El milagro chiquitito que se había quedado en el tintero
Diciembre 3, 2007 por Mantis
Algo que solía hacerse en este blog en otras épocas era lo de escribir cada artículo, editarlo y revisarlo un par de veces, dejándolo en descanso algunas horas antes de su publicación. Una suerte de maceración del contenido, para releerlo luego, corregir errores de redacción, palabras perdidas y también para agregar cosas que se me pudiesen ocurrir después. No me gusta eso de actualizar un mismo artículo; en su lugar prefiero escribir otro, relacionado pero nuevo. Me hace sentir que soy literalmente prolífico; como Asimov, pero con mejores títulos en mis disparates.
Lamentablemente, cuando los tiempos apremian (no sé porqué pero cada vez tengo más laburo) no me queda otra más que copiar y pegar lo que escribo en casa (y que me envío a mi mismo por correo), revisando muy por arriba, perdiendo palabras por el camino y sin darle al texto ese merecido tiempo de “asentamiento” que tan bien nos vendría a todos. Como un chimichurri al que no se le dio debido descanso en la heladera, el artículo del otro día salió sin este milagro chiquitito*, que me sucedió hace poco menos de tres años. Me resulta muy fácil calcular el año en el que suceden las cosas porque las personas a quienes hago partícipes de mi vida cotidiana (y las anécdotas y situaciones que la nutren) se van muriendo más o menos con cierta prolijidad. Así, ellos están o no están cuando pasan las cosas; y como recuerdo que todavía estaba mi primo pero ya no estaban ni mi tío ni mi viejo, puedo decir que fue a comienzos del 2005.
Era verano, lloviznaba muy finito y habían cortado la luz. No por falta de pago de mi parte, sino por falta de vergüenza de parte de Edenor, a quien no le alcanza la plata para mejorar la infraestructura de sus instalaciones eléctricas y al mismo tiempo permitirle la adquisición de yates a sus directivos y accionistas, y termina eligiendo lo necesario sobre lo contingente. Eran más o menos las siete, casi ocho pe eme, por lo que algo de luz, a pesar de las nubecitas llovizneras todavía quedaba. Si me dicen que no los mareó eso de “pe eme” no les creo. Salió sin querer.
Yo tenía algunas cosas que comprar, lo recuerdo exactamente: Gel fijador para el pelo, desodorante y pan. Antes de salir escuché que mi madre y una vecina hablaban acerca de un transformador quemado, o algo así, a unas tres cuadras de casa. Cuando digo transformador no me refiero a los grandotes y muy cancerígenos, sino a los más pequeños y muy cancerígenos que se suelen ver en los barrios, sostenidos por gruesas columnas de hormigón armado, más frecuentes y disimulados a veces por árboles, pasacalles de gorditas cumplidoras de quince años y enamoradas de Jon Bon Jovi (Nota: No sé porqué, pero aparentemente Jon Bon Jovi es a las gorditas lo que Arjona a las cuarentonas. Fíjese y después me cuenta: Si su novia/esposa/pareja alguna vez supo ser admiradora de este muchacho, lo más probable es que también haya sido una lechoncita), o conexiones ilegales de Cablevisión.
Lo bueno era que el transformador afectado quedaba en mi recorrido hacia la avenida, lo cual me dio pié a imaginar un montón de cables quemados, humo… esas cosas. Cuando llegué a más o menos una cuadra de la escena del incidente, un fulano subido a un camioncito de esos que tienen una plataforma con escalera hidráulica se hallaba dedicado a reparar la situación. O al menos eso parecía, porque tenía una pinza en la mano. Yo no iba a reparar nada, y por eso llevaba nomás mi paraguas con la idea de no mojarme mucho en caso de entusiasmarse demasiado la llovizna.
Como un niño, pasé el paraguas a mi mano izquierda y enarbolé entonces en mi mano derecha una pistola imaginaria. Aunque ahora que lo pienso, un niño habría utilizado el paraguas para simular una escopeta. No importa; me hallaba a unos veinte metros, o si se quiere, dos casas de distancia cuando realicé el disparo. Tirando del “gatillo-cañón” y esbozando un gesto semejante a una sonrisa, haciéndome el interesante pero procurando que nadie me escuchase, dije:
-Bang.
Y entonces, respondiendo a la mecánica maravillosa y sin dejar pasar una décima de segundo: la explosión. Y las viejas en la vereda gritando. Y el que barre la vereda sugiriendo cuidado, pero con el alma diciendo un: “cagó el de Edenor” grande como una casa. Y los perros chumbando. Seguidamente volaron chispas para todos lados, dragones abstractos de llamaradas amarillas como en las películas chinas, chisporroteos azules, un cable colgando… La camioneta se sacudió debido al golpazo que se dio el tipo contra los barrotes de la plataforma que lo sostenía. El humo negro y las llamas ocuparon el lugar otrora perteneciente al operario, quien descendió mecánicamente en busca de un matafuego espumoso que –digo yo- debería de haber tenido más a mano. Lo más gracioso de todo el asunto es que de un modo automático, casi como un acto reflejo, sin poder salir de mi estado semi-catatónico ni desarmar la pistola imaginaria, procedí a mirarme el dedo. Me parece que otra cosa no habría podido hacer, ni en un millón de años.
Para cuando volví a casa, quince minutos después, la luz ya había vuelto.
*recordé este episodio ayer, ya que después de una serie de explosiones se cortó la luz en parte de mi vecindario durante algunas horas de la tarde.
Necesito que me preste sus superpoderes para arreglar un asuntito no resuelto que tengo con mi jefe.
¿a cuanto me alquila cada disparo?
Usted me esta dando un poquito de miedo…
ya vuelvo…
…
pd: a mi me gustaba Bon jovi y no era gordita! que se me caiga AHORA el balde de helado que estoy desayunando si no es cierto!
Sería recomendable que determine a ciencia cierta qué tipo de arma dispone, autonomía, alcance, velocidad de disparo, velocidad de recarga, si el clima afecta su desempeño, etc.
Tiene sobre Ud. una responsabilidad muy grande.
Menos mal que no usaste la escopeta. Digo yo.
Se entiende que el hombre no cagó como pensaba el barrendero….menos mal; eso de ir por ahí haciendo disparos al prójimo no es muy saludable que se diga, por lo menos no para el prójimo. Aunque me gustaría tener ese poder cada vez que veo a los venales familiares de los que palmaron en Cromagnon.
Muy bueno el milagro! Por las dudas ahora tenga cuidado donde apunta…o al menos no diga bang ni nada parecido cuando lo haga.
Cristian: ¿Tiene CLU?
Calíope: Yo desayuné un dulce de calafate que compro en el puerto para “destapar las cañerías” de vez en cuando. Funcionó. Estoy hecho una pluma.
Capitanfla: Pero también un gran poder.
Madbunny: Menos mal que no se murió el tipo. Me habría sentido culpable de por vida.
El Profe: Esos son más peligrosos que un boliche lleno de chabanes.
Marcelo: No volví a hacerlo. Tampoco soy loco.
No lo digas muy fuerte, ni lo repitas demasiado, Mantis. A ver si con el plan nacional de desarme quieren cortarle un dedo!
You ve got the power.
Ud es grosso. Sepaló.
Menos mal que una lo tiene por amigo.
En cualquier momento lo llamo para que me ayude con un par de “operarios” que andarían necesitando el mismo tratamiento.
Pero usted, ¿le apuntó al operario o le apuntó al transformador?
Si le apuntó al operario, entonces no vale, porque la explosión vino del transformador.
¿O usted tuvo el milagroso poder de hacer explotar transformadores cuando le apunta a las personas con pistolas imaginarias?
Lo suyo es sorprendente.
Conozco gorditos que les gusta bon Jovi… vale?
El modo en que redacta las cosas simplemente me fascina.
En el peor de los casos (o mejor, depende para quien) hacer una sepultura no le hubiera costado mucho, digo, un bang a la tierra, echa cadáver y listo.
No quiero entrar en frivolidades, pero es necesario notar que nunca falta el típico “viejo de barrio” comentando cada suceso como si no fuese demasiado obvio.
O las mujeres de avanzada edad en camisón que no tienen nada mejor en que invertir su tiempo y salen a preguntar que pasó.
Suerte hombre!
Adiós
Ahí está!, vio que hay que estar a favor del desarme. Hasta con armas imaginarias ocurren los accidentes…
A propósito, ¿tiene usted permiso del RENAR para portar ese tipo de arma?
Mejor dicho, un arma estilo mano, ¿se la otorga el RENAR o el padre de su novia?
Porque hasta donde yo sabía la mano se le pide a los suegros…
Otra, la próxima vez que se rasque la ingle metiendo un dedo por el pantalón, asegúrese de que este descargada. No valla a ser que exploten las granadas.
Un saludo.