A veces, siento que el mundo hace las veces de una oficina de objetos perdidos; una caja de cartón corrugado donde van a parar todas esas cosas que venimos perdiendo desde nuestra infancia: un crayón verde casi nuevo, un cuchillo que antes estaba clavado en una maceta y ya no está, una escarapela, un documento de identidad. En Japón, tales departamentos funcionan de la siguiente manera: uno encuentra algo cuyo dueño no aparece –supongamos, un maletín lleno de dinero-, y lo declara ante las autoridades. Si transcurridos tres meses nadie se aparece a reclamar, el objeto pasa a ser del afortunado, que regresará a casa recitando un soneto de Francisco Luis Bernárdez convenientemente aprendido para la ocasión.
Un viejo sabio de mi tribu solía contar una historia muy interesante. En una época, el hombre recibió de Alá un presente. Un don, un regalo, un milagro… llámenlo como quieran. Tal manifestación era conocida como Fund Po, y su tarjeta de presentación decía lo siguiente: “Divinidad protectora de las cosas perdidas. ¿Perdió usted algo? Fund Po se lo encuentra”
Para beneficio literario de quien les habla, Fund Po no podía ser buscado y encontrado, ya que no aparecía a menos que le interesase ayudar a un pobre necesitado. Sólo ponía dos condiciones a quienes se volvían merecedores de sus servicios: en primer lugar, la de no revelar jamás, jamás, su apariencia física. El castigo por romper dicha regla era severo, y probablemente ustedes ya lo hayan imaginado: el objeto encontrado volvía a perderse, pero para siempre, y siendo encontrado inmediatamente por otro fulano que jamás lo perdería. La segunda condición instaba al “cliente” a perder otra cosa, a fin de no alterar el equilibrio cósmico y el balance del Universo todo. Pero el objeto a extraviar no podía elegirse.
Cuando supe de esta leyenda, me propuse identificar a quienes hubiesen recibido los servicios de Fund Po. Eran más de los que yo creía, pero ninguno se atrevió a darme la razón o afirmar existencia de aquel experto buscador y “encontrador” profesional.
Algunos habían perdido la salud y encontrado una vocación profesional. Muchas mujeres habían encontrado al futuro padre de sus hijos y perdido al mismo tiempo la silueta, y otras tantas encontraban la felicidad en el divorcio, pero tenían que salir a trabajar y cuidar los gastos tras perder por defecto el sueldo del marido. Los héroes viscerales habían encontrado la gloria y perdido la vida. Los menos reían felices de haber perdido un trabajo y encontrado otro mejor. Los más, se lamentaban por haber hallado la mujer de sus sueños y perdido toda chance de conseguirla. Los giles, curiosamente, se contentaban creyendo que habían encontrado una amiga cuando en realidad habían perdido una novia.
Algo que descubrí fue que, en general, el hombre malo tiende al egoísmo y es castigado por Fund Po. Ciertos engendros no lamentan la pérdida, sino que se descomponen de rabia sabiendo que otro va a encontrar algo que creen suyo, y aplican tal metodología de pensamiento tanto a los billetes de veinte pesos traspapelados como a sus derrotas amorosas, y no se entristecen por dejar de ser amados, sino que les da bronca que otro se quede con la mina.
Si se me permite la reflexión, diré que me resulta difícil no preguntarme acerca de la verdadera validez de los poderes de Fund Po. Porque a quienes buscan su perdido lugar en el mundo o su olvidada misión en esta Tierra, bien les vale arriesgarse a pagar los servicios de los dioses y perder el teléfono celular por un agujero en el bolso, pero aquellos que hayan perdido una corbata en una tintorería no deberían apostar a recuperarla, sabiendo que podrían al mismo tiempo despedirse involuntariamente de un sueño, una aventura amorosa o una oportunidad a candidatearse para una banca en el senado… y concientes como somos de que el buen arte nace de la ausencia de algo, de la necesidad de llenar el espacio vacío que un elemento fugitivo o nunca existente ha sabido dejar… ¿Valdría la pena reencontrarse con ese algo y renunciar a la poesía?
Gracias al descuido de mi amo, que no cerró correctamente el cajón de sus apuntes, pude conseguir una descripción del aspecto de Fund Po. Por supuesto que no se las voy a brindar, no vaya a ser cosa que mañana yo me levante y eche en falta mi desayuno. Les diré, eso sí, que su forma dista mucho de ser la que esperaba.
Algo es seguro: Fund Po sabe muy bien que siempre van a ser más las cosas perdidas que las encontradas, y es por eso que se aparece tan poco ante los gandules que esperan encontrarse con sus deseos concretados sin querer renunciar a nada, sin querer perder algo a cambio. Tal vez sea eso lo que Fund Po quiere. Quizá su misión no sea otra que la de jerarquizar las pérdidas, haciéndonos ver que uno puede arriesgarse a perderlo todo, siempre y cuando tenga en claro lo que quiere encontrar.
Excelente Chinchulín. Si podes reflexionar así… ¿cómo es que no te las ingeniaste ya para liberarte de tu amo?
Porque sabe que si se pasa de piola, lo pongo.
Jejeje, eso es control absoluto!