Domingo a la mañana. Mirando televisión, trato de encontrar algo para entretenerme hasta el mediodía, momento en el que -tal vez-, me levante a bañarme y almorzar. El domingo es mi único día libre y quiero aprovecharlo a mi manera: llevando la inactividad al extremo. Si pudiese, y para descansar aún más, desconectaría algunos de esos órganos que me imagino están funcionando nomás por costumbre. Es una macana que las tripas no puedan manejarse desde el “Administrador de Tareas”.
Accidentalmente, me tropiezo (valga el énfasis, porque más de una vez tropecé adrede), con un videoclip del grupo Miranda! No logro identificarlo (le falta la enfermera de actitud felina) y supongo que debe ser nuevo, por lo que antes de cambiar de canal no dudo en izar un poco la voz a fin de que se me escuche desde el otro cuarto:
-¡Poné el canal 44, Noelia! ¡Están pasando el…!
Y pasados más de dos meses desde ocurrido el accidente, vuelvo a caer en la cuenta de que mi hermana se murió. Lo único que espero, (porque no tuve el coraje ni las fuerzas necesarias para levantarme a preguntar, porque solo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme) es que mi madre no me haya escuchado.
Ustedes, ¿alguna vez se mandaron una metida de pata semejante?