Nunca tengo un mango encima. Si no es porque los gasto, es porque no los gano, o porque los ahorro preso de la paranoia de las constantes catástrofes familiares y a sabiendas de que no me están haciendo todos los aportes en la AFIP sino con demoras y atrasos moratorios. La cuestión es que nunca tengo un mango encima. Esta situación se ha prolongado desde hace tanto tiempo que ya no me afecta, y he llegado a acostumbrarme a salir con –a lo sumo- treinta pesos en la billetera y mi tel. celular (valor en mercado: $15), cosa de no decepcionar demasiado a un posible grupo de pibes chorros que pudiesen considerar el delito y mi muerte entre estertores agónicos post-puñalada como forma de expresar su desamparo social. Por eso, cuando encuentro formas de ahorrar aunque más no sea un centavo, me pongo muy contento. El otro día, por accidente, descubrí la forma de transformar cualquier chicle en un cachito de eternidad, a tan sólo una fracción de su valor real. Paso a explicar:
Usted necesita un “vehículo”: un chicle de cereza o frutilla. Los dos tienen más o menos el mismo gusto, así que elija el que salga más barato, guarde las monedas en el segundo lugar más seguro que tenga*, ya que con el aumento del boleto en trenes y colectivos aprobado, el dinero metálico pasará de ser escaso a ser más o menos lo que el papel en la película “Waterworld” (sí, la de Kevin Costner con branquias). En mi caso, fueron unos Topline de cajita colorada. (no se diferenciar entre los sabores de la frutilla, el cherry y esas mariconadas; para mí que son todos iguales). Y también necesita lo que denominaremos “eternidad”: Una cajita de pastillas Dorin de sabor… cajita colorada. Cuestan centavos, y traen un millón de pastillas, aproximadamente, aunque puedo estar exagerando con fines literarios.
Masque el chicle como siempre (dentro de la boca, con los dientes, saliva, usted me entiende). Cuando sienta que al mismo le resta poco tiempo de vida, detenga el masticar e introduzca una pastilla dentro de su boca. Siga masticando el chicle hasta que –inevitablemente- la rígida pastilla se haga trizas entre las muelas. El sabor ha vuelto, y usted puede seguir repitiendo la operación a conveniencia. Llegado un momento, el chicle va a querer deshacérsele granulosamente en la boca, pero usted puede estirar su existencia cuantas veces lo crea necesario, siempre y cuando le queden pastillas y ganas de masticar.
Infinito, lo que se dice infinito, no es. Porque eventualmente usted morirá, mal que le pese, coma o no pastillas Dorin, tome o no las pastillas para la presión arterial, fume o no y salga o no a correr . Y se corren ciertos riesgos de alcanzar un leve retraso mental propio de los rumiantes y los palermogólicos que creen que en el tren viajan sólo “los negros a los que habría que matar a todos”. Pero por lo menos es una porción de vida eterna a la cual prácticamente todos tenemos acceso, y que podemos estirar o finiquitar a nuestro antojo, sin salir de casa, independientemente de la religión que poseamos o los pecados que hayamos cometido. Y eso no se encuentra todos los días en este mundo en el que la vida eterna es tan sólo para los que prometen comer siempre el mismo chicle, o se arrepienten de siquiera haber pensado en alfajores y te tiran el turrón por la cabeza.
Qué kitsch que estuve. Pero bueno, era eso o no escribir nada y entrar a masturbarme hasta el aneurisma con esas fotos que aparecieron mostrando a una Anna Kournikova que trata de comer desde el aire, atrapando al vuelo pedacitos de no sé que cosa con la boca.
Y yo quiero que nos entretengamos todos.
*Los damospenienses de ley estamos de acuerdo en eso de que a menos que sea usted un libertino o una dama ligera de cascos, el lugar más seguro para guardar cualquier objeto pequeño siempre va a ser el culo, y no conviene meter monedas allí porque debido al manoseo constante están llenas de microbios.
Creo que prefiero masturbarme con la mano dormida.
Los dorin’s son algo inalcanzable para mi en este momento.No los pruebo por lo menos hace diez años.
Y eso de guardar objetos en el culo dicen por ahi que puede causar adiccion a guardar cosas cada vez mas grandes.dicen por ahí…
Yo antes guardaba en la heladera los chicles masticados hechos una bolita y espolvoreados con un poquito de azúcar para volver a usarlos en otra ocasión.
Éramos tan pobres…
Cristian: Arrancás con una moneda y cuando te querés dar cuenta te metiste las escrituras de la casa.
Renegado: Cuando yo era chico, en casa usábamos el papel higiénico de los dos lados.
Bueno, placer eterno no es y luego de la vigésimonovena vez tiende a pegarse al paladar o en otra cavidad, situación que obliga a recurrir a la cirujía para extirpar el en algun momento llamado chicle, en ese momento convertido en una pasta super pegajosa e inestable. Papillon (Henry Charriere) y sus amigos guardaban todos sus tesoros en unos estuches muy apropiados para tal efecto, por supuesto lavables, que introducían allá, donde no da el sol ¡asunto resuelto! Saludos.
Las monedas en el culo vendrían a ser la evolución del banelco, que podría llamarse baenelcu.
Dorin que antiguo
pero si es eterno el truco
El Profe: Así suelen pasarse las cosas entre los presos. Vi muchas películas en las que usan globos llenos de merca, cosas así.
Creo que yo sería el único preso con riñonera. Que es un elemento de puto, pero no tanto como un chorizo de 250 grs. lleno de vaya uno a saber qué (en el mejor de los casos).
Ajenjo: Touché.
Francis: No le entiendo a usted un carajo, quizá por su desconocimiento de los signos de puntuación o el lenguaje. Usted debe ser de los que terminan generando búsquedas graciosas en lo de The Bug. Gracias.
Le cuento que el mismo efecto se consigue con las igualmente antiguas D.R.F.
Y mejor me callo porque si no después dicen que ando chocheando.
PD: Toquesé que es sanito pero evite llegar al extremo de la aneurisma. Sería una gran pérdida para este pequeño universo blorcher. Sepaló.
Su post me recordó a un viejo y malo chiste de gallegos en el cual, eran tan pobres, que cosían un preservativo.
Me divertí mucho leyendo su post Sr. mantis. Este blog es tan bueno que me da un poco de vergüenza mirar el mío. Yo soy un poco rácano, pero también soy cagón; ¿Y si me trago el chicle? .Muerte asegurada, se te pega a las paredes del estomago y ahi vienen unos bichos que te infectan y se abre un agujero, toda la comida se va a la sangre y ahí se obstruye el torrente con pedazos de milanesa y cantimpalo, el corazón tiene que bombear más y más hasta el infarto definitivo.