Podríamos decir que nos encontramos ante otra sucesión de ideas geniales. No puede usted quejarse: gracias a Damos Pen@ ha aprendido a conseguir la luna, a ser mórbidamente obeso, a adelgazar de un modo real y efectivo, a categorizar y comer las cosas que se caen al piso, amén de un largo etcétera.
Pero viajar en tren es una de las cosas que más desprecio a la hora de tener que trabajar, así como me encuentro, apremiado por las necesidades económicas, siempre carente de herencias fastuosas o contactos confiables en el narcotráfico y/o crimen organizado. Por fortuna (tanto mía como suya) mi intelecto superior me ha permitido establecer un modo operativo que le servirá, incluso, demasiado.
Diccionario para extranjeros amigos, provincianos y demás esquimales:
Retiro: Estación terminal de trenes, ubicada en el centro de Buenos Aires, plena Capital Federal.
Tren: Cosa hecha de vagones que sirve para enriquecer a los sindicatos mediante paros, dando origen a boleteros que cobran sueldos sólo superados por un puñado de delanteros de la primera división del fútbol italiano. Algunos trenes aún funcionan a gasoil, y otros son eléctricos.
Tigre-Retiro: Ramal eléctrico, que utilizo a diario. Se supone que es el que cuenta con los mejores trenes, pero a decir verdad van tan llenos como cualquier otro, oliendo a pestes, destruidos en algunos sectores y con ventanales cerrados herméticamente aún cuando el aire acondicionado se descompone, pero capaces de dejar entrar el agua cuando llueve. Algunos tienen monitores de pantalla plana, en los cuales pasan aforismos de José Narosky y fotos de jóvenes chetos en Brasil y pendejas conchetas en Machu Pichu.
Disminuido: Persona con las capacidades motrices o mentales rebajadas a precio de liquidación, peor enemigo de cualquiera que quiera viajar sentado. Suelen ser mujeres muy viejas, mujeres embarazadas o con niños pequeños, gente accidentada y ciegos que no venden cosa ni van a ofenderse leyendo este blog debido a que son escasos los monitores braille.
Aquí, unas imágenes para que los identifique:



Nótese que comparten felicidad. Todos sonríen. Felicidad cosechada a pesar del dolor. Me refiero al dolor de usted. Felicidad que no se merecen. Bueno, tal vez el del medio sí. En cualquier caso, estará usted de acuerdo en que esa no es forma de vivir. Me refiero a usted, viajando de parado.
Furgón: Vagón particular, (suele ser el segundo o penúltimo) desprovisto de asientos. Suerte de leprosario en el cual suelen subir personas llevando sus bicicletas, carros o paquetes y mugres grandes, del tipo “carreta cowboy”, aunque algunos hombres vencidos por el cansancio o hippies mugrosos se dan a habitarlos ocasionalmente. Debido a ello, su suelo tiende a cubrirse con suficiente lodo y materia orgánica como para que uno experimente la germinación del poroto, sembrando la semilla en Lisandro de la Torre y viendo nacer los primeros brotes vírgenes a la altura de Carupá gracias a la poca circulación de aire, los vahos sudorosos en fermentación maloláctica, la temperatura inquebrantable de 39 grados y el efecto invernadero resultante.
A continuación, Las Diez Reglas Fundamentales del VNTM o “Viajar No Tan Mal”.
1- Cuando espere el tren en la terminal, apunte a los vagones del medio.
Lo más común es que para cuando el tren llegue a la estación, usted ya se encuentre haciendo cola para subir, en un andén lleno de otros tantos pobres imbéciles. Lo importante aquí es que la mayoría de las personas tenderá siempre a adelantarse; quizá porque en el resto de los aspectos sociales de su existencia nunca logra estar al frente, quizá viendo vagones vacíos que creen les permitirían ganar algunos segundos a la hora de llegar a sus lugares de destino. No importa. Usted, haciéndome caso, se dirigirá a hacer la cola calculando el centro de la formación ferroviaria y no sólo demorará menos en subir, sino que girando velozmente la cabeza podrá calcular las probabilidades matemáticas que lo favorecerán a la hora de sentarse de uno u otro lado. Tampoco se corre, de esta manera, ese riesgo real de que el tren venga con un vagón menos, obligándolo a usted a viajar parado pese a haber estado esperando media hora al frente de esa fila que terminó quedando de narices al vacío o al vagón furgón.
2- Concéntrese en un asiento en particular.
Resulta comprensible que uno se emocione ante la idea de querer sentarse en el tren. La gente es miserable, y usted no es excepción, leyendo este blog en horas de trabajo que le cuestan un sueldo a su empleador. Si viaja a solas y no ha llegado demasiado tarde a hacer la fila (suele ser lo usual cuando se viaja desde o hacia el trabajo, en trenes de determinado horario) la tarea no debería presentarle demasiado problema, pues lo importante es no rendirse ante la tentación de ver qué asiento está mejor ubicado. Antes de que el tren se detenga, usted ya tiene que haber decidido cual va a ser su lugar. Dudar es perder, en este caso. Nada de entrar viendo donde va a sentarse, porque esa es la mejor forma que terminar más parado de lo que ningún gremio docente podrá estarlo jamás.
3- Convierta al disminuido en su aliado.
El disminuido tiene tendencia a bajarse pronto. Lo más probable es que este ser despreciable incluso le haya quitado el asiento a otro, poniendo un rostro compungido más que falso, derramando posteriormente sus carnes sobre el asiento con actitud de “me lo gané a este asiento, me lo gané”, haciendo que el tercero despojado (el “otro”) termine pagando por las ironías de Dios, el paso del tiempo o el sexo ajeno. Su deber es pegársele, convertirse en su sombra. Y parársele junto a él siempre del lado opuesto a la puerta de salida más cercana, ya que de lo contrario usted deberá desplazarse hacia atrás o quedarse quieto y ceder el paso, mientras otro se sienta en ese asiento que es, por derecho, suyo. Recuerde: El asiento será siempre de quien quede detrás del disminuido cuando éste se pare, y no frente a él.
4- Lea el lenguaje corporal.
Usted se encuentra ya arriba del tren, y son varios los parados. Así como un caminar sugerente, las remeras cortas y un tatuaje al final de la espalda se combinan y dicen: “bienvenida sería una tararira”, un pequeño boliviano de treinta y cinco años que viene durmiendo abrazado a la mochila, salpicado de cal y sin inmutarse tras pasar dos estaciones dice: “voy a seguir durmiendo hasta mañana o hasta que agarre fuego el vagón; lo que suceda primero”. Usted no quiere quedarse allí, porque ese asiento está anulado. Ver que alguien guarda sus apuntes o libros en la mochila tras ver el cartel en una estación es la señal que usted tiene que saber captar y aprovechar en su beneficio. Concéntrese hasta en el más mínimo gesto realizado por quien guarda el diario y saca los cigarrillos y muy pronto usted podrá sentarse feliz, como Jorge Lafauci al frente de un micro de dos pisos lleno de rugbiers.
5-Conozca a sus enemigos.
Lo que usted tiene que hacer es juzgar a la gente por su aspecto, de la misma forma en que discrimina a gordas, negros y demás cuando sale a divertirse. Los empleados de oficina, con traje y maletín, probablemente se bajen en Retiro. Las conchetas suelen descender en Martínez o San Isidro. Los chicos con aspecto de “callcenter” siguen también hasta Retiro o Belgrano, como así también buena parte de los estudiantes universitarios. De un tiempo a esta parte, la posibilidad de hacer combinaciones con algunos colectivos estratégicos ha hecho de Virreyes una estación muy popular entre las clases más bajas, aunque no tan bajas como Carupá. Dificilísimo resulta que alguien se baje en las estaciones Lisandro De la Torre, Beccar, La Lucila o Acassuso, y en un menor grado pero no por ello más recomendable se encuentran Rivadavia y Núñez.
6-Esté atento
Muchos asientos se consiguen gracias al milagro, pero otros pueden conseguirse mediante un pequeño proceso de investigación. No dude en tratar de ver el boleto en la mano de las personas: muchas veces llegará a ver el precio del mismo (o aún mejor, el destino), dando por sentado el hecho de que es obvio que una persona con el boleto en la mano tiene más posibilidades de bajarse que una señora gorda haciendo palabras cruzadas sin levantar la cabeza durante veinte minutos. Una mujer con niños que conversan acerca de lo que van a hacer hoy en el Parque de la Costa está yendo rumbo a Tigre. Una persona que lleva radiografías puede estar bajándose en la dirección que aparece en la bolsa plástica de las mismas. Una mujer que le dice a su niño: “quedate quieto que bajamos en la próxima” o llama a su amante para decirle “en menos de cinco minutos estoy ahí”, es una pepita de oro en el jardín de casa. Dos chinos que se suban en Retiro y conversen en su idioma natal se bajarán probablemente en Belgrano. Es todo cuestión de saber dónde apostar e invertir. Preste atención a los uniformes de los niños de colegio privado que viajan sentados en horarios pico y apréndase la ubicación de los supermercados de la zona: para eso los repositores usan ropa distintiva, y no tan sólo para que uno les haga vida imposible.
Pero, por favor, por sobre todas las cosas, memorice. Hay gente que toma el mismo tren y se sienta prácticamente en el mismo vagón todos los días. No hay mejor manera de ganar la apuesta que sabiendo el número que va a salir, y cuando. En el peor de los casos, puede ir descartando a personas que se quedarán sentadas y se bajarán junto a usted. Aléjese: esas personas existen solo para recordarle a usted que su vida es una verdadera desgracia.
7- Considere bien a sus competidores
O de lo contrario, no tendrá chances. Usted tiene que volcar las probabilidades a su favor, siempre. Los disminuidos son lo peor que hay. Suelen generar lástima o emitir feromonas de indefensión al punto de hacer llorar a los débiles mentales. Ser el próximo en sentarse cuando una vieja a nuestra derecha ha puesto su interés en el asiento al que aspirábamos es más difícil que masturbarse llevando una foto del juicio de Michael Jackson en una mano y un guante de malla metálica al rojo vivo en la otra.
¿Entendió el mensaje? Usted tiene que convertirse en el disminuido. Busque hombres de mediana edad y apariencia saludable, y arrímese a ellos. Al desocuparse el asiento, sea el primero en sugerirle al otro que se siente, y no insista ni dude un poquito en cuanto le digan “no” por cortesía. Siéntese y disfrute.
8- Si puede, elija bien.
En una de esas, queda primero en la fila o el tren acaba de irse. Eso quiere decir que podrá elegir prácticamente a sus anchas sin temer a tener que terminar parado. El mejor asiento siempre va a ser uno en un vagón del medio. Más precisamente, un asiento en el grupo del medio también, del lado próximo a la ventana, con su rostro apuntando hacia la parte delantera del tren y el sol a su espalda. De esa forma, siempre habrá otros asientos mucho más accesibles y usted contará con una barrera que lo protegerá de los disminuidos y lo dejará a salvo de toda esa metralla de fósiles y conejas demasiado fértiles.
9- No baje la guardia
Muy bien, lo felicito. Usted es una sabandija y se halla cómodamente sentado. Ahora bien, no se descuide. Recuerde que usted es un organismo huésped. Un ente superior que vive en el planeta de los disminuidos, que no son brillantes pero son inmensa mayoría. Seres capaces de humillarle y hacer que su hijita de siete años deje de ser virgen y comience a ser huérfana en una misma noche. Proteja su posición. Remítase usted al artículo titulado “Last train to Mantis”; éste le será de gran utilidad para completar su formación. Las técnicas allí descritas son ese vaso de leche tibia que le permitirá dormir plácido durante las noches.
10 – No se sienta mal por el disminuido
Recuérdelo: usted será uno/a mas tarde o más temprano y nunca le darán el asiento tantas veces como crea merecerlo. Dentro de cuarenta años, cualquier cosa que usted haya hecho en estos días, le parecerá poco. Consuélese sabiendo que vive en un mundo mucho más benigno para con los débiles que el de sus antepasados, y que sus descendientes serán auténticos criminales.
Usted debería vender esta guía en los trenes. Yo no la compraría porque no viajo en tren (aunque algunas consejos se podrían adaptar al colectivo, en particular el del “lenguaje corporal”).
Pero es demasiada información como para ser gratuita.
Un placer leer algo tan bien escrito.
Saludos
Gracias a Dios que trabajo a 10 cuadras de mi casa y no tengo que tomar tren!
Aunque una vez hice el intento de ir a la facultad en subte… Fue una experiencia que me dejó marcada de por vida, a la noche todavía tengo pesadillas….
Excelente prosa Mantis… como siempre
Saludos
Chester: Uno debe remitirse únicamente al campo del que es experto. No viajo tanto en colectivo como para poder escribir un artículo semejante.
Flopy: Yo una vez hice el intento de ir a mi casa en subte y tampoco funcionó. Dice mi novia que porque vivo en Victoria, que no me equivoqué con las combinaciones.
Usted escribió esto en el momento INDICADO (al menos para mi)
No tiene idea lo invalorable que es todo esto para alguien que es virgen en cuestiones ferrocarrilisticas. Ya no me siento tan desprotegida.
Saludos.
Puedo confesar que soy todo un discipulo de la Gran Mantis de ojos saltones: hago todo lo que usted recomienda al pie de la letra y siempre triunfo
Yo puedo ser su caso testigo: El decalogo sirve a la perfeccion.
Gracias, oh Gran Maestro
Pd: Sépalo, los de Nuñez somos cada vez mas, cuidado con nosotros
lo mejor que puede hacer ( me extraña que no figure en su decálogo) es hacerse pasar por disminuido. fingiendo una leve cojera, pida el asiento y aluda que está recién operado.
absolutamente necesario el rictus de dolor y un resoplido al sentarse, junto a la cara de mil gracias que debe dedicarle a su benefactor.
le juro que nadie le niega el asiento al que se ANIMA a pedirlo… es cuestión de caradurez, pedirlo medio fuerte para que los sentados de alrededor se den por enterados y no pretendan que usted se pare si subiera un disminuido verídico ( o fingido también, por qué no) más adelante.
me arriesgo a decirle que ni hace falta fingir la cojera o dar explicación, con sólo pedirlo como si fuera su derecho, es factible que el damnificado por su accionar se levante como un resorte y le pida disculpas por no haberlo visto.
Jamás viajé en tren y gracias a usted estoy enfrentando el miedito.
Cuando vaya a Bs As voy a imprimir sus escritos y lo voy a llevar junto con el mapa del radio céntrico y el diccionario porteño-español español-porteño.
Besos
Jajaja: Vale! está muy bueno, yo tengo una mas, que en realidad es como un bis de la numero 1 y/o 2.
En el caso del tren GLEW-Plaza Constitución, en glew, el tren no tiene definido el asunto de donde parar, y se detiene en cualquier lado. por ende, no hago una fila específica, digamos que inicio mi propia fila, sin temor a ser desplazado, y siempre soy el primero, a veces(insisto a veces) el tren se detiene a mis narices. cuando no es así, prefiero viajar parado en el medio del medio, a ser violado en el lugar donde están las puertas.
Saludos!!!!!!
Araña Pollito: La virginidad va mas allá de cualquier cuestión. Usted lo ha dicho: es el momento indicado para debutar.
Nuñez: Bueno, ayer apuñalaron a dos, así que la cantidad debe de mantenerse constante.
Miquiquis: Usted es un amateur. Ese tipo de triquiñuelas no sirven más que en dos o tres oportunidades, y dependen de que no haya nadie que lo identifique como impostor, estando siempre operado desde hace siete meses. El decálogo le permitirá viajar no tan mal toda una vida.
Caliope: ¿Y como hizo para nunca viajar en tren?
El Turi: Eso porque usted viaja en un tren para pobres, que ni pintada tiene la entrada de los vagones. Lo felicito.
Aaaah… Tucumán no tiene trenes como los de usted :-S
Encuentro certero el razonamiento del compañero Micostatin. Nadie es capaz de negar un asiento cuando se lo piden con buenos argumentos.
Nosotros con el Turienzo hemos viajado sentados hasta en el Sarmiento en hora pico. El Negrito se acerca al tipo sentado, pela la treinta y ocho, se la apoya en la axila y le dice, como al pasar:
-El Tata y yo tenemos ganas de sentarnos.
Es infalible, compañero, verdaderamente infalible.
Usted siga así que se le va a venir la patota sindicalista, con “Madonna” Quirós a la cabeza y lo van a bajar como a un chingolito.
Le propongo inventar deportes extremos, como por ejemplo quedarse en el tren que llega a Once a las 18:30 y esperar la marea de gente que sube luego, agarradito de los pasamanos de la puerta y ver cuanto aguanta, o hacer people-surfing tratando se deslizarse cual estrella de rock sobre las cabezas de los apurados pasajeros.
1) ¿Qué hay de la migración de pasajeros hacia los vagones anteriores que se produce llegando a Retiro? ¿A dónde van? ¿Alguien los ha vuelto a ver?
2) ¿Por qué todos se tratan de usted?
Sr. Mantis: su capacidad y elocuencia es admirable… ahora, ¿porque no imprime esto y lo vende? Mire, contrata dos o tres minusvalidos (seguro que conoce varios de la estación de tren) o bolivianos (o cualquiera que este pasando penurias económicas), los pone a vender su decálogo por la estación de trenes y de ese modo, usted se junta un dinerillo y puede adquirir un 128 en buen estado o un 3CV descapotable y no viaja nunca más en tren. Saludos
Amperio: Yo creí que esa funcionaba sólo para conseguir taxis, compañero.
Pitoti2: Mi deporte extremo consiste en aguantarme las ganas de hacer pis.
Q: Porque somos gente seria.
Davor: Soy demasiado grande como para entrar cómodo en ese tipo de vehículos. Mi idea es la de comprarme algún día un Falcon verde.
será por que es complicado o no se que, pero prefiero no sentarme y ya.
y que hay de viajar en autobús???
Jajaja cuantos recuerdos me trajo esto.
Ahora vivo en España (donde los trenes son una maravilla y es imposible no sentarse) y perdí totalmente el tranning que tenía en Argentina, donde dominaba a la perfección los puntos 4 y 5
Que suerte la suya…
Debo felicitarlo por sus instrucciónes, que si bien no me son útiles hoy, me hubiesen servido hace unos años para no aprenderlo por mis propios medios de una manera mucho más tediosa.
Ahora viendo que usted es un tipo tan astuto, me gustaría conocer su opinión sobre los muchachos que viajan colgados de las puertas en el ramal diesel, a pesar de tener muchos asientos libres.
Saludos
Es el llamado del viento, don Orestes. ¿Para qué cree usted que se inventaron los descapotables? ¿Por qué comprar una moto al precio de un cochecito usado?
joder, con 4 horas diarias viajando en tren EVERY DAY esto me hizo sentir menos mal….
:*