Uno los ve que andan en grupos de tres o más, vestidos así, como si todavía anduviesen paseando por las calles de Hong Kong, con esa onda retro desubicada que los hace parecer recién salidos de una película de artes marciales de los ´70. Siempre hay uno gordito, uno muy flaco y cabezón de camisa colorida o campera de cuero, y otro de pantalón blanco ajustado y bigotitos raros. Imagino como se comportarían en caso de querer ajustar cuentas con alguien, o defenderse de quien intentase evitar que violasen a una chica: el gordito iría primero, luego el de bigotitos raros, que algo (muy poco) de artes marciales, sabe seguro. Y por último, el flaco cabezón sacaría una navaja.
Lo bueno es que si ese “alguien” no pronunciase palabra y usara un trajecito abrochado hasta el cuello, les rompería el alma a todos. Lo malo es que nadie se dedica a hacer un reality show de esas cosas.
Yo no podría dejar de verlo.