Chin bombacha
Agosto 30, 2006 por Mantis
Me enteré recientemente de que en ciertas zonas rurales de China es común y hasta necesario que se contraten strippers para llevar la mayor cantidad de gente posible a un velorio. A mayor cantidad de gente, más honor para el difunto. En la tele aparecieron imágenes de la policía haciendo operativos en plena ceremonia, ya que aparentemente, se quiere prohibir todo el asunto. La verdad es que no sé por dónde empezar… Me parece particularmente interesante la idea de fingir la propia muerte o envenenar a un conocido y conseguir un lapdance gratis.
Es tan horripilante todo lo que se me ocurre que no voy a escribirlo. Casi en su mayoría, mis pensamientos consisten en una sucesión de chistes previsibles referidos al rigor mortis; resulta muy complicado elucubrar algo de calidad cuando la situación misma es tan cómica. En cualquier caso, me pregunto si esa costumbre se trasladará a los funerales de chinos realizados aquí en Buenos Aires, donde la comunidad asiática es cada vez mayor gracias a su dominio del supermercadismo barrial.
Cuando eso ocurra, las cajeras y repositores de mercadería van a tener dos motivos para festejar la muerte de sus empleadores (el otro es el placer de ver llorar a los hijos del muerto, quienes se harán cargo del negocio para seguir explotándolos), y eso es bastante más que cualquier cosa a la que muchos de nosotros podamos aspirar.
Imagino, durante el funeral de un respetable señor, a una jovencita de veinte años llorando desconsolada ante la pérdida, y luego a un muchacho bronceado, musculoso, completamente aceitado, tomándola de las manos y apoyándoselas sobre sus resbaladizos pectorales al tiempo que mueve la pelvis realizando movimientos copulatorios y dice algo así como: “¡Se fue Papaaaaaá, pero llegó Papiiiito!”.
[...] como origen o fuente una cultura milenaria. Salí airoso de aquella vez en que me enteré de que los chinos contrataban strippers para llevar mucha gente a sus velorios. Pero los chinos prevalecieron. Este es, probablemente, el mejor y el peor momento en la historia [...]