fotografo será un amigo familiar de larga data. Creo, todavía no se decidió.
Igor: Yo lo necesito a usted más que a usted a mí, Igor. Un abrazo. Y no se preocupe, que estoy cada vez más duro.
otro tip, los amigos no tienen plan B, los fotógrafos a los que se les paga sí.
no se olvide de eso si quiere tener fotos del evento.
Es fotografo profesional, che, pobre flaco.
Todos los “profesionales desconocidos” que supe contratar hasta ahora no me hicieron sino desastres. La única manera de estar tranquilo o hacerme cargo completamente de los problemas es sacarlas saco yo (o mi novia, que es superior), y eso no es posible.
Feliz navidad, Mantis!
Ud. que se hace tan el banana, y lo engancharon with the whole chimichanga. je je.
¿Las prostitutas absolutamente de microcentro son más o menos que las medianamente ruteras? ¿Y que los tres cuartas partes travestis de Palermo?
Su prosa conmueve e inquieta.