Antes de salir a tomar el tren para ir a trabajar todos los días, (mejor dicho, antes de iniciar la caminata hasta la estación) reviso que esté todo en orden. Con esto quiero decir que me aseguro de que mis pantalones y mis pertenencias se encuentran en perfecta armonía. O sea:
-Bolsillo trasero derecho: Billetera y llaves. (Colgando éstas últimas de una celdilla pasa-cinturón del pantalón)
-Bolsillo trasero izquierdo: Pañuelo de tela. (No confío en los de papel)
-Bolsillo delantero derecho: Tarjeta magnética para entrar al laburo.
-Bolsillo delantero izquierdo: Teléfono celular
A ustedes tal vez les parezca gracioso, pero a través del tiempo me he acostumbrado tanto a funcionar bajo este organizado régimen de conducta, que la más mínima alteración del mismo me abre las puertas a un mundo de desesperación. Porque si mi mano no encuentra la billetera, automáticamente se me hace un nudo en el estómago y comienzo a sudar helado, porque seguro que ME LA ROBARON EN UN DESCUIDO, y si mi mano no toca la hebilla de la funda del telefonito, es porque ME LO ROBARON O SE ME CAYÓ AL PISO PORQUE NO PRESTO ATENCIÓN, y si me falta la tarjeta, de seguro SE ME ENGANCHÓ EN ALGÚN LADO Y ALGUIEN LA VA A ENCONTRAR PERO NO ME LA VA A DEVOLVER CREYENDO QUE LE VA A SERVIR PARA ALGO, y si no están las llaves, es fija que ALGUIEN VIÓ CUANDO SE ME CAYERON Y AHORA ME VA A SEGUIR PARA ENTRAR A MI CASA, y si falta el pañuelo, es porque NO LO GUARDÉ BIEN EN EL BOLSILLO, SE ME CAYÓ, Y AHORA SEGURO EMPIEZO A ESTORNUDAR Y ME VAN A ECHAR DEL LABURO POR ANDAR COMO UN INFELIZ CON LOS MOCOS COLGANDO, y así.
Pero si la tarjeta no está, es porque me la olvidé en casa, ya que no la llevo en la billetera por miedo a que me roben todo junto. Si me falta la billetera, es porque “subió” y está en el bolsillo derecho de la campera o en el delantero derecho del mismo pantalón, junto al desobediente pañuelo. A veces se hace rogar un poco más, y es porque la metí en la mochila, donde ocasionalmente se alojan también las llaves. Y el celular suele ser izado al bolsillo izquierdo de la campera, donde no se siente su peso.
Lo peor es que (sacando la tarjeta) no puedo dejar de perseguirme ni durante los domingos. No consigo poner en “stand by” la paranoia, ni siquiera por un día. Y me gustaría saber de quien es la culpa, en estos pagos en los que uno no puede descuidarse y se halla toqueteándose a si mismo todo el tiempo cuando sale a la calle, buscando que no falte nada, y a sabiendas de que en cualquier momento, la falsa alarma va a dejar de ser falsa para convertirse en mala sangre, o algo peor.
Para peor, mi mochila tiene como cuatro bolsillos. Pero que van todos vacíos, por supuesto. Por si acaso…