Imagino que ese título va a traerme más de un visitante aburrido y desorientado. En fín, Internet es un caldo de cultivo para lo que te guste. El acceso a tantas cosas resulta tan simple e inmediato, que en mi primeras épocas de usuario no sabía por donde comenzar: música, videojuegos, libros, curiosidades… incluso realizaba listas de cosas a averiguar o descargar, costumbre que de a poco voy perdiendo.
Los niños son los que le sacan mayor provecho, consiguiendo pornografía variada sin dificultad. No soy un anciano, pero en mi época, a lo sumo tenías un pequeño calendario de gomería escondido en algún lado, en el que alguna dama parecida en peinado y maquillaje a la compañera de Sledge “Martillo” Hammer enseñaba el busto. Si querías aprender a construir una bomba, tenías que tener algún tío medio montonero/revolucionario/enajenado o desarmar toda la pirotecnia sobrante de navidades pasadas e improvisar algo a riesgo de volarte el torso. Hoy, la receta para fabricar NAPALM aparece en el Google. Y si querías arriesgarte a que un pedófilo de 46 años disfrazado te secuestrase, toquetease y fotografiase desnudo, tenías que aceptar las golosinas que te ofreciesen por la calle, y subirte a los autos de desconocidos. O volverte monaguillo y cruzar los dedos. Hoy eso se arregla a través del Chat, pero imagino que la estrategia del monaguillo también sigue funcionando.
Y entonces el nene se va al telecentro o cyber. Y los padres elevan el grito, llegando al punto de pedir que se cierren los locales o se tomen medidas para proteger a los niños del riesgo y contenidos violentos y/o explícitos. Hace pocos días me enteré de que reflotó esa propuesta que hicieron algunos políticos y grupos de ciudadanos varios, de que los locales mencionados cuenten con una persona (puede ser el empleado mismo, haciendo las veces de preceptor) que vigile los sitios que visitan los chicos, sus hijos. Alguien que se encargue de cuidar que los párvulos no hagan lo que no deben, y reconozcan lo que es bueno o malo, permitido o prohibido, salvo o peligroso, sin por ello interrumpir la felicidad y los tropezones del aprendizaje.
Alguien que supervise sus juegos y actividades a la salida del colegio, cuando la maestra ya no puede hacerse cargo. Alguien responsable que los aconseje y que vigile que no se pasen toda la tarde escopeteándose frente al monitor.
Habría que avisarles que eso se inventó hace rato. Que ya existe y se llama “padres”.
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